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Los secretos de Mariana Pajón para ganar la medalla de oro

¿Cómo hizo Mariana Pajón para convertirse en una de las deportistas más importantes del país?
Por
Redacción Shock

Pocas veces en la historia de nuestro país, un triunfo había sido tan contundente, esperado y anunciado como el de Mariana Pajón en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Lo de esta paisa es la consagración a un plan de vida de más de catorce años que comenzó frente a un televisor y culminó con la segunda medalla de oro en la historia de Colombia. ¿Lo repetirá cuatro años después?

Por: Juan Pablo Castiblanco Ricaurte // @KidCasti
Fotos: Jorge Pizarro 
*Texto publicado en la edición impresa de Shock de octubre de 2012.

Mariana Pajón posó para estas fotos y concedió esta entrevista una tarde de domingo, un espacio que tuvimos que arrebatar de su agenda. Logramos que hiciera una parada extra en Bogotá después de asistir a una feria de ciclismo en Las Vegas y antes de volver (o al menos intentarlo) a su rutina deportiva en Medellín. No había más tiempo. Luego de entrenar siete horas diarias durante los últimos catorce años, tan solo ha podido ir a las pistas una decena de veces en los últimos dos meses, luego de que el 10 de agosto de 2012 se colgara la medalla de oro en BMX, durante los Juegos Olímpicos de Londres. Es la personalidad del momento. Todos los medios y las marcas la quieren tener. Es imagen de Red Bull, Oakley, GW Shimano y Zeuss Petroleum. Desde el presidente Santos, hasta las Fuerzas Militares, le han hecho homenajes. Recibió la Cruz de Boyacá por su servicio a la patria, fue portada de la revista Cromos y hasta recibió, de manos del presidente, la famosa ancheta de casa, carro y beca que se le otorga a los medallistas olímpicos. Todos hablan de ella y se repite insistentemente, hasta vaciar las frases de todo significado, que es una campeona, que es un orgullo nacional, que le devolvió la fe a un país acostumbrado a la derrota, que dejó en alto el nombre de Colombia.

¿Pero qué hay en el fondo de todo esto? Mariana tiene talento, sin duda. A sus 21 años recién cumplidos, cuando aún le faltan por lo menos 14 de carrera, esta amante de la pizza y el helado, del rosado, de la saga Crepúsculo y de Secretariat (una película que cuenta la historia de un caballo que corre como loco y gana carreras como loco) se ha ganado todos los trofeos a los que puede aspirar en su deporte: regionales, nacionales, panamericanos, continentales, mundiales, olímpicos. Absolutamente todos y cada uno de ellos (en total, ha ganado 14 mundiales, 2 campeonatos nacionales de Estados Unidos, 9 latinoamericanos, 10 panamericanos y un oro olímpico). 

La pregunta es ¿cómo lo ha logrado? Su técnico Jorge William Jaramillo explica que el éxito deportivo de Mariana se debe a que tiene una técnica superior y a que su físico le ha permitido desarrollar una buena potencia. Tesis válida. Pero, teniendo en cuenta que todos los deportistas de alta competencia cumplen con estos requisitos, ¿basta con esta explicación? ¿Será solo eso lo que hace que la paisa arrase con sus competidoras de manera tan contundente? ¿Será solo el factor físico el que la convierte en la deportista colombiana más importante de la actualidad, esa misma que cargó la bandera nacional en la ceremonia inaugural de los Juegos de Londres? 

No lo creemos. “Mariana tiene una mente muy fuerte”, coinciden en responder de manera casi automática su mamá, Claudia Londoño; su mejor amiga y colega, Estefanía Gómez; su entrenador mental, Jonathan Bustamante; y hasta el mismo Jaramillo. Hay que tener una mentalidad muy poderosa para brillar de la manera como lo hace ella. Pero, en este caso, ¿qué significa exactamente eso de tener “una mente muy fuerte”? El proceso que le permitió a Mariana pararse en lo más alto del podio olímpico no comenzó hace algunos meses. Comenzó cuando, pegada al televisor a una edad en la que muchos otros niños sueñan con ser astronautas, bailarinas o superhéroes, fantaseaba con colgarse las medallas que recibían las gimnastas de Atlanta 96. Desde muy temprano en su vida, Mariana, que creció en un entorno intensamente competitivo (su mamá, Claudia Londoño, practicaba equitación; su papá, Carlos Mario, automovilismo; su hermano, Miguel, karts), tuvo muy claro lo que quería hacer. Tomó la decisión de ser una bicicrosista de primer nivel. Por esto, que Mariana ganara el oro no ha sido una casualidad ni el resultado del desarrollo de un talento físico particular: ha sido un plan de vida de más de catorce años. Un objetivo que se ha cumplido gracias a un programa milimétrico, que ha involucrado apoyo y sacrificio familiar, un riguroso entrenamiento, un amplio patrocinio de la empresa privada y sobre todo, una firme preparación mental. Estaba escrito.

Contrario a lo que se piensa, a Mariana no la obsesiona la victoria. Lo que ha trabajado a fondo es lo que la conduce a esta: el foco, el proceso, dedicar toda, absolutamente toda, su vida a ser la mejor. Por eso, durante su último año en el colegio, por estar entrenando, apenas pudo ir un mes a clase y le tocó hacer la mayoría de los trabajos en grupo sola. Por eso, los planes de fin de semana de las familias Pajón y Londoño no eran almuerzos caseros, sino excursiones en masa al lugar donde su corredora estrella estuviera compitiendo. Aplazó indefinidamente su deseo de estudiar medicina por la imposibilidad de llevar una carrera académica y una deportiva de manera simultánea. Por eso, la lista de sus amigos se llena en su mayoría con sus colegas bicicrosistas, pues son los únicos que pueden entender y aceptar esa entrega total a su  deporte. Desde que tenía cinco años quería ser campeona mundial y sabía que podía lograrlo. Nunca ha sido diferente. Nunca ha cambiado el objetivo. Eso hace que su hazaña se vea tan fácil y tan posible que en las próximas dos olimpiadas, sus próximas metas, vuelva a arrasar. 

¿Su vida ha cambiado mucho después de ganar la medalla? 
No. El reconocimiento antes era más regional, ahora es en toda Colombia y me toca ir a muchos eventos. 

¿Los disfruta? 
Sí, sobre todo los de responsabilidad social con niños. A todos me les apunto, en todos los colegios, fundaciones, ProNiño... Ahora soy la imagen de Jóvenes en Acción, que es un programa para darles mejores posibilidades de vida a jóvenes de regiones vulnerables, a muchos que se perdieron en las drogas o a niños que están trabajando para salir de ahí, para que estudien y hagan deporte. Soy la embajadora del programa, estoy para ser un ejemplo y mostrarles que también pueden alcanzar sus sueños así como yo lo hice. Me gusta contarles cómo logré lo que logré tan rápido y tan fácil.

¿Es muy fácil? 
Sí, muy fácil. Demasiado fácil. Solo hay que saber qué quieres, a dónde quieres llegar, creer que puedes lograrlo y disfrutarlo. 

¿Cuándo supo que eso era lo que quería? 
Yo empecé a practicar bicicross a los cuatro años, a los cinco era campeona continental y ya quería ser campeona mundial. A esa edad también fui gimnasta y quería competir en ese deporte en los Olímpicos porque el bicicross no estaba todavía. 

¿Gimnasta olímpica?
Yo hacía gimnasia por la mañana antes del colegio, después de clase hacía bicicross y los fines de semana karts, pero cuando gané mi primer mundial montando, me dediqué de lleno a la bicicleta. Sabía que eso era lo mío y no quería salir de ahí. 

¿En algún momento pensó en renunciar o en tomar otro camino de vida?
Nunca. Incluso he tenido lesiones fuertísimas y ahí es cuando no veo la hora de estar bien para volver a montar y hacer deporte. 

¿Son muy fuertes esas lesiones a nivel mental? 
He sufrido lesiones muy complicadas. Pero las ganas de volver a hacer lo que disfruto son más fuertes. He sufrido golpes en la muñeca y hematomas en el riñón por caídas, que han hecho que me toque estar un mes acostada. A veces me da duro no poder montar, pero si me quiero recuperar rápido, lo hago. 

¿Cuál ha sido la peor lesión? 
En el 2008 me fracturé la mano en ocho partes diferentes, me reventé todos los ligamentos, músculos y tendones. Me reventé la membrana entre el cúbito y el radio, me tuvieron que operar dos veces, me insertaron nueve tornillos, dos platinas, un injerto de hueso, me dijeron que no iba a poder volver a utilizar mi mano normalmente. La mayoría de médicos me  decía que me olvidara del bicicross. A los seis meses ya estaba corriendo otra vez. 

¿Entrena todos los días?
Sí. Siete horas diarias desde hace catorce años. Cuando no puedo me hace mucha falta. Es más, duermo súper poco porque no me canso. 

¿Sus amigos entienden ese ritmo? 
La mayoría son de la pista, entonces son del mismo mundo. Por ejemplo, mi mejor amigo es Carlos Mario Oquendo, el ganador de la medalla de bronce en Londres. Pero mis amigas del primer colegio en el que estudié en Medellín no entendían al comienzo, decían que era muy aburrida. No entendían que si yo dejo de entrenar un día, cambio todo el proceso. Los del segundo colegio son muy amigos míos y me apoyaron demasiado. En once solo fui a clases un mes contando todos los días y ellos me ayudaron con todos los trabajos.  

¿Cómo le iba en el colegio? 
Muy bien, y en el ICFES también. Quedé de 50 a nivel nacional y tuve el segundo mejor  puntaje de mi colegio. Me llegaron propuestas de becas en universidades para estudiar medicina. 

¿Qué tan larga es la vida profesional de un deportista de BMX? 
Comparándolo con otros deportes, yo apenas estoy empezando mi vida como profesional. A los 32 años puedo seguir yendo a Olímpicos. Un veterano tiene 45 o 50 años. Correré hasta que ya no pueda mejorar más. Pero no he pensado ni siquiera en eso. Me falta la mitad de mi vida deportiva. 

Ya ganó el oro olímpico y todos los trofeos posibles en su disciplina. ¿Qué más queda? 
Conseguir otras medallas. La idea es estar en dos ciclos olímpicos más, los del 2016 y el 2020. Lo que pasa es que yo los conseguí muy rápido, pero la cosa es mantenerse y volver a ganar. 

¿Cree en esa frase que dice “lo importante no es ganar sino cómo se gana”? 
No es ganar. No es que ganas si quedas de primero y que si pierdes una competencia, fracasaste. Ganar es sumar experiencia, saber en qué puedes mejorar y que puedes llegar aún más alto. Puedes quedar de octavo y ganar si realmente entiendes por qué no te fue tan bien. Fracaso es pensar que como quedaste de octavo entonces perdiste, que todo está mal. 

¿Qué hubiera pensado si no hubiera ganado la medalla de oro? 
Que todavía tenía otras posibilidades, que soy muy joven y que tendré más Olímpicos por correr. 

¿En su entrenamiento también cuenta con un sicólogo deportivo?
Sí. La mente la entrenamos más que el cuerpo con Jonathan y Lali Bustamante, que son hermanos y médicos de la Escuela de Campeones en Medellín. 

¿Cómo es una sesión de ese trabajo mental? 
Sesiones no hay, son entrenamientos, ni siquiera tienen una duración determinada. Todo el tiempo estoy trabajando la mente. Es saber cómo concentrarse y entender a dónde puedes llegar. Por ejemplo, nos aprendemos de memoria la pista completa donde vayamos a competir, sin siquiera haber estado ahí. Pensamos muy bien en lo que se puede lograr. A los Olímpicos llegan los mejores, todo el mundo está en las mismas condiciones físicas, pero gana el que tenga la mente más fuerte. 

¿La ponen a leer también? 
Ellos me dan libros de superación personal, de métodos de concentración, de pensamiento positivo, para que en el momento de la competencia se potencie toda la preparación física, y que de verdad crea que pueda ganar. 

¿Cómo es su método de concentración?
No, yo no te voy a decir bien el tema porque no te puedo contar, pero es concentrarse. ¿Cómo te concentras tú? En el aquí y en el ahora, pensar dónde estás, qué quieres lograr, estar tranquilo porque entrenaste bien y sintonizarse con la competencia.

¿Entonces la diferencia frente a sus competidoras en Londres estuvo en lo mental? 
Total. A los colombianos nos falta creérnosla más. No debemos descrestarnos con nadie porque Colombia es fuerte. La cosa es entenderlo y creer que lo somos. 

¿Complementa ese entrenamiento con algo? ¿Rezar, meditar? 
No, nada. Reírme, estar relajada, escuchar música. 

¿Pero cree en Dios? 
Sí, no soy muy de la iglesia, pero sí. Más que rezar y recitar padrenuestros, doy las gracias. La noche anterior a la carrera no pido tanto ganar, sino que todo salga bien, porque sigue siendo un deporte extremo en el que hay muchas caídas. 

¿Qué música le gusta oír? 
El rock, el hip hop, el rap. Me encanta Kid Cudi. Cuando viví en Estados Unidos el hip hop estaba en su furor y me encantaba. En los viajes, Andrés Jiménez (el tercer bicicrosista olímpico) es el que me asesora en música, él es el teso de la música, el que baja todo y nos pasa.

¿Cómo se desconecta del deporte?
Leo, me meto a Internet, veo películas. Me gustan mucho las comedias, las de acción, las de terror también. Hangover me encanta. Secretariat también me gusta, me la vi como cinco veces en cine. Voy mucho a cine y salgo seguido a comer. 

¿Que leee más lee aparte de los libros del entrenamiento mental?Todo. Me leí entera la saga de Crepúsculo, como todas las niñas de Colombia, durante muchas noches seguidas.

 ¿Y ahora qué está leyendo? 
El equilibrio al éxito, me lo regalaron y es sobre cómo equilibrar una vida exitosa. 

¿Le teme a ese desequilibrio? 
No, porque tengo gente que me apoya muchísimo y la idea es seguir siendo yo, la Mariana de siempre. No me da miedo porque sé que no va a pasar.

¿Por qué vivió en Estados Unidos?
Para competir. Yo tenía doce años y me fui un año y tres meses allá. Vivía en Naples, Florida, pero todos los fines de semana viajaba para competir. Viví con la familia de Carlos Ramírez que ahora también es campeón mundial de bicicross. Nos fuimos al mismo tiempo y competíamos en el mismo equipo cada fin de semana en algún lugar de Estados Unidos. Yo soy súper dependiente de mi familia, pero me alejé un poco porque quería mejorar, buscar otras oportunidades y abrir mi mundo.

¿Fue duro? 
Al principio fue muy tranquilo pero ya después uno extraña. No lloraba porque estaba haciendo lo que me gustaba, lo escogí yo. Si me quería devolver me devolvía de una, pero no lo hice porque estaba viviendo un sueño bacanísimo que era correr con un equipo americano, viajar por todo Estados Unidos, ser campeona nacional de allá. Entrenábamos todos los días y también iba a un colegio privado. Esa era la idea, no solo ir a competir, sino estudiar y aprender inglés. Hice quinto y sexto allá. 

¿Cómo es su relación con sus papás?
Soy demasiado apegada a ellos, demasiado. Mi papá es el que me contempla más, nunca en la vida me ha regañado por algo. No es capaz, antes se muere de la risa. Mi mamá es la que echa la cantaleta, y él se muere de la risa por detrás. Mi mamá es mi mejor amiga también, me acompaña a hacer compras y todos los días veo televisión con ellos antes de dormirme.  ¿Y sus hermanos? El mayor, Miguel, ahora es asesor de mi equipo de trabajo, tiene 24 años, está viviendo en Australia y me la llevo supremamente bien con él; me aconseja, cuadra mis eventos y revisa los contratos. Daniel, el menor, que ahora es mi consentido, también hace bicicross y es muy bueno. Es una persona muy feliz, tranquila y relajada. 

¿Cómo ve el apoyo al deporte en Colombia? 
Ha mejorado, pero falta mucho más. Falta que la empresa privada crea más, que el gobierno lo tome como política de estado, que las universidades apoyen más para que podamos estudiar y hacer nuestras carreras deportivas al mismo tiempo 

¿Esperaba generar tanto furor luego de haber ganado la medalla?
No, nunca me imaginé que Colombia entera estaba viendo mi carrera ni que iba a darle una alegría al país que tanto la necesitaba. 

¿Supo cómo se vivió desde acá la carrera?
Todavía no me la creo. Veo videos de cómo lo vivieron los colegios, las universidades, las empresas… increíble. Y el recibimiento en carro de bomberos… A mí me parece muy lindo el cariño de la gente y que hayan salido a saludarnos. Es una alegría inmensa, que se asemeja mucho al momento de haber ganado. También recibo muchos mensajes de felicitación. Los que me dan las gracias son los que más me impresionan. ¿Por qué me dan las gracias? Lo logré para mí, pero mucha gente se unió a eso y yo no me había dado cuenta. Cuando volví, vi lo que había causado y me pareció súper lindo.

¿Ese tatuaje que tiene en la muñeca con los anillos olímpicos se lo hizo después de ganar?
Eso me lo hice en el 2010, era un contrato. Es mi único tatuaje por ahora, pero quiero hacerme algo relacionado con la medalla o una frase de Eleanor Roosevelt que m e gusta, pero que es demasiado larga, “el futuro pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños”. 

Después de haber ganado la medalla, un periodista argentino se acercó y le preguntó si se sentía la Messi del BMX, y usted le contestó, “soy Mariana, Mariana del BMX”… 
¡Aj! Es que no me gusta que me comparen y menos con un futbolista argentino, cuando yo había ganado una medalla para Colombia.

¿Se está volviendo un símbolo nacional? 
No sé. Dime tú. Tengo mucho más para dar y seguiré dando lo mejor para Colombia siempre.

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