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Para la lista del niño Dios: La gorda, la musulmana y la Stacy Malibú

Aunque haya muñecas Barbie de todos los colores, a la larga, el niño Dios no es tan incluyente
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Redacción Shock

Por: Fabián Páez López @Davidchaka // Foto: Hijarbie 

La semana pasada la empresa Mattel presentó al mundo una nueva colección de muñecas Barbie llamada ‘Fashionistas’. Un anuncio que, como cualquier lanzamiento de un nuevo juguete hubiera podido pasar inadvertido ante el mundo, de no ser porque la novedad incluía cuerpos alternativos: las ‘Fashionistas’ ahora vienen altas, gordas, bajitas, morenas, flacas y negras. 

Es más, como si fuera un gran acontecimiento, una Barbie exhibiendo la barriga fue portada de la revista Time. El titular que acompañaba la figura de la muñeca era este: “’¿Now can we stop talking about my body?’ What Barbie´s new shape says about american beauty?” (¿Ahora podemos dejar de hablar de mi cuerpo? Lo que la nueva figura de Barbie dice sobre la belleza americana). Pensándolo rápido, Time puede tener razón: que la muñeca con la que juegan las niñas ya no sea tan caricaturescamente delgada puede, de alguna forma, ayudar a que se cambien los modelos de belleza. Está bien. Pero la respuesta rápida para rajar de las muñecas también sería fácil: ¿dónde están las “otras” mujeres? Las musulmanas, ¿por ejemplo? 

Haniifah Adam, una bloguera y médica nigeriana de 24 años respondió a las ‘Fashionistas’ y creó la ‘Hijarbie’: una muñeca igual que todas,pero con una hiyab; es decir, con el velo que usan las mujeres musulmanas para cubrirse ante la presencia de un hombre. 

Pero ni la idea de Mattel, ni la de Hannifah Adam son tan novedosas. Desde que se vendan, la empresa va a producir muñecas de la figura y el color que sea. No sería raro que pronto nos ofrecieran una nueva línea con una Barbie feminista y ecologista, como la Stacy Malibú de Lisa Simpson; hasta podría incluir nuevos accesorios, como una bicicleta para cuidar el medio ambiente o un carro hibrido para ir con Ken, su mejor amigo gay, a su casa de playa. 

Sumemos: una muñeca Barbie original se consigue, mínimo, a $49.000 pesos; la ‘Barbie Dream House’, puede llegar a costar $1’300.000 pesos; el ‘Jeep de Playa’ $150.000 pesos. Ahora que la inclusión se volvió también un negocio rentable, habría que sumarle a esto el valor de la novedad. Para que una Barbie sea feliz, por bajito, hay que bajarse de millón y medio… ¿A cómo está el salario mínimo? ¿Será que con muñecas se resuelve el problema de la exclusión?

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