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Los pies de un inglés saben de joropo, cumbia y mapalé

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Redacción Shock

Por: Vanessa Ruggiero

Neil Bennion, escritor y fotógrafo británico, emprendió una expedición de seis meses por  Colombia para aprender a bailar, o en otras palabras, superar el típico estilo inglés de danza, cohibido, torpe y tieso, como él mismo lo denomina.

„Yo soy ese tipo que nadie envidia porque baila raro”, escribía Neil con desenfado en las primeras páginas del libro donde relata su travesía y sus impresiones de nuestro país: Dancing Feat: one man's mission to dance like a Colombian (que se traduciría más o menos como Pies danzantes: el reto de un hombre para aprender a bailar como un colombiano).

En escuelas, en discotecas, y en la calle, Neil se empeñó en perderle el miedo a bailar pese a la vocecita que le insistía en no salir de casa o en quedarse sentado en las fiestas porque otros se movían con más agilidad. En Cali aprendió salsa -en parte obligado, porque sus amigos se molestaban si no lo veían en la pista-, en la Costa, mapalé, cumbia y champeta; en Medellín, merengue; en Pasto guaneña, reguetón, vallenato y bachata; en los Llanos, joropo, y en Neiva, el sanjuanero.

„Lo mejor de los bailes es que te permiten interactuar con la gente en otro país; en mi caso, pude sentir como si realmente perteneciera a una ciudad o lugar”, dice Neil emocionado frente a una taza de té, en Breslavia (Polonia), seguramente refiriéndose a su experiencia en el palco en el Carnaval de Barranquilla o en una fiesta en plena calle de Palenque.

Ahora puede recordar el viaje con nostalgia y simpatía, pero estuvo a punto de 'botar la toalla' en sus esfuerzos por azotar el piso en un joropo o si requería mover frenéticamente el pecho al son del mapalé: „Me siento vencido. Me siento cansado. Pero sobre todo, me siento viejo. Tal vez mi edad (36 años) finalmente me alcanzó (…) ¿Por qué estoy haciendo esto? ¿Qué intento probar? ¿Soy físicamente capaz de presentar ocho bailes seguidos (en la clausura)? Y cuando sea hora del último baile, el mapalé, ¿tendré energía?”, escribió casi al final de su libro.

La de Neil no fue una excursión sin contratiempos -aunque en cualquier viaje siempre habrá una dosis mayor o menor de ellos-. Entre Barranquilla y Cartagena, recién empezando su recorrido, le robaron una cartera con su pasaporte y temió tener que regresar antes de lo esperado a casa; porque únicamente la embajada de Estados Unidos, y no la de Colombia, podía expedirle el documento y su visa se vencería antes de que pudieran enviarle el nuevo pasaporte.

Además, para sumar otras preocupaciones a su lista, se había desgarrado un músculo del abdomen con el mapalé y sus avances como bailarín eran casi nulos debido a la falta de práctica. Que su habitación en el hotel era muy pequeña era una de las excusas, y la única opción a la mano -y a la que terminó recurriendo- era ensayar champeta en el espacio común del primer piso, atento a ser sorprendido por las aseadoras.

Si hoy suena merengue, bachata, salsa o vallenato en una fiesta, Neil aún se lo piensa dos veces para levantarse de la silla, pero ya no se aferra a ella como antes de su expedición. Su clausura en una escuela de Cali, con una muestra de champeta, guaneña, joropo, cumbia y mapalé, además de los bailes mencionados arriba, le reveló que divertirse es más importante que bailar como un experto.

„Antes de ir a Colombia, pensaba que bailar como un colombiano implicaba bailar muy bien, y de diferentes formas, cuando en realidad no se trata de hacerlo con destreza técnica, sino de pasar un buen rato”, reflexiona el británico y concluye, „he olvidado algunos pasos y figuras, pero conservo la actitud de los colombianos al bailar. La actitud me gusta mucho”.

Además de Dancing Feat, Neil ha escrito dos libros más sobre Colombia: una guía de 47 cosas por hacer y ver aquí, y una guía para aprender a bailar en nuestro país.

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