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W.Y.K presenta ‘Doble Uyecá’: poesía a lo Black Mirror

'Deble Uyecá' es un disco que empieza como un documental de observación y termina  convertido en Black Mirror.
Foto: Cortesía W.Y.K.
Foto: Cortesía W.Y.K.
Por
Fabián Páez López

El cuarteto bogotano W.Y.K. hizo una vaca y amplió la nómina de músicos para grabar en los legendarios estudios Audiovisión su primer LP: Doble Uyecá. Se trata culminación de una etapa embrionaria de un proyecto que, sin mucho ruido de por medio, les ha permitido presentar un par de EP y poner su nombre en el cartel del próximo Festival Estéreo Picnic (si es que algún día ocurre).

Por Fabián Páez López @Davidchaka

A los cuatro W.Y.K. de siempre (Pedro Ocampo, Alejandro Tapia, Nicolás Gámez y Oto Duarte) se les sumaron para la grabación Nicolás Mejía (Los Niños Telepáticos, Neck Talese, Conjuro Epiléptico y SCUM) en la guitarra, Sergio Martínez en la percusión, Rafael García en el saxo y Juan Pablo Arias en la segunda batería; además del rapero bogotano El Kalvo, que prestó su voz a uno de los temas.  

Doble Uyecá es un disco que empieza como un documental de observación y termina  convertido en Black Mirror. Son 9 cortes cargadísimos de información, con espíritu jamero y referencias que van desde la literatura barroca, pasan por el folclor llanero y terminan en la crítica de YouTube, el paramilitarismo y el scroll infinito de las redes sociales.

De entrada es un drama existencial con tensión en los vientos (Fronk) y altibajos emocionantes que avisan que todo se va  aponer raro (La vida es sueño). Luego de un primer interludio que funciona como puente a la sección más experimental del disco (y como expectativa de un proyecto en remojo), la voz del Kalvo lo aterriza a uno en una seguidilla de referencias y cachetadas instrumentales atravesadas por el exceso de información, la hiperconexión y el consumo. Por ahí pasan desde momentos inspirados en casos judiciales (Kal), Florentino y el diablo convertido en hipertexto y hasta una reflexión póstuma a una entrevista que hicieron en Shock hace un año. Al final, entre chistes y pullas como puyas, entre ruido y reggae roots, entre improvisación jazzera y rap como declamado, el disco termina siendo como la banda sonora de un tren de consumo en el que estamos todos montados, alimentándolo así sea deslizando el dedo gordo por el feed de Instagram o posteando en Twitter.  

Reconociéndose como trabajadores de un estilo que está a la sombra de lo masivo, W.Y.K. le ha dedicado tiempo y finura a representar también la tensión incomoda de mostrarse al otro. Así nació la palabra “Fronk”, como un desliz periodístico ante lo inentendible de un mix de géneros musicales; así nació Carne para paracos, como pensamiento sobre el lugar del artista, como obligado a ponerse en una bandeja para que el otro agarre, saboree y mastique, sin mostrar si traga o escupe. Por eso han querido jugar con los significados, con los paisajes paradigmáticos. El título del álbum, Doble Uyecá, es, de hecho, a la vez texto explicativo de la pronunciación del nombre de la banda, un juego con el cliché de hacer un primer disco homónimo y una burla a los malentendidos que genera la “escritura correcta”.

Luego de completar la vaca que les permitió financiar la mitad del disco y los comprometió a continuar, de invertir tiempo, plata y cabeza, Doble Uyecá terminó siendo un álbum pulido y grabado con todos los juguetes; coproducido por 'Teto' Ocampo, mezclado por Adrian Alemañy y Pedro Ocampo y grabado por Steffano Pizzaia.

Con este proyecto, que cada vez pinta con más proyección, se ganaron también una beca de Idartes para la creación de un videoclip musical que trabajaron de la mano de Los Niños Films para El Débil.

Esto es Doble Uyecá, canción por canción, presentado por tres de sus anfitriones: Alejandro Tapia, Pedro Ocampo y Nicolás Gámez. Sigan a escuchar.

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Fronk

Pedro Ocampo: Esta canción la hicimos en una época un poco difícil. Estábamos sin ensayadero. Nos tocaba pagar por ensayar y no sabíamos bien qué hacer. En un momento, antes de que llegara Gámez al ensayo, yo me puse a improvisar con Oto y él grabó con el celular. Después Oto sacó un remix de esa grabación que fue reloca y quedó una chimba. De ahí surgió la idea. Después, para el disco, con Rafa el saxofonista surgieron unos arreglos, como el puentesito de la mitad. La estructura la hicimos entre los cuatro de siempre, pero cuando uno involucra músicos invitados inevitablemente hay cositas del arreglo y la estructura que van cambiando. 

Alejandro Tapia: Más allá de eso, son temas que no es que alguien haya escrito, sino que son el resultado del diálogo de todos los músicos. Sobre la letra siempre se va a tratar de sacar el motivo. Yo veo si tengo algo escrito o si vale la pena que le meta algo distinto y que le escriba algo puntualmente al tema. Siempre es el resultado de la conjugación de todos los factores. 

“Fronk” aún no sabemos bien qué es...O bueno sí, es una agencia de booking o de management de la cual hace parte en este momento W.Y.K, SCUM y Nicolás Pava.

La letra la tenía escrita, al comienzo partió de mis entrañas. Es sobre esa vaina depresiva de que todo el mundo es prescindible pero que igual está acá. Y luego solamente se me hizo coherente con la idea de un proyecto musical como W.Y.K. En últimas podríamos no estar, pero ya estamos, y estamos tatuados. No nos van a borrar. Va por ese lado. Me trama mucho el primer tema del disco porque habla del primer momento del día. Salgo de casa, lo primero que hago es que me fumo un cigarro, me pongo los audífonos y trato de escapar a todo este ruido que me rodea para poder concentrarme y entrarle a esto que es el “Fronk, Fronk”. Es un tema que tiene ocho versos máximo, pero los tiene muy bien puestos.

 Nicolás Gámez: El tema partió de la idea de uno y todos fueron aportando su parte. Siempre están sujetos a cambios. Si vemos que hay la posibilidad de cambiar un tema para mejorarlo es bacano que cada quien proponga. 

Pedro Ocampo: Si uno analiza el viaje del disco, no escuchando la música en sí, sino el sonido, diría que es como el tema que tiene el sonido más viejito en cuanto a la mezcla. Es interesante porque grabamos todo así. Lo mezclamos pensando en un tema de antes y después le metimos un bajo una gonorrea, como que queda en la cara, entra y se sale. El disco empieza más a la antigua. Luego se empieza a difuminar. 

La vida es sueño

Alejandro Tapia: La vida es sueño es un chiste. Comenzó como una jodedera entre nosotros una de esas veces que decíamos que íbamos a ensayar pero terminábamos no ensayando y pusimos beats. Yo tenía en la maleta una versión del libro [de Pedro Calderón de la Barca, La vida es sueño] y nos dimos cuenta que se pueden rapear esos versos de los años 1600. El beat es de hace tres años. Lo grabamos cuando fuimos a Honda, en un jam en el que estaban Pedro y Oto tocando. Ya estaba el motivo de ir acelerando y luego lento. Pero lo que es hoy no tiene nada que ver con cómo empezó la idea.

Pedro Ocampo: Ese tema lo pueden encontrar en el EP de hace tres años, pero en esta versión el aporte más importante lo hizo Juan Pablo Arias, el batero. Hizo un cambio muy chiquito pero que lo volvió una cosa distinta.

Nicolás Gámez: Antes era un tema más acelerado, siempre tendíamos a acelerarlo. Juan Pablo lo volvió más funky.

Pedro Ocampo: Ya no se siente corriendo, sino que se siente más fluido. Lo tocamos al doble de tempo pero se entiende. Los puntos de vista baterísticos le dan mucha riqueza a uno en cuanto a las formas de hacer las canciones. 

Alejandro Tapia: En el primer EP le habíamos puesto un intro más teatral y tenía un sample del viaje de Chihiro. Una mierda como conceptual peye y en vivo terminaba yo diciendo "Y olé", porque estábamos en esa vaina de Sigismundo. El intro que le pusimos en esta versión es mucho más a fin a lo que es el tema que es funk. 

Pedro Ocampo: Hay un beatmaker de Medellín que se llama Frank Jhonson, que tiene un disco tremendísimo que se llama Tinto, con un rapero que se llama Al Baro. Se nos ocurrió hacer una colaboración con él, le escribimos y él estaba dispuesto. Le mandamos maquetas que nos salían y él nos mandaba maquetas a nosotros. Queríamos hacer una canción en la que él nos mandaba un beat hecho con samples, nosotros reinterpretábamos en instrumental esos beats, se los volvíamos a mandar y él hacía algo distinto con eso.

Ese proyecto no se pudo hacer por la pandemia. Él se quedó encerrado en una finca de Medellín sin estudio y sin con qué camellar. Pero en Audiovisión nos gastamos unas horas para grabar ese material para mandárselo a él. Ese material quedó bacano y decidimos no desperdiciarlo y hacer esos dos interludios chiquitos. En el primero también hay un sample que lo puso Tapia.

Alejandro Tapia: Es de Alejandro Obregón. Durante la pandemia me la he pasado viendo YouTube. En esas me embalé resto. El man cumplió, creo, 100 años hace poco. Siempre he tenido afinidad con lo que pinta él y me tramó algo de una entrevista que tiene ese color de grabación antigua, hecha por Gloria Valencia como en el 68. Es una chimba porque le hacen esas preguntas medio culas que les hacen a los pintores como "Qué se siente estar frente al lienzo en blanco". Y él le responde que le da miedo el lienzo en blanco, pero que luego de decir "Este va a ser el mejor cuadro de la humanidad", cuando lo acaba, se da cuenta que es solo uno más. Y no solo uno más entre sus cuadros, sino uno más entre los cuadros de todo el resto del mundo. Eso se me hizo poético pensando en el disco, en cuando uno hace una mierda y cree que va ser la locura. Al final, puede que lo sea, pero es una más. Puede ser un buen trabajo, pero ¿cuántos buenos trabajos hay? Se me hizo que iba bien para entrar al disco, porque los dos primeros temas lo cogen a uno de golpe, pero después de este interludio empieza el viaje. 

Nicolás Gámez: Algo bacano de los dos interludios es que, por más de que grabamos en Audiovisión y de que tuviéramos el tiempo contado y tocaba aprovecharlo lo más posible, hubo momentos en los que, entre tema y tema, nos poníamos  a jamear. Es lo que siempre hemos hecho desde que empezó el grupo. Partes de esos jams se masterizaron y se pusieron en esos interludios. No se ha perdido esa honda que tenemos desde un principio. Un poco por eso se creó el grupo. Hay jams de joder la vida, mezclarlo, meterlo y sale. 

Kal

Pedro Ocampo: El tema tiene unos dos años. Es un tema muy poderoso porque es una melodía que hacemos todos en unísono. Tiene solos. La parte en la que rapea el Kalvo podría ser un solo de él. Es bacana porque es una melodía muy simple pero con mucha fuerza. Es una chimba siempre, no pierde el viaje. Esa canción la hicimos primero para una sesión que nos grabó un parche en Cali que se llama Casatrescruces. 

Nicolás Gámez: Pega resto con la voz del Kalvo. Es pesada y él está ahí encima botando su poder. 

Pedro Ocampo: Kal tiene bastante sentido, es una canción concisa en eso. Yo hice la melodía para que grabáramos con el Kalvo y tenemos un sample musical que es como un guiño o un homenaje a una canción de The Bad Plus con Joshua Redman que se llama As This Moment Slips Away, en el solo de Gámez. De la nada se vuelve medio funkera la vaina, porque este man hace solos bien funkeros. 

Alejandro Tapias: Venerando Lamelas, a quien menciona el Kalvo, es el empresario detrás del edificio B de Bacata. Un tipo que tiene edificios por todo el mundo y se ha volado. El coro es en honor al as de los elefantes blancos. 

Pedro Ocampo: Una melodía siempre es muy fuerte porque evoca. No es como un groove que todo el mundo está haciendo cositas y se construye algo que todo el mundo va a recordar, pero uno no lo va a recordar con la misma fuerza que una melodía que todo el mundo está haciendo al unísono. Incluso aunque el Kalvo habla de una metáfora medio enredada, difícil de entender, se invoca algo que es contundente. 

El Débil

Alejandro Tapia: Esta canción la grabamos dos veces. La primera fue apenas nos unimos, cuando nos fuimos de viaje a Honda, Tolima. El tema, como yo lo veo, nació gracias al Korg, un juguete/sintetizador que tiene Pedro. En un momento se le quedó prendido haciendo ruido y se amplificaba con un ampleto de guitarra medio chuco que tenía un efecto metal. Ese sonido nos invitó a hacer una especie de universo. Yo en ese momento tenía muchas ganas de hablar de Guadalupe Salcedo y de esos cuentos de los llanos. Esto es una reescritura de Florentino y el diablo, un joropo o cuento que escribe un venezolano [Alberto Arvelo Torrealba]. Siento que Florentino es como la figura de Orfeo de la parte alta de Sudamérica, que, al igual que Orfeo, tiene que hacer música y tiene que vencer al diablo. Hice la reescritura tratando de traer el mito a nuestra realidad. La idea era contar el cuento encima de ese paisaje musical muy metal que estaba pasando. 

Pedro Ocampo: La principal razón por la que lo volvimos a grabar fue porque hay un espacio de dos minutos entre verso y verso donde lo vemos como un solo colectivo. Nos propusimos algo que terminó saliendo muy bacano: incursionar en el ruido. Ya no importaba quién estaba haciendo qué nota y en qué ritmo, sino que simplemente queríamos generar una atmósfera muy pesada, muy llena de cosas, pero escuchándonos. Tiene que ver con la improvisación. La mezcla fue muy difícil porque fue muy brioso. Fue difícil que se entendiera lo que todo el mundo estaba haciendo en ese ruidajo, pero al final se logró. Nos puso muy felices ganarnos la convocatoria de Idartes con esa canción, porque es el tema menos popero que vamos a tener en la vida. 

Nicolás Gámez: Algo bacano de ese tema es que los músicos que se incorporaron tienen mucha cancha en la impro libre. El tema es mucho ruidajo y todo, pero es bacano porque rescata la interacción que hubo entre nosotros. 

Pedro Ocampo: Ese es Frank Johnson hablando. Fue una nota de voz que el man me respondió y yo le envié a los demás para que vean el man como habla tan calidoso. 

Nicolás Gamez: Todavía no ha llegado el momento de una colaboración como tal, pero el hecho de que Pedro le hable a este man y el responda "Qué chimba, la buena, las mejores" es muy áspero. 

Alejandro Tapia: En palabras paisas, eso es lo que nos dio moral para seguir metiéndole. Otra cosa sobre estos interludios es que son como la cuarta interpretación de un tema de Michael Jackson que se llama People Make the World Go´Round, que se me hace poéticamente lindo por lo que estábamos hablando al comienzo: al final todo es un diálogo entre mucha gente y es la gente la que hace que todo esto gire. Son 9 músicos en estudio, pero además las personas que nos ayudan en una vaca, etc. Es un detallito de fina coquetería para pensar en el proceso. 

Pedro Ocampo: También los interludios sirven para pegar, porque el disco es un sancocho muy berraco. Y lo último que se me ocurre agregar es que Adrián Alemañy fue el que reinterpretó la interpretación nuestra a modo de beat de un modo más orgánico. Cogió el bloque y lo empezó a pasar por el Machine y otras cosas que tiene para hacer rap. Finalmente él fue el último músico invitado en el disco.

Carne para paracos

 Nicolás Gámez: Me parece una chimba ese sancocho de lo que es el disco. Terminaron siendo los temas viejos al principio y los temas más elaborados al final. El tema surgió de un jam en el que Pedro estaba que puyaba y puyaba para que hiciéramos un dub. De ese tema salió una idea pequeña que terminó siendo un reggae.

Pedro Ocampo: Un poco la razón de ser de la canción es que nosotros hicimos una entrevista con Shock que se llamaba Carne Fresca. Nosotros la hicimos con ganas de compartir el trabajo que hacemos, pero no quedamos muy orgullosos de la entrevista porque no somos tan carismáticos frente a las cámaras. Nos daba risa de cómo había salido y después nos pusimos a pensar en la “carne fresca”. La canción terminó siendo una especie de crítica al consumo, a exhibirse, a cómo nosotros dijimos "Somos carne fresca"… ¿Para el consumo de quién? Es así como está configurada toda la forma en la que uno es artista. Uno camella, pero, lo quiera o no, la música se termina volviendo entretenimiento, consumo, números. 

El tema se llama Carne para paracos y me parece curioso que es un reggae. El reggae que es una música que suele hablar de realidades pesadas, con letras de protesta bajo un contexto musical todo bacaneado, lento. Es el tema del disco que más corresponde a un género. Es chévere volverlo así tan cuadrado.

Alejandro Tapia: El tema sí nació de eso. Y de que nos gusta joder la vida pero no somos tan carismáticos para hacerlo en ciertas situaciones. Lo que quisimos fue hacer este tema para que en YouTube, cuando pongan Carne Fresca, no salga la entrevista de primeras, sino un tema que se llame parecido que hable de cómo somos objeto de consumo. Claro, es porque estamos en este contexto específico de esta coyuntura. Nos toca ser algo fresco, ser pan caliente. En últimas el tema me parece muy divertido porque voltea la cosa. “Soy Carne Fresca”, pero te la vas a comer podrida. Es sobre la indigestión y el malestar que puede generar consumir algo que no sea fácil para el oído, que no sea fácil para el consumo. Ese tema se me hace muy divertido. 

Estando donde estamos, y habiendo llegado a donde llegamos, nos dimos cuenta de que, en últimas, si éramos objeto de consumo. Por eso me pareció chévere utilizar la plataforma para hablar de cosas densas. Para decir que en Colombia hay vainas que no están bien. Eso sí lo cogí del lado de Edson Velandia y de Jaime Garzón. Hablar de la gente que no ha sido juzgada por el pueblo o condenada como debe ser (Álvaro Uribe, Carlos Castaño), poner nombres propios me parece importante. Fue, por primera vez en la vida, hacer algo medio conciencia. Son dos discusiones lejanas, y meterlas dentro de un reggae fue muy divertido 

11 playitas

Pedro Ocampo: Es el segundo tema más difícil de mezclar del disco. Tiene una dinámica muy berraca. En el verso, cuando hay voz, estamos tocando lo más pasito posible. Mezclándolo era una delicia. Nivelar las partes fue muy difícil. Es un tema que tiene algo muy parecido con Carne para paracos porque es muy juguetón. Juega con muchas cosas y tiene humor. Yo me imagino un rolo en la playa en Santa Marta. Esos que se ven quemados con chancla y media. Me imagino eso porque además yo soy muy rolo y me gusta imaginarme en la playa. Además tiene un solo de improvisación colectiva que es un poco parecido a El Debil, pero es más aterrizado. 

Nicolás Gámez: Lo bacano de esa estética que Tapia planeta en la letra del cachaco es que desde la música intentamos recrear vainas playeras. Juan Pablo el batero, en la parte final, dijo imagínense una marcha, tambores africanos, ritos. Son cosas que surgieron el día que íbamos a grabar y le dieron pesadez a los temas. El hecho de estar en estudio hace que pasen más cosas. 

Alejandro Tapia: A mí me gusta pensar mucho en el paisaje, en qué me suscita lo que está pasando. Y eran unas vacaciones en las que uno se insola. Uno piensa que es una chimba y que la vida en la playa es de hamaca y de qué mierda la corbata. Pero un poco más conceptualmente era invitarme a mí mismo a no dejar de jugar nunca. Tiene mucho de lo que es el ocio, de por qué se supone que estoy perdiendo el tiempo. Yo no tuve una familia que me esté jodiendo por no ser productivo, pero me imaginé mucho a estos papás de película gringa que putean al niño que quiere ser músico y me puse en esa posición a pensar para qué gente estoy perdiendo el tiempo y qué es el tiempo vivo, qué es el tiempo muerto, comenzar a pensar en la vaina del ocio. Lo que uno ve es que el ideal del bogotano que no tiene vacaciones es la playa. Pero la playa termina siendo un link en Internet: https:www.misprimeras11playitas.com. Al final, se vuelve la caricatura de lo que es al final ir al Irotama: el versus de la playa paradisiaca con la real playa del oficinista bogotano. 

Scroll

Alejandro Tapia: Scroll va después del link. Es un tema muy camión, muy podro, porque tanto musicalmente como en la letra está diciendo mucho. Se relaciona un poco con el consumo fácil y rápido y sin pensar, el siga pa´abajo. Además es el único tema que tiene groserías. 

Pedro Ocampo: El tema tiene ese componente distópico de la era de la información y de la comunicación. Introduce esa cosa del camión que es el capitalismo, que es imparable, que es una locomotora de la que todos somos súbditos y zombis ahí scrolleando, pero al mismo tiempo tiene unos dos o tres minuticos de solo en toda la mitad que hace pensar no tanto en el lío de la intercomunicación sino en el lío espiritual en el que estamos todos por ser víctimas de la locomotora, pero también somos víctimas de nosotros mismos porque somos los que le echamos más carbón. Tiene esa parte onírica que hace referencia a cosas que no se discuten a punta de lenguaje. Por ejemplo, todo lo que uno comparte en las redes es información y es discurso y son imágenes, pero la vida no es solo eso. Y hay una parte muy grande que no tiene que ver con el lenguaje ni con estas otras cosas. Es el plano espiritual del que hablo. Después viene la letra y después viene un solo de batería que es el acabose del disco, así que igual tiene un componente que es otra cosa, pero que es una distopía de frente. 

Nicolás Gámez: La música acompaña muy bien a ese tema. Es un beat muy repetitivo, como si uno estuviera scrolleando precisamente. Es muy pesado, es mucha información. Yo veía en el solo de Pedro como a la persona recapacitando. Y ya en el solo de Juan Pablo es como una cachetada final al oyente. Y chao, ya se acaba el disco. 

 

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