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Manacacías, el festival del llano con mixes folclóricos y alternativos

Este festival veraniego siempre ha traído diversidad musical y cultural, desde cantantes de todos los géneros musicales hasta modelos y deportistas.
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Redacción Shock

En la tierra de los sonidos del arpa, el zapateo, el uso del sombrero y el bigote hay un espacio en enero que reúne a las personas para que salten al ritmo de un Florecita rockera, bailen al son de Zion y Lennox y zapateen al paso de Walter Silva.

Texto: Juan Sebastián Figueroa // @essebasfigueroa

Fotos: Felipe Espitia

“Antes, cantar en un mismo escenario con diversos ritmos podría ser peligroso, generaba violencia. Entonces me parece sano poder disfrutar de diferentes géneros”, dijo Héctor Buitrago de Aterciopelados, quien concedía entrevistas en el camerino mientras Alzate, un cantante de música popular, hacía su presentación en el Manacacías Festival de Verano, que se celebró entre el pasado 6 y 9 de enero.

Puerto Gaitán es una tierra que por su oportunidad de trabajo y, en su momento, bonanza petrolera atrae diversidades culturales y étnicas. En el municipio se pueden encontrar trabajando personas de Bogotá, Medellín, Boyacá, el Amazonas y recientemente abundan las visitas venezolanas. Y en ferias, gran parte del Meta y el interior del país llega a disfrutar de un descontrol de tres días que incluye conciertos frente al río, presentaciones de Car Audio o competencias deportivas.

Este festival veraniego siempre ha traído diversidad musical y cultural; personajes de diversas corrientes como el clavadista Orlando Duque, la modelo Natalia Paris y agrupaciones como Don Tetto han hecho parte de esta fiesta llanera. Los que han asistido hace más de 15 años recuerdan cómo los jóvenes se divertían en el rio con bandas de rock, mientras en la noche pesos pesados de Latinoamérica como Marc Anthony o Don Omar tocaban hasta el amanecer.

Es un evento raro, como lo definió Cali y el Dandee, un dúo urbano colombiano que va a conciertos de Blink 182 y son aficionados al América de Cali. “Es un festival raro en el buen sentido de la palabra porque hay cambios de género muy fuertes de un show al otro. Pero eso habla del tipo de público que hay ahora, no se preocupan por escuchar un solo ritmo, sino porque la canción que suena sea agradable, sea buena”.

Un ejemplo de esto sucedió cuando los Monsieur Periné se encontraban al lado de la playa cantando a coro con muchos jóvenes de la región, bogotanos que estaban conociendo los paisajes de la llanura y vendedores de la playa del rio Manacacías. Y a la misma hora, al lado de la Alcaldía, cantantes que una hora antes de la presentación parecían estar a punto de dormirse por tomar tanta pola, se levantaban como nuevos a punta de chimú, hacían sonar el arpa y artistas locales mostraban los mejores pasos del joropo.

Y es que quizá esa era la esencia del festival y de lo que ahora es Puerto Gaitán: población indígena en su mayoría, viejos ganadores que usan sombrero, mastican y escupen el zumo del tabaco, amantes de la música llanera, norteña, vallenato o popular; junto con jóvenes que se ponen la gorra hacia atrás, les gusta el reggaetón y la bachata, pero que conocen y cantan rock en español, les gustan las alternativas musicales y no tienen problema de pasar de corear Alzate, para luego empezar a pedir a gritos por Andrea Echeverry.

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