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Los Maricas presentan una versión apócrifa del punk en su último EP

“IV”, el EP de la banda de punk bogotana Los Maricas que los pondrá a pensar qué es el punk.
Los Maricas - IV (EP)
Los Maricas - IV (EP)
Por
Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

Los Maricas son una banda de punk bogotana que no hace punk, o sí, pero a su manera. Su nuevo EP, IV, es la primera etapa de un disco que obedecerá a sus propias reglas con letras tragicómicas para toda ocasión.

Por: Juan Pablo Castiblanco Ricaurte // @KidCasti

Luego de haber lanzado su álbum debut Escupiendo tulipanes en 2017, Los Maricas (Jeffry Esquivel, Manuel “Brauni” Montañez, Álvaro Gil y el debutante en el bajo Fabio Espejo)  siguieron tocando, escribiendo y sobre todo pensando cuál sería su siguiente paso. En el entretiempo sacaron los videos de canciones del disco como Ramen en Japón, o Saudade, hasta decidir cómo sería su nueva fase creativa y sonora. La conclusión es que, al ser una banda de punk, seguirían ejerciendo al máximo las libertades que esa etiqueta les proporcionaba. Es decir, hacer lo que se les diera la gana, pasear musicalmente por todos sus referentes sonoros –black metal, punk, rap, cumbia, vallenato– y juntarlas con letras tragicómicas que hablan de la belleza y tristeza de la cotidianidad. “Lo que nos da el punk es la libertad de poderle meter cualquier mierda y que no tengamos que justificarlo. Si decimos que tocamos bien punk no tenemos que decir que tocamos bien cumbia y meter una cumbia en un punk", explica Brauni.

IV es un frenético tobogán sonoro de cuatro canciones que pasan tan rápido como un ventarrón y al que hay que volver a montarse una y otra vez. A la vez, este EP grabado en InMotion Studios en Bogotá, y producido por la banda, fue resultado de un proceso de trabajo más tranquilo, enfocado y que se conecta con el disco que están grabando en estos mismos días y que publicarán en el 2020. No querían demorarse en sacar cosas, querían mantenerse activos y sacarle mucho provecho al momento creativo, que incluye además videos para todas las canciones que la propia banda dirige o anima.

IV comienza con el desgarrador black metal Acá / Nunca que, de cierta manera, es su crítica a los clichés del punk, de lo que significa ser punk, y de lo que muchos punks entienden por punk. También es un manifiesto sobre el oscuro momento del país y a la negación de querer pertenecer a un lugar donde todo es tan sombrío. Continúa con el surf sicodélico Ningún lugar, de atmósfera más melancólica y con influencias del new wave, que habla de la soledad y el vacío. Punx, un efímero punk de 32 segundos, dice “yo no quiero ser tu Dios / no quiero ser tu perra / ¡maldita blasfemia! / todo lo que dices es pura mierda” y es otra crítica a las poses. Y el remate es la cómica D.S.M. que, sobre una melodía amigable, casi ingenua inspirada en el pop gringo cincuentero, habla sobre un tipo de trastorno mental.

Tras el humor, la melancolía y los rayes que emergen en las letras de Los Maricas, subyace un universo muy personal construido por sus dos cantantes y compositores, Jeffry Esquivel (autor también de varios libros de poesía) y Manuel Montañez. Para este proceso admiten haber cambiado el método de composición. “Antes era más jam de donde salían las canciones, esto fue con ideas de cosas que queríamos”, explica Esquivel, y Montañez complementa “Escupiendo tulipanes era para mostrar qué eran Los Maricas, así que tenía cosas de todas las épocas. Este es más pensado en hacer un disco nuevo, que se iba a producir de tal manera, que iba a tomar unos ritmos, alejarse y entrar en otras cosas”.

El proceso de hacer un disco dilatado, partido en varios EP, es una forma de andar de seguro en seguro, de pisar firme. “Lo bueno de grabar en sesiones espaciadas es que uno sabe qué tiene para mejorar mientras que sí grabas tres días seguidos no hay tiempo para pulir”, explica Fabio. También es el registro de un camino lleno de curvas que solo tienen sentido en el universo de la banda. Al comienzo querían hacer algo entre sicodelia y balada, alejarse del punk (y de la crudeza y chambonería que a veces implica hacer las cosas muy “punk”), pero a medida que las canciones se armaban se daban cuenta que les hacían falta meter baterías más rápidas.

“A mí me pasa algo con el punk de acá y es que me parece muy vacío en cuanto a que sí, es político y cumple su función, pero las bandas cantan sobre rechazos a algo, sobre la guerra, pero cosas que ellos realmente no han vivido ni son muy sinceras. Entonces es una repetición, como si tradujeran una letra de Discharge, un discursito”, así resume Brauni su posición frente al género que si bien los acoge, también les ha dado una posición crítica y, sobre todo, la posibilidad de ver la música como una autopista infinita. IV es un buen ejemplo de ello.  

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