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Buscamos a Bob Moses en el reino oscuro antes de su toque en Estéreo Picnic

El dueto de música canadiense será una de los picos de la oferta electrónica del festival.
Por
Lina Cepero

Estéreo Picnic se ha vuelto en un buen punto de encuentro de varios de los nombres más brillantes de la industria musical anglo, así como de joyitas alternativas, underground, experimentales, que son la sensación de clubes y referentes de la vanguardia. El sonido oscuramente fiestero de Bob Moses es uno de estos grandes ejemplos. 

Por: Lina Cepero

Bob Moses no es un Bob de apellido Moses, sino dos jóvenes canadienses –Jimmy Vallance y Tom Howie– que desde 2011 se reunieron a hacer música por el simple gusto. Su proyecto empezó a crecer sin haber establecido como un propósito claro desde el comienzo, siempre trabajando con beats de tonos oscuros, arreglos de guitarras, y ritmos de deep house. En principio dirigido a un público muy específico de espacios underground de Nueva York, Bob Moses posiblemente ha ganado una nueva audiencia al lograr unificar las composiciones electrónicas de alta calidad a la cercanía que puede ofrecer un trabajo vocal pulido y sencillo. Esto se traduce en un potencial exitoso que integra varios nichos y públicos, y que los ha llevado a tocar en diferentes países, festivales y espacios como SXSW y Buku. Su crecimiento ha sido expansivo desde que la banda lanzó sus primeros dos EP, antes de publicar su álbum debut en 2015, Days Gone By, igualmente misterioso y sedante, con Domino Records.

Hablamos con Jimmy Vallance antes de su épica presentación este jueves 23 de marzo en el Festival Estéreo Picnic. 

 

Es una pregunta común pero me gustaría saber más sobre su nombre. ¿De dónde salió y cómo llegó a ustedes?

Tom y yo empezamos a escribir música en Brooklyn. Duramos un año sin ninguna idea real de a dónde nos dirigíamos más que con la intención de escribir la mejor música posible. Íbamos a estas fiestas en bodegas y pasábamos mucho tiempo con unos chicos del sello Scissor and Thread. Era algo así como una boutique cool de un sello underground de Brooklyn y cuando empezamos a trabajar con ellos nos dijeron: “Si van a seguir necesitan un nombre”. Volvieron a nosotros con la idea de Bob Moses. No entendíamos qué significaba y nos contaron que más o menos la idea del sello era que todos los artistas tuvieran un seudónimo relacionado con algún ícono famoso y clásico de la ciudad de Nueva York. A nosotros nos dieron Robert Moses, que era un planificador urbano que construyó y diseñó una serie de autopistas y edificios que hacen a la ciudad lo que es hoy en día. Es un personaje amado y odiado por igual, y la gente lo ve de formas muy diferentes dependiendo de dónde viven. 

¿Cómo fue su acercamiento a la música antes de trabajar juntos? ¿Cree que sabían en el fondo que este era el propósito?

Los dos siempre nos tomamos nuestra relación con la música muy en serio, pero el proyecto de Bob Moses era algo muy trivial que de repente se convirtió en algo muy interesante. La música que estábamos escribiendo para Bob Moses (aunque todavía no fuera Bob Moses) nos hacía muy felices: Tom estaba muy enfocado en componer y en las letras, y yo en producir y buscar buenos sonidos de sintetizadores, batería, mezclarlos y encontrar buenas combinaciones. Cuando nos encontramos se trató de unificar y dialogar juntos.

¿Cómo es el orden en estos procesos? ¿Es más fácil escribir primero y luego componer o componer y complementar la melodía con las letras?

Esta es la parte más complicada, la más difícil de escribir una canción. Las letras siempre llegan después y por lo que he discutido con muchos amigos músicos sobre sus procesos de escritura y composición, para la mayoría es igual. Normalmente tenemos un beat o la parte de una melodía, y tal vez una melodía vocal que usualmente somos nosotros cantando en un lenguaje incoherente, o tarareando. Se trata de escribir algo para lo que no tenemos palabras y luego mucho de lo que sale puede ser accidental. Estamos entre los dos sacando ideas que a veces terminan siendo las líneas de nuestras canciones.

Aunque Bob Moses es un proyecto de música electrónica, casi todas las canciones tienen letras. ¿Cuál es el papel de las voces en un proyecto como este?

Las letras tienen la habilidad de contar una historia. Hay muchas formas de contar historias con esos tracks instrumentales que a veces son más comunes entre artistas electrónicos, pero las letras son una gran oportunidad para conectarse con la audiencia, hace que resuene con lo que el oyente está viviendo o experimentando en su vida.

 

¿Qué música de la que escuchaba cuando era adolescente ha influenciado su proyecto?

Yo fui un niño en los años noventa, así que definitivamente mis mayores influencias son los Chemical Brothers, Prodigy, Nine Inch Nails, Nirvana, Rage Against The Machine, Oasis, y todo el brit pop, la música electronica de esa década, el grunge y lo industrial. Todo eso fue grande, me gusta el rock clásico pero tengo un punto débil por los noventa.

 

¿Cómo han crecido a la hora de pensar el trabajo colaborativo?

Nos hemos vuelto muy buenos a la hora de ser honestos el uno con el otro en el estudio. No siempre se tienen buenas ideas, así que se debe poder estar cómodo con compartirlas, intentarlo, saber que tal vez no siempre es lo que se está buscando y tener un compañero que pueda decir abiertamente que una idea no es buena sin herir susceptibilidades. Tom y yo nos hemos vuelto buenos para editarnos mutuamente.

Siempre han tenido un sonido algo oscuro pero eso ha ido transformándose con el tiempo y se ha diversificado un poco. ¿Qué ha cambiado con el tiempo y qué exploraban en el último trabajo?

Cuando arrancamos con Bob Moses queríamos tocar en fiestas oscuras y underground y sólo nos enfocamos en hacer cosas básicas que nos hiciera entrar ahí. Pensamos que lo más importante era escribir canciones que para todos fueran relacionadas sin comprometer el sonido de Bob Moses. Ahora queremos expresar nuestra voz, no estamos cerrados a escribir canciones para ciertos bares o para ciertas estaciones de radio, sino que sentimos que podemos hacer cualquier cosa que queramos.

¿Cómo fue su primera aproximación a la música?

Mi familia está llena de músicos así que cuando era un niño siempre estuve rodeado por ella. El primer instrumento que amé fue una batería, luego tomé lecciones de piano pero me pareció muy aburrido y terminé tocando guitarra cuando era adolescente. Entendí que lo que quería era poder tocar cualquier instrumento o entenderlo de tal forma que pudiera ser lo suficientemente bueno para escribir música. Y eso es todo lo que me importa. No quería ser un virtuoso del piano, sólo escribir canciones.

En el proceso creativo, ¿cree que uno se debe sentar frente a la página en blanco hasta que algo se logre?

La creatividad es 110% disciplina. Uno se tiene que sentar en un espacio, dejar pasar el tiempo y permitir que suceda. Hablas de la página en blanco, y para nosotros eso es el silencio: no tener ningún sonido y tener que crear alguno. Y tienes que estar en un espacio en el que puedes estar durante 10 o 12 horas seguidas, lo que sea necesario. No va a suceder de otra manera, por cada buena idea se escriben 10 malas. 

 

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