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No es nada fácil ser Maluma, baby

Con “11:11” el paisa sigue consagrándose como icono global del género urbano. ¿Cómo llegó hasta ahí? ¿Belleza, relaciones, contactos, talento, disciplina?
Photo by Matthew Sperze / Getty Images
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Por
Sebastián Peña

Paradójicamente Maluma puede ser al mismo tiempo el artista más amado y odiado de la música colombiana. A pesar de esto su crecimiento no parece tener límite y ahora, cuando lanza su disco 11:11, el paisa entra en el carril más rápido de la autopista del entretenimiento para llegar a ser un icono global. ¿Cómo llegó hasta ahí?

Por: Sebastián Peña // @SebasNews

Son las 10 de la noche en el Oasis de la moda, un edificio de once pisos ubicado en el centro de Medellín, donde se grabó el reality La agencia de Caracol. Más de treinta medios de comunicación y cien personas que incluyen cantantes, influenciadores y youtubers, están reunidas en un salón donde al fondo suena un playlist de perreo puro que contrasta con la sofisticación del ambiente. Todos están a la espera de un hombre que llegó unas horas antes a la capital de Antioquia en su avión privado. Precedido por una comitiva de seis personas, como si se tratara de un boxeador llegando a un ring o de un profeta acompañado por sus discípulos, hace su entrada triunfal un acuerpado joven de 1.77 metros de altura, vestido con traje blanco pero sin camisa, con el cabello platinado y los números “11:11” tatuados sutilmente en el pecho.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Ese hombre se llama Maluma, un ídolo tan amado como odiado; una de las estrellas de más rápido ascenso en nuestra industria musical, que de ser un paisita ingenuo que estuvo a punto de dedicarse al fútbol, pasó a convertirse en más que un afamado cantante, en un icono de estilo y referente de la cultura pop.

Maluma saluda, sonríe y posa para los flashes de las cámaras. Está cómodo con ser el centro de atención. Finalmente, a eso se ha dedicado y acostumbrado en el último tercio de su vida, que ya desbordó las fronteras nacionales y lo ha llevado a rodar por los VMA, Billboard Music Awards, Grammy Latino y, así fuera un invitado menor, a la extra exclusiva gala Met 2019 del Metropolitan Museum en Nueva York: ceremonia a la que más que famosos, van las personalidades que se paran en la vanguardia estilística del show business. Allí vistió un traje diseñado para él por Jeremy Scott para Moschino.

Photo by Bonnie Biess/Getty Images)

Maluma lanzó el álbum "11:11" en su natal Medallo

Urban carpet, reggaetón y mucho flow

Bajo las luces y el asedio de la prensa Maluma habla con calma sobre su más reciente álbum, su vida amorosa o la ambiciosa gira mundial organizada por la monstruosa compañía Live Nation –la misma que está detrás de la infraestructura de Jay-Z, o que ha organizado los tours de sus amigas Shakira y Madonna– que lo llevará por Europa, Asia, Norteamérica y Latinoamérica. También habla de lo que convoca a todos los asistentes, el lanzamiento de su nuevo disco 11:11, donde hay colaboraciones de Ricky Martin, Ozuna, Nicky Jam, Zion & Lennox, Farina y por supuesto, Madonna, y la mano de productores como Edgar Barrera (ganador de varios Grammy Latino), Illya Salmanzadeh, Mambo Kingz, Tainy y Nyal.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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11:11 es un compendio de todo lo que se espera de Maluma: se habla de amores fallidos, sexo casual, infidelidad, mujeres, amor y desamor, en clave de salsa, trap y, cómo no, reggaetón. Eso sí, resalta la balada urbana Dinero tiene cualquiera, donde Maluma habla sobre la poca importancia de tener lujos, carros y joyas si no se puede compartir con la mujer ideal. Con este álbum Maluma sueña ganarse otro Grammy Latino y apuntarle, por lo menos, una nominación a los Grammy Anglo. El título es un mensaje, la forma en la que Maluma expresa a través de una mística numérica la importancia de que su vida esté en un balance ideal: salud, familia, éxito, amor y fama.

Todos los días Maluma genera un nuevo titular en los medios de comunicación que, como chulos, también son conscientes del morbo y la polémica que suscita el personaje y, por ende, los clics que pueden ganar a costa suya. Maluma es atacado por cara y por sello: si saca canciones que defienden la libertad sexual de la mujer (Soltera, Farandulera) le dicen que es un aprovechado; si escribe algo con alto contenido sexual (4 babys, El clavo) le dicen que es un misógino; si canta con Madonna o Ricky Martin se mofan de él diciendo que es un homosexual (como si eso fuera motivo de burla); si sube una foto viajando en un avión privado le comentan que ha perdido la humildad; y si invita al escenario a una seguidora y la besa, se sospecha que esto es una acción orquestada para mercadearlo. Muchas de las críticas son válidas, otras simplemente llegan a él porque se ha convertido en uno de los chivos expiatorios de la sociedad, el sospechoso de siempre.

La dificultad de ser Maluma la tienen muchos pelados de su edad que han alcanzado reconocimiento nacional e internacional por convertirse rápidamente en figuras públicas, pero él parece tener el cuero duro para superarlas y callar a los haters consiguiendo nuevos hitos para su carrera artística. A los 25 años muchos están terminando la universidad, intentando acumular experiencia en el despiadado mercado laboral y/o descifrando qué hacer con su vida; Maluma en cambio puede ufanarse de haber grabado tres canciones con la Reina Madonna, con un ídolo pop que, al lado de Michael Jackson, el mundo nunca volverá a ver, y de paso metiéndose a un exclusivo club del que ya hacen parte pesos pesados como Justin Timberlake, Britney Spears, Christina Aguilera, Nicki Minaj o Kanye West. ¿Estrategia publicitaria y de mercadeo para alcanzar nuevos públicos y generaciones? Tal vez. Pero de todas formas no cualquiera estaría a la talla de la misión.

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“Yo soy la muestra de que los sueños se cumplen con trabajo duro y constancia. Siempre he dicho que hay personas muy talentosas, pero a las que le falta la disciplina”, responde Maluma cuando se le pregunta por lo que cree que representa para la historia musical de Colombia. Pero es difícil creer que cada una de las cosas que Maluma ha logrado –desfilar para Dolce & Gabanna en una pasarela de la marca, cantar una de las canciones de la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018, ganar un European Music Award de MTV, ser el artista latino masculino con más seguidores en Instagram (casi el doble de J Balvin), y ser personalidad de televisión como jurado de La Voz en diferentes países– sea sencillamente producto del juicio y el método. Tampoco es el talento pues él mismo sabe que no es un prodigio musical único. Entonces, ¿qué es? El éxito del “pretty boy” es una mezcla de buenas conexiones, relaciones personales y laborales, y carisma.  Muchos dirán que es suerte, pero también es mérito no sucumbir cada vez que le inventan cosas, hablan mal de su familia, recibe cientos de insultos por Instagram, y haber dejado de lado su adolescencia para ser un tipo de rockstar que al mes puede estar en 15 países diferentes.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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11:11 es el cuarto álbum de estudio de Maluma en menos de una década y pudo haberse lanzado en Estados Unidos, México, Chile o España, los países que, según sus métricas en Spotify, son donde más lo escuchan. Hace rato dejó de ser un artista colombiano para ser un músico del mundo. Pero Juan Luis decidió que fuera Medellín la ciudad donde se lanzara a nivel mundial su nuevo hijo discográfico. “Es la primera vez que hago un lanzamiento en Medallo y para mí era muy importante venir a la casa a encontrarme con todos los que han sido parte de mi carrera y de mi vida”, dijo a la entrada de su fiesta. Y sí, era una fiesta exclusiva en la que no había más de 100 personas, todas conocidas por el artista y donde ni siquiera la prensa que fue a cubrir la entrada pudo ingresar a la celebración. 11:11 es el resultado de meses de trabajo y la quietud que tuvo que mantener a finales de 2018 cuando se rompió los ligamentos; época de recibir propuestas de varios compositores, metiéndole mano a canciones que hicieron para él, participando en sesiones creativas con su equipo, y eligiendo lo que quiere que su público escuche de él.

Maluma, el hincha del fútbol, escogió triunfar en la música a pesar de que tenía abierto el camino para hacerlo en el fútbol. Pocos saben que también es un talentoso volante de creación que alcanzó a estar en las inferiores de su amado Atlético Nacional y de La Equidad. Pudo haber recibido ovaciones por sus pases y goles, pero prefirió buscarlas por lo que hacía en la tarima.

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MALUMA ANTES DE MALUMA

Juan Luis Londoño nació en Medellín en 1994 con comodidades y rodeado del amor de una familia paisa que lo ha apoyado en cada una de las decisiones que ha tomado. Sus padres son divorciados y tiene una hermana mayor, Manuela Londoño Arias, que labora como la presidenta de la fundación El arte de los sueños, creada por el músico. Estudió toda la vida en el Colegio Hontanares de Envigado, una institución campestre y bilingüe aliada de la Universidad EAFIT, cuya formación en arte, música y deporte les permite a sus 350 alumnos lo que en esta sociedad parece un privilegio: soñar con ser cualquier cosa. De allí se graduó “Juancho”, como le decían antes de su nombre artístico, y aunque no lo usan como gancho publicitario, sí le pidieron que invitara a la comunidad a la celebración del día de la familia 2018.

“Espero que me recuerden siempre por ser un parcero dispuesto a dar un hombro donde apoyarse, una boca consejera y unos oídos dispuestos a escuchar. Como dice un parce por ahí; entre más magia, más humildad”. Así termina la carta escrita por Maluma en su página del anuario de su promoción 2010. Ana Villegas, su amiga de la infancia, recuerda que una vez el colegio realizó un concurso de canto donde Juan Luis participó con la canción Tengo ganas de Andrés Cepeda y, según ella, a pesar de que había otros compañeros que tenían mejor desarrollada su voz por estudiar técnica vocal, no lograron superar el carisma y la magia que el joven estudiante de último grado de bachillerato proyectaba. A veces la energía y hasta la belleza pueden superar el talento innato; eso ha sido una constante en la vida del paisa.

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Antes de graduarse Maluma ya había tenido aretes, piercings en su cara y hasta un tatuaje grande en uno de sus gemelos. Era indisciplinado, como todo estudiante de su edad, pero jamás perdía un examen. Cuentan sus amigos que Maluma era inquieto, les mostraba sus canciones y se las ingeniaba para colarse en las fiestas de quinceañeras de muchas peladitas que le gustaban y que no lo invitaban a sus chiqui-parties. A veces se volaba del colegio para jugar fútbol y llenaba formularios a escondidas de su familia para ser parte de un reality musical televisivo.

Su actual círculo de mejores amigos es el mismo de su infancia. A la mayoría los conoció cantando goles, haciendo tareas y hasta escribiendo canciones por puro desparche. Juan Manuel Lopera, uno de sus parceros del alma, recuerda que antes de que el “pequeño gigante” entrara a un estudio de grabación y soñara con cantar en estadios escribieron la canción Linda tú me gustas mucho para pasar el tiempo libre en la unidad donde vivían. Esta canción era una carta de conquista musicalizada que tenía momentos rapeados y otros versos más fogateros y romanticones. Mientras que para Londoño la música se volvió una opción de vida que derrotó su amado fútbol, para Lopera se archivó como hobby y ahora es el asesor de seguros de la marca registrada Maluma (que, además de manejar todo lo que tiene que ver con la carrera musical del artista también protege cada uno de sus proyectos publicitarios, fundación y línea de ropa, entre otros), habla seguido con él, lo ve cada vez que va a Medellín y de vez en cuando toma un avión privado para acompañar a su amigo a alguno de sus conciertos internacionales.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La familia Londoño Arias siempre ha vivido de forma cómoda, pero en un momento los negocios tuvieron una temporada baja que los obligaron a ser más cuidadosos con los gastos. En su afán por tener su propio dinero Maluma vendió sándwiches en su colegio y se preguntaba cómo podía ganar más para aportar en su hogar. Fue de esa forma que llegó a su vida la decisión más importante: grabar una canción y ver qué pasaba. Su tía Yudy Arias, hoy coach de yoga para famosos, tenía una sección en la televisión local de Medellín, era reconocida y conocía el circulo de reggaetoneros que se estaba formando en la ciudad. J Balvin, Reykon, Pipe Calderón y otros productores musicales sabían de ella y la tenían en el radar por ser una de las gestoras del movimiento que a la postre convirtió a la ciudad en la capital mundial del género. Maluma, a sus 16 años, le dijo a Yudy Arias que quería grabar en un estudio como regalo de cumpleaños y ella, junto con su esposo Juan Parra, le cumplieron el sueño.

Luego de sus primeras sesiones, los productores con los que trabajó le dijeron a su tía que Maluma era un monstruo y que tenía todo para ser parte de esa movida que ya había comenzado el mencionado Balvin, junto a Golpe a Golpe, Jutha y Small, entre otros, que estaban dándole un nuevo aire al reggaetón, distinto al puertorriqueño, pero con composiciones que se adaptaban a la época y al espacio.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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EL NACIMIENTO DEL PRETTY BOY

Kevin ADG y Chan El Genio son una dupla de productores musicales de Envigado conocidos como The Rudeboyz. En el 2007 empezaron a experimentar con la música de forma empírica y a explorar ritmos hechos para la discoteca. Después de trabajar con Reykon en La santa en el 2009, se convirtieron en productores de varios tracks de Maluma. Desde ahí Juan Luis Londoño, el 10, murió como promesa del fútbol colombiano y nació como una apuesta de la nueva música colombiana.

Luis Fernando Londoño, papá del artista, cuenta que se sintió triste y hasta decepcionado cuando su hijo le contó su idea de dedicarse a la música: “Juan llevaba ocho años entrenando disciplinadamente y ya lo tenían en la mira muchas personas de ese deporte, pero me dijo las cosas con tanta convicción que solo nos quedó el camino de apoyarlo en la música”. María Eugenia Cartagena, secretaria académica del Colegio Hontanares, recuerda que Juan empezó a sonar en algunas emisoras de forma local, razón por la que empezó a ausentarse del salón de clases y estudiar de forma virtual, “el colegio le ayudó a darle permisos para cumplir con sus compromisos laborales y así poder alcanzar las metas que se propuso como cantante”.

De la mano de los Rudeboyz, el artista creó canciones que llevaron a una casa discográfica de peso como Sony Music Colombia a fichar rápidamente a ese pelado de 17 años que estaba poniendo a bailar a medio país con sus primeros sencillos nacionales Farandulera y Miss Independent. Desde ahí dejó de ser un artista independiente, para tener una maquinaria enorme detrás de él que ayudara a impulsar

Con la ceja rayada, “aretas” y figuras en su cabeza, Maluma creó la marca de “pequeño gigante”. Según él, su estilo es fundamental para representar cada era musical y para que la gente pueda identificarlo a kilómetros de distancia. Y no hay que negar que ese nombre está metido en nuestra mente desde hace varios años; ya sea por sus canciones, los titulares en redes sociales o cuando le robaron la areta en medio de una entrevista televisiva en directo, en pleno Simón Bolívar, minutos después de haber dado uno de sus primeros conciertos.

Maluma hace parte de la academia Latina de la Grabación desde 2013 cuando fue nominado en la categoría Mejor Nuevo Artista de los Premios Latin Grammy. Esta nominación hizo que su nombre tuviera eco en América Latina y le abrió la puerta de varios países para realizar promoción y conciertos en plazas y arenas. En 2015 Maluma firmó con la casa discográfica más grande de música en español, terminó contrato con su tío Juan Parra con el que hubo algunos desacuerdos legales y empezó a trabajar con el mánager argentino Walter Kolm (Carlos Vives, Wisin, Silvestre Dangond): era pasar del carril lento al carril rápido en la autopista de la música. Cuando Maluma empezó a trabajar con Kolm este le aseguró que tenía grandes conexiones en la industria para generar que cada sencillo, álbum o video tuvieran un gran impacto en Estados Unidos e internacional. El empresario no le mintió y cada segundo que pasa el nombre de Maluma, como marca, se hace más y más grande.

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Desde ese momento Juan Luis se vio en la necesidad de trabajar con productores que llevaban un reconocimiento internacional, pero siguió firme con sus panas de The Rudeboyz con los que surgieron ideas de temas como Borró cassette, Felices los 4, La temperatura y El perdedor que se volvieron vitales en la ascendiente carrera de Maluma Baby.

2016 fue el año que consolidó a Maluma en la escena latinoamericana. Gracias al manejo de Kolm empezó a ser imagen de grandes marcas publicitarias, a vender más shows internacionales, ser jurado en programas de televisión como La Voz y lograr colaboraciones para los discos de consagrados cantantes latinos como Thalía, Ricky Martin y Shakira; con esta última realizaron la creación de Chantaje, cuya canción es su primer y hasta el momento único #1 en listados oficiales de Estados Unidos. Para la barranquillera de las caderas sinceras, “entrar al estudio con Maluma es sinónimo de trabajo sin parar, fluye la química y se ve la pasión que ambos le tenemos a la música”.

Ser Maluma no es nada fácil; le inventan rumores, recibe el odio de sus detractores en redes sociales y su música es el chivo expiatorio de las críticas de quienes creen que el reggaetón es una degradación del gusto. Él es consciente que ese es el precio de su sueño y la única forma de que su nombre siga siendo importante para la historia musical del país.

Frente al empaque de exitoso, carismático y todopoderoso hay rumores que intentan resquebrajar esa imagen. Aunque el guion del galán hace que lo asocien con todo tipo de mujeres deseables y que él mismo muestre fotos con su novia del momento, los rumores sobre su homosexualidad abundan revelando la importancia del icono en el que se ha convertido. Que Maluma sea o no homosexual –algo que solo le debería importar a él– es un interesante punto de giro que derrumbaría la construcción de masculinidad que se ha generado en torno suyo. Como lo escribió Álvaro Castellanos sobre la misma situación con Cristiano Ronaldo, al mundo del entretenimiento no le conviene que una de sus estrellas más rentables se salga del libreto. Además, ¿qué pasaría si se declara homosexual o bisexual? ¿Acaso su música se empezaría a digerir de otra forma? ¿Perdería valor si no es el macho alfa si no el joven que ama como se le da la gana?

Cuando no está sudando en tarima el paisa descansa en alguna de sus casas en Medellín o viaja a refugiarse en algún país en el que pueda caminar tranquilo por la calle. Según él, su forma de mantener los pies en la tierra es por medio de la meditación, el yoga y la conexión espiritual que tiene con su familia y amigos, esos que desde pequeño estuvieron con él en las buenas, en las malas y en las mejores.

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Maluma no tiene techo y está listo para tomarse el mundo por sorpresa. Soñó con sonar en la radio de Medellín; lo logró. Soñó con cantar con Shakira, Madonna o Jason Derulo; lo hizo. Soñó con poder hacer de su nombre artístico una marca conocida a nivel mundial y también lo consiguió. Quizá si Maluma se propone soñar con cantar en la luna lo logra.

Al cierre de este texto Maluma estaba en México estrenando el documental de 83 minutos que YouTube hizo sobre su vida. El hombre que alguna vez usó la frase “la humildad prevalece, la magia crece” como su sello personal, es un interesante pretexto para leernos como sociedad. ¿Por qué es ídolo? ¿Por qué molesta que sea ídolo? ¿Por qué convergen en él todas las críticas a la música vacía y artificial? El “pretty boy” se ha abierto sus puertas y conseguido su lugar gracias a una particular mezcla de constancia, resistencia, carisma, oportunidades y belleza, porque la belleza en esta era de redes sociales también se ha vuelto un talento.

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