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Le preguntamos a Carolina Sanín por los polvos cachacosos e ignorantones

Por
Redacción Shock

Esta mañana la escritora, columnista, profesora y youtuber de comedia (?) intelectual, Carolina Sanín, fue noticia en Twitter por una publicación que hizo en su cuenta de Facebook sobre lo mal catre que son los egresados del colegio Gimnasio Moderno de Bogotá (en el sentido más desvalorado posible de la palabra noticia, claro está).

Por: Fabián Páez López @Davidchaka // Foto: Latin Stock

En esta publicación, burlesca y banal como las que nos gustan (a todos), describió a los amantes del Moderno con novedosas categorías de polvo: “adecentados”, “cachacosos”,  “ignorantones” y no-modernos. Para tratar con más objetividad sus términos amatorios (y, obvio, para sumar unos cuantos clics) la buscamos y le  preguntamos ¿cómo es un polvo cachacoso? ¿Qué hace uno para no ser cachacoso en la cama? Si los del Moderno no tienen nada de moderno, ¿cómo es un polvo premoderno? O mejor, uno que seguro le merecerá una opinión positiva: uno posmoderno.

Le pregunté también por su opinión respecto a la gente que la crítica a ella en Internet cuando comparte sus críticas más ácidas, como su gran columna de despedida del periódico El Espectador.

Solo me respondió esta pregunta:

¿Por qué crees que la gente salta a criticar en Internet cada crítica que publicas? Como la de tu columna sobre Bogotá, o ahora esto de lo de los polvos del moderno.

Veo que son tantas las personas que celebran mis críticas, y que entran en diálogo conmigo a raíz de ellas, como las que las deploran y me atacan por ellas. En cuanto a las personas que las deploran, supongo que se debe a que en esta sociedad colonial sujeta a la hipocresía, la franqueza es sinónimo de impertinencia. A nadie le gusta ver que otro es libre de decir lo que quiera, pues le señala que él también es libre y que, si ejerciera esa libertad, tendría que asumir una responsabilidad mucho mayor que la que asume al contentarse con su sujeción. Por otra parte, en esta sociedad acostumbrada a las fórmulas y al sainete, el ingenio resulta escandaloso. Y en esta sociedad acostumbrada a que las mujeres sean indolentes y uniformes, que una mujer sepa que sabe pensar muy bien en algunas cosas —y que no sea falsamente modesta al respecto— constituye una amenaza. Adicionalmente, aquí se cree que "hay que respetar" y se abusa de la palabra respeto, como si el respeto por cualquier cosa que alguien dice o hace, o por cualquier persona, fuera un deber. No saben que el respeto a la constitución y a las leyes es un deber y que, más allá de eso, uno solo debe respetar a quien le inspira respeto; lo otro es servidumbre. Por último, la de mi columna sobre Bogotá y la contenida en el chiste sobre los polvos del Moderno no son “cada opinión que se hace pública”; son dos ejemplos de chistes y opiniones entre muchos chistes y opiniones que he hecho públicos (en mis libros, en mis columnas de prensa, en facebook, en entrevistas, etc.), y, de hecho, están entre los ejemplos más banales y flojos. Lo que pasa es que a twitter llega lo más flojo, fácil y banal, si es a eso a lo que te refieres.

(Mea culpa: le pregunté por lo más flojo, fácil y banal)

Desde luego, a Carolina Sanín no se le puede discutir su trayectoria académica, ni que “sabe pensar”, ni le estamos pidiendo falsa modestia, pero no sabíamos que deplorar alguna de sus opiniones era no reconocer su ingenio. Tampoco nos escandalizó, queríamos seguir con la cadena de chistes flojos.

En realidad, acá a nadie que piense se le reconoce el ingenio, no solo por ser mujer que "sepa que sabe pensar muy bien en algunas cosas". Prueba de ello es que cuando fue la invitada a hablar sobre un tema social (el reinado) la pusieron a discutir con un comentarista de chismes.

Seguramente nuestro interés por las categorías sexuales de su comiquísima broma le pareció una mierda, lo más flojo. Como la mierda que dejan los perros de los vigilantes del Gimnasio Moderno, y que fotografió después en su cuenta de Facebook. Pero, “no hay nada que temer, señores: es simple mierda”. Claro, no estamos acostumbrados al sofisticado humor libertario sobre mamás.