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Una charla con Toy Selectah, un viejo zorro del sonido latinoamericano

El beat latinoamericano según uno de sus grandes padrinos y exploradores
Por
Redacción Shock

Mientras presenta el disco del proyecto Compass junto a Camilo Lara, aprovechamos el reciente paso de Toy Selectah por Medellín y Bogotá para hablar de música.

Por: José “Pepe” Plata // @owai 

¿Trotamundos sonoro? ¿Pescador de tendencias? ¿El que comparte la música que se expandirá en dos años en el mundo? ¿El que cantaba en Control Machete y ahora es cumbiero? ¿Antonio, el regiomontano? ¿El dj que puede pasar de la cumbia al trap y luego mezclar salsa choque?

Las preguntas quedan cortas cuando se está ante Antonio Hernández. En los noventa tenía el pelo largo y lo vimos formar parte de aquella artillería pesada llamada Control Machete. Luego nos enteramos que ayudó a la producción de Siempre es hoy del fallecido Gustavo Cerati. Años más tarde nos damos cuenta que ha sido una antena y un radar alrededor de la música hecha en América Latina. Pasa también por producir sus propios temas y luego hacer mezclas para Vampire Weekend, Lil, Wayne, Air o Molotov.

Un día está en el DF; luego va a grabar con Camilo Lara en Kingston. De regreso pasa por Lima y habla con Dengue Dengue Dengue. Sale de allí y se interna a buscar sonidos o a producir gente. Y no se queda quieto.

Justo cuando Toy habla y cuenta sus historias, nos damos cuenta que sus ojos y oídos tienen tanta historia como futuro. Sobreviviente de modas o generador de tendencias, este mexicano también le debe mucho a Colombia. No en vano tiene amigos como la gente del Freaky o a los Crew Peligrosos. Y otros más han de venir.

Mientras presenta el disco del proyecto Compass junto a Camilo Lara, aprovechamos el reciente paso de Toy Selectah por Medellín y Bogotá para hablar de algo que le gusta y de algo con lo que trabaja: la música.

Tu trayectoria en la música tiene más de 20 años. Y gran parte está ligada a un trabajo con el continente. ¿Cómo describes lo que pasa con la música electrónica en la región actualmente?

Amplia, activa...en el mejor momento. Estamos viendo los frutos de los primeros experimentadores. Hoy por hoy, la base de la música que hacemos, está metida en el pop mundial. Si oyes Drake, Major Lazer o Rihanna está lo que hemos venido haciendo hace diez o veinte años. Mucho de lo que hemos hecho, tiene que ver con música urbana. Siempre va de la mano y paralelamente a la música electrónica. Vemos que el continente tiene expresiones que demuestran que este ha sido ya un camino largo.

Inquieta ver cómo la electrónica ha sido en principio ligada a la clase alta, pero hay expresiones como la champeta, la cumbia villera, los sonideros y más, que escapan de esto y van con otros grupos humanos. ¿Estos sonidos pueden llegar al mainstream?

Ya están ahí. El lado esnobista o consumista quedó muy atrás, como testigo de cómo llegaban a introducirse ciertas tendencias que luego el “barrio” adaptó y transformó. Lo puedes llamar beats o dance o como quieras, pero luego absorben el sabor latinoamericano.

¿Qué pasa con trabajos colectivos como Nortec en México, ZZK en Argentina o tus trabajos con Sones del Mexside?

Son el reflejo del trabajo en “crews” y es un asunto tribal. Es parte fundamental en cada país o lugar. Está la base de la experimentación que luego puede llevar a otros momentos. O puede llevarnos a que se introduzcan a dinámicas de música urbana o pop.

¿Cuál es tu visión de la producción musical actual ante el poder y la rapidez de internet?

En cierto modo no seríamos nada sin MySpace. Esto fue fundamental. Vivimos en una época en la que es necesario usar estos canales en los que al principio los colegas o dj consumen, pero que luego se conocen en estaciones de radio o que escuchan personas normales.

¿Qué pasa con la música electrónica en México?

Muchas cosas. Se baja al barrio, se sube a lo esnob, se baja de nuevo al barrio, se sube... Todo se mezcla con todo. O se mezclan con tendencias antropológicas; puedes escuchar una “multisexualidad” en la textura de la música. Los chamaquitos que a los 16 o 17 hacían tribal o reguetón, ahora tienen 24 o 25 años y están haciendo cosas fabulosas. Tenemos a Noisekid o a Erick Rincón, que hacen esto que puede ser un nuevo “bass”, que es post-reguetón-tribal y dubstep.

¿Qué crees que pasa con las remezclas? ¿Llamas a los artistas para remezclarlos o ellos te llaman a ti?

Llaman, yo llamo. Pasa de todo. Hay muchos frentes de dónde atacar. Me gusta hacer remezclas en las que no produzco nada, sino que hago que pasen diferentes cosas. Me toca estar en los “fundamentalismos musicales” donde hay que hacer remezclas, prensar en vinilo, buscar repertorios, unir gente que hace buenos beats con gente que hace buenas letras. Es un poco como ortodoxia propositiva futurista.

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