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El público se rindió ante la sabrosura del Festival Centro 2017

Con guitarras champentúas, propuestas instrumentales y hasta canciones inspiradas en bromas de Jeringa transcurrió el Día X en el Festival Centro 2017.

Con guitarras champentúas, propuestas instrumentales y hasta canciones inspiradas en bromas de Jeringa transcurrió el Día X en el Festival Centro 2017.

Un viaje sabroso por la música del caribe y la cumbia reinterpretadas a través de nuevos sonidos y puestas en escenas que nos contagiaban con el mensaje de que lo que estábamos viendo no era folclor tradicional. 

Seis propuestas que reunieron a sus selectos combos de fanáticos y una buena parte de público casual que estaba en búsqueda de las nuevas expresiones de la música colombiana y latinoamericana.

Uno de ellas fue Tromba Bacalao, la banda bogotana que cuestionó la pasividad de los espectadores diciéndoles "Por qué carajos están sentados, esto es para bailarlo". Vestidos como si acabaran de salir del manicomio, el grupo fue el primero en intentar prender la fiesta. Buen Día previamente nos había preparado con su guitarra champetúa e influencias caribeñas, pero su puesta en escena era mucho más íntima que bailable.

Con Romperayo el público por fin decidió pararse masivamente de los asientos y enfiestarse. "Es como si la música tropical colombiana de antaño viajara en una descarga de ácidos", dijeron con orgullo, y con toda la razón del mundo, su música estaba envenenada con sicodelia.

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Lo mejor vendría con el grupo dominicano Mula. Las chicas mostraron que tienen su identidad, con un sonido muy propio combinado de bachata, pop, merengue, electrónica y despecho. Con más carisma que el mismísimo elenco de Stranger Things, el público del muelle se rindió e intentó seguirle el paso a sus beats llenos de sabrosura, incluso en su homenaje a Las Chicas del Can.

Pero no todo tenía un ADN tropical. Militantex de Medellín se dedicó a montarnos en su trip sonoro e instrumental. "No tenemos letras porque somos unos analfabetas crónicos", dijeron en el escenario, mientras se dedicaban a invitar maestro tras maestro a su tarima, entre ellos Carlos Reyes.

Si esta banda parecía salirse del mood propuesto en este día del Festival Centro, el cierre lo hizo con contundencia. Resurrección nos introdujo sin vaselina en los terrenos del metal y la jornada no terminó como parecía.

Como siempre, la diversidad fue la constante y el público ya no lo recibe con sorpresa. Fotos: Daniel Álvarez @daniel.alvarez9
 

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