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La verdadera Feria de Cali

Por
Redacción Shock

La Feria de Cali ha sido y sigue siendo un evento de entretenimiento que se realiza a finales de diciembre y  reúne varias actividades, diferentes entre sí, que son organizadas en una programación de cinco días. Casi que todas ellas son de carácter popular, ajustándose perfectamente a su categoría de Feria. Si fuera un Festival o una serie de eventos alrededor de una temática sería distinto.

Por: Cesar López 
Foto: ElEspectador.com

Por lo general, cada edición de la Feria de Cali es mejor que la anterior en materia de organización. Este año el Salsódromo fue de noche, algo que se venía venir desde años atrás por la incomodidad para los bailarines, quiénes van sin calzado o en zapatillas de baile por la calle desde el mediodía con el sol a toda. Pero también porque no es bueno tener masivamente a la gente ingiriendo licor desde tan temprano. Otro gran acierto fue quitar la Cabalgata, que le luce más al nombre de Feria, pero que no tiene sentido fuera del económico. Era un caos para la movilidad de una ciudad que ya no es un pueblo en su infraestructura, el maltrato de los inexpertos jinetes y el público hacia los caballos y los problemas de convivencia al tener gente borracha a caballo en una ciudad, fueron parte de los argumentos para quitar uno de los eventos más populares. 

Desde mediados de diciembre en Cali se empiezan a ver de forma progresiva, el aumento de carros con placas de otras ciudades, especialmente de Bogotá, y de gente que viene a la Sultana del Valle a visitar a sus familiares y amigos, pero también atraídos por la Feria. Muchos tienen el imaginario de las series de televisión sobre la Salsa y cantantes caleños, que muestran voluptuosas y coquetas mujeres, además de hombres que bailan y se enamoran con facilidad. Los Toros ya no son el gancho, el espectáculo taurino pasa por una crisis en la que cada vez menos personas asisten y la foto de la Plaza de Cañaveralejo a reventar es cosa de finales de los años 80.

Musicalmente la Feria ofrece un espectáculo hacia los ritmos populares y el baile, sobre todo el que se encuentra comercialmente de moda. Ya no hay concursos para escoger la canción de la Feria popular y son escasos los conciertos de géneros alternativos en una ciudad donde el rock es un género y espectáculo underground, pero a pesar mantiene vivo un movimiento que necesita de espacios para resurgir. 

La Feria le cambia la cara a la ciudad, la gente anda con sombrero y hasta usan poncho, vayan o no a montar en caballo. Los estancos mantienen llenos, hay actitud de fiesta, la gente saca el equipo de sonido y los asientos a la calle, las empresas y bancos autorizan el “horario de Feria”, se alarga la hora de cierre para discotecas y bares, y las mujeres andan con menos ropa y con las engañadoras gafas oscuras.

Así es la Feria, un evento que evoca una época de ciudad pequeña, una fiesta popular, un reto para cada Alcaldía de hacer la ‘mejor Feria’, una excusa para encontrarse con los familiares y amigos en medio de las fiestas de fin de año. Una serie de actividades que carecen de identidad, pero que reunidas conforman cinco días de licencia para pasarla bien y un espacio que merece ser debatido a la luz de su real aporte para los caleños y visitantes.

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