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Los secretos del nuevo video de Burning Caravan, Las historias de los hombres

¿Cómo es el proceso creativo de una banda colombiana para hacer un video? Lecciones para todos
Por
Redacción Shock

Burning Caravan, nuestro Artista Shock recomendado de la semana, está lanzando su nuevo video Las historias de los hombres. Rodado en el Desierto de la Tatacoa, tiene una preciosa dirección de arte que lo postula como una de las nuevas joyas de la música nacional y será lanzado hoy 14 de abril en el Auditorio Lumiere. ¿Qué hubo detrás? ¿Cómo lo cranearon? Ellos mismos lo explican.

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Por: Francisco Martí de Burning Caravan @BurningCaravan

A partir de varios sueños repetitivos con el mar y su lejanía, y las ideas obsesivas que esta distancia provoca, las primeras imágenes del video fueron llegando. Quería poder escribir el guion original del que sería el primer video clip para el primer sencillo de nuestro disco, “las historias de los hombres”. Le compartí estas ideas a Javier Ojeda, quien con su entusiasmo acostumbrado se involucró de inmediato en el proceso y comenzamos a desarrollar la historia, hasta que tuvo una forma más clara. Como todo en la banda, esto fue socializado con todos sus integrantes, quiénes realizaron valiosos aportes, logrando una propuesta colectiva que presentaríamos a un director.

A Rubén Fernández Naar, lo conoció Javier cuando integró la banda bogotana Sismo; él había dirigido el video clip Avenida de esta agrupación, el cual nos llamó mucho la atención por la belleza de su fotografía, el manejo de la luz natural y el tratamiento de los paisajes. Vi otros trabajos del director para National Geografic y cortos independientes; había en su trabajo una sensibilidad narrativa que combinaba el naturalismo y lo simbólico, y además Javier ya me había comentado de su profesionalismo y simpatía cartagenera. 

Nos reunimos con Rubén una tarde en “la guarida” (lugar de ensayo y vivienda de la Burning Caravan). Desde el primer momento las ideas fluyeron y la voluntad de realizarlo se hizo concreta; en la segunda reunión comenzamos a planificar la producción y acordamos las fechas de rodaje, sincronizadas con la luna llena, ya que utilizaríamos solo luz natural y muchas escenas serían de noche, ayudados de una cámara especial. 

Una semana antes del rodaje  partimos con Rubén y Javier al Desierto de la Tatacoa para hacer una exploración de los lugares y la elección de las locaciones. Este proceso fue fundamental no sólo por el ahorro de tiempo, sino sobre todo para comprender en terreno las necesidades y precauciones que debíamos tener con el equipo humano en el momento del rodaje, teniendo en cuenta que es un desierto de clima árido con un promedio de 35 grados de calor, llegando a los 42 grados al mediodía. 

La locación escogida es de una belleza impresionante, pero ofrecía varios peligros que pudimos experimentar durante la exploración del lugar; uno de aquellos días, luego de habernos internado por más de 3 horas al interior de “el laberinto”, después de caída la noche, quisimos  devolvernos por la ruta, pero ¡nunca la encontramos! Así, con un mínimo de agua, sin linternas y luego de dar vueltas por varias horas perdidos en el laberinto oscuro, una luz en el horizonte nos mostró la dirección de regreso. 

Cuando volvíamos a Bogotá, les expresé con gran alegría a mis dos compañeros de aventuras: “¡Ya tenemos listo el video en nuestras cabezas!”, a lo que Rubén aportó: “Sí, pero dentro de cada cabeza hay uno diferente. ¡Pero eso no es problema!”. En ese momento comprendí que esa primera imagen que nació de un sueño, ahora tenía forma de videoclip y sentí una confianza absoluta en Rubén y nuestro equipo. 

Con todas estas experiencias en la maleta el día 22 de febrero partimos las 13 personas que conformábamos el equipo. Debíamos estar allá en esa fecha exacta para aprovechar las 2 noches de luna llena que nos permitirían filmar de noche. Nos instalamos en el cálido (literal) y hospitalario hostal El Tigre de Marte, nombre muy apropiado para describir el carácter de nuestra nueva guarida, a pocos kilómetros del lugar de rodaje.

Mi hijo Lukas fue el protagonista de esta aventura y todos los integrantes de la banda fuimos los actores de reparto. En el equipo de producción y asistencia había hermanas y novias, que conformaban este barco en el desierto, (como el de Fitzcarraldo de Herzog), pero en una proporción mucho más familiar y amorosa, la caravana de siempre estaba rodando.   

Durante dos noches y tres días filmamos el video clip; dormíamos algunas siestas esporádicas ya que debíamos estar siempre listos para rodar con cada una de las diferentes luces que cada momento del día y la noche ofrecían. Nunca nadie desfalleció, cada uno de los integrantes de la banda aportamos con nuestra presencia y entrega. Sin embargo fue realmente duro; todos recordaremos la última toma de ese 24 de febrero a las 6:30 am del tercer día de filmación sin haber casi dormido. Por la tarde regresamos felices a Bogotá, con un tesoro.

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