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Música electrónica y política: moviendo caderas y neuronas

Beats que no se quedan callados ante las porquerías de este planeta.
Por
Redacción Shock

Quizá la mayoría de las personas vean en la música electrónica y el arte multimedia, tan solo discotecas, luces y sustancias, pero detrás de consolas y beats se encierran discursos y construcciones que tratan de ir al tenor de los acontecimientos de cada momento histórico.

Fotos y texto: César Londoño // Agencia Press Riot

No es gratuito que artistas emergentes y consagrados impregnen sus discursos de nuestra dura realidad como especie y esta se vea reflejada en sus obras.  Gracias a todo este caudal de información del que hoy en día disponemos, estamos enterados del mundo en que vivimos y los momentos históricos a los cuales nos enfrentamos.  Así pues, no es de extrañar que el cambio climático, el post-capitalismo, la inmigración, las luchas transgénero, la vigilancia on-line, los campos de refugiados o la perspectiva de género, entre otros, se cuelen una y otra vez en los discursos que crean músicos, video artistas o beatmakers.  Jóvenes y no tanto que se sienten cada vez más comprometidos y utilizan sus creaciones para denunciar, protestar o contestar al establishment universal, por más que su objetivo final sea poner a bailar a unos y otros.

Queremos bailar al ritmo de ataques sonoros y de visuales lisérgicas, queremos bailar hasta el amanecer y más allá, pero también queremos, que cuando la fiesta se acabe, volver a nuestras vidas, tener trabajo, expresarnos como queramos y no vivir con un ojo vigilando cada paso que damos, mientras este globo de agua y tierra se va desmoronando día a día.

BRIAN ENO

Uno de los más recientes actos en vivo del inglés Brian Eno –pieza clave de la música contemporánea en las últimas tres décadas, con una lista interminable de músicos con los que ha colaborado– fue Why We Play?, la conferencia inaugural del pasado festival Sonar en Barcelona. En ella, Eno se transformó en un activista y pensador en un evento sin música ni visuales; solo palabras llenas de reflexiones sobre la vida en comunidad y la cultura popular, y una crítica feroz al individualismo y al valor económico que le ponemos a todo lo que nos rodea. “Al final todo está basado en la idea de que el individuo es la fuerza que mueve el mundo, y no las comunidades”, afirmó contundente. “De lo que quiero convencerlos es de que no es así como funcionan las cosas. Que la única manera en la que podemos cooperar y trabajar juntos como sociedad humana y como la comunidad que somos, es con mucha, mucha cultura y arte”, puntualizó.

s + LOS VOLUBLE

A punta de música electrónica, flamenco y hedonismo, El Niño de Elche ha puesto a bailar al mundo.  A través de sus líricas el cantaor flamenco y activista Francisco Conteras Molina lanza un manifiesto ideológico en contra de todo tipo de fronteras, la defensa de los inmigrantes y los refugiados que tratan de llegar a Europa huyendo de la guerra, a favor de los homosexuales y en contra del estado patriarcal. A su lado, desde la consola vj de los Voluble, emergen con furia imágenes violentas de manifestaciones, arrestos, policías fronterizas y demás abusos del poder en contra de los más débiles: los del otro lado de la frontera.  Todo un acto político en forma de rave.

ANOHNI

Se podría pensar que estas reivindicaciones políticas surgen de parte de los artistas emergentes y venidos desde los lugares más pobres y olvidados de la tierra, pero a esta caravana política se montan también artistas que brillan con luz propia desde lo más alto y viven o provienen de los países más desarrollados. En la gira mundial que presenta el álbum Hopelessness, la artista canadiense transgénero Anohni (antes conocida como Antony Hegarty) presenta un show lleno de intención política en el que aparece ataviada con una especie de burka negra, por medio de la cual reivindica a todas las mujeres que sufren la guerra, la represión y el desprecio de la sociedad. En la canción Drone bomb me recuerda a una niña afgana que desea que un avión no tripulado arroje sobre su cabeza una bomba inteligente. En este show electrónico las máquinas son manejadas por los productores Daniel Lopatin de Oneohtrix Point Never y Hudson Mohawke. La cara de Anohni  nunca se ve, cediéndole protagonismo en las pantallas gigantes a los rostros de diferentes mujeres. Antes que a bailar, Anohni puso a reflexionar a un público sobre la paz, la perspectiva de género, la lucha transgénero y algo a lo que ella hace llamar como Ecocidio.

JEAN-MICHAEL JARRE

A sus 67 años, este francés sigue dando guerra encima de los escenarios, reinventándose y adaptándose a los tiempos y a las tecnologías actuales. Hace treinta años Jarre empezó a utilizar los sintetizadores y los espectáculos tecnológicos para alertar al mundo sobre el calentamiento global, con aquellos míticos discos Oxygene y demás obras maestras de la electrónica primigenia.  En la gira de su nuevo trabajo The Time Machine, Jean-Michael Jarre ya no aparece encorsetado en la música sintética y sinfónica de los ochenta, sino un viejo que rejuvenece en un set de trance progresivo que, a su vez, sirve para lanzar un alegato sobre la vigilancia de parte de los gobiernos a los ciudadanos del común. Exit, uno de los sencillos de su nuevo álbum fue grabado con la colaboración del ex agente de la NSA y actualmente exiliado en Rusia Edward Snowden.

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