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El privilegio de ser voluntaria en Brasil 2014

Por
Redacción Shock

"Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos". Eduardo Galeano.

Por Caro Morales @CaroEscarlata / Foto: AFP

No es solamente vivir una copa mundo, es hacerlo como voluntario. Ser voluntario es querer trabajar por una causa sin esperar nada a cambio. Mi única retribución aquí es poder disfrutar de una experiencia que me dejará memorias para toda la vida y hacerlo, además, a través de una de las pasiones que mueven mi vida. El amor por el fútbol.

Cuando supe de la convocatoria para ser voluntario en el mundial de fútbol en Brasil, pensé "¿Por qué no?". Se juntan mis dos pasiones, el fútbol y los viajes. Apliqué sin muchas pretensiones, solo por intentarlo. Es fascinante cómo las cosas se dieron de una manera tan fluida. Hoy, estoy escribiendo esto desde mi cómodo apartamento en el centro de Sao Paulo, un lugar tan acogedor que hace que algunas veces no quieras salir de él. Un lugar en una ciudad mágica que te recibe con alegría y calor. Una ciudad gigante y culturalmente fascinante de la que es fácil enamorarse a primera vista.

Qué se piensa cuando se decide hacer un viaje de casi dos meses para trabajar como voluntario. Pues bien, a los treinta y cinco años recién cumplidos uno se hace muchas preguntas sobre la vida. Lo que se ha hecho, lo que se ha dejado de hacer y particularmente sobre lo que se quiere. A estas alturas se tienen dos opciones, ponerse plazos y tratar de cumplir con las "reglas" o vivir el día a día permitiendo que ocurra todo lo que uno siempre se ha imaginado. Puede sonar un tanto cliché, eso de que hay que hacerlo todo para hacer los sueños realidad, pero es que esa finalmente debe ser la razón de vivir de cada ser humano.

Si hiciera un recuento de las cosas que han marcado mi vida, el cine y el deporte estarían compartiendo el primer lugar. Ambos, a su manera, me han ayudado a descubrir el mundo, a experimentar, a perder el miedo, a procurar ir en busca siempre de algo nuevo, a dejarme inspirar. El cine son historias y emociones, mientras que el fútbol es casi una metáfora de la vida.

Me he puesto en la tarea de ir liviana en el camino, quizá por eso no se me notan mucho los años que ya tengo encima, o al menos eso creo. Las borracheras que han sido constantes también han ayudado a condimentar esa curiosidad por conocerlo todo. Hacer un viaje largo era uno de mis propósitos y debo decir que me he esforzado por no permitir que el dinero se convierta en una prioridad. En lugar de procurar el carro, la casa y la beca, me gusta la idea de ir con poco equipaje, solo así tienes la posibilidad de en cualquier momento dejarlo todo para comenzar una nueva aventura.

No es solamente vivir una copa mundo, es hacerlo como voluntario. Serlo implica querer trabajar por una causa sin esperar nada a cambio. Mi única retribución aquí es poder disfrutar de una experiencia que me dejará memorias para toda la vida y hacerlo, además, a través de una de las pasiones que me mueven. El amor por el fútbol.

Como periodista, escritora, mujer y aventurera, tengo el privilegio de estar a punto de hacer parte de una de las fiestas más emocionantes y conmovedoras del mundo. Una fiesta que reúne las más diversas culturas, razas, lenguas y costumbres. Pero además, el privilegio único de conocer personas de todas las edades, otros voluntarios que llegan aquí con diferentes motivaciones pero con una misma energía.

Desde Patricia una ama de casa que ya es abuela, hasta Peter de Holanda o Ana Carolina de Los Ángeles, dos de los más jóvenes que apenas están comenzando a trazar su camino. Son muchos los rostros, como también muchos los acentos. Algunas veces no es necesario hablar o entender el mismo idioma, basta con esa sonrisa que nos hace recordar que existe una buena vida, que por obstinados, algunas veces nos negamos a vivir.

Falta poco para el comienzo de este mes delirante alrededor del fútbol. Mucho trabajo por hacer, mucha gente a quien ayudar. Un mes que seguramente será agotador, pero absolutamente agradecido e inolvidable.

Feijoada, caipiriña, pan de queso, café fuerte, samba, gente amable. Hoy camino feliz por esta ciudad y voy casi detenida en el tiempo pues algunas veces no sé qué día de la semana es. Algo que me encanta y me reafirma que estoy logrando el propósito de este viaje; olvidarme de la rutina para entregarme completamente a vivir el día a día de esta experiencia que no se borrará jamás.

Deixa a Vida (Dejar que la vida) hace referencia a lo que creo debe ser la constante. Dejar que la vida venga, vivir, hacer todo lo que te permita acabar con tus miedos, cultivar tu mente, amar. Los invito a hacer el mejor partido de sus vidas todos los días.

E deixa a vida me levar

(Vida leva eu!)

Deixa a vida me levar

(Vida leva eu!)

Deixa a vida me levar

(Vida leva eu!)

Sou feliz e agradeço

Por tudo que Deus me deu...

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