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Lecciones viscerales de actuación con Denis Lavant

Estuvimos en el master class que el actor francés ofreció en el marco del Festival de Cine de Cartagena.
Por
Luis Fernando Mayolo

Con una carrera de más de 30 años y con la fortaleza de estar convencido de ser un actor anárquico sin un método específico, que encuentra su poder histriónico en interpretaciones muy físicas, Denis Lavant puede considerarse uno de los mejores actores franceses de la historia. 

Películas como Holy Motors, junto a Eva Mendes; Los amantes del Pont-Neuf y Mauvais sang, junto a Juliette Binoche, hacen parte de filmografía, en la que directores como Leos Carax han sido fundamentales para su carrera.

A pesar de su reconocida trayectoria se declara una persona común y corriente que durante su vida más que preocuparse por construir una carrera ha centrado sus esfuerzos en empezar de nuevo, una y otra vez, cada vez que elige un personaje. El resultado, sendas interpretaciones y un enamoramiento pasional hacia el cine y el teatro.

Estuvimos en el master class que el actor francés ofreció en el marco del Festival de Cine de Cartagena y estas fueron sus lecciones viscerales de actuación: (foto: Gettyimages)

Mi primer objetivo era poder comprender la palabra

"Nunca hice circo, pero siempre me gustaron las artes callejeras, no suficiente para hacer una función, pero sí para hacer teatro callejero. Pero a decir verdad mi primer objetivo era poder comprender la palabra. Fui a la universidad y ahí tampoco aprendí nada, así que me tocó arreglármelas. Si la emoción estaba, ahí salían las palabras. Es como un proceso de honestidad. Luego de comprenderlo empezaron a llegar las oportunidades en teatro. Era un actor muy físico y hasta alguna vez interpreté a un perro que hablaba. Llegó el momento en el que me dieron un papel real y fue en El Idiota de Dostoyevski". 

"La actuación es una práctica donde siempre nos preguntamos cosas. Esa fue la primera etapa. Quería ser actor de gesto y palabra en el teatro, y la verdad, tengo que confesarlo, nunca lo pensé en el cine. Empecé con papeles pequeños, pero lo importante era el placer de estar ahí. MIi participación en Los Miserables haciendo de criminal era un papel que asustaba a un actor principiante. De repente llegó a mi vida una persona, Leos Carax, para su primera película Boy Meets Girl. Fue un encuentro cualquiera, no fue un amor a primera vista. Me llamó mucha la atención porque era sobre un joven que tiene que ir a la guerra y está por ahí caminando desconsolado por la ciudad. Él me puso frente a este desafío, pero para mí era muy lejano para lo que quería y vivía en ese momento. Fue una escena en especial la que me conmovería del personaje de Alex y era una en la que él camina por un puente en París y ve una pareja besándose en un barco; se queda mirándola de forma indiscreta y le lanza unas monedas como si se tratara de arte callejero. Eso me encantó y me causó mucha curiosidad. Hice casting y todo, con muchos otros actores de mi época. Me escogió luego de mucho tiempo, justo cuando ya no tenía muchas expectativas y tal vez ni quería. Pero estaba equivocado. Entre más películas hacía Leos se volvía más complicado y retaba y me exigía cosas mucho mas rudas".

Cultivar un comportamiento anárquico e inconveniente, con la ausencia de una metodología marcada para alcanzar  una actuación sensible, honesta y pura

"Trabajo mis personajes sin ninguna metodología en particular. Llevo muchos años de experiencia en el teatro y el cine, y para mí es una suerte, porque este ir y venir te nutre como actor. Son cosas que te abren la mente y permiten entender nuestro oficio. Por ejemplo, la unión de cuerpo y mente es lo mejor del teatro. En el cine es a otro precio y hay que tener la suerte de tener una conexión con un gran director. Yo la tuve. La exigencia de Leos Carax de buscar una autenticidad o la verdad en el personaje, me dio esa capacidad de mostrar algo sensible, honesto y puro". 

"Con Leos pasamos por cosas extremas, porque estaba el miedo del director de que no fuéramos realmente auténticos. Nos mandó a la calle para que entendiéramos la decadencia, por ejemplo. Pasamos los límites y casi que el climax. Incluso en una de las películas con Julieta Binoche tomé somníferos. Ella me los puso de verdad en la botella de vino y tomamos. Me acuerdo estar en el puente a punto de caer. Luego desperté, vi todo lo que hicimos y no me acordaba de nada. La conclusión fue una escena que no era actuada. Entonces me pregunté si era necesario actuar. No había ni siquiera detalles en mi mirada, solo estaba ahí funcionando como un pollo que sigue caminando al azar. Reflexioné mucho sobre el juego y la práctica de vivir las cosas para poderlas representar. Aunque tampoco se puede ser tan radical. En papeles como el de Ricardo III no hay que matar a toda la familia para interpretarlo bien, pero si saber conectar con la crueldad que a veces tenemos". 

Crear una biblioteca de sensaciones

"Como actor llevo mucho tiempo en un proceso de construcción de una biblioteca de sensaciones. Gracias a ello me puedo conectar a una sensación muy lejana y traerla ahora para un papel. Llevo 30 años haciendo cine y teatro, desde perfomances extremos, hasta películas que son aventuras. Estuve hasta en Belgrado con un grupo autónomo que hace cine sin dinero. Lo único que puedo decir que la parte más importante es la partitura. Esas líneas se empiezan a conectar con mi vida a través de los recuerdos que vuelven a mí".

Hacer un proceso más humano que artístico para crear vínculos

"No siempre tengo ganas de hacer cine a cualquier costo. Lo importante es actuar y estar en contacto con el público. Y sobre todo en el teatro que es efímera. Y siempre todos los días el público es diferente y nosotros también, así el personaje no cambie. Este matrimonio extraño con Leos me atrajo otros cineastas de este estilo. Nunca he tenido ganas de construir una carrera, ese ascenso social. Siempre me gusta empezar de cero. Incluso esa película que hice en Belgrado ni siquiera sé cuando va a salir. Luego sentí mucho miedo, no esta preparado para ir a Serbia y trabajar con gente que no conocía durante tres semanas. Luego pensé por qué fui. Luego me llegó la felicidad pura. Un grupo de gente anárquico que hacía su propio cine. No había ni siquiera guión. El proceso no es ni siquiera artístico, sino humano. Lograr algo y crear un vínculo, eso para mí es lo más importante".

Liberar el cuerpo y la magia de proyectarse en un papel

"No sé qué sucede en Colombia, pero en Francia hay una distancia con el cuerpo por lo educados que somos y todo eso. Sentir esa libertad es el primer descubrimiento que tuve y desde ahí seguí buscando. No soy gran cosa, todo lo que soy es lo que puedo tener dentro. Pero siempre me doy cuenta que puedo mejorar mi actuación para estar más cerca de la verdad humana. Si lo logras empezará a entender la magia de proyectarse en un papel, de cómo cuando empiezas a actuar te metes tanto en el personajes que dejas de tener miedo y haces cosas hasta física e intelectualmente imposibles para ti, pero que sí le son permitidas a tu personaje. Ese juego te pone en un trance único. Una capa adicional de conciencia que se conecta en el mundo de la ficción que no se tendría en la vida real".