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“De mar y río”: Canalón de Timbiquí nos devuelve la fe en ser colombianos

Tres generaciones de músicos timbiquireños, bajo el liderazgo de Nidia Góngora, se juntan en el nuevo disco de Canalón de Timbiquí.
Canalón de Timbiquí
Canalón de Timbiquí
Por
Jenny Cifuentes

De mar y río es un álbum para descubrir la riqueza del Pacífico colombiano, trasladarse con el sonido de la marimba a la selva chocoana y, gracias a la voz de las cantoras, conocer las costumbres timbiquireñas. Música tradicional que se desborda con elegante producción, que plasma la garra de esta región y la fuerza de su herencia. Un viaje en el que se navega seguro. Un discazo apto para iniciados y versados en los encantos de la música del Pacífico.

Por: Jenny Cifuentes // @Jenny_Cifu

“Canalón de Timbiquí lleva la selva que cuida la vida en su música. Canalón es Pacífico cantando a la voz de la marea. Sin la selva no existiría la juga, el currulao y el bunde. La chonta, el bambú, la jigua, el balso, el venado, la chira y el caucho son por el río y la marea, el ritmo que entregan los ancestros.  El territorio y las músicas de marimba son la armonía de los ríos y el mar hechos canciones, el ritmo del bosque, de la lluvia infinita”, se lee en el arte del nuevo disco de Canalón de Timbiquí. El grupo, antena de la herencia sonora del Pacífico colombiano, anclado a su cultura y con inspiración que emana de la tierra, liderado por la versátil cantadora Nidia Góngora, presenta por estos días su más reciente trabajo De mar y río.

Desde 2003 este combo poderoso viene brindando el poder balsámico de los sonidos de su población. Han tocado, entre muchos, en el Festival Petronio Álvarez (Cali); en el South by South West 2012en Austin, Texas (fue el primer grupo de música folclórica del Pacífico nacional presente en el evento); en el Womex ese mismo 2012 en Grecia; y en Glastonbury en Inglaterra (2017). Sus pasados álbumes Déjame subí (2004), Una sola raza (2011) y Arrullando (2016) han resonado canciones coreadas por el público como las jugas Río Timbiquí, La zorra y El perol, o los currulaos Zapato al pie, Adiós Margarita y Molino mi molinete.

Esta vez Canalón ofrece una placa que exalta las tradiciones de su pueblo, invitando a salvaguardar y transmitir la riqueza ancestral. Con maestros invitados como Olivia Bonilla, Modesta Torres, Emeterio Balanta y Ninfa Ocoró, la agrupación, que tiene diez integrantes de base, viene recargada. Reunió tres generaciones de músicos sumando nueva sangre formada en la Escuela Canalón de Timbiquí (con sede en Cali) a los ya nombrados veteranos. Juntos, a punta de marimba, cununos, bombos y guasá, plasmaron en 13 canciones a ritmo de alabao, juga, currulao, rumba o pasillo, enseñanzas de viejos sabedores, el orgullo y la alegría de haber nacido en su población, y la urgencia de cuidar sus recursos.

“En Timbiquí la música ocupa un lugar muy importante en la cotidianidad, en la comunidad. Cuando salí del pueblo a estudiar sentí la necesidad de reconectarme con esas raíces del territorio. Me daba como miedo perder mi identidad y concluí que siempre debía hacer algo para preservar esas costumbres con las que uno nace y crece.  Timbiquí es un pueblo al suroccidente del Pacífico colombiano que queda en medio de la selva. Un lugar bello ubicado en medio de mucha vegetación, con playas, reservas hídricas, quebradas y riachuelos.

  Sé que mucha gente no va a Timbiquí por miedo.  El Pacífico ha sido foco que ha sufrido el conflicto, pero en mi pueblo se puede caminar sin temor a que nos disparen. Los problemas de violencia que azotaron Timbiquí no estaban allí, sino que llegaron, fueron ocasionados por agentes externos.  Hubo un periodo en el que la situación se tranquilizó, desde que recibimos la noticia del acuerdo de Paz. Eso se debe reconocer y decir, pero ahora hay zozobra como en todo el país”, afirma Nidia.

El objetivo de este álbum es rescatar la tradición musical de la comunidad que se ha olvidado. Música que se hacía en los rituales, que la nueva generación no conoce, cantos que se han perdido con el tiempo.  Para la agrupación, poder crear y componer nuevas cosas es emocionante, pero la tradición es esencial. Se han extinguido los escenarios culturales, los referentes son los viejos, pero se han ido muriendo, y con ellos, la tradición. Los jóvenes no tienen referentes. Es importante dejarles grabado eso que se había perdido para que lo retomen y que no se extingan esas usanzas. En el disco se condensa el significado de la lucha de Canalón durante toda su carrera. En él, celebramos la vida con música y homenajeamos a nuestros guardianes de la tradición, y el legado que nos dejaron nuestros ancestros. La música en nuestro territorio es una herramienta valiosa que usamos para sensibilizar sobre temas diferentes, dándole valor a nuestros recursos, cantando sobre ellos. Invitamos por ejemplo a preservar las aguas. Por eso De mar y río, porque el mar y el río hacen parte de nosotros”.

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De mar y río es la primera producción que Canalón realiza bajo un sello, Llorona Records (sus discos anteriores fueron lanzados de manera independiente), y contó con el apoyo del Fondo de Acción (organización sin ánimo de lucro comprometida con el medio ambiente y la niñez). Fue un proyecto que requirió mucho trabajo porque la grabación (también a diferencia de sus otros discos registrados en Cali) se hizo en Bogotá, y trasladar un combo de alrededor de 15 músicos es complicado. La producción estuvo a cargo de Diego Gómez junto a Wilson Viveros, Julián Gallo y Estefano Pizzaia; ellos supieron capturar en el estudio la magia del Pacífico, sin filtro, y con sonido de cuidadosa factura.   

“En esta ocasión, lo que aprendimos como grupo en el estudio fue a crear el ambiente musical a la forma natural del canto de esa música campesina que cuenta vivencias, que narra historias de territorio. En los álbumes pasados hicimos sesiones. Para este, grabamos en bloque. Todos reunidos, así no se pierde el contacto visual que es muy importante en nuestra interpretación porque nuestra música se hace desde la cercanía. Hay diálogos que emergen desde la interpretación de los movimientos del cuerpo. Estar juntos es una necesidad para que fluya natural. Se entra como en trance colectivo”.  

De mar y río, ya en plataformas, y publicado además en edición especial en vinilo  de dos discos hechos  en Inglaterra, tuvo un lanzamiento en Bogotá y habrá próximas presentaciones en Cali, Buenaventura, Medellín, el Eje Cafetero, y una gira por todo el Pacífico en la que estarán entregando discos a los pobladores. Según afirman, “para estar conectados con el territorio”. En octubre también arrancan un tour por diferentes países.

Dele play a De mar y río

 

La historia de seis canciones de De mar y río contadas por Nidia Góngora 

 

DE MAR Y RÍO (SOY DE ESTA TIERRA)

“El corte se llama originalmente Soy de esta tierra. Es un aguabajo instrumental, homenaje al agua que nos rodea, con la que crecimos, porque nuestro pueblo está bañado por río y por mar. La canción dice ‘soy de esta tierra, yo soy del río, yo soy del mar, donde el agua viene y va’. Es un tema para tocar la conciencia de la gente e incitarla a preservar esos recursos ya que desde hace tiempo existen agentes externos que desatan problemas que los deterioran como la minería a cielo abierto, nociva para el medio ambiente, y cuyo mayor afectado es el río. A la zona de los manglares llegan residuos de mercurio. Las retroexcavadoras arriban a Timbiquí, hacen huecos y como es una zona en la que llueve mucho, el agua se empoza, atrae muchos insectos, lo que causa enfermedades y epidemias. Anteriormente la gente practicaba la minería de forma artesanal, podría decirse que era un poco más consciente.”

SUBIENDO BUBUEY ARRIBA

“Nosotros tenemos cerca tres ríos: Bubuey, Sija y Timbiquí. El Bubuey es muy caudaloso, y en sus cercanías la comunidad es de cazadores y madereros. Es un río estratégico de navegación porque conecta los pueblos. Esta canción, una juga, habla de cómo comunica las poblaciones.  Como no hay carreteras, sino que se transita por el río, la gente usa mucha lancha sin techo, y por ser una zona muy lluviosa a veces las personas tardan en llegar a su destino. El río hace parte de la cotidianidad, del día a día.  Navegar y saludar a quienes viven en la ribera es costumbre. Por eso, alentando al que se va a trasladar, se canta ‘Váyase no más que no va a llover’.”

LA POSADA

“Es un bunde muy bonito que se cantaba en momentos dentro de los rituales de navidad. En el pueblo se hace la novena colectiva, y la distribución se realiza por barrios. La canción alude a cuando María y José pedían posada y se la negaban. En las novenas se hace un recorrido barrio por barrio cantando arrullos, y en novenas pasadas, en el momento de la historia en que María y José llegan a pedir posada, se interpretaba este tema. Infortunadamente, ese canto ya no se hace. Por eso lo grabamos, para que la gente lo retome.”  

LA CASA DE LA COMPAÑÍA

El corte, envolvente y cadencioso en el que resuena la marimba, es un homenaje a las comunidades del Pacífico sur colombiano y el empuje que han tenido para proteger sus territorios y tradiciones. Es una canción compuesta en 1955 que no se había grabado. Cuentan que la comunidad estaba reunida en la casa más grande del pueblo, “La casa de la compañía”, construida por una compañía francesa que llegó a Timbiquí a explotar oro. Luego de días de fiesta, el dueño de la única lámpara que iluminaba el evento se fue y dejó la celebración a oscuras. Motivado por eso, Nicomedes Balanta de dinastía de músicos compuso esta juga. Continuando la historia, la propiedad luego fue expropiada por el Estado y dejada en el abandono.”

DIGNA Y FELIZ

“Este es un currulao que hice en honor a mi abuela paterna, a mi madre y a mi tía. Ellas, que influyeron mucho en mi formación, representan diferentes formas de vida, de lucha. Vengo de una familia de cantores y cantoras (es el término correcto en nuestra tierra); las cantoras que interpretan nuestros aires, pero que tienen una misión más allá del canto, que es ponerle música al legado y transmitir la riqueza ancestral de generación en generación. Son mujeres que además saben de medicina ancestral, bebidas y hierbas medicinales, comida autóctona, historia etc. La cantora es guardiana de la tradición.

Mi madre es una de las cantoras más influyentes de Timbiquí, reconocida en todo el Pacífico por su papel importante en la transmisión de la música de marimba, y mi abuela es con la que me crié. De ellas recibí las costumbres, desde el alumbramiento (que es muy importante para nosotros. Por eso nacemos con parteras; uno nace acompañado de gente que lo quiere a uno, y lo reciben con canto y se le brinda a la madre un espacio armónico) hasta a ser cantora.  Aunque a pesar de tener herencia de músico mi familia no quería que me dedicara de lleno a la música, pero yo quería viajar por diferentes países llevando música del Pacífico y lo he conseguido. Este tema además de honrar a la mujer es un canto a la felicidad.”  

TÍO GUACHUPECITO

“’En el cielo pintan santos, yo también quiero pintar. Pintaron un santo negro y hoy lo vamo´a celebrar’, reza la letra de este aguabajo, composición del maestro Antero Agualimpia oriundo de Condoto.  Una canción que ha sido versionada por intérpretes, como Leonor González Mina “La Negra Grande de Colombia”, Markitos Micolta y el Grupo Bahía. Tiene una letra bellísima que lo hace a uno recordar cuando era pequeño en el pueblo y se sentaba a escuchar a los abuelos narrar sus cuentos y sus historias. Por eso este tema cala mucho en el Pacífico, porque resalta la función que esos ‘tíos guachupecitos’ cumplen, pasando su sabiduría a los más jóvenes. Esta vez mi inspiración para el sonido del tema fue la versión de Markitos Micolta a quien admiro muchísimo.”

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