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Yo chanchullo, tu chanchullas, nosotros chanchullamos

¿Qué puede significar que ‘la ley’ no respete la ley que juró defender?
Por
Redacción Shock

Era un secreto a voces, los policías de tránsito (no todos, tal vez) montaron un sistema de recolección de ‘propinas’. ¿Qué puede significar que ‘la ley’ no respete la ley que juró defender?

Por: @superhyperacido

Que levante la mano el primero que, de haberse visto en problemas con la ley, no haya intentado o logrado encontrar más de 50 mil maneras de resolver el inconveniente. Y si alguien levanta la mano, es porque: o no ha tenido problemas con la ley, no tenía siquiera 20 mil maneras de resolverlos, o sencillamente es ese ciudadano que estamos buscando todos, olvidando lo llevamos dentro de nosotros, un ciudadano honesto. Y de ser así, si usted amigo lector levantó la mano a pesar de haber tenido problemas con ‘la ley’ y más de 50 mil maneras de solucionarlos, déjeme decirle que debe darse una palmadita en la espalda y levantar la frente cuando salga a la calle, porque usted es de los pocos que no ha evitado una sanción mayor, ‘arreglando’ con la policía, de los pocos que se ha aguantado la tentación, literalmente. Pero eso sí, no sea después uno de los que le pasa plata al juez para que a su hijo no lo encuentren culpable de asesinar al nuevo novio de su ex novia en un parque, o de acabar con la vida de una familia por ir volado en el carro por la autopista, eso es igual o peor.

Uno diría: ¡Ave María! Ahí están pintados esos cerdos policías. Disque para cumplir la ley, ¡ay no! ¡Que cosa tan terrible!”. Pero en realidad, ¿no será que esa es la única clase de policía que se podría esperar de una sociedad como la nuestra? No será acaso que, así como decimos que gracias a James & Co., esta es tierra de futbolistas? O que, basándonos en Shaki y Juanesteban, ¿esta es tierra de músicos? Pues bien, fijándonos en la policía nacional (toda, absolutamente toda, no. Pero si la mayoría), tenemos que decirlo con el mismo orgullo: Colombia es tierra de chanchulleros. Acá hasta los policías son unos pícaros. 

Y mientras sigamos llevando esa doble moral, reconociendo el malestar social tan verraco que aqueja a este país, pero siendo parte del mismo circo de mentirosos, no vamos a dejar de oír tantas historias de impunidad e irrespeto por la ley, hasta por parte de presidentes de la república. ¿O es que creen ustedes que las personas que ‘manejan’ el país realmente entienden que nos deben representar? ¿Será acaso que conocen la importancia de que nuestras empresas eléctricas, o de telefonía sigan siendo de todos? Es decir, públicas. ¿Será que en algún momento se ponen a pensar en el perjuicio a largo plazo que genera entregar nuestros recursos naturales y nuestra infraestructura a inversionistas privados internacionales? ¿Acaso están absolutamente convencidos de que solamente si es privada o ‘mixta’ (con capital público y privado), funciona una empresa?

Pues ¡por supuesto! ¿Qué más podemos esperar de esta sociedad de doble moral? Pues dirigentes políticos y administrativos que se relamen con la cantidad de plata que va a entrar por una transacción de este tipo y el popular ‘CVY’ o ‘Cómo Voy Yo’, osea lo que va a entrar a sus bolsillos por estar en el lugar adecuado en el momento adecuado: administrando un gran negocio dentro de una sociedad corrupta. 

¡Ojo! No es un tema de educación, como suelen decir los que invocan lugares comunes. Cabe recordar que los policías que cayeron públicamente esta semana fueron los de tránsito, lo que nos dice un poco de cuál era su ‘mercado natural’. Aja, lo adivinaron: la clase media y alta del país. Los que tienen pal carrito. Los policías de tránsito no se subían a pedirle papeles, extintores, ni cinturones de seguridad a los pasajeros de los buses, a los ‘de a pie’. No señor. E negocio es con los del carro, con los que llevan hasta 100 mil o más formas de solucionar, con los que supuestamente han tenido educación. Así que podemos ir recogiendo ese cuentico de la educación que, si bien es la base de toda sociedad, no se puede lanzar de buenas a primeras. Que porque hayan estudiado en la universidad o hayan estado en un colegio privado no vengan a creer que son educados, la educación es mucho más que eso, la educación es integral y en este país, tristemente ha estado desintegrada. 

Y hablando de lugares comunes ¿no es acaso el congreso de la república, según varias encuestas, la institución publica en la que menos confían los colombianos? Es decir, en Colombia somos conscientes de que las personas que se dedican a debatir y redactar las leyes que nos rigen como nación, que nos permiten o impiden realizar determinadas cosas, son los peores políticos y los más corruptos. Somos CONSCIENTES de ello, lo damos por sentado, nadie se extraña que así sea. ¿Qué nos pasa? 

Parece como si nos hubiéramos resignado. ¿Cómo podemos vivir en un país así? Si todos lo saben, ¿por qué nadie ha hecho nada al respecto? ¿Acaso Islandia no le dio una lección al mundo entero? ¿Por qué no estamos todos con antorchas reunidos en la plaza de Bolívar exigiendo que renuncien esas ratas? ¿Por qué la policía no los ha arrestado? La respuesta es más triste de lo que suena al principio: porque todos estamos untados. Porque todos creemos que, si fuéramos nosotros los políticos, seriamos las mismas ratas.

Pausa para reflexión.

Es hora de vernos al espejo y tomar una decisión: ¿somos todos chanchulleros? ¿Es una realidad nacional que hay que aceptar y re pensar nuestra nación bajo ese paradigma? O somos gente honesta, respetamos la ley y no tenemos que comprar policías o jueces porque en un principio no nos vemos en problemas con la ley? La elección es personal, pero como todo lo personal, se replica en masa cuando todos la asumimos. 

Se me ocurre algo que podemos hacer desde la comodidad de nuestros laptops: instruyámonos. Conozcamos la ley, debemos saber qué podemos y qué no podemos hacer y sus respectivas consecuencias- Ese es el primer paso para hacerle frente a los policías corruptos, porque nos permite entender la gravedad de nuestra infracción, si es que la hubo, y así dejar de temer la amenaza de prisión o el popular ‘upejotazo’. ¡Pruebas! Es fundamental tener pruebas para defenderse de falsas acusaciones (una de las modalidades favoritas del policía corrupto), saque su celular y sin miedo empiece a grabar. Es más, si tiene plan de datos, aplicaciones como Ustream o Periscope le permiten ir grabando en la red todo lo que graba en su celular, cosa que si le decomisan el teléfono o se lo arrojan al suelo, como pasa tanto, queda en la red una prueba de lo que estaba sucediendo. 

Sepa que no está solo, pero sepa también que nada de lo anterior sirve si no hace algo primero: ser honesto. Así de simple, no hay que explicarlo mucho, sea honesto. Su ki, sus chacras, su conciencia, su alma o su capacidad de reencarnación se lo van a agradecer, sin mencionar lo que le agradecerán los ciudadanos a los que juró defender y servir, así como las futuras generaciones de una Colombia más honesta, menos chanchullera. 

P.D.: Ser honesto no da plata pero si da paz, algo que vale muchísimo más. 

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