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La magia del Pacífico está en el nuevo disco del Grupo Bahía: 'Ya se liberó'

El maestro Hugo Candelario cuenta la historia detrás del disco y cada una de sus canciones.
Cortesía de Grupo Bahía
Cortesía de Grupo Bahía
Por
Jenny Cifuentes

Un álbum sabroso hecho en formato de orquesta que resuena aires tradicionales aliados a ritmos afro latinos, con canciones para enfiestarse y amanecer tomando viche. Temas despechados, esperanzadores, románticos, para bailar pegado, que invocan a los ancestros y exaltan gurús de la música nacional, en este discazo de cuidadosa factura, que carga experimentación, innovación y hasta el buen augurio de Jairo Varela.

Por: Jenny Cifuentes // @jenny_cifu

El Grupo Bahía, de las grandes ligas de la música del Pacífico colombiano, durante tres décadas ha envuelto al público con música candente y un estilo arraigado a la tradición, bajo la batuta de Hugo Candelario González: brillante intérprete de la marimba, discípulo del maestro “Gualajo”, saxofonista diestro seducido por frecuencias africanas, ferviente admirador de monstruos vibrafonistas como Carl Tjader, y poseído por la selva y los espíritus guapireños.

La agrupación ha tenido siempre el firme objetivo de hacer crecer los sonidos de la región. “Ha sido un recorrido largo, pero para desarrollar el folclor hay que ser paciente, y lo soy, porque me crié al frente del río Guapi, que es de los ríos en el mundo que de manera extraña, tiene doble ritmo, doble marea. Ese ritmo lo influencia a uno de forma natural y contra eso no se puede pelear. La marca es de verdad”, dice Hugo Candelario.

Con esa paciencia y pasión, Bahía ha ofrecido sus shows y publicado su material en tres formatos: Bahía Orquesta, un combo grande de voltaje apabullante que acude a sonidos latinos y caribeños, Bahía Ensamble Pacífico, para batirse entre lo que ellos llaman “Pacific Jazz”, y Bahía Trío, un formato plagado de la esencia, de líneas sonoras con más dejo de tierra: bombo, marimba, cununo, cantante y guasá. Así, desde hace mucho, el grupo ha desbordado aires del Pacífico en escenarios de Alemania, Kenia, Finlandia, Polonia, Francia, Inglaterra, y otros países, siempre provocando espasmos en la audiencia con el piano de la selva y el golpe del cununo, llegando incluso en una ocasión a causar estragos en las caderas de la hermana del emperador del Japón en un esfuerzo por bailar con la sabrosura negra, por suerte se recuperó.

Ya se liberó

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Hace 10 años que no se publicaba un disco de Bahía (el último había sido Mulataje (2010)) y 20 desde que no grababa en formato de orquesta. Durante ese lapso, la banda presentó conciertos, investigó, estudió, grabó, y para paliar la abstinencia de álbum en el público, fue rotando algunos sencillos y video clips que hacen parte de esta nueva producción: Ya se liberó.

El álbum, lanzado hace poco con un concierto virtual, incluye once canciones con el voltaje y latido del Pacífico. Rebosa de matices. Resuena currulao, juga, bunde o aguabajo, en una mixtura con ritmos afro latinos y letras dotadas de mística, romanticismo, alegría, y belleza del paisaje. Cortes tradicionales y composiciones de Hugo Candelario y otros autores, en los que los músicos de Bahía siguen tocando como iluminados por fuerzas ancestrales, brindando el poder balsámico del sonido de la marimba y el tambor.

Sobre el trabajo detrás del álbum, Hugo Candelario dice lo siguiente:

“El trabajo se empezó a grabar hace 8 años, en los estudios Niche cuando aún estaba vivo Jairo Varela. Fue un proceso largo, con bastantes vicisitudes, muchos inconvenientes en el camino. Fue duro. Hay tramos en la vida que son así. Jairo me llamó un día y me puso su estudio a la orden. Yo no sabía que me tenía tanta estima. Le cogí la caña, llamé al maestro Jaime Nava y con él hicimos los arreglos y producción de los primeros cinco temas. El maestro Varela murió sobre la marcha y nos quedamos un poquito en el aire. Tiempo después pudimos terminar el álbum en el estudio de Bahía que se llama Chonta Music, que también nos llevó años construir.

Ya se liberó fue grabado en dos momentos: primero en la época del estudio Niche, de allí me fui para donde el productor José Aguirre, infortunadamente esos archivos se perdieron, y me tocó volver a empezar. Mucho del material que grabé en Niche, la tarjeta de sonido estaba grabando comprimida. Era la hora de mezclar y estaba saturado el sonido, me tocó repetir las cosas. Hubo que sortear problemas, pero hicimos equipo con gente talentosa y muy chévere para armar el álbum. Tuvimos un color muy contemporáneo en la mezcla, con Kiko Castro, y la segunda parte, la pre produje con el talentoso pianista Carlos Bonilla, con quien hicimos también los arreglos del álbum Pazcífico Sinfónico (2016) con la Orquesta Sinfónica de Colombia.

Con este disco queremos llegar a más ámbitos. Buscamos que la música del Pacífico sea un poco más popular, que suene en las emisoras, se escuche en el ambiente de las ciudades. Le apostamos mucho al aguabajo, un ritmo con el que se compusieron canciones anteriores como Te vengo a cantar o Remanso Inicial, pero no podemos abandonar los otros aires, siempre hemos variado en las producciones del grupo.

El álbum quiere ser un poco más “comercial”, pero yo no puedo tener la visión ni el espíritu que poseía Jairo Varela o que tiene Alexis Lozano (Guayacán), porque soy naturalmente muy pegado a la esencia, a los viejos, a la costumbres. Sé que no me queda tan fácil llegar a esos terrenos. El compromiso con la raíz no permite que el camino sea tan corto en ese aspecto, pero yo me siento muy tranquilo, y si a Bahía no le toca como dicen: “una buena tajada del pastel”, pues que le toque a las nuevas generaciones me parece buenísimo.

No me puedo quejar tampoco porque hay para Bahía un cierto reconocimiento a nivel musical y académico. En Europa y otros continentes, también nos conocen y nos respetan. Uno hace hasta donde le corresponde dentro de sus capacidades, dentro de su ética, desde la esquina donde la vida lo puso. Tener eso claro es muy importante. Sé que estoy muy cerquita de los maestros. Cuando sentía que me estaba “contaminando”, y estaba vivo “Gualajo”, me iba para su casa y tomábamos unos viches. Nos amanecíamos dos o tres días. Así, recargaba baterías. Ahora me voy donde sus hermanos, a Guapi, me lleno de su espíritu, y vuelvo para la ciudad a seguir dándole.

“La música del Pacífico es agua que llega al cuerpo, pero por los oídos”.

La intención en Ya se liberó de ser más comercial es porque los músicos del Pacífico esperamos que nuestro sonido se expanda. Que llegue a más gente. Pienso que hasta el maestro Varela tenía esa mentalidad. Con él, teníamos planes de grabar, planes por montón. Yo suponía que Jairo estaba dando un giro, mirando más de frente a su cultura. Creo que estaba pensando en apoyar esos proyectos y arrancó por Bahía. A pesar de su éxito, siento que pensaba que tenía una pequeña deuda con su raíz.

Esos cuatro o cinco meses que estuve trabajando con él, en sus últimos tiempos, me aterraba del genio que era, con tanta música en la cabeza, unas ideas clarísimas que solo a él se le ocurrían. Pasaba al estudio, nos aconsejaba, y nos auguraba éxito con esta propuesta. Desafortunadamente, se nos fue. Tenía unos conceptos tan contundentes y claros que habrían podido ayudar muchísimo a este proceso de crecimiento de la música del Pacífico.

Para agigantar nuestros sonidos, en este momento tenemos que aprovechar la historia de músicas de otros países: la cubana, brasilera, etc. Ahora es normal que un finlandés toque guaguancó, pero eso tuvo su proceso, y así pasará con los ritmos del Pacífico. Obviamente, el que quiera tocar bien currulao, aguabajo o juga, tiene que ir a la región, tomar viche, y untarse del entorno. El Festival Petronio Álvarez ha sido muy importante como plataforma y ha llegado a que muchos jóvenes se interesen en nuestros aires, pero invito a las generaciones nuevas a que conozcan las raíces, porque hay una riqueza grande por descubrir. Es evidente que hay fusiones, que la academia nos permea, que estamos globalizados, y eso está bien. Pero en la tierra tenemos otra sabiduría: la sabiduría de los Gualajos, las Petronas, Las Totós, y en grupos como Bahía tratamos de que todo eso converse bien. Aún hay mucho por explorar, esta tierra es fuente inagotable de música, ella es agua que llega al cuerpo, pero por los oídos”.

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Canción por canción, en palabras de Hugo Candelario

Ya se liberó

Es la que da título al álbum porque los álbumes de Bahía Orquesta llevan de título el currulao que se grabe en ellos. El primero fue Con el corazón (1998), y el segundo Cantaré (2001). Es así porque para nosotros el currulao o bambuco viejo, es el ritmo más importante del Pacífico. Bahía se caracteriza por preservar la esencia, la raíz, a pesar de la fusión, a pesar de toda la creatividad armónica, rítmica y melódica, lo más importante para nosotros es la esencia del folclor. Tratamos de que no se pierda, por más de que haya una trompeta, un trombón o una batería.

Esa canción nació en Nairobi, Kenia. Estábamos tocando, y se subieron unas mujeres nativas a cantar con nosotros con esas voces que tienen tan potentes, esa fuerza percutiva y pensé: también cargamos esa herencia en el Pacífico, pero además tenemos un lamento. Mi reflexión fue que aquello se dio por la historia de la esclavización. Por eso, la primera parte del tema cuenta por qué ese lamento, y la segunda invita a la esperanza, al optimismo, con esa ricura de nuestra región. Narra por qué nos estamos liberando de todo aquello.

 

Santísima Claridad

Últimamente me bajan muchas melodías en los sueños, así sucedió con esa. Me llegó soñando, me alcancé a despertar y la grabé. Cogí la guitarra, y la quise enmarcar en un concepto espiritual, más no religioso. Porque yo tuve una gran experiencia con la claridad, la vi. Fue como un portal de claridad que alcancé a vivir, un momento de expansión de consciencia, y la canción la enfoqué por allí: santísima claridad, como la luz. Le inserto elementos novedosos, por ejemplo, a nivel armónico, la música de marimba del Pacífico, no hace tantos tonos: tónica y dominante. Y este tema propone un tercer tono, aparentemente para la armonía contemporánea es una cosa elemental, de niños, pero para la tradición de nosotros, es notorio ese aporte. Que se haga y que no se sienta, que pase desapercibido, es importante. Ese es de los dones que la vida me ha dado: tener una oportunidad creativa, y a este folclor que es tan contundente, con tanta identidad cultural, poder ponerle una notica nueva, algo novedoso pero que no atropelle. Porque este folclor es súper conservador, y cualquier elemento que no funcione, lo saca el mismo sistema.

 

A Batata

Algo que agradezco es que la vida me ha puesto siempre al lado de los maestros. Desde chiquito. El hecho de haber sido alumno de “Gualajo”, de sus hermanos, de toda la familia de los Torres. De pequeño aquí conocí a Julián Angulo, estuve con La Negra Grande, con Totó La Momposina, etc. muchos pilares de la tradición musical colombiana. Valoro su legado y sabiduría, y alcancé a conocer a Paulina Salgado “Batata”, tambolero mayor de la tradición de San Basilio de Palenque. Tuvimos una experiencia en Cartagena hospedados en el mismo hotel, en un evento que se llamó Encuentro para la Promoción y Difusión del Patrimonio Folclórico de los Países Andinos (2000), y mientras pasaban los momentos académicos, nos quedábamos en una rumba de cuatro o cinco días con músicos del Caribe y Pacífico, y Batata tocando como un genio. Le cogí mucho cariño y respeto. Con él tocamos varias veces en distintos escenarios, Este tema es para dimensionar su maestría, su grandeza como músico. Y así como él, era “Gualajo”, era “Magín” Díaz, y son Wilson Viveros o Julián Angulo, por citar algunos. Son unos brujos de la música. Uno queda asombrado ante ellos.

 

Me cogió la noche

Es una canción a ritmo de aguabajo, muy romántica. De esas que uno puede bailar pegado. Tiene un video muy bonito que emana calidez, los paisajes de nuestra tierra.

 

Lloró el corazón

Es la cuota de despecho. Esa es una historia de la vida real, de esos amores que se le van a uno, de la ruptura. Por ejemplo Te vengo a cantar es el amor de la vida que se fue para siempre, por eso sale desde el fondo del corazón, y Lloró el corazón está por ahí en ese mismo lamento, pero no alcanza esa profundidad de dolor. Es la añoranza por la mujer amada perdida. Tiene la cadencia del aguabajo, que es tan rica y enamoradora. Es de las canciones que más me gustan del disco, Va andando solita, porque es sabrosa para bailar, uno la siente aguardientocita, de cantina, no tan pop ni tan moderna. Está cantada con esa voz ronca, nostálgica, natural, no tan académica. Yo siempre por encima de la técnica, pongo el sentimiento y se refleja en esta interpretación.

 

La Pelotera

Es rumbera, es un tema de la tradición. Es realmente un abozao chocoano que incluso, tiene una versión grabada de Leonor González “La Negra Grande”. En los discos de Bahía nunca falta ese tipo de repertorio tradicional, por ejemplo hemos incluido canciones como San Antonio, La Caderona, o El Birimbí. Siempre combinando lo tradicional con piezas de compositores contemporáneos o canciones mías. Esta, la hicimos en un estilo entre juga y abozao.

 

Una Razón

Tuvo un camino rarísimo para llegar a donde quedó. Se empezó a grabar como Bahía Trío por eso suena tan distinto a las demás. En la tradición de la música de marimba del Pacífico sur, hay un ritmo que se llama juga bambuqueada. La juga, es como una hija del currulao que es más rápida. Hay juga de arrullo que se le canta a los santos, al laboreo, y se dice le juga bambuqueada cuando no es tan veloz, y tiene más o menos la cadencia del currulao, o bambuco viejo. Pero, no hay bambuco ajugao, ese ritmo en nuestro folclor no existe, por eso digo que la vida me dio el don para ponerle cosas nuevas a la raíz sin atropellarla, y en Una razón, de un accidente, me salió eso: un bambuco ajugao. Yo estaba tocando en la marimba y me equivoqué, y de la equivocación resultó la melodía de la canción.

Invitamos a participar en ella al maestro saxofonista “Toño” Arnedo, hermano del alma de la música. La grabamos en Bogotá, me la traje para Cali, le puse piano, guitarra, etc. Con el tiempo fue resultando, porque la canción misma pedía violín, pedía contrabajo. Como que cobró vida propia, y fluyó sin arreglos pre producidos. Aunque esté grabada en otro formato, no quisimos dejarla atrás, por la situación que está viviendo la humanidad en este momento, consideramos que era como un apoyo para la gente.

 

La negra me entundó

De letra romántica, que exalta la belleza de la mujer negra, y al mismo tiempo como una fantasía amorosa, llevándolo a uno por la selva, por el río, usando sonidos del Pacífico y del Caribe nacional. Tiene un video muy bonito grabado en Cali y Guapi con la realización de Tragaluz Laboratorio Audiovisual.

 

A B C CH

Es del repertorio tradicional. Parte del bunde, un aire que tiene un carácter medio infantil, (como San Antonio, que es tan conocido), además, se utiliza para cantar los chiguales, que son los rituales cuando se muere un niño. Aunque tiene ese carácter natural como infantil, yo lo abordo de otro modo, como si fuera una matriz, entonces puedo añadirle cualquier ritmo porque puede sostenerlo. La canción tiene soul, reggae, chachachá, y muchos otros secretos de la receta.