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Todo lo que quiso saber sobre cambios de sexo (y nunca se atrevió a preguntar)

Por
Fabián Páez López

Ya va siendo tiempo de que nos dejemos de escandalizar con los asuntos de género, de quitarle preguntas inservibles a los formularios y de bajar los letreros de los baños. Hablamos de cómo se hacen las cirugias de cambio de sexo con un médico experto. 

Por: Fabián Páez López @Davidchaka // Fotos: Daniel Álvarez

No hace mucho, la Corte Constitucional aprobó la adopción por parte de parejas del mismo sexo. Una semana después, dos hombres buscaban que la Corte los reconociera como los padres biológicos de sus hijos gemelos. Y la lograron. ¿Cómo lo hicieron? Ambos aportaron su esperma a una mujer donante. Punto para la ciencia que va por delante de la moral.

Estos casos empiezan a comprobarnos en la práctica que las barreras que separan el género con letricas se pueden cruzar cada vez con más tranquilidad. Ya va siendo hora de que nos acostumbremos a vivir en un mundo en el que primero solo nos reconozcamos por ser un cúmulo de órganos; de ahí para adelante, todo es una elección.  A la larga la Señorita Antioquia no estaba tan desviada con su famosa respuesta en el reinado de Miss Colombia 2010: “El hombre se complementa al hombre. Mujer con mujer, hombre con hombre. Y también mujer a hombre del mismo modo en el sentido contrario”.

Lo que nos queda es empezar a saber más de las posibilidades médicas, empezar a asimilarlo, así María Fernanda Cabal salga a gritar que hay que pensar en los niños, o así Viviane Morales traiga detrás a una tropa religiosa buscando firmas para revertir las decisiones de la corte.

Hay que cambiar los formularios para que los niños ya no tengan que poner el nombre de “padre y madre” sino el de “padres o madres”. De paso hay que dejar la histeria de sumarle letras a las siglas LGBT… y quedar en que todos somos humanos (¿o humanos y humanas?...No) o ciudadanos, o algo, lo que sea tengamos en común.  

Por ahora, hablamos con el doctor José Miguel Silva, de la clínica San Ignacio, quien ha participado en varias cirugías de reasignación de sexo y nos explicó cómo funciona el procedimiento y algunos asuntos legales.

De todos modos, aún nos quedaron preguntas ¿si alguien cambia de identidad sexual cambia la época de pensión? O ¿Qué van a hacer en el futuro los que se dedican a poner letreros de entrada de los baños?

¿Cómo funciona el procedimiento de cambio de sexo?

Bueno, lo primero es diagnosticarlo. Porque aunque eso no se puede entender como una enfermedad, sino como una condición,-...que no es corriente-, lo primero es determinar que si se trata de un trastorno de identidad de género, porque es que en el problema del transexualismo, como se le conoce, o disforia de género, lo que la persona siente es un rechazo o una incomodidad permanente con el sexo biológico, y con el papel de género que está desempeñando en la sociedad.

Además tiene una atracción por vivir como el sexo opuesto, no es por el sexo opuesto, porque eso sería orientación sexual. No es un problema de orientación, es un problema de identidad. Lo primero que hay que demostrar es eso: que la persona se siente como un ser del sexo opuesto al biológico. Para eso se necesita el concurso, sobre todo, de psicología y psiquiatría.

Una persona con una disforia de género puede tener alteraciones psiquiátricas y psicológicas como cualquier otra persona; ansiedad o cosas por el estilo. Pero lo que nos interesa, para que cumplan con el protocolo, es que no tengan enfermedades mentales importantes, y que efectivamente sí se identifiquen como alguien de sexo opuesto. Lo que más nos interesa no es tanto descartar enfermedades psiquiátricas, sino tener una evaluación precisa que nos diga que son realmente parte del sexo opuesto. Que realmente se piensan y sienten como tal. 

Eso es lo primero, no se trata de un cuadro de homosexualismo, ni de travestismo. Es una condición permanente de rechazo al sexo biológico, y el deseo a pertenecer al sexo opuesto. La persona lo que quiere es que la vean permanentemente como parte de ese otro sexo que no es el que le correspondió biológicamente. Y después de que eso se da, obviamente, tiene que valorarlo cirugía plástica y urología, porque ahí se va a centrar la reasignación genital. Pero también lo tiene que ver endocrinología, porque las personas deben utilizar una suplencia hormonal durante un tiempo, antes de pensar en la reasignación genital. Lo primero es tener una suplencia hormonal correspondiente al sexo deseado. 

¿O sea que tienen que hacer un estudio previo de las hormonas que tiene el paciente? 

No, la persona que tiene esta condición no tiene alteración genética u hormonal. Desde el punto de vista genético corresponde al sexo biológico completamente normal, entonces no hay que buscar alteraciones hormonales. Lo que se necesita es un ajuste de las hormonas hacia el sexo opuesto. Eso es lo que hace el endocrinólogo.

¿Hay razones médicas que puedan hacer que alguien no pueda tener reasignación de sexo?

Obviamente hay razones, eso depende de la valoración que uno haga, pero cada persona tiene sus propias condiciones. 

La única condición primordial es que haya una disforia de género. Acá no estamos hablando de los trastornos de diferenciación genital. Lo que se conocía en otros tiempos como hermafrodita, eso es otro tema diferente, en el que muchos necesitan reasignación genital porque lo que hay es unos genitales indiferenciados. Ese tema, por ejemplo, necesita una evaluación diferente. 

De todos modos, tampoco es una cirugía que se haga como un menú, hay que cumplir con todas las condiciones de disforia; lo que se ha llamado como la disforia de género, o los trastornos de la identidad de género. 

Y los genitales construidos ¿son funcionales? 

Se intenta que sean lo más funcionales posibles. Si lo que se está haciendo es una vagina pues obviamente no tienen útero, ni ovarios, pues obviamente embarazos no van a tener. Pero pueden tener actividad sexual, con cierto grado de diferencia en la intensidad de la lubricación y cosas por el estilo, eso lo dan las diferentes técnicas y la evolución en cada caso. Pero se busca que sea funcional. En el hombre por ejemplo, se construye una uretra que les permite orinar de pie, y además, para tener erecciones, pues se necesitaría el uso de una protesis, que es el tratamiento general que se utiliza en los casos de impotencia. Entonces se intenta reconstruir lo más parecido para tener cierto grado de funcionalidad. De todas maneras un órgano que ni siquiera es transplantado, es simplemente reconstruido, construido, creado. Por esa razón no alcanza a tener toda la funcionalidad deseada. 

¿Y el placer sexual cómo funciona, en qué varía?

Puede que no sea perfecto. Muchos no tienen la morfología deseada pero hay tratamientos de todas las gamas que permiten tener una actividad sexual desde lo aceptablemente normal hasta quienes se sienten deficientes. Eso no es perfecto. 

Igual el cambio de sexo no se puede centrar en la actividad sexual, el problema no es de actividad sexual ni de orientación, el problema es de identidad. Una identidad que no tiene nada que ver con la actividad sexual ni con el placer sexual. Cuando la gente busca esta reasignación no busca placer sexual sino identidad, que lo vean como mujer u hombre, como el sexo deseado durante todo el día.

Es más, muchos pacientes de estos tienen un sexo deseado y una orientación homosexual, como cualquier otra persona. Eso no se puede centrar en los genitales, en muchos casos no se reasigna, sino que se reasigna parcialmente: algunos se hacen la mastectomía (o sea, se quitan los senos), se quitan el útero (para no tener menstruaciones) o cosas por el estilo, pero no necesariamente terminan en la creación de un pene o un escroto. El problema no es de orientación, ahí es donde se equivoca la sociedad. 

Muchas personas, antes de llegar a la reasignación genital necesitan dos años de suplencia hormonal. También, mínimo, dos años de vivir con la identidad del sexo deseado. O sea, se visten como mujer o como hombre, ya se han cambiado el nombre seguramente, y adquieren una actividad que la sociedad puede entender como de uno u otro sexo. Ese cambio ya se tiene que haber dado antes para que se pueda dar la asignación genital.

Ahí el psiquiatra, o el psicólogo, o un trabajador social hacen ese diagnóstico previo, que es social. 

¿Qué sabe del cambio del status legal de las personas a las que se les reasigna el sexo, por ejemplo en la cedula?

Lo que yo tengo entendido, porque nos importa, es que hubo una decisión que cambió. Antes, para poder lograr el cambio de sexo en la cédula tocaba tener primero una resignación genital. El cambio de nombre si es muy fácil en cualquier notaria, pero el cambio de sexo antes no se podía. Hoy en día ya no interesa, ya no se necesita una cirugía para que puedan hacer el cambio en la cédula. Eso es muy importante. 

¿Qué tanto de estas operaciones puede cubrir nuestros planes de salud? ¿Las cubre?

Claro, eso tiene un proceso. El proceso completo como tal no está incluido en el POS, pero terminan autorizándolo de alguna forma. Existen los mecanismos para hacérselo a través de los servicios del sistema de salud. Eso también depende mucho del tipo de seguro que se tenga, pero es posible. 

¿Han aumentado las personas que van a hacerse estos procedimientos?

Han aumentado. En la medida en que se habla del tema se le disminuye el tabú, se entiende como algo que es parte de la variedad de la identidad sexual de la gente. Entonces pues están más informados, en la medida en que la gente está más informada pues busca más. No quiere decir que todos se traten, pero por lo menos buscan orientación. 

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