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El Hexagonal del Olaya: el último bastión de resistencia en el fútbol

Las historias ocultas detrás del torneo de fútbol aficionado más importante de Bogotá.
Por
Raúl Riveros

Mientras que el plan de 25 de diciembre y el primero de enero para muchas personas fue pasar el guayabo, arreglar el despelote ocasionado por la celebración e inclusive seguir bebiendo, para otros fue despertarse temprano, desayunar, hidratarse bien, ponerse bloqueador, alistar los chiros e ir a jugar un partido de fútbol de altísimo nivel competitivo y de crucial importancia para ellos mismos y para el equipo que representan.  Ellos son los participantes de la Copa Amistad del Sur, mejor conocida como Hexagonal del Olaya, que se juega en los domingos comprendidos entre el 14 de Diciembre y el 20 de Enero de cada año, sin importar si cae 24, 25, 31 o primero de Enero.

Por: Raúl Felipe Riveros // Fotos: Alejandro Gómez Niño

El Hexagonal del Olaya surgió hace casi sesenta años, precisamente por el desprograme futbolero de fin de año. Rafael Morales, vecino del barrio Olaya Herrera, y Genaro Díaz, del barrio Centenario, armaron un cuadrangular inter barrios donde invitaron equipos de la zona suroccidental de la ciudad: un cúmulo de barrios de estrato 3 y epicentro insigne de la clase media-media bogotana.  Esta sencillez con que se originó se ha mantenido hasta la actualidad, a pesar de ser un campeonato donde ha participado uno de los mejores jugadores colombianos –el “Pibe” Valderrama– y uno de los mejores extranjeros que haya jugado en Colombia en la historia –Dragoslav Sekuralac, el “Pelé Blanco”–, de haber sido designado como “Evento de Interés Cultural de la Ciudad”, de reunir aproximadamente 10.000 personas fecha tras fecha, de generar más de 200 empleos indirectos, de ser reconocido por la FIFA como uno de los mejores torneos aficionados del mundo y de ser el trampolín de grandes jugadores bogotanos que han tenido gran rendimiento  nacional e internacionalmente.  Ninguna situación ha alejado al Olaya de ser un campeonato donde se busca lo básico: disfrutar del fútbol con los amigos.

Quien se aproxime al Parque Estadio de la carrera 21 con calle 26 sur en esos domingos de Olaya podrá ver el hermoso desfile de jugadores, familiares, directores técnicos, asistentes, preparadores físicos, entrenadores de arqueros, kinesiólogos, fisioterapeutas, masajistas, asistentes administrativos, comisarios de campo, coordinadores, árbitros, periodistas, narradores, comentaristas, fotógrafos, camarógrafos, reporteros, cazatalentos, ex jugadores, personal de logística, impulsadoras, repartidores de publicidad, vendedores, hinchas, barristas y, como en todo evento multitudinario, de sapos y locos que siempre llegan así no tengan nada que ver.

El marco es muy similar al de un partido del fútbol profesional, pero con una gran diferencia, que es donde radica la popularidad del torneo: la gran familiaridad y cercanía que hay entre los personajes mencionados.  Se reúnen muchas personas por fecha, pero la mayoría se conocen entre sí, por lo que se aprovecha el domingo no solamente para ver buen fútbol sino para departir con los amigos.  El camino de 50 metros entre la carrera 21 y la entrada al estadio puede tardar media hora, ya que cada cinco pasos hay alguien conocido al que toca saludar.  Año tras año van los mismos personajes, a disfrutar el fin de año de esta particular manera.

Es el caso del popular “Gato”, famoso por vender la mejor morcilla y papa criolla del Olaya, en un puesto a media cuadra del estadio, al lado de una tienda donde nunca faltan los borrachines que muchas veces ni ven los partidos, pero que eligen reunirse ahí por el alegre ambiente que trasciende el límite de la cancha e inunda gran parte del barrio.  El “Gato” lleva 45 años asistiendo sin falta al torneo. “Aquí viene gente veterana a ver fútbol, no los gamines que van al estadio. Aquí usted nunca ve una pelea”.

Además del puesto del “Gato” hay una gran oferta culinaria en el sector. “El que venga al Olaya y no coma jeta, no vino al Olaya” es uno de los refranes que se escuchan entre los comensales de chunchullo, pelanga, chinchurria, chicharrona, fritanga, empanadas, raspado, gelatina, helados, jugos y demás delicias que se ofrecen.  Mientras la gente come siempre está mirando con un ojo el partido y con el otro de lado a lado, no por intranquilidad ni ansiedad, sino para ver a qué viejo amigo encuentra por ahí para saludarlo. 

Todo esto se logra por el gran atractivo del campeonato, que radica no solamente en el alto nivel de los equipos sino en su particular sistema de juego.  “Aquí en el Olaya uno juega cinco finales, porque además de disputar el campeonato se pelea por no quedar de último. Esto hace que desde la primera fecha sea un torneo complicado: el favorito puede terminar descendiendo”, nos dice John Fáber López, técnico varias veces campeón y subcampeón del torneo y que también dirigió al equipo profesional de La Equidad. Hay siete equipos que tienen casilla en el Olaya, pero cada torneo lo disputan solamente seis, descansa el que quedó de último en la versión anterior.  Esos seis juegan todos contra todos en cinco fechas y el que haga más puntos en esos cinco partidos es el campeón.  Sin embargo, a diferencia del fútbol profesional, no se entregan 3 puntos por partido ganado, sino 2, así que la tabla de posiciones siempre está bastante apretada y hay mucha emoción. 

Los partidos se juegan en horarios de 9:00am, 11:00am y 1:00pm. Son seis horas de fútbol en las que hay flujo constante en las tribunas del estadio. En la principal, que hay mayor comodidad y tiene techo, no se puede consumir bebidas alcohólicas, así que gran parte del público prefiere hacerse en las auxiliares, que son escalones que quedan en las afueras del estadio donde no faltan los vendedores de cerveza y se pueden echar tanta pola como quepa.  Mientras un par de amigos en la tribuna comentan el partido de las 11:00am, otros dos detrás de ellos discuten sobre el de las 9:00am, pero de hace 20 años, evocando jugadas, sistemas tácticos, errores arbitrales y resultados que recuerdan con total perfección.

Son muchos los señores mayores que hablan felices de los tiempos pasados del Olaya, cuando se jugaba en el “tierrero”, sin ningún tipo de tribuna ni grama.  Los partidos se desarrollaban con el público al borde de la cancha, ya que el estadio solo se construyó en los 80 cuando fue necesario organizar ese pocotón de gente que llegaba cada domingo.  Los jugadores del Uruguay campeón del mundo en 1950 y demás extranjeros que participaron en los 60 jugaban sin ningún tipo de protección de los aficionados.  El más prestigioso de la época del “tierrero” sin duda fue Dragoslav Sekuralac, el “Pelé Blanco”, considerado mejor jugador del Mundial de Chile 62 con la antigua Yugoslavia, que en Colombia es recordado principalmente en su paso por Santafé. Semejante leyenda estuvo en el Olaya a quien convencieron de jugar con el equipo Fotorres en 1972 luego de abordarlo en club de bolos y ofrecerle $8.000, creando uno de los momentos épicos de este torneo.  La leyenda, como si fuera un mito de tradición oral, se va complementando por las personas que vieron ese suceso. Van contando cosas como:

“Se regó el chisme que si alguien se metía a la cancha y lo incomodaba, él no volvía a jugar, así que entre todos lo protegían. Aunque cualquiera podía entrar fácilmente a la cancha nadie lo hizo”.

“En un partido se cayó la piola del arco, tuvieron que parar el juego para arreglarla, pero todos eran muy bajitos y no alcanzaban el travesaño, así que acercaron una escalera y el mismo Sekuralac se montó y la amarró”.

El dueño de esta última anécdota carga consigo la revista conmemorativa que se publicó en los 50 años del Olaya donde está la foto de “Seky” amarrando la piola, imagen que le dio la vuelta al mundo. Aprovechamos para ver otra foto de ese torneo, donde se ve un pocotón de gente al borde de la cancha, casi todos de vestido y corbata. Hay unos que habían parqueado el carro cerca y estaban encaramados encima para poder ver mejor. A pesar que las fotos son en blanco y negro se puede apreciar “el tierrero”, totalmente pelado y con un montón de piedritas. “El día que uno jugaba tocaba dormir colgado de todas las heridas con que uno quedaba”, afirma otro veterano mientras destapa una Póker.

La participación del yugoslavo fue un revuelo total, puso el torneo en el foco de todo el país e incluso de la FIFA, que  no entendía que un jugador de tal magnitud participara en un campeonato aficionado. Internamente también causó un gran impacto, a tal punto que los equipos participantes vieron la necesidad de formalizar los procesos de inscripción para que los jugadores que participaran tuvieran su respectivo permiso del club que tenía sus derechos.

Antes de Sekuralac habían participado otros jugadores internacionales y de renombre. “En los primeros años los equipos se armaban con los jugadores de Millonarios y Santafé. El equipo del Olaya sí tenía solamente gente del barrio. Todos estos viejos que usted ve acá bebiendo se enfrentaban a los profesionales, pero usted viera cómo corrían y cómo se defendían. Nunca se dejaron pintar la cara”.

Los recuerdos del torneo han quedado plasmados gracias a los fotógrafos que fecha tras fecha y año tras año asisten al Parque Estadio. Enrique Prada, el popular “Pradita”, va caminando por todo lado echando chistes, tomando fotos y ofreciendo las de partidos anteriores.  Los fotógrafos las llevan impresas, con el membrete del campeonato y la fecha en que fueron tomadas, buscan a sus protagonistas y se las ofrecen por módicos tres mil pesitos.  Pradita lleva toda su vida tomando fotos no solamente en el Olaya, sino en el Campín y en los “potreros” donde durante el año se juegan los torneos de la Liga de Bogotá, así que está cargado de anécdotas: “una vez un alumno de Comunicación Social de la Javeriana se me acercó. Él estaba haciendo su tesis sobre el fútbol bogotano y quería que le ayudara ya que me veía hablando con todos los jugadores y técnicos.  Yo le dije que fuera a una de las tiendas, ubicara cualquier mesa que tuviera cuatro viejos sentados tomando trago, pusiera cuatro cervezas, prendiera la grabadora y empezara a hablar de fútbol con ellos.  Así lo hizo, estuvo de mesa en mesa haciendo entrevistas y le fue muy bien en la tesis, tanto así que después consiguió trabajo en Canal Capital y de regalo me hizo una entrevista a mí, que pasaron por el canal”.

Y es que la lista de jugadores que han pasado por el torneo es interminable, y muchos de ellos van cada domingo al estadio, como Senén Mosquera, arquero de Millonarios en los 60. “Este campeonato es muy importante para la ciudad, es la oportunidad para que los jugadores bogotanos sepan lo que es jugar con público y con presión”, afirma el veterano que debe asistirse de su bastón para poder caminar.  Además de él, Delio “Maravilla” Gamboa, el mundialista de Chile 62, y Alfonso Cañón, mejor jugador bogotano en la historia, pasaron también por las canchas del Olaya.  Más recientemente Gerardo Bedoya, Léider Preciado, Ricardo “el Gato” Pérez y por si fuera poco, “El Pibe” Valderrama, jugaron el torneo.  Todos ellos con el Club Centenario, que se ha caracterizado por contratar jugadores mediáticos.  El Pibe fue una sensación, nunca se había visto tanto público ni tanta emoción.  Lo jugó estando ya bastante mayor, así que futbolísticamente no pudo aportar mucho, pero el espectáculo fue total, el público le pedía que cobrara hasta los saques de meta.

Hay también un listado amplio de muchachos que pasaron por las canchas del Olaya y que luego llegarían a convertirse en reconocidas figuras, como Andrés Chitiva, Fabián Vargas, Rafael Robayo, Kilian Virviescas, Camilo Vargas, Santiago Arias y muchos otros de menor renombre pero que ratifican la trascendencia del torneo para la ciudad. El club Maracaneiros es el que más se ha caracterizado por sacar a estos jugadores a los equipos de Bogotá y del resto del país.

Pero volvamos al Parque Estadio Olaya Herrera, donde en este fin de año están remodelando la cancha auxiliar para ponerle grama sintética.  Paralelo al Hexagonal se juega en ese campo un torneo para mayores de 45, donde la mayoría de jugadores participaron también en el Olaya  y algunos en la profesional.  Este año no se pudo jugar y se siente la ausencia de estos jugadores, que tienen su público propio y hacen más vistoso el panorama general. 

En el campo de juego principal se desarrolla la última y definitiva fecha del torneo.  Como es habitual, en esta instancia la tabla está bastante apretada, tres equipos peleando el campeonato y los otros tres el descenso.  En cada partido va a jugar uno de los de arriba contra uno de los de abajo.  Los jugadores lo dejan todo, a veces con más garra que talento, pero el deseo por alcanzar la gloria se ve en cada jugada.  La tribuna no sólo tiene exjugadores, también un montón de futbolistas frustrados que disfrutamos del espectáculo que nos brinda la mezcla de juventud y veteranía que hay en el terreno de juego.  Mientras unos equipos les apuestan a jugadores que están siendo probados para pasar a la profesional, otros se forman con una base de futbolistas veteranos con roce nacional e inclusive internacional.

Además de los veteranos la tribuna está colmada por familiares de los jugadores, vecinos de estos barrios populares del sur y muchos niños que sueñan con algún día estar en esa cancha. Siempre asisten barristas de los clubes Olaya y Centenario, que son los únicos que se mantienen desde las primeras versiones del campeonato. También hay hinchas con las camiseta de los otros equipos participantes, y otros con la de Millonarios, Santafé, Nacional y América, todos compartiendo en sana convivencia. ¿Será utópico pensar que en este país uno pueda ir al estadio a ver un Santafé-Nacional siendo hincha de Millonarios y llevando su camiseta? ¿Es imposible pensar que, como en el Olaya, uno pueda ir al estadio por el simple gusto de ver buen fútbol así no juegue su equipo y no exponerse a insultos y agresiones? 

Mientras muchos aficionados al fútbol prefieren pasar su domingo viendo por televisión partidos que se juegan al otro lado del charco, volverse "hinchas" de equipos que nunca van a ver en vivo y adorar figuras que encumbran al punto de consideran super humanos, el Olaya está lleno de gente que disfruta de este espectáculo en vivo y en primera persona. Este estadio tipo europeo, sin pista atlética, permite sentir el partido desde muy cerca: escuchar cómo se madrean entre los jugadores, las indicaciones y reclamos de los técnicos, cómo aprietan a los jueces, los gritos de frustración y las manifestaciones de euforia cuando salen las cosas bien. Una jugada lujosa puede resultar en la aclamación de todo el público, así como recibir un túnel o tropezarse va a generar abucheos, burlas y hasta insultos. 

 

Equidad Seguros es el único club participante del Hexagonal que ha llegado a la profesional. Los equipos que estaban en la época del tierrero no son los mismos de ahora.  Por diferentes motivos con el pasar de los años muchos vendieron su casilla.  Para un equipo es bastante alto el costo de jugar el campeonato.  Teniendo en cuenta la nómina de jugadores y el cuerpo técnico, canchas y útiles de entrenamiento, hidratación y alimentación, uniformes, costos de inscripción y otros gastos el valor puede oscilar entre 50 y 70 millones de pesos.  El premio para el campeón es de 10 millones y suele repartirse entre los miembros del equipo.  El interés de los directivos de cada equipo definitivamente no es económico.  En unos casos es de publicidad de la empresa, de promoción del club o de búsqueda de oportunidad para jugadores, pero lo cierto es que nadie quiere dejar de ser parte de esta fiesta.

Volvamos al terreno de juego, donde se desarrolla el partido de la una de la tarde, que juega el posible campeón de este año. Al Parque Estadio Olaya Herrera y sus inmediaciones no le cabe un alma.  Hay tanta gente que el escenario no tiene nada que envidiarle a un pueblo en ferias.  Vendedores de globos, de cachuchas, de tenis, de selfiesticks; gente repartiendo volantes de cursos universitarios y de políticos; puestos ambulantes de venta de cerveza y comidas rápidas; carros toteando música compitiendo con la de las tiendas; y la frutilla del postre, un conjunto vallenato, atestan el lugar. Al grupo nadie lo contrató, llegó a rebuscarse el día ofreciendo a $5.000 la canción interpretada entre la multitud.

El partido finaliza y el Club Olaya Herrera se consagra campeón, por primera vez en 17 años.  Equidad y Caterpillar Motor quedan empatados en el último puesto, así que el próximo domingo deberán disputar un partido extra por la permanencia, con un agravante en el caso de Equidad: como descansó el año pasado, en caso de volver a quedar de último perdería la casilla.  Jimmy Parra, presidente del Comité Ejecutivo organizador del torneo, nos explica la situación: “Si Equidad pierde la casilla por reglamento ellos tienen la primera opción de comprarla, en 25 salarios mínimos mensuales vigentes.  En caso que no la compren se ofertaría a través de una subasta, donde podrían aplicar clubes deportivos o empresas legalmente constituidas.”  Corre el rumor que los comerciantes de San Andresito están interesados en adquirir una casilla apenas alguno de los siete actuales diera papaya.

Al finalizar la jornada la gente sale del estadio, algunos pocos para sus casas, la mayoría a las tiendas y a las calles aledañas a tomar cerveza y a departir con sus amigos.  Es aquí cuando el Olaya vuelve a lo básico, a lo que sucede desde hace 57 años cuando Rafael Morales y Genaro Díaz iniciaron el campeonato.  Ahora todos comparten sus anécdotas de este año y de versiones anteriores.  Todos se divierten como se divertían hace 30, 40 o 50 años. El “Gato” ya vendió toda su morcilla y está tomando cerveza alegremente al lado de Jimmy, que por fin está relajado después de tanto trabajo.  Los acompaña “Pradita”, que no desaprovecha para ofrecer sus fotos, y el “Tuso”, que charla y bromea con jugadores, entrenadores, delegados y demás personajes, todos de igual a igual, con la humildad que se le exige a un verdadero hombre de fútbol.  Es motivante ver, en estos tiempos donde el deporte es relacionado tan a menudo con cuestiones de corrupción y donde se ve tanto personaje agrandado, esta manifestación de alegría, camaradería y sencillez, donde la preocupación de todos es aprovechar el fútbol para pasar un rato agradable y compartir con esos amigos que el Hexagonal del Olaya les ha dejado para toda la vida.

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