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Tandem de Mitú: un confuso revolcón de la música electrónica

Mitú lanza su quinto disco de estudio, “Tandem”, en donde revuelcan el deforme concepto de “música electrónica”.
CORTESÍA: MITÚ
CORTESÍA: MITÚ
Por
Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

Se ha vuelto un lindo hábito recibir un disco de Mitú. El dueto de Julián Salazar y Franklin “Lamparita” Tejedor ha convertido el tecno y la música electrónica de baile duro en una paradoja pues en su quinto disco de estudio, Tandem, las fronteras entre digital y análogo son cada vez más difusas.

Por: Juan Pablo Castiblanco Ricaurte // @KidCasti

Para muchos artistas o agrupaciones lanzar un disco se ha vuelto un largo proceso que toma años de cocción, reflexión, dudas, ires y venires. Otros, ante las dinámicas del mercadeo digital de la música, incluso han desistido de sacar álbumes de larga duración para darle paso a una efímera y constante presencia mediática a través del lanzamiento de fugaces sencillos o EP. Pero para Mitú esos senderos y hábitos de la industria no existen y sumergidos en su propio autismo artístico producen y producen música sin parar, lanzando material sin mayor estrategia y necesidad que la de responder sus inquietudes musicales. Con Tandem, el quinto disco de su carrera (que arrancó en el 2012), Mitú se consolida como uno de los actos más prolíficos de nuestra década y a la vez como uno de los más inquietos en cuanto a producción creativa se refiere.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Entrevistar a Julián Salazar (sintetizadores, teclados, guitarras, letras) y a Franklin “Lamparita” Tejedor (tambores, batería, bajo, voces ocasionales) es encontrar que muchas preguntas se quedarán sin respuesta verbal. Los pasos que dan no son calculados; no hay razones concretas para sus decisiones formales lo cual no implica que no sepan qué o cómo están haciendo su particular y definitivo encuentro entre tecno, ambient, shoegaze, Palenque, bullerengue, pop y ambient. Mitú es una banda a la que la define el ímpetu y la experimentación; su elocuencia está en su música, sobre todo en la que interpretan en vivo desbocados hacia estados extáticos.

Por ejemplo, si alguna vez usaron como herramienta de mercadeo el rótulo “tecno palenquero” para poder tener palabras que etiquetaran su música, el repertorio de Tandem imposibilita la posibilidad de pensarlos en esa categoría. En más de la mitad del disco Mitú partió de melodías hechas en guitarra, con voces protagonistas y estructuras arrítmicas que no son tan obvias para bailar pero siguen siendo contagiosas y con su propio frenesí. A su vez, el disco es brillante y alegre, con varios momentos románticos a través de líricas compuestas por Salazar y cantadas por la cantante de Quibdó, Marsh Waris; la cantadora de bullerengue de Maríalabaja, Yiset Pérez; y Gabriela Jimeno, más conocida por su proyecto Ela Minus. “El disco es profundo, pero más tranquilo. Supongo que las canciones tendrán ese aire”, resume Julián Salazar.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Como siempre la percusión es un elemento clave. Luego de varios años de giras e investigación, Franklin Tejedor ha ampliado su registro de percusión y creado un rico espectro. En Tandem se estrena tocando batería, pero también incluye tambor alegre, llamador y kenkeni; “al comienzo usaba tambor alegre, el de Palenque, pero con los años y por la evolución y necesidad del proyecto voy buscando otros timbres. Un alegre no es como los sintes de Julián que se pueden modular y tomar ciertos tonos. Tengo 10 tambores y en cada disco aparece alguno nuevo o cambio la forma de interpretarlo.”

El proceso de Tandem comenzó apenas se lanzó su antecesor, Los ángeles, en mayo de 2018. Por eso no es de extrañar que el dueto Salazar-Tejedor continuara con una mayor intromisión de material análogo y que en esta oportunidad casi la mitad de las canciones tuvieran como base melodías creadas en guitarra. Diecinueve cortes fueron hechos para este proceso, y aunque solo doce hacen parte del lanzamiento que se estrenó este 4 de octubre, en próximos meses Mitú lanzará una versión extendida con los momentos más experimentales que se quedaron por fuera.

En el 2012 Mitú nació como un innovador y descrestante dueto de “tecno palenquero”. Hoy, con Tandem, es difícil precisar qué es Mitú; si es más electrónica que percusión afroamericana, si es más pop que rock, si el ruido y la psicodelia no son más bien su nuevo lugar de trabajo. En un mundo donde nos movemos en ciudades, andamos en carros y comemos comida artificial empaquetada, donde un sistema modular como el que usa Julián Salazar para hacer su música puede imitar los sonidos de un arpa o una marimba, tiene sentido que consideremos a lo digital y lo electrónico como nuestra nueva naturaleza. Y en ese sentido lo de Mitú sería el folclor del siglo XXI.

¿Y por qué el título? Luego de un largo silencio, Julián admite: “la verdad fue porque no sabíamos qué más ponerle. (risas) Pero siento que le venía bien a esto.” 

 

TANDEM DE MITÚ, CANCIÓN POR CANCIÓN

Verdes ojos chinos

El disco abre con una letra escrita por Julián Salazar a modo de declaración de amor. A diferencia de lo que sucede en otros cortes de Mitú que también son cantados, los de Tandem son más directos, explícitos, y no se van por el desamor. Su cantante es la quibdoseña Marsh Waris, quien entró a satisfacer una búsqueda del dueto por una voz femenina que tuviera un enfoque diferente al de Teresa Reyes (la voz de temas de discos pasados como Solitario, Melgar o Fiebre).

No te vayas sin decirme a dónde

Además del protagonismo del tambor kenkeni, originario de África occidental, está el inquietante color de la voz de Gabriela Jimeno (Ela Minus) filtrada y procesada para crear una ilusión fantasmal. Mitú envió la base musical a Gabriela para que ella escribiera la letra. Sobre el proceso, Julián comenta: “a lo largo que hicimos este disco también le estuve ayudando a resolver ciertos dilemas con su disco, entonces hablamos muchos temas musicales y personales. Los dos estábamos en un momento similar, por lo que siento que la letra habla sobre ella pero me siento muy identificado, como que sabe igual de lo que yo quería tratar". 

Tandem

Con la batería, tambor y bajo eléctrico de Lamparita, la canción que le da el nombre al disco es una pieza lo-fi, atmosférica y tranquila, con un sabor muy parecido al de contempladores como Leonard Cohen. Una pieza misteriosa para ensimismarse más que para estallar de alegría.

Salta

Si se pudiera hablar de un “lado pop” en Mitú, este sería uno de sus ejemplos más claros gracias a la protagónica voz de Gabriela Jimeno que hace de Salta una canción más “cantable” de lo que usualmente se acostumbra para la banda. Por otra parte acá también es relevante el protagonismo de la guitarra

No sé

El momento más errático, "adormilado" y experimental del disco, encapsulado en una estructura de ensueño. El sistema modular que usa Julián le permitió crear sonidos que se vuelven ecos digitales de instrumentos análogos como la marimba, el arpa o los de cuerda chinos. La canción arrancó con un par de beats sencillos sobre los que entró una guitarra desprovista de brillos para que sonara apagada. La estructura arrítmica hizo que para Lamparita fuera una de las canciones que más le tocó repetir en la grabación para poder encontrar un patrón.

Perla

“Cruzo el mar para verte, mientras tú duermes pensando en mí”. En la primera lectura se siente una canción romántica, pero como Julián Salazar explica: “la música y las letras de las canciones de este disco reflejan amor. No me refiero solamente a una atracción por otra persona. También a una mayor comprensión de lo que es vivir”. Perla fue el primer sencillo del disco, lo único que se conoció antes del lanzamiento de todo Tandem, y una canción que se construyó antes desde la guitarra eléctrica que desde los sintetizadores.  "Se siente la diferencia. Venimos trabajando hace 8 años y nunca habíamos tenido este tipo de canciones ni estas formas más cercanas a lo que la gente está más acostumbrada… a canciones", explica Lamparita.

Praha

Si se oyera Tandem en orden, este corte viene a ser un interludio para diferenciar el lado más “pop” (si es que a eso se le puede llamar “pop”) que desarrollaron en esta etapa, de lo que tradicionalmente han hecho más frenético y digital.

Roma

Otra invitada incluida en este disco fue Juanita Carvajal (Soy Emilia) quien no cantó pero sí grabó líneas de bajo para los “coros” de Roma. Una clásica pieza de Mitú que incita el baile y luego se sumerge en una atmósfera intimista y solitaria.

Tan lejos

Lamparita asume un rol más en Mitú al cantar el sencillo coro “tú y yo, tan lejos”. Dentro de las múltiples capas de la canción emerge un sonido que recuerda a la marimba de chonta; sin embargo, a diferencia de actos como Julio Victoria que si han integrado instrumentos autóctonos como “el piano de la selva” o el arpa, Mitú hace una síntesis artificial de esta misma sonoridad desde su sistema modular. El resultado es una nueva definición de naturaleza: la híbrida, bastarda y mestiza, la del hombre de ciudad, dependiente y resultante de la tecnología.

Volando

Durante la grabación del disco Mitú invitó a la cantante de bullerengue Yiset Pérez, oriunda del municipio Maríalabaja, en el departamento de Bolívar, para crear una canción. Con Yiset en el estudio y una base melódica, Julián Salazar fue perfilando los fonemas y la letra de Volando. "Buscábamos que no fuera la típica voz que se pudiera atribuir a un sonido. Queríamos que la cantante tuviera la oportunidad de usar su voz fuera del bullerengue y usarla en cualquier dirección", explica Lamparita.

Cianotipo

Aunque su comienzo despista porque la guitarra lleva el ritmo y es protagonista, poco a poco se desenrolla y contamina de los habituales éxtasis de la obra de Mitú. "Es bonita, toda liberadora, fresca, chévere", explica Julián y por eso su título, Cianotipo, se debe a un color que les gusta, el azul de Prusia, que resulta de este tipo de impresión fotográfica.

Hasta mañana

Quien haya visto a Mitú en vivo entenderá que un set de la banda es como meterse a una montaña rusa de múltiples giros, aceleraciones y vértigo. Pero como toda montaña, el final debe ser desacelerado para regresar progresivamente al punto de estática inicial. Así es Hasta mañana, construida a partir de un tono de guitarra muy bajo, con guacharaca de madera tocada por Lamparita, y una primitiva interpretación de un saxofón que Julián compró y cuyas dos únicas notas fueron tocadas acá.

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