Se encuentra usted aquí

¿Se puede controlar la información que hay sobre nosotros en la web?

Hay propuestas de las reformas legales que apunta a exigir a a las redes sociales que borren lo que los usuarios en efecto quieren borrar.
Por
Redacción Shock

¿Cuándo se busca en internet no le gusta lo que aparece sobre usted? ¿Quisiera borrarlo y no puede? ¿Intenta eliminar su nombre de una noticia, de un blog, de una red social? ¿Está google arruinándole la vida o la de su negocio?

Este artículo fue publicado en la edición impresa de Shock abril de 2012

Por Juan Camilo Maldonado @DonMaldo

En salirdeinternet.com parecen haber encontrado la solución a uno de los más grandes problemas de la modernidad: “Por solo 50 euros eliminamos sus datos de Internet. ¡Solicite su consulta gratuita!”. Llevan siete años representando a usuarios indefensos de la red. A uno le apareció un doble en Facebook que se dedicó a torpedear la página de su negocio en la red social y a hacerlo quedar mal en repetidas ocasiones. Otro intentó, durante meses, que Google y otros motores de búsqueda dejaran de indexar más de cien páginas en las que salía implicado en un fraude del cual fue absuelto hace más de diez años. Una embarazosa foto de una fiesta que se creía olvidada, una frase suelta escrita en un blog que se esperaba caduco, los casos hoy se cuentan por decenas, especialmente en España, donde el asunto se ha puesto de moda.

Según cifras de la Agencia Española de Protección de Datos, mientras en el 2007 solo dos personas solicitaron que los motores de búsqueda fueran indiferentes a páginas indeseadas con su nombre, hoy los casos ascienden a más de 150. Los españoles se lo están tomando muy en serio, y así como el año pasado lo hicieron los indignados, ahora un ejército de abogados se ha propuesto internacionalizar la defensa de aquellos que quieren desaparecer de Internet y han llevado esta lucha a los estrados judiciales europeos. “El problema de Internet es que se publica una cosa y sigue allí. No desaparece nunca”, le dijo a un diario español Juan Miguel Cobacho cuando recién arrancó con su negocio Salir de Internet. Entonces, este abogado español acababa de lograr que Google —un gigante corporativo que hoy domina 80% de las búsquedas mundiales en la red— aceptara eliminar de su motor de búsqueda una página que injustamente acababa con la reputación de uno de sus clientes. La victoria de Cobacho, sin embargo, es más una excepción que una regla. En los últimos años, Google ha logrado resistir a los esfuerzos de abogados como él y hasta incluso del mismo Estado español. E innumerables veces se ha resistido a este tipo de acciones porque simplemente va en contra del leitmotiv de su negocio, que es indexar toda la información que esté disponible en la red y hacerlo de la mejor manera posible. Pero sin duda hay gente que, con razón o no, se está viendo afectada por este curioso estado de cosas.

Vamos con una historia:

El 11 de julio de 1978, un carro tanque salió de la ciudad española de Tarragona con 25 toneladas de combustible en su interior, considerablemente sobrecargado, en medio de un clima veraniego y bajo un cielo despejado, lo que poco a poco fue calentando el hidrocarburo en su interior. A las 2:45 p.m., cuando llevaba recorridos 102 kilómetros de ruta hacia la ciudad de Alicante, el camión cisterna se aproximó al camping Los Alfaques, sobre la carretera N-340. Unas 800 personas acampaban ese día en familia; muchas, con seguridad, preparaban en ese momento los bocadillos del almuerzo cuando el calor y la sobrecarga convirtieron al carro tanque en una bola de fuego cuya onda explosiva acabó con todo lo que estaba a 500 metros a la redonda, incluyendo a 158 personas que fallecieron en el acto, 85 más que murieron posteriormente y 300 campistas que quedaron malheridos.

En un reportaje que apareció 18 años después en el diario El Mundo, Carmen Masiá, heredera y dueña del negocio, le reconoció todavía compungida a un periodista: “El camping es mi vida. Fue mi infancia y mi juventud, la tierra de mis padres que lograron ponerlo en pie hace cuarenta años a base de esfuerzo personal. Tardamos seis meses [reconstruyendo todo]. Fue una auténtica terapia personal. Tenía la necesidad vital de recuperar el paisaje anterior, de volver a ver las cosas tal y como estaban antes”. Pero las cosas nunca volvieron a ser como antes. Especialmente en tiempos de Internet. Supongamos que el próximo verano nos vamos de camping a Tarragona, España. Nos han hablado de Los Alfaques y nos metemos a Google a averiguar su dirección y teléfono. Una vez ingresados los términos de búsqueda, aparece la lista de resultados: Primero, una página Wikipedia con el título: “Accidente del camping de Los Alfaques”. Segundo, la página oficial del negocio: “Los Alfaques-Apartamento-Camping”. Tercero, y como si lo de Wikipedia ya no fuera suficiente mala prensa, un link de la página Mundo Parasicológico, con un título que aterraría hasta al más vagabundo de los publicistas: “Los Alfaques: 28 años de apariciones fantasmales tras la muerte de 216 personas”. Pero eso no es todo. Supongamos que, movidos por la curiosidad de saber cómo son las instalaciones del lugar, hacemos clic en la pestaña de imágenes de Google, y escribimos de nuevo “camping Los Alfaques”. El buscador revela, entonces, una colección de crudas fotografías: los cuerpos de unas diez víctimas de la tragedia, apiladas una al lado de la otra; una mano calcinada que emerge de una laguna de combustible, y otras imágenes aterradoras de aquel día. A mediados de 2011, Mario Gianni, hoy propietario de Los Alfaques, demandó a la filial española de Google y le exigió que dejara de hacerle daño a su negocio y bloqueara los resultados de búsqueda que hacían alusión a una tragedia ocurrida hace treinta y cuatro años que, según él, le estaban reduciendo seriamente su clientela, en especial las fotos. Pero hace dos meses, un juez de la localidad de Amposta, en Tarragona, falló en contra de Gianni, y le hizo saber que si quería pelear por el asunto, debía ir hasta California. Que la pelea legal con Google debía ser librada allá, en Sillicon Valley, lugar desde el cual el buscador ordena la información del mundo.

¿Salir de la red?

El caso de Los Alfaques —si es que algún día llega a los juzgados de California— pondrá sobre la mesa una discusión un tanto complicada: ¿podemos o no podemos cambiar la historia, obviarla, eliminarla, si esta amenaza los derechos de un individuo? Es una pregunta demasiado grande, demasiado complicada para este humilde artículo. Sin embargo, lo que está ocurriendo en España por estos meses no solo se trata de cuestiones tan trascendentales. También incumbe preguntas más personales: ¿controlo la información que sobre mí se publica en la red? ¿Controlo incluso la información que yo mismo he facilitado en las redes sociales o en portales de compras online? ¿Tengo derecho a una vida exclusivamente off line? ¿Puedo hacerlo? Según le ha explicado Cobacho a la prensa, en la actualidad su peculiar firma de abogados lleva más de cuatrocientos casos de personas que quieren que determinada información desaparezca de la red.

En total, Salir de Internet espera que unos 2.500 enlaces sean eliminados o, por lo menos, dejen de ser indexados por Google, Bing, Yahoo y otros buscadores menores. Los casos son variados. A un reconocido pintor español, Google le recordaba su pasado como colaborador del régimen nazi. A otra mujer, el buscador le mostraba como primer resultado un boletín oficial del Estado —que bien podría estar empolvándose entre miles de otros archivos estatales— en el que se registraba un indulto realizado quince años atrás. Un hombre, detenido y juzgado por el presunto asesinato de su mujer, fue luego declarado inocente; Google, sin embargo, solo registraba la noticia de su aprehensión. Finalmente, a un profesor de escuela, hace treinta años, su municipio lo multó por orinar en la calle. El caso pasó al olvido hasta que los registros del pueblo se digitalizaron. El asunto se volvió burla sistemática cuando algún alumno del profesor le dio por “googlear” su nombre. Desde entonces, la pequeña infracción regresó del pasado para perseguir sin cesar al maestro.

La Agencia Española de Protección de Datos decidió liderar la lucha global contra Google y el resto de buscadores, y llevó hace poco más de un mes 130 de estos casos hasta el Tribunal Europeo. España ahora busca que toda la Unión Europea reconozca el “derecho al olvido” y que, cuando así lo quiera, una persona tenga derecho a desaparecer del buscador. Muchos han reaccionado con malestar ante estas peticiones, en especial Google, que considera que la medida es una violación a la libertad de expresión y su misión en este mundo. Quienes lo defienden, argumentan que la empresa de Larry Page y Sergei Brin ha construido su reputación gracias a que utiliza algoritmos “libres de manipulación humana”, capaces de identificar la mejor y más útil información en una red infinita, que hoy cuenta con más de 550 millones de páginas web. Ahora que la pelea comienza a hacerse global, Vincent Cerf, considerado uno de los padres de Internet por la creación del protocolo TCP/IP y hoy director de evangelización de Google ha salió a tildar la idea de “aterradora”. En una reciente entrevista publicada en Gran Bretaña, Cerf se preguntó qué pasaría si la misma medida se quisiera tomar en el mundo análogo: “Si alguien dijera ‘quiero que todos se olviden del libro que publiqué porque me parece vergonzoso’, ¿cómo lo lograrías? Tendrías que entrar a la casa de la gente y robarles el libro de su biblioteca. Hay serios problemas legales con eso y para mí no debería ser muy distinto en el mundo online”.

Cobacho y quienes defienden el “derecho al olvido” aseguran que Google no puede esconderse detrás de sus algoritmos. Citan, por lo general, el hecho que en Estados Unidos, tras la aprobación del Child Protection Act que prohibió la pornografía infantil en línea, Google y otros buscadores aceptaron excluir de su motor de búsqueda las páginas web que fueran denunciadas por publicar este tipo de contenido. Esto ha conducido a activistas del olvido como Cobacho a reprocharle a Google su negativa: “Es evidente que tiene capacidad de control sobre el mismo; puede vetarlo o tolerarlo”, ha dicho el abogado en medios.

El peso de un tatuaje

El derecho al olvido, el derecho a borrar nuestro rastro de la red, comenzó con un asunto de unos pocos españoles y hoy está a punto de convertirse en norma europea. En América Latina la polémica aún no llega, quizás por la misma razón por la que también llegan tarde los estrenos de películas o las giras musicales. Sin embargo, lo que está pasando en Europa podría afectarnos más rápido de lo que creemos, porque mientras el Tribunal Europeo analiza los 130 casos sobre Google, la Comisión Europea está a punto de obligar a Facebook y demás rede sociales a darnos más poder sobre los datos que nosotros mismos les proporcionamos. Curiosamente, fue Facebook el que abrió la puerta para que sus usuarios se dieran cuenta de que la red social se estaba extralimitando en sus funciones. Hace poco más de un año, la empresa de Mark Zuckerberg le permitió a sus 845 millones de usuarios (la cifra es de diciembre de 2011) solicitarle a la red social un archivo comprimido con el total de las fotos, posts y conversaciones subidas en la red desde que el usuario ingresó a ella.  Entonces, muchos se dieron cuenta de que en el archivo que Facebook enviaba a sus usuarios, aparecían fotos que hacía meses habían sido borradas o conversaciones que se creían olvidadas. Zuckerberg lo tenía todo grabado en sus servidores. ¿Lo sabían sus usuarios? ¿Qué quiere hacer Facebook con toda esta información grabada en sus 30.000 servidores? A raíz de estas y otras preocupaciones, la Comisión Europea presentó en febrero una propuesta a sus veintisiete países miembros para que realicen el debate europeo ha puesto bajo la lupa el gran poder que tienen las redes y los buscadores sobre la privacidad de los individuos, incluso cuando estos mismos se los otorgan sin saberlo.

Las reformas legales que pongan en cintura a las redes sociales y les exijan que, palabras más palabras menos, borren lo que los usuarios en efecto quieren borrar. Es decir, que respeten el “derecho al olvido” de los millones de personas que están hoy en su red. El proyecto de reforma apenas comienza su curso, y aún es incierto cuál será su destino. No obstante, el debate europeo ha puesto bajo la lupa el gran poder que tienen las redes y los buscadores sobre la privacidad de los individuos, incluso cuando estos mismos se los otorgan sin saberlo. Porque al final, como asegura Ofelia Tejerina, representante de la Asociación Española de Internautas, “Internet es un tatuaje”. “El derecho a arrepentirnos es lícito, pero tenemos que saber que muchas veces, sin importar los esfuerzos, lo más posible es que nunca logremos borrarlo”.  

 

Temas relacionados: 
Publicidad