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El hombre detrás de las Pussy Riot

Por
Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

El grupo de punk feminista que generó una polémica mundial sobre el rol activista del arte y la liberta de expresión, fue protagonista del documental “Pussy Riot: A Punk Prayer”. Hablamos con su codirector, el inglés Mike Lerner, a propósito de su visita a Colombia en el marco del Festival Ambulante. Para ver este y más documentales de la Gira Ambulante en Medellín haga CLIC aquí 

Por: Juan Pablo Castiblanco Ricaurte // @KidCasti

El 21 de febrero del 2012 cinco integrantes del colectivo de punk feminista Pussy Riot realizaron un performance-concierto en la Catedral de Cristo Salvador de Moscú. No era la primera vez que se tomaban el espacio público para hacer actos desafiantes y violentos contra el establecimiento y sus prácticas machistas y corruptas. Un mes antes habían cantado una canción que decía “(Vladimir) Putin se orinó en los pantalones” en plena Plaza Roja, o se habían tomado un centro carcelario para protestar por la detención de varios activistas políticos de la oposición. Incluso varias de las Pussy Riot habían militado previamente en el desafiante colectivo de arte y performance Voina, que se hizo famoso por actos como pintar un gigante pene sobre un puente en San Petersburgo, o por salir a la calle a sorprender mujeres policías dándoles besos en los labios. Sin embargo, tras el acto en la Catedral moscovita, tres de las mujeres fueron arrestadas y sometidas a un singular y kafkiano proceso judicial que provocó las protestas de celebridades como Madonna, Björk o Paul McCartney, así como pronunciamientos de varias ONG y países europeos. 

Tras esta mediática batalla entre arte y estado, que reveló la fina línea que hay entre la libertad de expresión y el respeto por las creencias religiosas de una sociedad, estuvieron dos hombres: el ruso Maxim Pozdorovkin y el inglés Mike Lerner. Juntos asistieron a las audiencias en las cortes, entrevistaron a los familiares de las presas y a los que creían en la culpabilidad de las punkeras, para crear el documental “Pussy Riot: A Punk Prayer”. La película, que estuvo preseleccionada para una nominación en los Óscar de este año, estuvo entre la selección del pasado Festival Ambulante junto a Lerner quien estuvo en Bogotá para presentar la película de uno de los actos culturales más polémicos de los últimos tiempos. 


¿Cómo fue su aproximación a las Pussy Riot? ¿Qué pensaba del grupo antes de acercarse a ellas?

Me atraían mucho ellas, su política y su estilo, y fue la razón por la que quise hacer la película. Crecí en Londres en los 70, cuando el punk rock estaba tomando fuerza. Me gusta el hecho que ellas se cataloguen a sí mismas como anacrónicas política e incluso culturalmente. El punk es una moda vieja, así que ellas son una feministas vieja escuela y marxistas, buscando una revolución social. 

El documental asume una posición muy centrada, donde incluso le da voz a las personas que se vieron afectadas y ofendidas por los actos de Pussy Riot…
El documental no es tanto sobre estar a favor o en contra de ellas, sino que trata de entenderlas y dar una perspectiva del ambiente en el que se movían. La historia en realidad es sobre el juicio tan absurdo que les hicieron, que parece que fuera una historia de Dostoievski, y que recuerda el Caso Dreyfus o incluso a Juana de Arco, donde algo es puesto en tela de juicio por el Estado y normalmente cuando esto pasa, ellos ganan. Las Pussy Riot pasaron dos años en prisión, pero ahora son las mujeres rusas más famosas del mundo y gracias a ellas mucha gente pudo saber cómo son las cosas dentro del régimen de Putin y lo que pasa cuando la gente trata de transformar las cosas, de protestar o de dar su opinión. Me gusta cuando el arte y el estado tienen un cabeza a cabeza. Hay cientos de perseguidos políticos más, que incluyen periodistas y artistas que han sido arrestados y asesinados, así que lo bueno de esta historia es que gente que normalmente no estaría interesada en la política rusa, pueda hacerlo por el humor, el encanto y la forma en la que cantan las Pussy Riot. Es una manera de entender las circunstancias. 

¿Cómo conocieron la historia y llegaron a la banda?
Leímos la noticia sobre la acción en la Plaza Roja. Vimos imágenes de eso y me pareció interesante, creí que podría ser muy enriquecedor. Luego fueron arrestadas por el acto de la Catedral de Moscú, así que el juicio iba a ser el hecho central de la película porque era un acto absurdo. Ahí teníamos una gran historia. En cualquier momento les podían levantar los cargos y pudimos haber quedado con el documental a medias, pero el juicio seguía y lo acompañamos de marzo a octubre. Tuvimos mucha suerte de poder contar con las imágenes de lo que pasó en la corte, que es algo muy absurdo porque grabaron y transmitieron el caso por streaming. En cualquier otro país habría sido difícil conseguir ese material, pero allá convirtieron la corte en un teatro. 

¿La idea siempre fue mostrar el absurdo del proceso o fue una idea que fue madurando?
Siempre estuve interesado en quiénes eran. El juicio por sí mismo les dio expresión, porque no tuvimos oportunidad de contactarlas o entrevistarlas. Afortunadamente en el juicio dijeron todo lo que les pudimos haber preguntado. También tuvimos acceso a sus familiares y nos dieron algunos puntos de vista sobre su evolución como personas. La forma en la que se portaron las chicas en el juicio fue impresionante y nos dio mucho para la película. 

Siendo un hombre, ¿qué tan difícil fue asimilar o compenetrarse con los ideales feministas del grupo?
Siempre he estado del lado de la justicia, de la equidad, de la igualdad de oportunidades, de la libertad y eso hace que cualquiera que crea en esas ideas sea un feminista. No es que seas anti-racista si eres negro, anti-homofóbico si eres gay o anti-machista si eres una mujer. Por supuesto vivimos en una sociedad patriarcal, así que más que pro-feminista soy anti-sexista, estoy en contra de cualquier tipo de discriminación. 

Mencionó que había crecido con el punk. ¿Cómo sobrevive el espíritu del punk dentro de usted? 
No soy un punk retirado, sigo creyendo en los mismos valores porque son el uso de la razón, el intelecto y la cultura para retar las normas sociales. Eso se puede manifestar de muchas formas. El punk es más una ideología que un estilo musical. Es una actitud política. Hoy la sigo viendo a través de muchas revoluciones sociales. Esa idea de que puedes crear nuevos ideales, cultura y sociedad, es muy bueno. Todas las generaciones deberían luchar por eso.

¿Son los mismos ideales que aplica al cine?
Probablemente. Me gusta el sentido de la independencia, el hecho de no hacer parte de ninguna corporación o maquinaria, y ver que a veces podemos triunfar o fracasar pero en nuestros propios términos. Hacer las películas que queremos, para nosotros, porque creemos que son interesantes y que pueden decirle algo al mundo, es importante.