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Fernanda Mercury y el fetiche por las chicas tatuadas

Por
Redacción Shock

Hablamos con una de las más populares Suicide Girls colombianas.

Por: Luis Fernando Mayolo @mayolito
Foto: Luis Cano/Olmo //Asistente: Carlos Andrés García // Maquillaje: Rafael Escobar //Styling: Daiky Gamboa //Locación: El Deck.

De dónde sale toda esa fascinación por las Suicide Girls, en qué momento buena parte de la sociedad quedó envuelta en los brazos de estas bellísimas lolitas tatuadas en exceso para fortuna de la humanidad, ligeritas de ropa, con looks que rompen con lo tradicional y le dan protagonismo a los mismos cimientos estéticos de las culturas alternativas, resaltando la feminidad a través del erotismo y rompiendo de paso con los cánones establecidos de belleza.

Pero más allá de rostros y cuerpos bonitos, el encanto y el culto podría estar en el cómo se convirtieron estas chicas en obras de arte humanas, en lienzos de artistas que plasmaron en sus pieles millones de historias o símbolos de la cultura popular, para darle en la jeta a los que todavía toman a las barbies como referentes de la mujer perfecta. Todo ello compilado en sesiones de fotos alucinantes, que trascienden las fronteras para fusionarse en esta especial y particular comunidad.

Un movimiento del que Colombia no es ajeno a pesar de ser el país del Sagrado Corazón y en el que varias de estas modelos urbanas han logrado posicionar su belleza por encima de los estereotipos, capturando tantos seguidores como algunas de las más populares celebridades del espectáculo.

Una de ellas es Fernanda Mercury, paisa de pura cepa, que surgió de este universo para constrir su propia historia, derribando mitos y cuantos obstáculos se le cruzaron en el camino, sin importar que ya no es ninguna adolescente y en cada una de sus acciones compromete también a su familia.

Hablamos con ella aprovechando su presencia como imagen de uno de los lanzamientos del videojuego Gears of Wars para adentrarnos un poco en su mundo.

Cómo empezó su historia dentro de la comunidad Suicide Girls y qué tanto cambió su vida

El cuento con lo de las Suicide Girls fue muy circunstancial, no sabía cómo funcionaba. Un día una amiga fotógrafa me pidió hacer unas fotografías juntas, pero sentía que estaba ya muy vieja para eso, porque casi siempre las Suicide son muy jovencitas. A pesar de los peros hicimos las fotos y este trabajo lo mandamos a la página. En tres días las consecuencias fueron tremendas: éramos portada en la página y en múltiples medios.

¿Pero qué tan difícil fue el proceso de ingreso a esta comunidad y cómo fue el proceso de pasar de ser una costurera a quitarse la ropa?

Más o menos todo comenzó hace tres años. Uno envía la sesión de fotos y ellos la publican en algo que se llama Members reviews, ahí la gente puede votar. Si les gusta y uno tiene muchos votos te las compran. Fue algo tan sencillo que realmente me sorprendió. Lo hicimos en mi casa, me demoré como tres horas para quitarme el brasier de la pena, fue bastante divertido. A partir de ahí me empezaron a llamar de todas partes. Lo del modelaje no me llama muchísimo la atención porque soy costurera y de esa manera siempre me he querido proyectar. Pero encontré el camino para matar dos pájaros de un solo tiro.

Mirando con honestidad el pasado, realmente valió la pena todo esto, porque aunque todo parezca color de rosa hay que hacer también sacrificios...

He disfrutado los viajes y conocer gente que me ha aportado demasiado. Fue una plataforma de proyección muy importante, porque es una comunidad mundial. En estos momentos no soy muy activa y he hecho como rancho aparte; he cultivado mi imagen y ya me llaman más por mi lado que por las Suicide. Además tengo una marca de ropa alternativa enfocada a los rockers, geeks con diseños personalizables. Todo lo manejo por Facebook y me ha ido tan bien, que no he tenido ni necesidad de invertir en pauta.

Y los peros

Me consideraba una persona con una edad ya no para loquear. Mis decisiones repercutían y lo siguen haciendo no solo en mí, sino en mi familia: mi esposo, mi hija. Por eso soy muy cuidadosa, sobre todo si las decisiones son muy drásticas. Ejemplo de ello es que en el colegio de mi hija tengo club de fans, niños de 16 años que saben qué es una Suicide Girl, que además de ser una comunidad alternativa que promueve la belleza a partir de lo que eres, es una comunidad en la que se maneja el erotismo. No es pornografía porque no hay genitalidad, no te puedes tocar demasiado, nada que promueva la idea en esta dirección, pero si es para adultos, porque contiene desnudos, como lo llaman ellos mismos: un porno muy suave. Más erótico que explícito.

Mi hija tiene nueve años, por eso cuando la situación se tornó más grande de lo que esperaba porque la gente empezó a reconocerme en la calle, a pedirme fotos, obviamente la niña empezó a preguntar. Si en el colegio de mi hija ya están manejando estos temas quise adelantarme antes de que alguien le dijera algo de forma maliciosa sobre lo que hago. Cuando cumplió siete años le mostré las fotos y le dije lo que hacía, explicándoselo de una manera muy didáctica. La gente es cruel y había que evitarle un mal momento. En la actualidad lo ve muy normal. Ya no le ve malicia y eso me encanta. Tenía que abrirle los ojos sin mostrarle nada de una forma precoz.

Qué mitos tuvo que derribar...

Que era muy vieja para esto, porque uno las ve tan lolitas, tan safadas. Vos la conoces y podrías pensar que viven de parranda y todas son muy extrovertidas y no es así. Somos personas comunes y corrientes, es posible que nuestra estética determine toda esa clase de mitos y creencias.

También tuvo necesariamente que luchar contra el dilema social de salirse de la uniformidad, del concepto de belleza y mujer perfecta que se maneja...

Siempre he pensado que cuando vos decidís ir en contra de todas las normas estéticas de una sociedad, vos aceptas que eso traerá sus consecuencias. Uno desearía que la gente no se metiera con eso, pero si nos ponemos en el lugar de los demás es algo que no ves todos los días. El chip que te metieron toda la vida está mal. Por eso no juzgo a nadie, así su reacción sea un poco repulsiva con lo que está viendo. Nos han impuesto unas normas estéticas, por eso hay que entenderlo. Hay que aceptar y aceptarse.

Dicen que cuando alguien se hace un tatuaje, de ahí en adelante no puede parar de hacérselos. Cómo fue su proceso de aceptación del cambio físico y cuándo empezó a disfrutarlo.

Desde los 16 años comencé con mi cambio físico. Uno empieza con un tatuaje chiquititico que no se nota. Me hice primero un hada en el coxis, que al día de hoy me la taparía, porque se ha despigmentado y hay otras técnicas muy bonitas. El proceso va por partes: primero me voy a tatuar pero que no se me vea; luego que se me vea pero solo cuando me pongo determinadas camisas; después que sea visible, pero las manos no. Ahí ya tenía 25 años. Luego me tatué el brazo y pensé que se veía hermoso pero le faltaba algo. Entonces lo emparejé, pero hasta la muñeca, porque si quería que no se me viera tendría que tener la posibilidad de ponerme una camisa. Tiempo después decidí que yo no quería trabajar para nadie y me tatué las manos. Luego el límite terminó siendo la cara y hace dos meses ya me hice uno pequeño bajo la oreja.

¿Cuál es su límite?

Aunque respeto mucho a la comunidad modificada porque tengo muy buenos amigos, entre ellos la mujer vampiro, nunca me cubriría, ni modificaría la cara, porque es lo que me permite comunicarme con las demás personas a través de mis gestos y darme cuenta si la otra persona está recibiendo mi esencia. Perder la expresividad de mi cara, hasta ahí no llegaré.

¿Cuántos tatuajes tiene?

Me falta trabajo en muchas partes del cuerpo, pero dejé de contar luego del tatuaje 30. Ahora lo hago en horas o sesiones de tatuajes. Ya soy una pieza completa de muchas horas de trabajo.

¿Todos sus tatuajes tienen historias detrás de su creación o hay algunos que no tengan una lógica específica?

Mentiría si dijera que todos tienen una historia detrás. Hay unos que me he hecho porque algo me pareció bonito. Tengo por ejemplo un cupcake y un helado que no significa nada más allá de que amo el azúcar y la comida. Pero la mayoría si tiene un significado con convicciones familiares, espirituales, experiencias.

¿Y cuándo su hija quiera hacerse un tatuaje qué le dirá?

No tengo autoridad moral para prohibirle hacerse un tatuaje, pero si para orientarla sobre que necesita cierta edad para entender lo que realmente queremos y se nos va a ver bien. No voy a permitir por ejemplo que se tatúe a Justin Bieber. A esa edad los gustos son tan diferentes. Lo importante es acompañarlos y garantizar que los hijos se lo hagan en un lugar con todas las normas de limpieza posible. Pero por el momento lo importante es disuadirlos hasta que ya tengan el criterio.

¿Se arrepiente de algún tatuaje?

De varios. Por ejemplo mi primer novio me tatuó toda la espalda. Mala decisión, no era nuestro momento para hacerlo.

¿Cuál es su favorito?

Uno felino que tengo en mi estómago.

¿Cuál es la técnica que la enloquece?

No tengo un estilo muy lineal en mis tatuajes, pero me encanta el neotradicional. Una técnica que combina el tatuaje tradicional con ilustraciones, hay muy buenos artistas en este sentido en Colombia.

Cómo financió sus tatuajes, porque no es nada barato...

Mis tatuajes los he financiado con puros cambalaches. Mi tatuador es Gustavo Jaramillo de Medellín y me los hace a cambio de publicidad.

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