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Hoy yo también soy Charlie Hebdo

Por
Redacción Shock

Por: Carolina Labrador, especial para Shock desde París (Francia)

No soy Charlie es verdad, tampoco Ahmed, el policía muerto durante el ataque al semanario. Soy Laura, una profesora extranjera de un barrio popular que trabaja a las afueras de París. Qué relación tendría con Charlie, el nombre de un periódico irónico que me hizo reír algunas veces y otras no tanto. Hoy no puedo evitar sentirme identificada con lo que representa Charlie, a un grupo de caricaturistas que reían como niños de sus propias desgracias y las ajenas. Algo así como los Rolling Stones de la caricatura, siempre renovándose y además causando todo tipo de reacciones. Por eso murieron haciendo lo que les gustaba. 

Mi primera reacción frente al atentado fue publicar en Facebook una de sus portadas como imagen personal porque chocar, ofender o hacer reír al final hace reflexionar, y la reflexión es más útil que los puños.
 Lamento el ataque al Charlie Hebdo por muchas razones. Vivo a unas pocas cuadras de donde pasaron los acontecimientos y reviví el miedo que no había sentido desde los años 90s, cuando aún vivía en Bogotá. La prensa víctima de los ataques criminales, los años dramáticos de los atentados al diario El Espectador, y más tarde el asesinato del humorista Jaime Garzón. La diferencia con los eventos actuales, sin embargo, es infinita y yo también soy otra.

Desafortunadamente, el miércoles se escribió una nueva página de la historia contemporánea francesa con la pluma del terror. A los seis periodistas asesinados no les dieron tiempo de responder con una buena caricatura. Que esté en un país en guerra también me choca. Una guerra, como lo dice el Presidente: «contra el terrorismo»,  una guerra sin enemigo fijo ya que los jóvenes que cometieron los actos son franceses formados en la República y eso complica las cosas.

El clima está tenso y algunos anuncian la llegada de tiempos muy duros. «Seis millones de musulmanes de Francia viven con miedo al futuro” diría un artículo de prensa hoy.  En una semana, la calma de diez años se transformó en una tormenta de eventos, el ambiente de tensión aumenta en las calles, las caras de preocupación, las sirenas escandalosas que aturden el espíritu, decenas de policías y militares en las estaciones del metro, camiones blindados.

El caos es culpa de las víctimas, los asesinaron por tentar al diablo diría nuestro célebre personaje de "Betty La Fea". Y otros con el mismo argumento lo repiten en las redes sociales, pero quienes sostienen estos argumentos son minoría. Para otros, se trató de un ataque nunca imaginado. Así lo dicen los chicos de mi escuela secundaria, una generacón que nació y creció a la sombra del 11 de septiembre. «Hemos escuchado la palabra seguridad desde que nacimos»  y es que en cada campaña electoral se habla de la seguridad como prioridad.  Luego hay decepción y desconfianza. Nunca imaginaron que algo así pudiese ocurrir en casa: tiroteos, asesinatos, secuestros y demás eventos de la semana. Afortunadamente, la mayoría saldrán con pancartas a manifestarse. Si los periodistas escribiesen evitando ofender, tendrían que cerrarse los periódicos.

Ahora es a nosotros, a los ciudadanos, a quienes nos corresponde hacer algo, y es la fuerza de las redes sociales de millones de personas que reaccionan activamente contra el terror y la expansión de ideas radicales que comienzan a hacer eco.

El ciudadano desarmado, el profesor, el cineasta, el artista o periodista sale a decir yo también soy víctima. Tratamos, en lo posible, de que ningún grupo religioso o político aproveche la coyuntura para fortalecer la xenofobia. Todo esto ha generado algo que no se siente a menudo en esta París gris y fría: un ambiente de solidaridad. Y como tengo la costumbre de ver el lado lleno del vaso, también tengo esperanza en que ahora sí algo puede cambiar en la sociedad francesa. Una sociedad acostumbrada a discutir, lo sabemos bien que hasta las fiestas se vuelven aburridas de tanto discutir y poco bailar. Justamente en una de esas discusiones viene a saber que también hay un cierto mea culpa: «Hemos abandonado y desconocido a nuestros chicos de barrio»  dice una profesora de matemáticas de mi escuela, asumiendo como causa del terror el abandono social hacia algunos jóvenes que, de la noche a la mañana, pasan de ser simples delincuentes de barrio a terroristas jihadistas que nada tienen que ver con el islam y la religión musulmana.

«Hemos vengado la ofensa al Profeta» diría uno de los hermanos Kouachi, al salir del ataque al semanario. Aunque se justifique desde lo religioso este ataque también tiene tinte social. Cómo evitar que algunos jóvenes, por ignorancia, se conviertan en herramientas de grupos extremistas, Cómo acabar con ese «sueño antiamericano» que los proclama como héroes y «mártires» de una guerra que «no les pertenece» y que les causa la muerte.

Las  emociones son diversas y masivas, pero sigue siendo la Francia que se manifiesta, defiende sus derechos de libertad para todos, sin duda lo confirmé ayer, sábado 10 de enero, cuando llegaba a casa: una manifestación de miles de kurdos gritaba: "Yo soy Charlie Hebdo".  Allí estaban, custodiados por policías franceses, sosteniendo pancartas donde se critica al gobierno francés por no avanzar en las investigaciones del asesinato de dos mujeres militantes en Paris.

Por eso, hoy yo también soy Charlie Hebdo.

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