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El twerking y la liberación femenina

Por
Redacción Shock

Por: Fabián Páez López @Davidchaka 

En 2013 Miley Cyrus logró su cometido de llamar la atención del mundo moviendo el trasero frente a Robin Thicke en los MTV Awards. Desde ese entonces se volvió popular bailar twerking, pero las raíces de este movimiento van más lejos que el huracán mediático de Miley. Mucho tiempo antes y después del “escandalo” (que  en realidad solo escandalizó a los más mojigatos), mujeres alrededor del mundo han mantenido viva su práctica. Y a pesar de que han intentado prohibirlo o censurarlo por “vulgar”, quienes continúan haciéndolo lo hacen por convicción: como terapia física para el cuerpo, como elemento para la reivindicación de la mujer o como pieza fundamental de la cultura afro. 

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Los orígenes del twerk se le atribuyen al mapouka, un baile tradicional del sureste de Costa de Marfil en el que, igual que en el twerk, las mujeres son las que protagonizan los frenéticos  movimientos de pelvis y trasero. Desde luego, en muchos lugares del mundo, bailes similares han adoptado diferentes nombres. En Jamaica, por ejemplo, realizan “wuk contest” en los que las mujeres se contorsionan y exhiben sus nalgas con movimientos acrobáticos a ritmo de dancehall. En Latinoamérica, los bailes similares se han asociado con el perreo en el reggaetón o a la salsa chocke, pero el twerk ha tenido mayor trascendencia y ahora ha sido objeto de plenarias académicas y hasta de un proyecto documental. 

Hablamos con Maritza Arango, quien durante su maestría de investigación en la Universidad de la Sorbona en Paris organizó el evento titulado “What the hell is twerk”, en el que a partir de la experiencia de dos investigadoras y bailadoras de origen afrolatino hablaron sobre el mestizaje, las culturas afroamericanas, la influencia de las danzas africanas en estados unidos y en los países latinoamericanos, y del modo en el que, a través del baile, reivindican su cultura. 

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