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Lecciones de autenticidad y desencanto con Vincent Cassel en el Ficci

El actor se declaró como un pragmático insatisfecho, que ya casi no ve cine y prefiere disfrutar los momentos de forma mucho más simple.
Foto: Gettyimages.
Foto: Gettyimages.
Por
Luis Fernando Mayolo

Vincent Cassel siempre ha disfrutado de las mieles y hieles de hacer películas para la gran industria, como para el cine independiente. Mejor dicho, siempre ha hecho lo que le da la gana. Por eso en su historial podemos encontrar películas como Doberman, Mon Roi, El Cisne Negro y El Odio, con un discurso dramático más elaborado y pinceladas artísticas y experimentales, hasta producciones como Jason Bourne y Ocean's Thirteen, con una narrativa que privilegia más la acción que la búsqueda o reflexión interior.

Lo único cierto es que tanto en una tendencia, como en la otra, su capacidad para elegir buenos títulos es innegable. Un hecho factible que lo tiene como una de las grandes figuras del cine mundial y consecuencia de ello esta semana como el invitado especial del Festival de Cine de Cartagena.

Aunque no fuimos al homenaje que le organizó el Ficci, sí estuvimos en la charla que pretendía convertirse en master class sobre su cine. Pero un Cassel con carácter se alejó casi que por completo del academicismo y nos dio algunas lecciones de autenticidad.

Confesó no apegarse a la técnica, tal cual como lo hizo en el Ficci, Denis Lavant. Al contrario se declaró como un pragmático insatisfecho, que ya casi no ve cine y prefiere disfrutar de los momentos del día a día de forma mucho más simple.

Cuando el moderador de la charla intentó con falta de tacto meterlo en los terrenos de lo político preguntándole por el terrorismo en Francia, Cassel fue cortante y aunque soltó un comentario breve, dijo no estar en Cartagena para hablar de esos temas. “Creo que como artista es mejor no expresarse sobre política. La mayoría no hemos hecho estudios, mi punto de vista es el de una persona normal. Pero a veces por ser actor lo que uno dice se vuelve demasiado importante. Trato no decir mucho porque se vuelve en mi contra.  Yo habló con mis películas y de la manera en que las escojo puede leerse mi punto de vista con respecto al mundo, lo que puedo transmitirle a todos con estas historias”.

Pudo perfectamente pasar como descortés, pero por el contrario solo fue honesto, y quedó claro que no le interesaba impresionar a nadie. Aunque no tuvo un gran discurso, de esos que se pueden sacar cientos de frases célebres, tal vez su mejor aporte fue el bajarle lo sumos a todos aquellos que tienen una visión snob del arte. “Fui muy buen estudiante durante un tiempo, me ponía mucha presión para tratar de sentir que hacía algo muy importante con mi vida. Luego descubrí que no necesitas hacerle creer nada a nadie y mucho menos limitar tus decisiones por los demás. Lo importante siempre será estar listo para lo que pueda pasar”.

Sobre sus principios  dijo que buscaba desesperadamente algo diferente para su carrera, porque no se reconocía en el cine francés, “Veía más películas italianas y americanas, todas eran violentas, con historias sobre antiheroes que no cabían en el sistema”, afirmó, no sin antes destacar que no creía en los héroes y que le gustaban los papeles de malhechor porque representaban mejor la realidad en la que vivimos.

Un punto de vista que lo define no sabemos si como pesimista, pero si con una marcado desencanto por muchos de los paradigmas que tiene el universo en el que se mueve, entre ellos el del cine, “Aprendo más más cuando no voy a cine”, dijo, dejando claro que no era una broma.

Posteriormente soltaría una perla que perfectamente pudo desanimar a más de un joven creyente de la profesionalización de la actuación, “Creo que una persona que nunca ha actuado, tal vez puede hacerlo mejor que alguien que lleva 25 años. Esto no tiene que ver con técnica”, afirmó, no sin antes destacar como sus actores favoritos a Viggo Mortensen, Michael Fassbender y Gérard Depardieu, “Los mejores actores son los que no se creen nada, aquellos que van a trabajar al set, terminan y regresan a una vida común y corriente sin ninguna pretensión”, agregó. 

Como era de esperarse alguien del público le preguntó sobre Irreversible y la escena de la violación. Sobre esto dijo no tener la menor idea, porque mientras se rodaba ese momento cuenta que estaba esquiando en otra parte del mundo. De todas formas sí habló sobre Gaspar Noe, el director de esa película: “Trabajar con Gaspar Noe es un viaje genial y agotador, porque nunca sabes cuando está filmando. Él siempre quiere que todo se vea real, por eso te pone en situaciones que no estás actuando todo el tiempo, baila en el rodaje y hace muchas cosas más. La primera vez que entramos al set de esa película fue para rodar la última escena. Estábamos en la cama con Mónica Bellucci y todo era una improvisación. No había guión. Le pregunté entonces sobre el tiempo de la escena y me contestó que entre 2 y 20 minutos. Le dije: ¿20 minutos? Me dijo que era lo máximo que podía rodar con la cámara”. 

También habló sobre su rol de padre para referirse al cine de Hollywood. Confesó que con sus hijos ve cintas como Nemo o Rapunzel: “A veces quiero decirles que son una mentiras, que el príncipe no es así, y en la vida las cosas no son tan felices. Esto tiende a hacernos pensar lo mismo. Tal vez debería mostrarles a mis hijos Gaspar Noe con un punto de vista diferente y que  cambia un poco la sociedad”.

Luego de hablar en francés, español e ingles, y de contestar sobre algunas propuestas de trabajo que le hicieron algunos entusiastas, Vincent Cassel se despidió hablando de su vida en Río de Janeiro, en donde esta radicado y el anuncio de sus próximos títulos en portugués: O Filme da Minha Vida y O Grande Circo Místico.

¡Grande Cassel!

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