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Estéreo Picnic se creció: El día de "Naichnels"

Por
Redacción Shock

Texto por: Jenny Cifuentes - @Jenny_Cifu

Eran las 11:30 p.m. cuando Phoenix se montó en el Escenario Caracol del festival. Durante hora y media la banda francesa logró mantener al público rendido a sus emisiones y con el ánimo intacto tras un día de lluvia y altas descargas sonoras. Los Phoenix piloteados por el micrófono de Thomas Mars refrescaron la noche con un gran repertorio que incluyó cortes como Lisztomania de su disco Wolfgang Amadeus Phoenix y temas de su reciente trabajo Bankrupt! Su puesta de tracks etéreos, ligeros  y espirales sonoros y hermosas visuales recibió a la eufórica audiencia después de que el  bombardero de Nine Inch Nails desafiara la capacidad de asombro de los asistentes en una poderosa presentación que taladró cerebros, encandiló con su juego de luces y revolvió las entrañas de miles de roqueros que esperaron durante décadas esta aparición. 

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Reznor y compañía despegaron con ‘Copy of a’ y ‘Wish’. Por episodios se encomendaron a filosas melodías pretéritas: ‘Sanctified’, ‘Gave Up’, ‘Burn’, ‘Beside you in Time’ o ‘Head Like a Hole’, desgarraron  el tiempo con distorsiones y transportaron a los espectadores al ‘Year Zero’ como bautizaron su disco de 2007.

Entre corrosivos guitarrazos, sudor, gritos, beats ácidos, noise del más crudo, latidos para bailar, o fondos corta venas, NIN se movió entre la calma y el desespero, lo sugestivo y lo oscuro, entre el pasado y el presente. ‘March of The Pigs’ o ‘Hand Covers Bruise’ del soundtrack de ‘The Social Network’ que hiciera Reznor y Atticus Ross se exhibieron, además, junto a cortes de su álbum Hesitation Marks (2013). 

Tocando como bestias dieron registrables momentos al festival: músicos virtuosos que relevaban sus funciones y un Reznor colgado de la base de su micrófono contorsionándose de forma dramática doblegando al público pacífico, que se conmocionó pero no tuvo fuerza para pedir un bis. Nine Inch Nails, con un poco más de 25 años de carrera, aún grandiosos.

•    Hace falta ruido:

Las  guitarras eléctricas de los colombianos Árbol de Ojos inauguraron el festival. Promulgando que HACE FALTA RUIDO, enérgicos presentaron material de su disco ‘Llegó El Zorro’ en un show contundente con duelos entre guitarra y batería. La panorámica del lugar mostraba gente llegando, personas instaladas desde horas antes en cojines, sillas y carpas, comiendo, haciéndose fotos o jugando a la cauchera humana patrocinados por una marca de chicles. En una breve encuesta los asistentes nos revelaban sus preferencias, y sin urna pero con la emoción de los votos del respetable, la estadística de la tarde arrojaba que el mayor porcentaje iba a ver a Phoenix, seguido por Nine Inch Nails (o como dijeron muchos “Naichnels” o “Ene y Ene”, bueno, la idea era esa) seguido en el conteo por Capital Cities. El gran porcentaje de indagados no conocía las bandas nacionales y los nombres que algunos acataron aludir fueron Monsieur Periné y Bomba Estéreo, unos pocos citaron a los Petit Fellas.

En cortas charlas sobre el festival una buena cantidad de jóvenes lo declararon como su paraíso terrenal mientras que alguien que se autodefinió como “un outsider de opiniones contundentes” arremetió contra todo: “aquí los grupos son buenos, las boletas caras, el fashion persistente y lo postizo presente, la mayor actividad consiste en ver a quién te encuentras y oír qué bobada dice”. Sus amigos y vecinos de carpa lo apoyaron. 

A las 5:30 poco público había empezado  a agruparse en el escenario más grande para el show de Mateo Lewis que con bellos cortes, letras sentidas y uno que otro toque de guitarra folk de su disco ‘Sumas’ confirmó la teoría de uno de sus títulos: ‘El Mundo es un escenario’.

Los norteamericanos Portugal The Man irradiaron los tintes de pop y psicodelia de sus siete trabajos incluida su placa ‘Evil Friends’ (producida por Danger Mouse), la voz aguda de su vocalista surfeó por variados matices, y junto a sus compañeros subió el ánimo en una tarima cubierta con tracks como ‘Modern Jesus’ y un cierre que invocó a Pink Floyd apelando a ‘Another Brick in the Wall’ recreada con trompeta latina.

Bajo el diluvio universal apareció Julian Casablancas. La concentración de sombrillas por metro cuadrado superaba lo razonable. Un enjambre mojado expectante por esta formación alterna del Stroke lo aclamó a su salida. Hace más o menos cinco años, durante un receso de su grupo, Casablancas debutó como solista con ‘Phrazes for the Young’ que presentó en vivo con la agrupación The Sick Six. Esta vez irrumpió con emisiones en las que mezclaba sonidos progresivos, metal, ráfagas gore, y hasta drum & bass. El vocalista mostró sus lados oscuros rodeado por instrumentistas virtuosos entre los que brilló su guitarrista con look Frank Zappa que dio las escarchas roqueras progresivas a varios temas  de un repertorio bipolar que fue de los extremos del metal al rock más digestivo para oídos menos extremos. ¡Tremendo! De las presentaciones novedosas del festival.

Por instantes, dos escenarios simultáneos obligaron a tomar la decisión dolorosa de prescindir de porciones del show de una agrupación por ver a otra tocando a la misma hora. Parte de las pequeñas glorias y tristezas del público en los festivales. Los españoles Dorian ejecutaron su placa de 2013 ‘La Velocidad del Vacío’.  Pop y electrónica aliados, minutos relucientes se vivieron, como su juego con los platillos en los que la audiencia un poco dispersa por la hora finalmente se enganchó. 

Desde California los Capital Cities, bendecidos en numerosas discotecas por luces cambiantes hicieron bailar a la masa con su insistente pulso rítmico. Ryan Merchant y Sebu Simonian  y su trompetista rebelde, Spencer Ludwig, ofrecieron su hit ‘Safe and Sound’, un chicle que embadurnó a miles de oyentes, temas de su álbum debut ‘In a Tidal Wave of Mystery’ (2013), su nueva canción ‘One Minute More’ y hasta un cover de ‘Stayin’ Alive’ (Bee Gees).  Al mismo tiempo, los Babasónicos en la otra tarima, ya con la lluvia menguada hacían corear al público con clásicos y temas de su Romantisísmico, publicado el año pasado. 

Lluvia, música, luces, decibeles, pirotecnia, artistas con consumados expedientes y figuras que desatarán nuevas apetencias sonoras se posaron este jueves en las tarimas del Estéreo Picnic que se creció, es centro de convergencia de culturas y busca despertar en más públicos la ingestión devota de música.

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