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La Ley de Murphy: Una guía espiritual para sobrevivir a Colombia

Por
Fabián Páez López

“Si algo tiene que salir mal, saldrá mal”. Amén. 

Por: Fabián Páez López @davidchaka // Foto: LatinStock Colombia.

Los infortunios en el mundo no tienen una explicación convincente. Sobre todo en este terruño, donde todo lo que pasa parece sacada de una telenovela mexicana. Una muy mala y sangrienta. Está bien que en los últimos años algunos deportistas colombianos han triunfado en competiciones importantes. Por fin. Pero basta con voltear la página del periódico para darse cuenta que las buenas noticias son marginales. Nimiedades que ni siquiera afectan nuestras vidas.

Los éxitos deportivos no reflejan la forma en que vivimos; llenos de carencias, violencia, pobreza, inseguridad, caos vehicular, corrupción, etc. Nuestros “títulos” como el país más feliz, el de las mujeres más lindas, o el de los deportistas guerreros no pelea ni de cerca con el promedio salarial de Suiza, la tasa de desempleo de Luxemburgo o los índices de criminalidad de Suecia o Finlandia.

Acá la violencia parece interminable. El desplazamiento nos ha llevado a migrar por el mundo. Ahora, hasta en Antofagasta, un lugar cualquiera en Chile que nadie sabe dónde queda, ya no nos quieren. Pongamos un ejemplo. El siguiente fragmento fue tomado, tal cual, de una nota publicada recientemente en la revista Semana: “Hace 20 años, Chocó fue declarado remanso de paz. Ahora, en el departamento y en Quibdó están todos los grupos armados, tanto ilegales como legales”. Noticias así, paradójicas, son nuestro  pan de cada día. Nuestra historia patria está más del lado del fracaso que del éxito.

Acá, donde los trancones domingueros son a cuenta de la cantidad de gente que hace fila para entrar a las iglesias cristianas, hace falta una forma religiosa que sirva para no querer que todo explote y el mundo sea repoblado por una nueva raza. Una más realista y en la que no toque pagar.

En 2012, el periodista Oliver Burkeman afirmó en su libro The Antidote: Happiness for People Who Can’t Stand Positive Thinking que se ha visto que cuando la gente trata de mejorar su ánimo repitiendo ante el espejo frases como "soy el mejor" o "mi vida es maravillosa", este tipo de aseveraciones los hace sentirse peor porque la mente reacciona ante semejante mentira y bombardea al sujeto con la afirmación contraria. Por eso, cuando alguien que está convencido de vivir en el mejor país del mundo, sale a la calle y le roban el celular en un Transmilenio, solo puede adoptar una actitud de resentimiento.

¿Cómo sobrevivir con esa tendencia al infortunio con la que nacimos sin que nos desesperemos y nos decepcionemos cuando nos enfrentamos con la realidad? Lo primero es no abrir libros de autoayuda. Como decía Burkeman, en vez de proyectar hacia el porvenir el deseo de que todo esté bien, pensar sobriamente  sobre los peores escenarios posibles puede ayudar a despojar al futuro de su efecto de ansiedad. Y nada personifica mejor la idea de los peores escenarios posibles que La Ley de Murphy.

En realidad la máxima de Murphy, “si algo puede salir mal, saldrá mal”, no la dijo Murphy, la dijo otra persona (Se aplicó la Ley de Murphy, otro se quedó con el crédito). Pero igual conocemos como Ley de Murphy a la manera de explicar el fracaso absoluto en todo tipo de ámbitos. Esta ley puede ser aplicada desde lo más banal hasta lo más trascendente.

De esa primera Ley de Murphy se han derivado una serie de corolarios, extensiones y meta-leyes. Una de ellas es la  Ley de Chilsom, que cae muy bien después de nuestros emotivos momentos de gloria deportiva: Cuando le parezca que las cosas van mejor, es que se le ha pasado algo por alto. Y tal vez la más conocida es la Ley de Finagle, que popularizó Larry Niven en su novela de ficción Mundo Anillo. En este mundo ficticio existía una especie extraterrestre que adoraba al dios Finagle y se regía por sus leyes. En este fragmento de la novela queda plasmada la devoción de los personajes por Finagle:

…Con la boca aplastada contra su traje de presión, ella le dijo:

- ¡Cómo podía adivinar que la roca iba a quemarme!

- Recuerda las leves de Finagle. La perversidad del universo tiende a ser máxima. El universo es hostil.

- ¡Pero me hizo daño!

- La roca se volvió contra ti. Te atacó. Ahora escucha - dijo Luis en tono de súplica -. Tienes que acostumbrarte a pensar como una paranoica…

La paranoia es nuestra arma de sobrevivencia. Para manejar, para salir a caminar, para ir al estadio, para votar, para todo. No es tan loco que haya una doctrina basada en el pesimismo de Murphy. Einstein dijo que hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Como buen seguidor de la Ley de Murphy, yo sumaría a esta lista las infinitas posibilidades de que algo salga mal. Aunque eso también se puede explicar, casi siempre, por la estupidez humana. 

Ante cualquier posibilidad de desatino, en un país generalmente desatinado, podremos incluir nuevas leyes para estar preparados ante la adversidad. La Ley de Murphy la podemos complementar de acuerdo a nuestras calamidades particulares. He aquí una lista de algunas leyes de Murphy aplicables a nuestro país. 

 

La ley de Murphy aplicada a la realidad colombiana.

 

Sobre la política:

 

Adaptación de la primera ley de Murphy: Si la tostada cae siempre será por el lado de la mermelada.

 

Si hay una región con alguna necesidad, algún político habrá desviado antes los recursos correspondientes para suplirla.

 

La memoria de los políticos se desvanece proporcionalmente al transcurso de su mandato.

 

Un primer mandato siempre es insuficiente para cumplir lo prometido. El segundo, también.

 

Las posibilidades de que una político honesto gane…no, no hay posibilidades. 

 

La cantidad de votos para un candidato es directamente proporcional a la escasez de tamales.

 

La ayuda estatal es inversamente proporcional a la necesidad de la gente.

 

Los problemas de la nación se explican por las fallas del gobierno anterior.

 

Sobre la telefonía móvil:

 

La probabilidad de que una llamada se corte es proporcional a la importancia de la llamada. 

 

Corolario: Si la llamada no es importante, de todos modos se corta. Acá la señal es pésima.

 

Sobre el tránsito:

 

Un servicio de transporte directo aquel que hace más paradas.

 

Si el sistema de transporte público puede colapsar, colapsará. 

 

La cantidad de usuarios de transporte público aumenta proporcionalmente al aumento de la flota de vehículos.

 

Si usted va para algún lugar el taxi que paró irá para otro.

 

Sobre los eventos

 

Si hay un evento al aire libre lloverá. No importa si la fecha se ha cambiado para evitar las lluvias. 

 

 

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