Se encuentra usted aquí

Los cantos de los trabajadores que sufren

Por
Redacción Shock

Por: Fabian Páez López @davidchaka

El primero de mayo de 1886 miles de trabajadores estadounidenses salieron a las calles a reclamar por lo que en ese entonces era impensable para los empleadores, una jornada laboral de ocho horas diarias. Los sindicalistas que alentaron a los huelguistas fueron juzgados y ejecutados poco tiempo después de las revueltas, pero sus reclamos fueron escuchados. Hoy, más de un siglo después, seguimos conmemorando este logro histórico cada primero de mayo, Día Internacional del Trabajo.

Los trabajadores del mundo salen  a las calles en esta fecha para reclamar condiciones laborales más justas, o mejor aún, para reclamar la posibilidad de trabajar. (La tasa de desempleo en Colombia en 2014 fue del 9,6%, y a eso hay que sumarle el subempleo, la inestabilidad laboral y los problemas salariales. O preguntémosle a los maestros que, por cierto, están reclamando hace días). Pero también pasa que en estas jornadas  de protesta  muchos se pierden en la palabrería pirotécnica de los estribillos de los marchantes y olvidan por qué están ahí; cantando y repitiendo arengas como si fuera una fiesta o un evento deportivo.

Desde luego, los cantos de los trabajadores distan mucho de ser algo divertido. Una cosa es cantar para reclamar trabajo y otra que lo único que permita soportar las labores diarias sea la música. Y si hubo una gente que tuvo que sufrir la represión laboral más que cualquiera, fueron los negros que llegaron esclavizados al continente Americano. Su lamentable historia nos dejó piezas musicales que hoy siguen haciendo eco. En palabras del esclavo John Little “los negros hacían cantos  para mantener los problemas bajos y evitar que sus corazones estuvieran totalmente rotos”. Esos lamentos cantados terminarían inspirando algunas de las más grandes joyas musicales de la historia. Como decía Martin Scorsese en el documental Feeling Like Going Home: “Cuando escuchas su música sabes que es lo único que no lograron arrebatarle a la gente negra”.

Desde los Estados Unidos, pasando por las islas del Caribe, hasta el Pacífico colombiano, las deplorables condiciones de trabajo de los negros fueron transformadas en canciones. Acá reunimos tres casos emblemáticos, pero sin duda en el camino se han perdido y enredado muchos otros.

Los lamentos del Misisipi

Las canciones de trabajo tradicionales son las de los esclavos negros del Delta del Misisipi. Eran cantos improvisados a capella que acompañaban las largas y repetitivas jornadas laborales. Estas viejas canciones escondían en sus letras mensajes encubiertos hacia sus jefes. Las letras que hablaban de mujeres en realidad se referían a sus superiores.

Entre 1930 y 1940 Alan Lomax recorrió los Estados Unidos buscando y grabando a todo aquel que tuviese algo que aportar a la música. Gracias a sus grabaciones conocemos los orígenes del blues. Fue entre los campos algodoneros y el presidio de Misisipi que se encontró con los artífices del género. Según cuenta el reconocido documentalista,  “estas  canciones mantenían literalmente a la gente viva”.  La realidad de los trabajadores  esclavos de ese entonces se ve retratada en filmes recientes como 12 años de esclavitud, El color purpura o El Mayordomo, pero en ellas no se refleja la importancia de sus canciones. Los cantos en las plantaciones y en las prisiones eran música para su supervivencia, en ellos se transmiten la sangre y la tierra del Misisipi.

Gracias a las grabaciones de Lomax, figuras como Muddy Waters, John Lee Hocker o Son House dejaron de ser trabajadores en los campos de algodón y se convirtieron en leyendas de la música en el mundo. Además de dar origen al blues inspiraron a gigantes de la industria como Led Zeppelin, Eric Clapton o los Rolling Stones. Estos últimos bautizaron su banda con este nombre por una de las canciones de Buddy Waters: "Rollin' Stone", también conocida como "Catfish Blues".

Publicidad