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La revolución de Sergio Cabrera

Por
Redacción Shock

Hablamos con el director de cine colombiano Sergio Cabrera sobre su nueva película 'Todos se van', después de estar alejado 10 años de la pantalla grande (ver videochat de El espectador) .

Por: Luis Fernando Mayolo @mayolito

Me empecé a encarretar con Sergio Cabrera luego de ‘La Estrategia del Caracol’ por allá en 1992. Aunque antes ya había debutado con ‘Técnicas de duelo’, fue el “Ahí les dejo la hijueputa casa pintada” lo que me involucró de manera personal con su cinematografía. Estoy seguro que por lo menos medio país está de acuerdo con mi anterior afirmación, incluyendo el millón seiscientos que la vio en salas de cine y los otros tantos que se la encontraron años después en el Canal Caracol.

Hoy está de regreso a la pantalla grande 10 años después de su última producción 'Perder es cuestión de método', que llegará a salas de cine el próximo 17 de abril, con una nueva historia: 'Todos se van', un drama contundente sobre una familia desquebrajada que lucha por la custodia de su hija, teniendo como contexto la Cuba socialista de los 80, con un estado completamente involucrado en la vida privada de las personas, y un discurso que promueve la discusión entre libertad y autoridad. Una historia universal que ya comenzó su gira festivalera, pasando increíblemente por el de La Habana, Miami y ahora el de Cartagena.

Hablamos de cine con Sergio Cabrera, aprovechando para escudriñar en los detalles de su nueva película, pero además conocer los secretos detrás de 'La Estrategia del Caracol' y sus obras, algunas de ellas olvidadas como el documental 'Ciudadano Escobar'.

¿De qué se trata 'Todos se van' y por qué luego de 10 años lejos de la pantalla gigante regresa con ella?

Es una forma de recordar y apreciar lo que es la niñez. De mirar todos esos miedos que nos hacen crecer y volvernos adultos, que son importantes comprender. Aunque la historia se sitúa en Cuba, me recuerda mi infancia en China.

Al principio no pensé hacer una película, me gustó mucho el libro en el que se inspira y se la recomendé a algunos amigos. Era una novela que no la iba a llevar al cine ningún cubano, eso me lo dijo Jorge Perugorría, el actor, un día que nos encontramos en Barcelona. De pronto me pasó al teléfono a Wendy Guerra, la autora de la historia y me dijo: qué alegría que vas a hacer una película con mi libro. Mi esposa escuchó la conversación y sabía que para mí era un poco difícil hacer cine, había perdido dinero en mi última película y estaba dedicado a la televisión, que siempre a final de mes, mal que bien, le deja fijo a uno el cheque. Mi esposa en secreto cuando regresamos a Madrid se puso en contacto con la agencia literaria y compró los derechos de la novela y me los regaló de cumpleaños.

¿Quedó satisfecho con el resultado?

Lo que al principio me parecía un defecto, el que fuera una historia cubana y no colombiana, terminó siendo una virtud. Me gusta hacer películas que te entretengan, pero que también te pongan a pensar. En la Estrategia por ejemplo quería hacer una historia sobre la creatividad política y de Bogotá, pero lo que ves es una casa. En Golpe de Estadio quería hablar de la paz, pero lo que vemos es un partido de fútbol. Aquí dije: lo que  me emocionó de 'Todos se van' fue la forma en que habla de la infancia y el hecho de poder contarla como si sucediera en cualquier sitio del mundo. Un divorcio, una lucha por la custodia, vista en la Cuba de los años 80, agarra una frescura y una potencia muy atractiva. Estoy muy contento con el resultado. He hecho varias funciones de prueba y me he dado cuenta que logré el objetivo: hablar sobre la importancia de la infancia y al mismo tiempo contar una historia conmovedora y emocionante.

Wendy Guerra, la autora de la novela afirmó que lo que más le gustó de la película es que logra convertir la historia original, que ella consideraba muy cubana, en universal...

Cuento la historia de una familia cubana, pero podría ser de cualquier parte del mundo. Lo importante es generar sentimientos y emociones, es la magia del arte. Una película te puede hacer llorar o reír, pero te hace sentir vivo, es bueno para el cuerpo humano. Cien años de Soledad es un ejemplo perfecto, una historia que sucede en un pueblo, una casa, pero sin embargo se ha traducido a muchos idiomas. Cada persona encuentra ahí un pedazo de su propia vida, que es lo que uno pretende hacer en una película.

Una de las críticas que el público le hace al cine colombiano es la falta de diversidad de las historias, la reiteración de temas como el narcotráfico y la violencia, y la intención constante de hacer humor intentando mostrar la identidad popular del colombiano. ¿Es una falsa percepción?

Cuando uno hace las primeras películas tiende a intentar solucionar muchos problemas del país, y espera aportar a través del cine. En realidad la verdadera función de los intelectuales en la sociedad es señalar los sitios en dónde se necesita que lleguen los especialistas a solucionar problemas. Sólo podemos llamar la atención. La mayoría de cineastas colombianos son muy sensibles con la realidad nacional e intentan plasmarlo. La gente se queja a veces de que se repiten muchos contenidos, pero el país es así. A mí me decepcionaría mucho hacer un cine sordo a los problemas del país y complaciente. A medida que el país evolucione, el cine contará historias más hermosas. Cuando se madura en el cine uno entra a un terreno más reflexivo, porque se tiene más certeza sobre lo que se quiere decir y no como al principio cuando se quiere decir mucho porque no se sabe si se va hacer otra película.

'Todos se van' cuenta dos historias paralelas, la de la revolución y una historia familiar. ¿Estoy en lo correcto?

Al principio queríamos colombianizar la historia, pero nos pareció muy atractivo mostrar aspectos de Cuba tan desconocidos para nosotros. Pero el tomar distancia también nos daba una mejor perspectiva, porque el estar lejos de la acción te permite reflexionar más profundamente sobre lo que está pasando. Es un mecanismo extraño, pero que permite reflexionar más sobre la Colombia de hoy. Siempre lo he hecho en mis películas, por ejemplo Ilona llega con la lluvia sucede en Panamá, pero la gente sentía la historia como suya. La patria es la infancia.

La primera sensación al salir de la película es la de un dolor intenso de alma, por eso me llama la atención que se refiera a ella como una historia hermosa...

De eso se trata, esta es una película que quiere conmover, y es extraño, porque en el fondo tiene un final feliz porque la niña tiene una pequeña victoria. Inevitablemente el meterse en la cabeza de una niña lleva a hacerte sentir dolor. Vamos a entrar en un mundo virtual donde es importante sufrir.

'Todos se van' le echa entre líneas y por momentos de forma directa muchas puyas a la revolución cubana. Por eso es sorprendente que se haya visto en el Festival de Cine de la Habana...

Fue una gran sorpresa que fuera invitada, porque no me dieron la autorización para rodar allá. Aunque no es una crítica ni a la revolución, ni al socialismo, es la historia de una familia, detrás de eso hay situaciones dolorosas de cómo funcionan los países, de cómo el estado se mete en la vida privada de la gente, y que no son muy diferentes de lo que ocurre aquí. De alguna forma si hay una mirada crítica que me alegro haber hecho, porque una de las razones por las que ha fracasado esta utopía del socialismo y el comunismo es por la falta de autocrítica de la gente que conocía las cosas. Siempre tapando los errores y al contrario hay que mostrarlos. La vieron en Cuba 644 personas. La gente la vio con mucho cariño y eso me dejó muy sorprendido. La aceptaron como suya. Al terminar aplaudieron mucho tiempo.

¿Qué lo mueve a seguir haciendo cine, si dice que casi siempre se pierde mucho dinero?

Hago las películas para que las vea la gente, por negocio haría la historia de la monja voladora o una comedia. Uno hace estas producciones sabiendo que hay mucho más riesgo, que haciendo televisión en pantalla gigante. La emoción de transmitirle a la gente un mensaje es lo que me mueve. Llevamos cinco años haciendo esta historia. Con el tiempo se aprende que una película es muy difícil de hacer y si la cinta no parte de una buena idea estás perdiendo el tiempo, porque al final una película es lo que logras salvar de la idea original. Son tantos los obstáculos en el camino.

Pero el cine comercial permite que exista la industria y eso es clave para todos los involucrados...

Las malas películas son el abono de las buenas. El cine comercial genera industria y trabajo para la gente. Más complicado es el tema de la competencia con Hollywood, que es muy desleal, pone a nuestras películas de un millón de dólares a competir con las de 180, con todo el dinero del mercadeo invertido. Conozco películas que en ese concepto han gastado más de lo que cuestan las mías.

Ante el poco presupuesto para mercadear las películas colombianas, adquiere más importancia que el público apoye el cine nacional y sobre todo la primera semana.

No creo que uno tenga que ver cine colombiano por patriotismo, debe haber una promesa. Cuando una película no le gusta al público no es culpa de ellos, es del director. Pero si en verdad nos interesa que el cine en Colombia siga creciendo hay que asistir, sino desaparecerá y nunca se producirá el cine que nos gustaría. Generalmente la cantidad genera calidad y la experiencia también. Hay muy buenos directores, que si continúan podrá alcanzar logros como la televisión nacional, con alcance internacional. Lo que pasa es que en su momento casi que nos obligaron a ver sólo dos canales nacionales. Si hiciéramos lo mismo con el cine y por ejemplo se instaurara que los fines de semana solamente se pudieran ver nuestras creaciones, pasaría algo similar mucho más rápido. En dos años tendríamos una industria gigantesca. El estado está protegiendo la cinematografía para la producción de las mismas, pero no para la distribución y exhibición.

¿Considera que La Estrategia del Caracol es la película más importante de la historia del cine colombiano?

Si es la mejor del cine colombiano es discutible, pero a mí me gustó mucho. La película encanta porque es una síntesis de mis vivencias y la de Humberto Dorado y Ramón Jimeno. Todos esos personajes son sacados de la vida real y cuentan una historia sobre la creatividad colombiana. Aquí casi siempre que mostramos a nuestros compatriotas son pícaros, narcotraficantes y en este caso son gente buena que la obligan a ser ingeniosa y a darle una lección a un tipo que los está maltratando pero sin violencia.

¿Qué hubiera pasado con su carrera como director si no estrena 'La Estrategia del Caracol', como casi ocurre?

Antes de la Estrategia hice 'Técnicas de Duelo' que le fue bien en crítica y premios, pero si a la Estrategia (1.6 millones) le hubiera ido mal en taquilla como a la anterior (12 mil), probablemente no hubiera hecho más películas y estaría solo en televisión. Nunca pensé que esa historia fuera a gustar lejos de Colombia, para mí era muy bogotana, incluso tenía dudas de si gustaría fuera de la capital. Esas historias locales son universales, por eso tal vez 'Todos se van' tenga la misma oportunidad, esa una película que le toca el corazón a cualquier parte del mundo.

¿Es verdad que a la Estrategia del Caracol tocó cortarle 15 minutos?

En Venecia presentamos la película y el público nos aplaudió durante muchísimo tiempo. A la Estrategia del Caracol tocó cortarle 15 minutos, porque el primer distribuidor que la compró me hizo caer en cuenta que si no lo hacía sólo podía proyectar la cinta cuatro veces al día y no cinco, y corría el riesgo de salir del circuito más rápido al no alcanzar las metas económicas. Entonces me convenció, nos tocó hacerlo, invertir cerca de 35 mil dólares y quitarle ocho escenas. Siempre que la veo recuerdo las escenas maravillosas que no se incluyeron en la versión que se vio en salas, sobre todo una en la que el 'perro' Romero decía: "qué problema con la memoria, no me acuerdo de ni un solo artículo del código penal, pero si de un refrán que no sabía". Jacinto entonces le pregunta: "¿cuál refrán?" y el Perro dice: "Ahí donde corre la sangre el árbol del olvido no puede crecer". "Yo no lo había escuchado", dice Jacinto, "yo lo había olvidado", dice Romero.

Gabo tuvo mucho que ver para que la Estrategia del Caracol no se quedara archivada en una bodega.

La Estrategia por ejemplo casi no se hace. Se acabaron mis ahorros y la guardamos en una bodega, la situación cambió cuando trabajaba con Álvaro Mutis en el guión de 'Ilona llega con la lluvia' y un día me encontré a Gabo y me preguntó por la película. Le dije que estaba guardada y a él la pareció un despropósito. Nos pusimos una cita en Bogotá, él vio la película y al otro día me puso en contacto con una productora y me ayudó a rearmarla. Hay muchas películas que no se terminan nunca. Yo tengo un documental, 'Ciudadano escobar', que comercialmente nunca salió. El CD lo tengo en la casa. Es una gran entrevista a gente que colaboró o fueron familiares de Pablo Escobar, con sus enemigos e intelectuales que reflexionan sobre el capo. 90 entrevistas que no vieron la luz por problemas de presupuesto y producción. Las películas son muy frágiles.

¿Y no ha pensado en una versión extendida de la Estrategia?

Se podría, las cintas existen, pero no soy Spielberg. A mí me ofrecieron hacer la segunda parte de la Estrategia del Caracol, pero no he querido porque me gusta hacer películas diferentes, con riesgo. También me ofrecieron hacer un remake en China. A ese si dije que listo. El proyecto está en marcha, pero no sé si se haga.

¿Y la banda sonora?

Nunca se publicó.