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Ariel Rot llega al Festival Centro trascendiendo los clichés del rock and roll

Por
Redacción Shock

Por: Luis Fernando Mayolo - @mayolito

Ariel Rot no se considera ni argentino, ni español, afirma que a estas alturas de su vida no entiende porque una persona no puede ser de todas partes, tal vez  porque se ha pasado recorriendo el mundo con su música, pero sobre todo viviendo con intensidad algunos de los momentos más eufóricos del siglo pasado en España y Argentina.

Para los que no lo conocen su historia con Tequila y Los Rodríguez lo catapultaron a la fama a finales de los 70 y principios de los 90, pero sería su faceta como solista la que lo consolidaría como músico.De eso ya hace cerca de 30 años.

Curiosamente sería en este momento de su vida, con un corazón maduro y machacado, como dice en el prólogo de su más reciente álbum 'La huesuda' el periodista Federico Oldenburg, que en su ruta se metería nuestra querida Bogotá.

Rot se presentará el próximo 8 de enero en el Festival Centro, con un espectáculo íntimo en el que estará solo en el escenario interpretando varios instrumentos y mostrando cómo se reinventa un artista todos los días.

Hablamos con él sin afanes poco más de 20 minutos, aprovechando uno de sus momentos de esparcimiento al caer la tarde en su hogar. El resultado, una diáologo sobre el rock and roll, la libertad, su historia y por supuesto, sobre 'La huesuda'.

Shock: La Huesuda' es un viaje musical por el rock and roll británico, la melancolía del rock argentino, el tango, el jazz y muchos otros ritmos que generan muchas emociones. ¿Cuál es la visión que tiene usted de su propio disco?

Ariel Rot: Es probable que sea mi disco más sensible y personal, que se sale de muchos clichés del rock an roll que siempre estuvieron muy emparentados conmigo. No es la primera vez que aparecen diversos géneros en mi propuesta, pero en esta ocasión me lo tomé con más libertad, eso sí, siempre desde el rock. Están presentes además mis raíces, el rock argentino de los años 60 y 70 de los que soy contemporáneo, que se filtró de una manera natural en mí, porque era un chico inquieto que iba a todos los conciertos que podía.

Cuando habla de alejarse de los clichés del rock and roll, ¿a qué se refiere?

Hay muchos clichés, pero me refiero a una cuestión de sonido y composición ligada a los Rolling Stones, Chuck Berry y Tequila. Eso sería una larga charla tal vez para otra oportunidad, porque el rock que surgió como un sinónimo de vanguardia y de libertad, pero con el tiempo se fue uniformando y adoptado clichés basados más en el envoltorio que en la sustancia. Hablo de las vestimentas, los tatuajes e incluso de la actitud.

Debe ser muy difícil reinventarse después de 13 discos como solista. ¿Cómo hace para no repetirse y explorar nuevos caminos?

A veces son las circunstancias las que marcan eso. Este disco está muy influenciado por una gira que hice el año pasado, con la que llegaré a Bogotá, 'Sólo Rock'. En este tour por primera vez salí solo al escenario, sin músicos, interpretando el piano, la guitarra eléctrica y la acústica. El show que estará dividido en tres tercios será el mismo que presentaré en el Festival Centro. Este formato tiene un importante grado de dificultad, lo que me obligó a darme otro empujón como artista y descubrir nuevos matices para expresar mi música. Esto ha sido un antes y un después en mi carrera. Este show que llegó de manera casual a mi vida, se transformó en algo importante, a tal punto que 'La Huesuda' parte de ahí, ya que la compuse en esta atmósfera. Son cosas que inyectan una nueva energía en tu obra.

En el librito del disco hay una frase de Federico Oldenburg que dice: "si de lo que se trata es de escribir canciones sensibles y cantar dolorosas verdades, es más apropiado un corazón maduro y machacado, que un jovial arrebato". Es una idea que justamente está en la ruta de lo que hablamos...

El rock siempre se asocia a la etapa juvenil de la existencia, con buenas dosis de rebeldía y diversión, pero cada etapa de tu vida tiene un mensaje detrás y el rock se acopla perfecto a ello. Eso lo estamos demostrando muchos de mi generación, tal cual como Lou Reed, hasta la muerte.

¿Qué recuerdos tienes de esa era maravillosa del rock argentino?. De Charly, Fito, Cerati..

Casi que lo viví como espectador, porque me radiqué en España desde muy chico. Tal vez la única vez que coincidí con ellos fue en Caracas en un festival. Con los Rodríguez apenas estábamos comenzando y no nos conocía nadie. Fue muy divertido porque ahí estábamos todas las bandas en un mismo hotel.

Esta época la vivió como un espectador porque se tuvo que ir a España huyendo de la dictadura argentina... 

Esa década la viví mitad en Madrid, mitad en Buenos Aires y tuve la oportunidad de vivir los momentos más eufóricos de los dos países. Llegué a España en el 76 y viví todo el cambio y la explosión de la libertad y la puesta al día en la modernidad. Ahí no fui solo un espectador, sino protagonista con Tequila. Luego me fui en el 85 para Argentina y experimenté ese estallido de la democracia, de poder vivir la calle sin temor. Eso evidentemente hizo surgir toda clase de grupos y actividades interesantes.

¿Entonces se siente argentino o español?

No podría explicarlo, pero a estas alturas no me siento ni español, ni argentino. No entiendo porque uno tiene que ser solo de una parte.

En su momento fue un acto de valentía el lanzarse como solista luego una historia memorable en Los Rodríguez y Tequila...

Nunca había sido solista, eso fue lo más complicado de todo. Había tenido una experiencia de la cual salí bastante tocado, porque nunca me sentí cómodo en aquella época. Pero cuando se acabaron Los Rodríguez no encontraba una ruta para tener otra banda. Tuve que hacer entonces un trabajo emocional y musical, y pasar de ser un guitarrista que estaba en un costado del escenario a ponerme en el centro, ser autosuficiente, componer mis propias canciones, cantarlas y ser el frontman del espectáculo. Fui de a pocos, lento. Con un año de anterioridad sabíamos que Los Rodríguez terminarían, pero se pospuso por una gira que nos propuso Joaquín Sabina. Un año raro en el que prácticamente no hubo actividad con la banda. Entonces aproveché y armé una agrupación pequeñita en la que hacíamos varias canciones, que luego hicieron parte de mi primer disco. Ahí adquirí tablas sin compromiso. Cuando llegó la hora de la verdad, ya tenía cierta experiencia y seguridad.

¿Por qué reinterpretar 'Debajo del puente' en 'La Huesuda'?

Es curioso lo que pasa con un repertorio sobre todo cuando ya tienes más de 30 años de carrera. Los temas de repente aparecen. Hoy mismo le he dado una nueva vuelta a una canción mía de hace 15 años. ¿Por qué? estaba aquí con la guitarra y de repente surgió pensando en el show de Bogotá. De esta manera le di a un rock and roll un aire más de blues y ranchera. Es curioso. Así apareció 'Debajo del puente', no fue una visión mercantil. De todas maneras fue el primer texto adulto que escribí y se adapta perfectamente a mi repertorio actual. Hoy ese mundo marginal que retrato tiene una nueva lectura, que había que sumergirse para encontrarlo, hoy ya salió a la superficie. Lo vemos en la calle, en las oficinas y en los despachos.

Hay canciones que el público adora y los artistas nunca vuelven a interpretarlas. En su caso, ¿cómo manda al olvido temas que le ayudaron a construir su carrera?

Hay distintos motivos. Cuando sacas un nuevo disco es como un cambio de piel y hay trozos que se quedan en el camino. En el show tienes que decidir cuántos temas nuevos vas a interpretar y cuántos vas a rescatar del pasado. En ese momento hay canciones que pasan al olvido y ahí se quedan, hasta que el público te los pide. No tengo complejos en ese tema y no me hago de rogar mientras esa canción tenga sentido. Sino tocaríamos 100 canciones en los conciertos.

¿Cuáles son sus expectativas sobre su presentación en el Festival Centro?

A estas alturas de mi vida no creo en los milagros. Para mí es ya algo impresionante poder ir a sitios donde nunca he estado para que conozcan mis canciones y mi música. El gran objetivo sería, si hay suerte, que Colombia se convierta en uno de esos destinos donde me invitan a tocar de manera frecuente, sin pensar en grandes estadios, ni grandes despliegues. Espero incorporarlo a mi ruta.

Finalmente, ¿por qué seguir siendo un testaduro rockero?

El rock es dejarse llevar, es triste que se convierta en uniforme. Es libertad, ser uno mismo.