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Palmeras de Urabá graba su primer disco en 26 años

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Redacción Shock

Por: Jenny Cifuentes // @jenny_cifu. Hace 26 años en el municipio de Necoclí, ubicado en el golfo de Urabá  (Antioquia), nació el grupo Palmeras de Urabá.  Gigantes del sonido bullerenguero, con un estilo sencillo arraigado a la tradición, despegaron haciendo  presentaciones callejeras  con la intención de  mantener vivo el ritmo que decaía en su región desde la llegada de la energía eléctrica y la posterior invasión de la ranchera, el vallenato y la salsa en la zona.

Hoy son picos de esta corriente musical en su territorio y arrasadores de premios  en festivales nacionales de bullerengue como el de  Puerto Escondido (Córdoba) y  el de María la Baja  (Bolívar), de los que salieron ganadores durante 10 ocasiones  para ser luego declarados fuera de concurso. La agrupación tiene en sus estantes numerosos galardones, entre ellos el Premio a las Artes y Letras otorgado por  la Gobernación de Antioquia en 2005.  Por sus filas han pasado  varias generaciones, dinastías  e íconos  bullerengueros, por citar algunos nombres: Pentalfa Hernández, Fidencia Simanca y Eloísa Garcés, “Eloa”, su cantadora insigne durante más de 20 años, una de las grandes voces improvisadoras del género, quien falleció en  2009 dejando como voz líder y heredera de su legado a su hija Darlina Sáenz.

En la actualidad Palmeras de Urabá es una convergencia de jóvenes y viejos que cargan la misma pasión por el bullerengue y que apuntan a que trascienda, a que sobreviva en el  tiempo.  Por eso, tras más de dos décadas de carrera  sin haber grabado un disco, con un antecedente de sólo tres canciones registradas en 2006 para una recopilación, el grupo, con la complicidad de un combo que realiza expediciones a las fuentes de ritmos folclóricos del país piloteado por el chileno Mauricio Araya (Dj Subversivo), y conformado por  el DJ venezolano Carlos Guillen (Don Beto),  el ingeniero de sonido y productor Francisco Rojas y la socióloga Erika Castro, se aventó a realizar su primer álbum publicado recientemente, llamado ‘A Golpe de Tambó’.  Un trabajo doble con un disco que resuena la agrupación ejecutando de forma tradicional bullerengue sentao, chalupa y fandango, y otro CD con remezclas de las canciones hechas por DJs de diferentes nacionalidades. Un registro bellísimo presentado con cuidada factura que busca aumentar la fuerza de esos cantos y bailes que narran la vida de los pueblos, que cuentan historias de resistencia, que hablan de  nostalgia, alegría, amor, penas y paisajes en ese “lamento alegre” que es el bullerengue.

Hablamos con el ingeniero y productor que grabó el disco, Francisco Rojas.

¿Cómo surgió la idea de grabar a Palmeras de Urabá?

La idea de hacer el disco fue de Mauricio Araya (DJ Subversivo). Él viaja bastante por el país y en una de sus paradas por la región conoció a Erika Castro, una socióloga investigadora que lleva  mucho tiempo trabajando en Necoclí y  asistiendo a  los festivales de bullerengue. A través de ella se dio su encuentro con Palmeras de Urabá y nació la inquietud de grabarlos.  Él, quien es cabeza del sello Konn Recordings armó el grupo de trabajo. La gestión duró 4 meses. Hablamos con la Casa de la Cultura de Necoclí, ellos nos dieron hospedaje y alimentación, cada uno se pagó su transporte y tuvimos un poco de apoyo de Fairtunes Londres (ONG a la que pertenezco).  Estos proyectos son costosos por el desplazamiento y el trabajo de todos, pero ahí estuvieron firmes las voluntades de hacerlo. Quisimos grabarlos por su importancia para el bullerengue y por su larga trayectoria. Ya era hora porque en 26 años no habían podido hacer un disco.

¿Cuántas personas integran la agrupación?

Alrededor de 25, de varias generaciones. Los más  veteranos tienen entre 50 y 60 años. Están las cantadoras, las bailarinas que hacen coros y palmas, y hay guache, tambor alegre y tambor llamador.

Cuéntenos sobre la grabación

El disco lo grabamos en  2012 y se prensó hasta este año. Fuimos a Necoclí, en ese momento no teníamos estudio móvil, así que desmontamos el nuestro y lo llevamos hasta allí. Estuvimos  trabajando como 10 días. Grabábamos por las tardes en la Casa de la Cultura.  Iniciando,  todo se trata de la experimentación con el sonido: se graba, se escucha, se cambia.  Es un proceso  mientras se conoce la sonoridad del espacio y la gente se acomoda o se acostumbra. Yo como ingeniero de grabación tuve tiempo para interactuar con el grupo, que es esencial, porque  todo el tiempo estamos capturando arte y hay que estar en confianza,  porque si no el material no queda  muy bien. En realidad el disco se terminó grabando más o menos en tres días.  Al final regresamos a Bogotá con 22 temas en bruto, de los que sacamos 12.  Luego,  las canciones editadas y armadas se enviaron a cada uno de los productores que Mauricio escogió para que hicieran su remezcla. El disco de los originales se  masterizó en Chile y el de los remixes  en Londres, donde se prensaron ambos. Todo el proceso duró dos años. El álbum es dedicado a doña Eloísa, incluso en el cuadernillo hay un logo que hicieron en la Casa de la Cultura con la imagen de la cantadora.

¿Quiénes hicieron las remezclas?

Los Franceses P18 (que fueron en su tiempo integrantes de Mano Negra), Don Beto de Venezuela, de Alemania Andrés Digital, Matanza de Chile,  el norteamericano Dj Marcuis,  Professor Angel Sound de México, y los colombianos Juan Nativo & Urabá Conexión y DJ Harvey.  El disco de remixes se hizo porque las remezclas han acercado a jóvenes del mundo  a  la música tradicional, a ritmos folclóricos.  Un claro ejemplo es  la cumbia electrónica: nuevas generaciones que la han escuchado se han motivado a  buscar la tradición, lo que  ayuda también a abrir mercado para los intérpretes originales. (Haga CLIC aquí para escuchar la remezcla)

 ¿Qué opinaron los integrantes del grupo sobre las remezclas?

Les gustaron. Los tamboreros quedaron encantados. Incluso, han  puesto a sonar algunos cortes en la emisora del lugar, Necoclí Estéreo.  Los músicos  están muy contentos y orgullosos del trabajo en general, luego de la muerte de doña Eloísa, el grupo quedó un tanto deprimido y buscó emerger de la tristeza. Esto es un nuevo impulso para ellos como agrupación y para el bullerengue.

 

Escuché aquí Lloré de Palmeras de Urabá 

Escuche aquí El Palo de Juana Miranda 

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