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La promiscuidad en los cuentos de hadas

Los cuentos de hadas en general son una desgracia infinita que además de promover la promiscuidad, nos han ilustrado el sacrificio personal
Por
Johana Arroyave

Por: Johana Arroyave @JohanaArroyave // Imágenes: Michele Moricci 

Hace unos días escuchaba en Transmilenio a una mamá decirle a su hija de aproximadamente siete años: “¿cómo es posible que la profesora me diga, que le dio un beso a ese niño?, usted va al colegio a estudiar, no a conseguir novio. Además, está muy chiquita para tener un novio”.

Me devolví a mi infancia y empecé a recordar las cientos de veces que mi mamá me regañaba por escribirle cartas a algún amor de colegio, o la vez que Mateo (mi traga de tercero), me hizo una carta declarándome su amor y en el segundo párrafo, mi papá me la decomisó y nunca la terminé de leer. Volví a la silla del Transmilenio y la madre terminó su historia con la frase: “es que usted se tiene que comportar como toda una princesa”.

¿Princesa? ¿Y entonces? Nos venden la idea de que el amor se construye, que hay que ser recatadas, que no se puede dar en la primera cita, que ni un beso… "hágase desear". (¿Quién dijo que no darlo en la primera cita garantiza que el sujeto no desaparezca como sombra de ninja?).

Pero nos hacen crecer con historias de Disney y mañanas de los Hermanos Grimm, nos convencen de que las historias de amor son básicas: "Hola, soy el príncipe de este país y me quiero casar contigo”. La chica, siempre una pobre en delantal, (nunca en un vestido más decente porque de pronto el príncipe sale corriendo) lo ve, queda flechada, (no nos digamos mentiras, queda flechada por la plata, no por lo atractivo que se pueda ver en trusa pegadita y espada de colorcitos) lo mira, sonríe, se sonroja y le dice: “sí quiero”. 

Y aquí empieza mi duda. Mamás del mundo, ¿qué debemos hacer? ¿Buscar una historia con un príncipe azul y casarnos después de saber el nombre, o seguir saliendo con amiguitos y esperar a que por milagro divino no quedemos “vistiendo Santos”? Estoy algo confundida. 

¿Ya no es suficientemente difícil para una mujer crecer, ver y sentir como todo cambia, para que además le vendan historias de bellas a las que las besa cualquier borracho a ver si se despierta, una que se va de la casa a vivir con siete enanos que le tienen ganas, y otra con síndrome de Estocolmo enamorada del man que la tiene escondida cual fugitiva?

No es solo la cuestión del amor, los cuentos de hadas en general son una desgracia infinita que además de promover la promiscuidad, nos han ilustrado el sacrificio personal, sí, ese mismo donde cualquier “caribonito” con plata y maíz puede llegar a la casa a hablar con el hombre del hogar y arreglar, a cambio de participar en el reino, un matrimonio con cualquiera de las hijas mujeres y todas arregladitas como haciendo fila para el matadero se visten, se arreglan y hasta se pelean para quedarse con un man del que no saben ni el nombre.

Ahora viene la mayor mentira que nos han vendido en la tierra: “Es más importante que sea un niño bien a que tenga toda la plata del mundo”. ¡Ajá! y entonces ¿por qué las princesas salen corriendo y pasan batallas con tal de quedarse con la mitad del reino del sujeto que con mirarlas les pidió matrimonio?

O yo estoy muy mal pero el día que un man me dijo a mí “¿quieres ser mi novia?” con solo dos citas encima, salí en mi bici cual Nairo Quintana en pleno Giro de Italia.

Dejémonos de pendejadas, las princesas no existen y tampoco son la mejor referencia para enseñarle a una niña de 5 años a ser una dama. Blanca Nieves vivía con siste manes. De los siete, seis le tenían ganas, y de verdad ¿ustedes creen que ninguno le hizo la vuelta? Rapunzel, una joven con el pelo tan largo que el príncipe podía escalar una torre. Perdón por lo que voy a decir pero, pobre Príncipe… si así tenía el de la cabeza… ¿cómo sería el resto? 

Creo que la única princesa que ha tenido éxito ha sido la Cenicienta. La recordarán en series como “la Rosa de Guadalupe”, “Tu voz Estéreo”, Thalia en “María la del barrio” y el 99,99% de los libretistas de novelas a los que se le metió en la cabeza que la niña del servicio se enamora del hijo de la casa, se casan, el man la saca de la casa pobre, ayuda a la mamá enferma, y viven felices por siempre.

¿Felices por siempre? A ver, a mí que me muestren eso de ser felices por siempre, ¿qué es ser felices por siempre? ¿Acabar con la bruja malvada y vivir en el castillo? Además, todos los cuentos se acaban con el matrimonio... ¿Será por algo? No he visto el primer cuento en dónde muestren qué sigue después de la boda perfecta y el vestido blanco con diamantes… Creo que nadie lo ha visto en realidad. ¿Y dónde está la parte en la que el príncipe se quita la trusa, la princesa se da cuenta que lo tiene diminuto y sale corriendo del castillo?

¿Y qué me dicen del anticuento de hadas en el que la princesa muere y el príncipe se casa con la bruja? Sucedió en Gran Bretaña. ¿Ese sería el final feliz deseado por todos? 

Además está más que claro que los príncipes azules se destiñen con la primera lavada y que los caballeros de brillante armadura son solo renacuajos envueltos en papel aluminio.

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