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“El futuro es volver a lo más arcaico” Richard Blair

Por
Redacción Shock

Richard Blair y Diego Gómez fueron la dupla de producción de Come’Round de Elkin Robinson, un disco que es y será una parte crucial en la historia sonora de la Isla de Providencia. Este miércoles se lanzará ese primer EP y el documental que narra todo el proceso creativo de este nuevo capítulo musical made in old Providence. (Toda la información del lanzamiento aquí)

Hablamos con Richard. 

Por: Nadia Orozco @Cornfake 

Su camino en el sendero de la música ha sido tan extenso como pedregoso, de picos y bajadas, de cambios de paisajes, de blanco y negro a policromo. Su nombre quedó y quedará por siempre en la biblia musical amarilla, azul y roja pues su estampa está bien labrada en proyectos como Sidestepper y los mismos Aterciopelados. Richard Blair es un inglés que se amañó en la tierra colombiana, o mejor aún se amañó escuchando, tocando y analizando los ecos provenientes de cada esquina de esta tierra tan complexa y heterogénea. 

Hoy, el sentimiento de Blair por hacer música es otro, está convencido en que el futuro está en volver al lenguaje más arcaico de la música y aunque entre el canasto de sus frutos sonoros hay tracks que saben a pop como ‘Más papaya’, hoy la vuelta de Richard es otra. 

¿Hubo un momento de quiebre, te despertaste un día queriendo volver a lo más sencillo? 
Nunca fue un solo momento, he tenido la fortuna de trabajar con ese eso el principio; entré a los 23 años a los estudios y de ahí empecé a trabajar con música hindú y electrónica, con una banda de reggae; entonces ya estaba en eso cuando empecé a trabajar con Peter Gabriel, con Totó y hasta ahí fui muy rockero y la cosa. Pero uno devora la música, va conociendo y se da cuenta que hay tanta música en el mundo para oír.  En los últimos cinco años ha habido un llamado que uno no puede ignorar y tiene mucho que ver con el camino el yagé, eso lo deja uno enfrentando ciertas verdades y cosas que no se pueden ignorar, se va purificando la intensión y se despierta el oído espiritual y se desarrolla el estar quieto para escuchar. 

Esa necesidad por volver a la raíz, a lo más sencillo -pero no menos enérgico- fue un ingrediente clave para que germinara un disco destinado a marcar un capítulo tan importante como necesario en la historia sonora de Providencia. Este trabajo discográfico comenzó como parte de una residencia creativa que se llevó a cabo en mayo (conozca más sobre Sound Setters haciendo CLICK AQUÍ); durante 10 días, 26 personas entre productores musicales, artistas visuales y emprendedores de San Andrés, Providencia, Santa Catalina y el Caribe Continental colombiano, trabajaron con seis tutores expertos, en la creación y desarrollo de un producto musical de una agrupación de Providencia. Elkin Robinson fue el ganador de la convocatoria. 

¿Cómo fue ese proceso de encontrarse por primera vez con alguien y grabar un disco en una semana?
Conocí  el lunes a Elkin el lunes y el martes estábamos en la playa componiendo. ‘Raise the day’,  luego ‘Come’Round’, y así fueron saliendo los temas.  En treinta años he visto a tres o cuatro personas tocar con semejante fluidez y finura.

Acá hay muchos músicos y amigos, pero Elkin no tenía una banda. Entonces desde esa etapa fuimos a Bogotá a analizar y hablamos mucho entre todos y llegamos a unas ideas de cómo arreglar eso con los músicos. Los primeros días fueron de buscar patrones, usando sonidos de acá pero tratando de avanzar el lenguaje. Pasamos tres días donde no pasaba nada y el miércoles fue el día indicado: fue luna llena y pasaron dos horas en las que simplemente hubo magia y grabamos.

Hacer un disco es captar magia, saber de psicología y hasta chamanismo, crear las condiciones  ideales, no “frikearse”, tener paciencia y esa fue la semilla del disco. Luego empezaron a salir los otros temas. 

Casi que ya ha culminado este proceso ¿Cómo se siente haber sido parte de esto?
Yo estoy muy contento, el disco es muy bueno y va a servir mucho a Elkin, a la isla,  a toda la gente que lo escucha, va a llegar al alma de mucha gente. Para mí también fue una experiencia divina, trabajar con Elkin fue un experiencia increíble, es un músico de alta calidad y cómo el hay pocos. De Diego Gómez, de Llorona Récords,  aprendí mucho, aprendí a trabajar con alguien y Diego es raza, aprendí mucho de él. Además fue increíble capacitar a los pupilos, empezamos como tutores y pupilos y al final ya éramos colegas.  

Quizá muchos esperaban un disco con beats, más tirado a toda la ola del dancehall y el mode up ¿Cómo decidieron el camino que iba a tomar el sonido del disco?
Identificamos que sería bueno que no trajera máquina o el beat, no queríamos mode up, ni moombahton, ni reggaetón, ni dancehall. Yo fui de los pioneros de eso y llevo 25 años en eso, es una cultura mundial, la música programada con un flow o un rap encima. Pero yo siento que la vitalidad creativa ya se fue en esa escena, que se está reciclando lo mismo. Yo siento que la víscera, la esencia  creativa ya no está ahí. Para mí esto es como parte del viaje que no para nunca: el futuro es volver a lo más arcaico; el mundo necesita música sanadora. 

Una vez resuelta la parte musical ¿Cómo empezaron a nacer las letras?
Eso fue lo más esotérico en el proceso con Elkin, estábamos musicalizando, cantando, improvisando y dijimos ¿y las letras? Y empezamos diciendo: “bueno estamos en la playa, en el manzanillo, en el paraíso” y empezaron a salir las primeras letras, sobre los detalles de la vida, los hijos, apreciar la naturaleza. 

No tuvimos que hablarlo pero lo entendimos muy profundamente: lo que vamos a hacer es música sagrada, no vamos a decir nada negativo, estamos en nuevos tiempos y en una nueva era y el tiempo de lo negativo se acabó y para mí eso fue lo más increíble, todos sentimos lo mismo y ahí arrancó el camino, en ese punto se empezó a incluir todo el mundo que trabajó en la residencia: el grupo que hizo el video,  los de diseño gráfico, gestión. Nadie tuvo que decir nada y como al quinto día las personas que estaban a cargo del grupo de gestión llegaron con el tema de: OLD PROVIDENCE NEW ROOTS. Es muy grato ver que hay una coherencia, una vibración junta, y  que en es estos tiempos es posible avanzar muy rápido espiritualmente

¿Cómo se logra hacer un disco que cuide y respete la parte más tradicional de la isla, pero que también le llegué a las nuevas generaciones de una manera innovadora?

Buena pregunta y no sé si te puedo contestar porque es la suma de cientos de decisiones pequeñas y de mucha experiencia y sobretodo la intuición, en la que creo cada vez más y la mezclo con experiencia y  procesos. Creo mucho en eso que hablamos, volver a la esencia y creer mucho en el poder del trance, de la repetición, de hacer algo sencillo, de un lenguaje musical muy arcaico. En occidente la hemos complicado y le hemos puesto muchas capas a todo, tapando la esencia. 

Escucho música, analizo y medito; uno tiene que desarrollar el silencio, la quietud, para poner oírlo, lo que estamos haciendo no es nada revolucionario, ni moderno pero suena nuevo porque cualquier música que se acerque a eso lo es y Elkin está ahí. 

En la historia musical de Providencia los tambores fueron suprimidos ¿En algún momento pensaron en introducir percusión, baterías o tambores?
Hablamos si tener percusión o no, pensamos en el Chongo, en varios bateros; pero decidimos volver a lo sencillo, volver al new roots. Ellos van a traer tambores y batería pero es un proceso que necesita tiempo de investigación, ensayo, hasta mandar a hacer tambores, pero era un viaje muy bravo para hacerlo en una semana. 

¿Cuál es el poder de la música en su lado más primitivo?
La música tiene el “power” de comunicar en un segundo de sonido lo que uno se demora en comunicar con tres mil palabras. Mucho escritor ha dicho que lastima que no pudiera ser músico porque la percepción emocional que le ofrece la música es sutil. Ya no hay nada cierto solo la música, escucha y sigue esa línea y todo eso va a estar bien.