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Los senderos sin fin de 'Mirow', el nuevo EP de Mitú

Hablamos con Julián Salazar y Franklin Tejedor del viaje que inspiró 'Mirow'

Mirow Mitú - Portada album 2021 resena.jpg
Mirow - Mitú (2021)
// Mitú - Cortesía M3

En seis tracks Mitú nos muestra la cara b de su anterior EP Tándem : una mucho más acústica, eléctrica y llena de música apacible. Un acercamiento guiado por Julián Salazar y Franklin Tejedor al EP Mirow.

Por Cristian Cope

A la región de Mecklemburgo-Pomerania Occidental se le conoce como el "país de los mil lagos". Ubicado al norte de Alemania, este estado se caracteriza por su fascinante demarcación geológica de lagos conectados entre sí, muchos de ellos afluentes del mar Báltico.

Allí, cerca a un pequeño municipio llamado Mirow, desde 1997 se realiza el Fusion Festival, una celebración anual que conjuga música, teatro, cine y un sinfín de expresiones artísticas en un antiguo aeródromo militar ruso.

En su edición de 2018, esta meseta de lagos recibía una formidable comitiva de actos latinoamericanos, entre los que destacaban nombres como Los Mirlos, Matanza, Puerto Candelaria, El Leopardo, Cero39 y Mitú . Estos últimos, inconfundible dúo colombiano conformado por Julián Salazar y Franklin Tejedor, decidieron dejar a un lado las comodidades típicas de artista invitado para sumergirse de lleno en la experiencia habitual de raver electrónico. Fue así como ambos prefirieron alquilar una bicicleta tándem, reconocibles por traer dos o más asientos, para recorrer los paisajes boscosos que se encuentran camino al festival.

A partir de estos recorridos, Mitú logró encontrar una vez más ese numen sónico y natural que los ha caracterizado desde un principio. De esta manera nació Tándem , su quinto álbum de estudio lanzado en octubre de 2019, en el que las corrientes más coloridas y alegres se mezclan con melodías hechas a partir de la guitarra, mostrándonos otro tipo de estructuras que comenzarían a ganar terreno dentro del proceso creativo de Mitú.

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Incorporando contribuciones de importantes cantoras del espectro colombiano como Marsh Waris, Yiset Pérez y Gabriela Jimeno, mejor conocida como Ela Minus, Tándem fue inspirado por el recorrido diurno que Julián y Franklin realizaron durante cinco días al festival en bicicleta.

Como toda ida a un festival suele tener su vuelta, la noche también trajo consigo un recorrido totalmente opuesto para ambos músicos. En palabras de Julián, ese viaje de regreso “reflexivo y oscuro” sería el punto de partida para la otra cara de Tándem, un EP de seis cortes titulado Mirow.

Esta nueva corazonada nos muestra a un Mitú bajo unos patrones dadivosos, alejados de cualquier tipo de pretensión. Mirow es simplemente música para mirar por la ventana, tejidos sónicos que gravitan sobre el horizonte a divisar. Si el concepto de Intelligent Dance Music (IDM) se aplica a la música que se considera "pensante” y apta para escuchar en casa, estas seis canciones derrumban dicha noción aspiracional y la trasladan al extenso verdor de Mecklemburgo, región donde la experimentación del dúo cobró un sentido mucho más casto y acústico.

Quienes han estado inmersos en el siempre deslumbrante universo de la música electrónica, han de saber que son muchísimos los trabajos en los que simples itinerarios de viaje han dado a vida a obras sonoras de admirable producción. En Half of Where You Live, Gold Panda centró la atención en los lugares que lo marcaron como músico; Untrue, el trabajo inmaculado de Burial, es una fría inmersión a las deshabitadas calles londinenses de madrugada.

Mirow, por su parte, no necesita de ninguna acción verbal para guiar al oyente a través de una placentera senda de sensaciones mansas y emociones abstractas. Como bien dijo Verraco, “desde el Sur también puede haber una visión de IDM andino, suramericano, no tan “inteligente” pero sí más bastardo”.

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Sin etiquetas, las cuales para Julián lo único que hacen es limitar, “porque tratan de encausar en cierto sentido los parámetros y las características de lo que debe ser la música para seguir, sobre todo, bajo el título de una corriente o catalogación”.

Aunque Salazar acepta que a veces es necesario catalogar música para que –mediáticamente– sea más fácil referirse a algo, siente que va totalmente en contra del proceso de creación.

Y es innegable no mencionar que a Mitú siempre lo han solido cobijar bajo la sombra de una etiqueta en particular: “techno selvático”. A lo que Julián responde: “Si la crítica cree que nos tienen que poner en esos términos, pues está bien, pero desde nuestro lado siempre estamos cambiantes, articulando, moviendo las partículas y moléculas del aire que llevan a que cambien las cosas. Lo único permanente es el cambio, por lo que la adaptación de las etiquetas también debería variar. Pero como ni yo mismo pienso en eso, no creo que vaya a haber alguien más que promueva un cambio en esa estructura”.

Para ambos, los paisajes verdosos de 2018 siempre están presentes cuando escuchan alguno de los seis cortes que conforman Mirow. “Yo siempre siento que todo lo que uno recorre y anda y tiene contacto con, termina teniendo influencia e imprimiendo su huella en el trabajo de uno”, comenta Julián.

Al escucharlos narrar sus vivencias en este pequeño pueblito germano, rápidamente logras conectar la música del EP con un ámbito muy de campo, de paisajes con relieves y mucha agua, con canales que entran y salen por sus diferentes hondonadas.

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“A mi modo de ver, siempre lo sentí como un paisaje suave, y ese fue el sello que quisimos imprimir en este álbum. Siento que es una música tranquila, que más que punzar hacia una emoción explícita, trata es como de entregar un tono de distensión. Creo que es eso, distensión. De bajar la guardia un momento y simplemente disfrutar el recorrido”, agrega Salazar. En cuanto a Franklin, dentro de la amalgama de sonidos de Mitú, el hombre de San Basilio de Palenque siempre ha estado acostumbrado a trabajar instrumentos con timbres altos, como es el caso del tambor alegre, el djembé o el kenkeni. En Mirow, Franklin decidió jugársela por los tambores más orgánicos, como el llamador, entrando a un mundo más cadencioso dentro del infinito universo de la percusión.

Julián sigue trabajando un híbrido entre sintetizadores de mesa y el Eurorack, el famoso formato de sintetizador modular concebido en 1996 por el fabricante alemán Doepfer Musikelektronik. Este último lo ha comenzado a usar con mucha más frecuencia, sobre todo, para el set en vivo de Mitú, casi que convirtiéndose en su columna central. En cuanto al proceso creativo, Julián y Franklín han decidido intentar maniobrar un terreno mucho más acústico, mucho más eléctrico. Ambos quieren ver cómo se comporta la sinergia de Mitú al pasar a ser una dupla de percusión y guitarra.

“Vamos a ver qué pasa en ese sentido. Queremos dar un respiro, dejar los sintes al lado por un tiempo y ver cómo salen unas canciones simplemente con percusión y guitarra, ya pensando en las próximas creaciones”, confiesa abiertamente Julián. Franklin coincide: “Siento que es un ejercicio que viene muy bien, sobre todo por estos días”.

En cuanto a un posible acercamiento de Mitú al ambient, Julián es tajante: “Definitivamente. Hay veces en las que Franklin y yo nos sentamos simplemente a trabajar y a hacer texturas, sin ánimo de hacer partes, sin ánimo de darle forma al sonido para que después sea una canción. Sino que tratamos simplemente de perpetuar un timbre. Yo creo que es muy posible que pronto exista una pieza compuesta sobre algún tipo de experimentación ambiental en el catálogo de Mitú”.

MIROW

DE MITÚ, CANCIÓN POR CANCIÓN

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  • Antena

Es el punto de partida. El vínculo que tiene con Tándem es que corresponde a la misma corriente sonora, y en mi caso, personalmente, fue como una exploración sónica y de síntesis modular a lo largo del disco. Pero, especialmente, de unas cuerdas metálicas, unas cuerdas cortas que a veces pueden simular una marimba, que brindan un aire como de medio oriente. Antena fue como ese punto de partida de experimentación con ese tipo de sonidos de síntesis modular. Lo que pasó con estas canciones es que tenían más forma de exploración sonora, menos forma de canción. Casi que quedaron relegadas a un conjunto de temas que no logró destacarse entre los demás, como si fuera un trabajo de boceto. Una vez entregamos Tandem, volvimos a Mirow y encontramos en este grupo de canciones un valor especial, precisamente por eso que te dije, porque tienen la esencia de lo que verdaderamente se trata de probar y ensayar sónicamente.

  • Solo

Para mí –Franklin– fue un primer encuentro con un instrumento que siempre estuvo conmigo pero que nunca me atreví a sonarlo –de cierta forma– dentro del contexto mío, con lo que soy, con lo que es Mitú en realidad. Fue muy lindo poder utilizar la marímbula en este álbum, reencontrarme con algo que siempre tuve y que siempre me ha acompañado, pero que tal vez nunca me animé a prestarle la atención necesaria. Independientemente de que el instrumento venga de mi pueblo, es bien lindo poder complementar su magia con los sonidos más contemporáneos de nosotros como banda. Cada día estamos buscando nuevas técnicas y eso es lo que quisimos mostrar en este álbum.

  • Bailarina

Su particularidad puede ser que, a lo largo del disco, hemos estado experimentando con ritmos binarios, y este justamente es ternario. Es lo mismo que cobija a todo este grupo de canciones: se trata de romper un poquito el modo y flujo habitual de trabajo, y al romper ese molde pueden salir ideas nuevas y bien interesantes como esta. El simple hecho de ver cómo ejecutábamos entre nosotros un ritmo ternario con una guitarra eléctrica de fondo, siendo algo que se pudiera cambiar pero sin abandonar ese mismo tipo de sonido, como de cuerda de medio oriente.

  • Ghosto

Ghosto más que un tema, es una pieza de transición. Es completamente melódico, no tiene una base rítmica. Lo que yo hacía con estos temas era tratar de ubicar un ambiente con el sintetizador modular, y trabajar a partir de ese ambiente generado con un par de instrumentos como oscilando entre ellos mismos. Mucho ambiente que no varía mucho, que viene siendo como un fondo de paisaje.

  • Gotokuji

Hay algo que a veces intentamos hacer disco tras disco, y es tener un tema que pueda tener un sonido como de piano bar, de un ambiente tenue, que sea cadente al estilo de una balada. Siempre ocupa ese lugar en el álbum, desde Balnear lo hacemos. Ese penúltimo track siempre es una cosa muy tenue, suave, que conduce a matizar esa descarga que se produce intensamente a través del álbum. Permite cierta intención. Gotokuji es un sonido que baja mucho, que relaja.

  • Onsen

Franklin hizo mucho trabajo de tambor y de semillas. Un sonido muy de su tierra, ambientado con maracas y con un tambor suave. Es una canción de cierre, que conduce un poquito a una vereda, a un caminito que no tiene fin. Onsen te lleva a andar y andar sin saber qué va a pasar después. Puede ser un cierre de ciclo instantáneo, un sonido que te regala cierta sensación de libertad, de que te llevará a donde quiera que apunte el horizonte. Es una canción como de juego, como un arrullo. Acá Franklin graba las semillas como si se tratara de un mantra, de una manera más tranquila y profunda, y toca el tambor llamador de otra forma: explorando su mística.

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