Se encuentra usted aquí

Premios Emmy: keep walking (Crónica Shock)

AFP
AFP
Por
Redacción Shock

No ha terminado uno de bajarse del auto que, después de varias cuadras de filtros y revisiones, lo lleva a uno hasta justo la entrada de la alfombra roja que se extiende en las proximidades del teatro Nokia, ubicado justo al lado del Staples Center y del Convention Center de la ciudad de Los Ángeles cuando un ejército de rabiosos "Men in black" empieza a zumbar al oído con su: Mam! Please keep walking. Keep walking please.

Pasamos por la alfombra roja sí, pero por la de los acompañantes que nada tienen que hacer al lado de las celebridades nominadas. Junto a ellas caminan únicamente quien sea su pareja de la noche y sus publicistas y representantes. Entramos y vamos pegaditos a las estrellas de la noche pero un cordón rojo perfectamente dispuesto a lo largo de toda la alfombra nos separa. Caminamos intentando primero, en medio de la muchedumbre, entender quién es quién. No es tan fácil identificar a algunos cuando no están caracterizados de sus personajes. Y segundo, disparando fotos con el celular a la loca.

Son las tres de la tarde y el sol no deja ver la pantalla. El de la foto podría ser cualquiera. Las redes sociales están colapsadas. Nos pasan por las narices Alec Baldwin, Michael J Fox y Claire Danes. También el legendario Mickey Rooney. Los tengo en vivo y en directo al frente mío. Cuando los llamo, incluso posan para mi cámara, pero al tratar de 'instagramear' la foto, se queda en un eterno enviando. Intentamos fotografiar a la mayor cantidad de celebridades posibles pero el acose de los Men in black y su repetitivo keep walking se vuelven aturdidores y lo cierto, es que pasadas dos horas lo único que uno quiere es estar por fin adentro sentado en su silla. No importa qué tan lejos quede del escenario.

Una vez adentro, justo a tiempo para el inicio de la transmisión entiendo que de no ser por los señores acosadores del tapete, el show jamás hubiera comenzado a tiempo. Faltando solamente 1 minuto la gente corre a buscar sus ubicaciones y se acomoda. Y 7 segundos antes del aplauso inicial del público no hay una sola persona de pie. Tampoco sillas vacías. El auditorio, con capacidad para 10 mil personas está completamente lleno.

Aquí los perdedores no saldrán corriendo después de que las categorías en las que están nominados sean anunciadas. Al baño en los cortes a comerciales y, de regreso muy juiciosos todos a sus sillas. Muy pronto, me doy cuenta de que no se trata de una de esas eufóricas  ceremonias de premiación a las que en el mundo de la música estamos acostumbrados. Aquí son todos mucho más cuidadoso de no tener ataques de histeria. De hecho, digo yo, el tipo de vestuario que se exige usar para la gala amarra un poco la espontaneidad.

Antes de que se cumplan 3 horas desde el inicio de la ceremonia, Breaking Bad se corona como la serie dramática del año. Neil Patrick Harris, el anfitrión de la noche, se despide después de una conducción impecable que incluyó también canto y baile y el Teatro Nokia queda completamente desocupado en solamente unos minutos.

El please, keep walking vuelve a surtir efecto. De las 10 mil personas presentes en la ceremonia, solo 6 mil estamos invitadas al after party que se realiza justo al cruzar la calle. En el Convention Center.

Me cuentan que la entrada por persona para la fiesta cuesta alredor de 800 dólares y que más de un actorcito varado ahorra todo el año para poder comprar su boleto, acceder al evento e intentar convencer a alguien importante que esté por ahí desprevenido de que lo que hace es realmente bueno.

Y es que una vez dentro, no hay divisiones de ningún tipo. Nos mezclamos con ganadores y con perdedores por igual. Las mesas están numeradas, supongo que de acuerdo al gato que vaya a sentarse en ella.

Leo carteles que identifican mesas con números de más de 600 y tantos. Aquí no vinimos a comer sino a farandulear. Lo que toca es empezar a caminarse el lugar a ver con quien se encuentra uno por ahí. Son las 9 de la noche. La fiesta durará solamente dos horas. Hasta las 11. Paréntesis: Como se nota que no estamos en Latinoamérica.

Resulta difícil entre tanta gente, detectar a alguno de los importantes. Pasamos frente a mesas sobre las que hay varias estatuillas dispuestas pero no conseguimos identificar quiénes son sus dueños. Los fotógrafos están todos ubicados cerca de un largo tablón ubicado justo al final del salón. Ahí encontramos a Michael Douglas tomándose un trago mientras espera que un hombre marque con su nombre la estatuilla que acaba de ganarse. Este parece ser un buen lugar para ubicarse. Todos los que quieran llevarse a casa su Emmy marcado deberán pasar por ahí.

El gigantesco y desproporcionado lugar es un derroche de color, de alcohol y comida. All you can eat and drink. Dos horas no serán nunca suficientes. Muchas de las celebridades comen y se van. Raspando fiesta quedamos solamente los gatos, los que al final de la noche nos llevamos hasta el florero para la casa. Los que nos llenamos los bolsillos y las carteras de chocolates y otros souvenirs.

Ya en la calle, esto parece un flashmob de pies descalzos y poco glamour. Todos caminando al tiempo para el mismo lado. Como zombies. Y uno que otro ganador avanzando ladeado, digamos que debido al peso del premio que lleva consigo para no hacerlo quedar mal. Aquí parece ya no haber afanes.

El ejército de "men in black" ha desaparecido y vuelven a aparecer los amables personajes vestidos de rojo y negro que nos recibieron cuando bajamos del auto a las 3 de la tarde. Ahora soy yo la que lo pide a gritos: Please, keep walking. Lo único que quiero es llegar al hotel y quitarme estos tacones.

Mariangela Rubbini @bilirubbini
Agradecimientos a Warner Channel Latinoamérica