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'Depredador' y la obsesión de Hollywood por los 80

Estúpida y sensual nostalgia.
'Depredador'
'Depredador'
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Hollywood anda muy nostálgico con los ochenta (con los noventa asomándose par pasitos atrás). Es entendible, es la década en que la gente experimentó por primera vez videos musicales como una forma nueva de arte, películas en VHS y los éxitos de taquilla se convirtieron en parte de la rutina. A propósito de Stranger Things, reboots como Cazafantasmas o Thundercats y el próximo estreno de Depredador versión 2018 nos preguntamos,  ¿Qué está impulsando esta obsesión?

Por Edgar Medrano. 

Primero, no hay que dejar de lado el tema comercial del asunto. Sobre todo porque conservamos una conexión emocional con estas películas desde nuestra infancia, hay un cariño que resuena en nosotros a medida que vamos creciendo. Hollywood capitaliza la afición del público adulto por algo que fue popular durante su juventud, ya sea un cómic de superhéroes, una película, y puede dirigirse convenientemente a un grupo de personas que, después de 30 años, tiene la solvencia financiera para permitirse consumir películas, televisión, música y juguetes que activan sus recuerdos de infancia.

Al final del día es nostalgia, pura y dura. Tenemos la sensación de que los 80 fueron una década más sencilla: sin tantos líos y conflictos. Como si los choques no existieran en aquel entonces. Parece que queremos escapar allá y dejar tirado el ahora. En consecuencia, el cine y la TV son el vehículo preciso para ello, porque nos hacen vivir esos momentos, así sea por un rato.

El cine y la TV ochenteros lo tienen todo: Peleas con espadas, tortura, venganza, gigantes, monstruos, persecuciones, romances y milagros (muchas veces combinados en la misma película). El espíritu del cine ochentero eran la espectacularidad y el entretenimiento puros.

Depredador es el mejor ejemplo de ello. Es una película con muy poca historia o desarrollo de personajes. Claro que podríamos pasar una gran parte de la cinta aprendiendo sobre la historia de cada personaje, pero ¿por qué perder todo ese tiempo cuando todo se puede resumir con esta imagen?

¡Bíceps! Eso es lo que realmente importa.  Todo lo que necesitamos saber es que un par de tipos musculosos llevan camisetas dos tallas más pequeñas. Todo lo que necesitamos es un saludo ultra varonil.

Estos tipos son duros, juegan según sus propias reglas. No me refiero a las reglas sociales o militares, hablo de las reglas de la naturaleza. En un momento les disparan y alguno está sangrando. ¿Cómo responde él? ¿Con una solicitud para ir al hospital? ¿Estaba pidiendo un vendaje y un helicóptero para escoltarlo fuera de la jungla? No. Su respuesta es una frase épica.

Así transcurre toda la película, no aprendemos mucho sobre los personajes porque la premisa es simple: un monstruo espacial los quiere matar y ellos lo tienen que evitar hasta que llegue el helicóptero de extracción. Estamos angustiados con ellos, porque el Depredador es implacable, sádico e impredecible; y aunque el público sabe desde donde está acechando, nuestros soldados no. La visión del Depredador es simplemente icónica.

En medio de toda esta angustia y sangre siempre hay espacio para el humor. Estos tipos pueden estar en medio de un tiroteo en el que van asesinando gente, y aun así encuentran tiempo para hacer bromas sobre sus novias y afeitarse todo el tiempo sin ni siquiera tener barba.

Todo esto junto a la violencia sin medida fueron el molde del cine acción ochentero. Cine simple y directo con un único propósito: Entretenimiento al 100%  

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