Se encuentra usted aquí

El Graffititour: un recorrido por el arte urbano en Bogotá

Por
Redacción Shock

La calle ha sido, desde siempre, un espacio que está en constante intervención. En los muros se expresan mensajes políticos o personales, se marcan territorios, se  trasciende y simboliza la cotidianidad. A pesar de que vivimos en una ciudad cargada de grandes obras e historias en sus muros, muchas veces pasan inadvertidas para nosotros.

Por Fabián Páez López - @davidchaka // Fotos: Santiago Castro

Eso que normalmente no nos detenemos a ver, es  motivo para que un australiano y un colombiano que vivió toda su vida en Estados Unidos, hayan decidido rehacer su vida en Bogotá y ofrecer el Grafittitour.  Impulsado por el artista  australiano Crisp, este recorrido se realiza los martes y domingos desde hace dos años, y nos permite conocer los grafitis, los artistas y las historias más emblemáticas que han sido plasmadas en el centro de la capital colombiana.  

Quisimos saber qué se sentía hacer turismo en nuestra ciudad, y el grafittitour  se destacó entre las opciones de turismo no convencional.

Así fue nuestro plan dominguero de turismo en Bogotá.

Acordamos con Crisp hacer el recorrido, no sin antes recibir la aclaración de que el tour inicia a las 10 de la mañana en punto, no a la hora colombiana que es como media hora después. Y tiene razón, acá las horas se corren. Entre tantos trancones y tanta gente apretada en Transmilenio pareciera que nos gusta salir como si todo fluyera normalmente. Pero transitar por Bogotá es más que una experiencia caótica, la ciudad tiene espacios para apreciar en cada muro.

El punto de encuentro fue la estatua de Simón Bolívar ubicada en el Parque de los periodistas, donde se unen la carrera 3ª y la Avenida Jiménez. Llegamos con unos minutos de anticipación y nos reunimos con Ray, quien nació en Colombia pero vivió desde niño, hasta hace dos años, en Estados Unidos; cuando regresó al país a ayudar a su familia decidió quedarse porque, según él, nunca se había sentido tan despierto. Y claro, este país es peligroso, le toca.

Al tour, que se ofrece en inglés, llegaron 22 turistas entre europeos y norteamericanos. Iniciamos nuestro recorrido por la calle 3ª en dirección hacia el Chorro de Quevedo, en donde nos inundaron de información sobre los artistas y sus técnicas; el mural pintado por el colectivo APC y Saga, los stencils de Dj lu y las piezas de cerámica de Crisp y Ronzo. 

 

Las obras de estos artistas forman parte del paisaje urbano de la candelaria. Sus nombres están escritos a lo largo de todo el recorrido. Los APC (Animal Poder Crew), son un grupo de aproximadamente 40 artistas urbanos con presencia en varios países, sus obras incluyen técnicas como el tagging, la forma básica del grafiti; firmas sin relleno y de un tamaño relativamente pequeño, o el throw up; un grafiti rápido, con letras grandes, bombeadas y pintadas. Dj lu, uno de los artistas más mencionados en el recorrido, es un profesor de arquitectura que firma sus obras con la frase “Juega Siempre”. La técnica característica de Dj lu es el stencil, que consiste en aplicar pintura sobre una plantilla de papel con un diseño precortado.  

Crisp y Ronzo por su parte, han trascendido los límites entre el grafiti y el arte urbano en la Candelaria. Crisp se ha encargado de poner a lo largo del tour máscaras de cerámica que pareciera que se asomaran a través de los muros. Mientras que Ronzo, un reconocido artista alemán que ha compartido exposición con Banksy, ha dejado también su sello en cerámica; justo en la esquina que abandonamos la calle 4ª para subir unas cuadras y entrar en la estrecha calle de piedra que nos conduce al Chorro de Quevedo, el Callejón del Embudo. 

En el trayecto, Ray hizo algunos anuncios publicitarios sobre los lugares que venden chicha en este callejón, algunos cafés, restaurantes y mercados artesanales que veríamos en la plaza del Chorro de Quevedo. Mientras avanzábamos, a algunos transeúntes se les salió el colombiano: decían cosas como “guelcom to Colombia”, “¡viva Colombia!” o “fuera gringos”; nos encontramos con los amables, con los mamertos, con algunos viejos que se quejaban porque nos estaban “mostrando rayones en las paredes”, y hasta con vendedores poliglotas que mientras ofrecían pescado afirmaban hablar en siete idiomas para atender a todos. 

En la plaza del Chorro de Quevedo, y hasta el parque la Concordia, ayudado por grafitis con mayor contenido político, Ray nos dejó de hablar de las técnicas empleadas en las piezas que veíamos para hablar de los conflictos del mundo, las frustraciones de los artistas, y la situación del país. Lo que empezó como una visita a una galería, tomó tintes históricos y políticos. Nos recordó historias como las de los falsos positivos, el desplazamiento forzado, las enormes diferencias que hay entre el campo y la ciudad, o la fiebre por las cirugías estéticas en  Medellín. 

La ciudad es muy grande y hubiera dado para más historias. La Candelaria es, según Ray, “solo una pequeña estampa” de lo que es el grafiti en Bogotá, nos dijo que le gustaría llevar el tour a otros lugares, a la calle 26, o a la Universidad Nacional, por ejemplo. Esta última, dicen, es la meca de este fenómeno en la ciudad. Por ella han pasado todas las tendencias: los mamertos, los anarquistas, los comunistas, etc. Un grafiti del Che Guevara es uno de los símbolos que le da carácter a la universidad; cuando fue removido generó todo tipo de protestas hasta que fue vuelto a poner. Hoy, le da el nombre a una plaza. 

 

Temas relacionados: