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¿Por qué la gente no ve cine colombiano? Los cineastas responden

Por
Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

Por: Juan Pablo Castiblanco Ricaurte // @KidCasti

Antes del 2003, año en el que apareció la Ley de Cine, en Colombia se estrenaban entre 3 y 4 películas nacionales por año. Pero después de esa fecha comenzaron a aparecer películas hasta en la caja del cereal. En el 2014 se estrenaron 28 títulos colombianos y para el 2015 hay más de 50 listos para llegar a las salas comerciales. Pero esos numeritos alegres de producción son inversamente proporcionales a los de las taquillas, logrando que en algunos casos, vaya más gente a ver un partido entre La Equidad y Patriotas o al primer concierto del día en Estéreo Picnic, que a un estreno cinematográfico local.  ¿Qué pasa? ¿Dónde está la falla? El público le echa la culpa a los directores. Los directores le echan la culpa al público y a los dueños de las salas, y los dueños de las salas le echan la culpa a los directores, al público y a la competencia internacional. Para comenzar a desbaratar este lío de songo-le-dio-a-borondongo, le preguntamos a algunos de los directores participantes en la Competencia Oficial de Cine Colombiano del FICCI, por qué la gente no estaba yendo a ver las películas de acá. Esto fue lo que dijeron. Round 1.

Roberto Flores – director Ruido Rosa

"Es una gran pregunta y como las cosas complejas no tiene una sola respuesta. Nos falta mucho en eso sentido pero hemos llegado a un nivel en el cine nacional muy interesante, tal vez el mejor de la no tan prolífica historia colombiana. Nuestro cine es mucho más variado de lo que los espectadores acreditan y saben, que creen que es muy monotemático, pero si te pones a ver los estrenos de los últimos cuatro o cinco años, te das cuenta que hay de todo. Hay un estigma muy fuerte, y la gente habla de cine colombiano pero si les preguntas cuántas han visto, la última que vieron fue hace ocho años. Está claro que si directores y productores no hacemos un acto de contrición y no intentamos maneras de dialogar mejor, estamos en un horror porque parte de la solución está en nosotros, pero es evidente que distribuidores y exhibidores tienen un alto porcentaje de culpa.

Por otro lado tenemos una costumbres de consumo globales que no tienen que ver con Colombia. Hay una pandemia cultural. El cine mainstream es altamente infantil así sea para adultos. Hasta hace relativamente poco para los grandes estudios norteamericanos el territorio estadounidense significaba alrededor del 70% del mercado y ellos no miraban al resto del mundo. Pero hoy por hoy el resto de los territorios les representan más del 50% de los ingresos, por lo tanto han creado un producto genérico, como un ibuprofeno, que puede gustar en cualquier parte. La gente está yendo a cine buscando una experiencia más similar a ir a Epcot Center o Disneyworld que ir a ver una película, buscando que la silla vibre, que salga agua, que eche agua, que suene durísimo, y cuando no encuentran ese tipo de experiencias se sienten hasta desilusionados, que les han robado la plata. Por eso si los invitas a ver un drama convencional, sin mayor pirotecnia, es un pecado. Ahora el peor pecado que puede cometer un ser humano es aburrirse; la gente le teme a no divertirse, en las redes sociales la gente vende la idea de que su vida es la más divertida del planeta.

Los distribuidores y exhibidores colombianos tienen un negocio muy redondo y sencillo, pues con las producciones internacionales reciben dummys y afiches de las películas, los estudios son dueños a su vez de los canales de cable entonces hay una promoción global impresionante, así que acá solo se sientan en la caja registradora a esperar que entre el dinero. Por otro lado los distribuidores internacionales obligan a que si acá quieren el blockbuster del momento tienen que poner también dos o tres producciones que en Estados Unidos no funcionaron porque son malísimas, y así se copan también espacios en los multiplex colombianos. Así que cuando llegas con tu película colombiana, que casi no tiene presupuesto de promoción, que no tiene a Brad Pitt, requiere un esfuerzo y un ejercicio que da pereza si por otro lado estás ganando dinero de manera más sencilla."

Juan Felipe Cano – director La semilla del silencio

"En teoría ya hay una pereza sobre el cine colombiano. Nuestro público ha cambiado. Ahora tiene más herramientas y conocimientos porque la información está más a la mano. Se nos ha olvidado eso en la industria. Nuestro público ha dejado de ir porque cree que nuestras películas no tienen el nivel de calidad de lo que ven que el universo les está ofreciendo. Pero hay una parte que va porque está conectada con la sensibilidad del cine nacional que es específica, que ve cosas con la filigrana artística que tienen las películas europeas y latinas. En este país ahora hay dos líneas: un cine radicalmente comercial, que es el que más taquilla está haciendo últimamente, o tienes un cine radicalmente de autor, pero en el medio hay muy pocas cosas. Supuestamente nadie está yendo a ver películas nacionales porque no les interesa, ¿pero dónde está la gente que fue a ver Gravedad o El lobo de Wall Street, que hizo números en las taquillas nacionales, y no está ni en lo absolutamente comercial ni en lo absolutamente de autor? ¿Dónde está la gente que ve canales de cable que no son solamente E Entertainment, sino HBO o History Channel? Hay que ir por esos espectadores. Hay que convocarlos a las salas otra vez."

Franco Lolli – director Gente de bien

"Mis amigos que son gente culta, educada o cinéfila, nunca se enteraron de la existencia de Tierra en la lengua, Mateo o Los hongos. Esa es una primera razón, que no están en todas partes, no hay marketing, no hay publicidad, no hay plata. Las películas colombianas no están puestas en valor desde la institución periodística, que no se interesa lo suficiente en ellas porque no hay actualidad ni un actor periodístico, ni desde las salas de cine. Ahí hay un problema político y global. El cine gringo tiene una participación del mercado colombiano que es una barbaridad, y lo que queda toca dividírselo entre Colombia, Francia, Argentina, México, Brasil, Corea, dentro de lo que hay películas más potentes, pero no en términos de plata y mercado. Entonces en Colombia funciona Dago y Trompetero porque son novelas largas con las que la gente se identifica, acostumbrados a esa forma de representación que la televisión vende desde hace años y años. Cuando uno saca una forma de representación diferente, la gente se desestabiliza. Hay que educar a las personas con que eso también es una representación de ellos, pero la televisión los tiene muy maleducados."