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El álbum del Mundial, la sagrada escritura del fútbol

Por
Redacción Shock

Desaparecidos y repetidos

Por bestiariodelbalon.com

Es cosa de imaginarse a un jugador de fútbol en esas. Cada uno en su casa les dirá a los suyos que estén pilas, pues, que estén pendientes para cuando salga en todas las tiendas, que le avisen cuando salga la lámina con su foto para ser dueños de un placer que solamente se pueden dar los futbolistas con su apetecida aparición en el único hall de la fama que es portátil: el álbum del mundial.

Lo doloroso es pensar en aquellos que, estando en las sedes, vistiéndose con la misma sudadera durante el mes que dura el torneo y que hasta de pronto hicieron un gol nunca fueron inmortalizados en el álbum de cromos. Se sabe de varios casos de energúmenos players que compraron la caja completa de monas o que estuvieron preguntando en los puestos de intercambio de láminas sueltas en la 90 con 15 o en la 119 con 14 para encontrar su imagen. Al llegar a la casa, así fuera con el trofeo que da el torneo, nadie nunca les quiso creer.

El que allí no sale, es como si no hubiera jugado la Copa del Mundo. Así de simple. Por eso Salvatore Schilacci está en medio de una extraña nebulosa a pesar de coronarse goleador del Mundial Italia 90. Es probable que los nietos de Schilacci piensen que el exdelantero de Juventus está hablando incoherencias por su edad y que es mejor recluirlo en una casa campestre con amigos de su edad en la que comparta largas tandas de parqués y dominó, se ponga sombrero vueltiao para bailar -obligado por las enfermeras, como rezan los cánones de los hogares geriátricos- y asuma que el alimento sólido es parte del pasado con la llegada de las dos palabras que más se pronuncian en medio de la vejez: dieta blanda. Que allá les cuente a sus octogenarios amigos que él sí fue a un Mundial y no joda.

¿Y Sergio Goycochea? Aunque él jura que le tapó dos penaltis en cuartos de final a Brnovic y Hadzibegic y que sus manos eliminaron a Italia tapándole dos penas máximas a Donadoni y Serena en semifinales, siente que su hazaña ha sido pordebajeada porque, en efecto, en el álbum salen como arqueros de Argentina en Italia 90 Luis Islas y Nery Pumpido. Para completar la mala suerte de Goyco, dice que el gol italiano en el ecuentro que terminó 1-1 se lo marcó Schillaci…

Tengamos muy en cuenta que la tecnología avanza rauda y se lleva por delante la memoria audiovisual. Pronto será una proeza encontrar un reproductor de DVD, ni hablar de un betamax. Así las cosas, en cosa de décadas el único soporte que quedará para dirimir discusiones de borrachos serán los álbumes Panini, gozarán de status de sagradas escrituras portadores de la verdad revelada.

Ahora la otra cara de la moneda. Aquí están los que podrán mentir placenteramente, como Jhon Jairo Tréllez, referente mundial en esto de ir a Mundiales pero solo, literalmente, en el papel. Apareció en los de 1990 y 1994 sin haber finalmente clasificado a ninguno de los torneos. O Hugo Galeano, lateral de Millonarios, Unicosta, Junior y Quindío que, en efecto sale en el álbum de 1998 pero que ni siquiera viajó con la delegación colombiana. Antonio Moreno y José Fernando Santa ocuparon su lugar, pero él sí aparece ahí, con mirada de abejita Conavi.

Pronto saldrá al mercado el de Brasil 2014. Desde ya hacemos votos para que las páginas de Colombia tengan reservado un espacio para Falcao, pero si llega a faltar habrá que mandar recoger todos los álbumes que lleguen a las droguerías y misceláneas de Madrid o Mónaco, dónde sea que esté y cambiarle de tema cada vez que comente “ve, qué tan raro que no ha salido el Panini”. Porque el Tigre tiene perrenque, sabrá sobreponerse a cualquier adversidad en esta recuperación, pero no a saber que fue borrado del álbum. Eso ya es demasiado.

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