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Los mejores 50 discos internacionales del 2018

Un año en que la música ayudó a quitarnos las pocas certezas que quedaban sobre el mundo.
DISCOS INTERNACIONALES DEL 2018
DISCOS INTERNACIONALES DEL 2018
Por
Redacción Shock

Este año miramos de adentro hacia afuera para resumir lo mejor del año musical. Comenzamos escogiendo los mejores discos colombianos, luego pasamos por los iberoamericanos –pasando también por las canciones de acá y de allá–, y terminamos en lo que nos presentó el resto del mundo. ¿Por qué lo hicimos así? Porque debíamos darle valor a lo local en un momento estelar para nuestra música, pero también para revisar cómo estamos dialogando con lo que pasa en el resto del mundo.

Y la conclusión es bien interesante. Mientras el mainstream sigue produciendo los mismos ídolos prefabricados de siempre, con la misma música desechable y efímera que se pega un rato y luego se va como llegó, una gran corriente de músicos está revolcando los límites de los géneros para crear música sorprendente. Mientras algunos viejos zorros se siguen pegando a la fórmula que los hizo conocidos, otros jóvenes intrépidos han utilizado su arte para hacernos preguntar por el mundo en el que vivimos.

Mientras en Latinoamérica, incluida Colombia, el pop es una de las fuentes más generosas, afuera parece atornillarse en la fórmula. Pero para reemplazarlo en el lugar de las sorpresas, el r&b, el soul, el dancehall y el hip hop han tomado el liderato. El rock, salvo contadas excepciones, sigue siendo intrascendente y la electrónica dura y pura también se cuela con ejemplos memorables.

Lo mejor de todo es darnos cuenta que en Colombia la producción ya no tiene que mirar para arriba sino que puede estar tranquila de estarlo haciendo hombro a hombro.

Reseñaron en este listado: Mariangela Rubbini (@bilirubbini), Juan Pablo Castiblanco Ricaurte (@KidCasti), Fabián Páez López (@DavidChaka), Alejandro Araújo, Muchacho Berraco, Paula Ricciulli (@ricciup), Johana Arroyave (@johanaArroyave), William Martinez, Nicolás Martinez @NickXTatic

 

  1. A Place To Bury Strangers – Pinned         

Heredando el ruidoso y caótico legado de bandas como The Jesus and Mary Chain, Sonic Youth o My Bloody Valentine, esta banda de Brooklyn vuelve con su quinto disco y la misma asfixiante y angustiosa descarga de shoegaze. Aunque fueron apodados como “la banda más estridente de Nueva York”, en esta ocasión matizaron un poco la estridencia gracias a la inclusión de la baterista Lia Simon Braswell quien también aportó algunas voces secundarias. Tener una corista femenina hizo que Pinned, un disco que también tiene una penumbrosa edición de remixes, fuera un disco con canciones que desnudan el rock, dolorosas y crudas, y otras furiosas y vertiginosas. // Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

  1. Anderson Paak – Oxnard

Después del sacudón que resultó ser el álbum Malibú (2016), el rapero californiano Anderson Paak volvió a estrenar. Su tercer disco, Oxnard, titulado así por ser la ciudad natal de Paak, tal vez no es tan revelador como su antecesor, pero tiene varios temas  y colaboraciones destacables: Kendrick Lamar, J.Cole, Pusha T, Snoop Dogg; y la producción de un pez gordo como Dr. Dre hacen de este un disco absorbente cargado de g-funk y versos que pueden apuntar a Trump pero también develar los sueños de niño de Paak, ser un rapero reconocido y tener dinero. // Fabián Páez López

 

 

  1. Animal Collective – Tangerine Reef

El pop y la música electrónica deconstruidos, vistos desde otro punto de vista. Los mismos sonidos de sintetizadores que podría usar Dua Lipa en cualquiera de sus canciones, pero puestos en un contexto completamente diferente; los mismos vocoders (proceso que hace sonar la voz como un robot) que usa Daft Punk, pero sacados de la pista de baile, llevados a un terreno más cercano a la música académica del Siglo XX, que a las exigencias del mercado mainstream. Entre la voz cálida de Noah Lennox, artísticamente conocido como Panda Bear y los sintetizadores ambientales, el más reciente álbum de Animal Collective quiere sumergir en un ambiente subacuático al público; sonidos de la naturaleza, gotas de agua, coros, notas pedal (una nota que se mantiene sonando constantemente durante un largo periodo de tiempo). En Buffalo Tomato, el segundo corte del álbum hay un sintetizador que repite las mismas cuatro notas en un patrón que genera una sensación similar a las que busca el busca el minimalismo académico del Siglo XX, ante la ausencia de percusiones o batería, este sintetizador impone el ritmo. La banda se ha ido alejando poco a poco del pop y la electrónica convencional y nos presenta un trabajo que solo puede salir de un convencimiento y sinceridad absolutas. // Alejandro Araujo

  1. Ariana Grande – Sweetener

En esta entrega la cantante nos sorprende con un álbum más colorido y variado, sin salirse de su esencia pop, que Pharrell Williams (como productor de gran parte del disco) logra potencializar para darle más profundidad a las melodías “pegajosas” que se podrían esperar de un disco de Ariana Grande. Son quince canciones que transmiten positivismo envuelto en tonos pasteles, que no llega a empalagar gracias a un constante dialogo con sonoridades del hip hop moderno y las colaboraciones de artistas como: Missy Elliott, Nicky Minaj y el mismo Pharrel Williams. Un disco que combina muy bien con propuestas como las de Tyler the Creator y Alessia Cara. Track recomendado: blazed. // Muchacho Berraco

 

 

  1. Baloji – 137 Avenue Kaniama

Después de 7 años de espera el congolés Baloji sacó un nuevo disco cargado de fusiones con música tradicional africana y hip hop. Su música rompe las fronteras musicales y hace que distintos géneros confluyan en armonía dentro de este trabajo de 14 canciones. Se ve una exploración en la producción donde se trabaja con elementos electrónicos como podemos escuchar en la canción Soleil de volt. La primera mitad del disco nos muestra canciones con grooves contundentes para hacer bailar al más exigente de los bailadores. La segunda mitad de la placa es mucho más lenta y crea ambientes mucho más relajados y contemplativos para el oyente. Las guitarras son un elemento primordial en el disco ya que marcan los ritmos africanos que se imprimen en este álbum. Algunas canciones al final del disco carecen de la energía que tienen los primeros tracks y se sienten un poco forzadas dentro del hilo conductivo que tiene el disco. Sin embargo, es un producto muy bien logrado con fusiones que suenan bien para lo que nos está brindando la industria hoy en día. Track recomendado: Tropisme-start-up. // Muchacho Berraco

 

 

  1. Big Red Machine – Big Red Machine      

Big Red Machine es el disco debut homónimo de un proyecto en conjunto que venían cocinando desde hace años Justin Vernon (Bon Iver) y Aaron Dessner (The National). El lanzamiento fue tal vez el primer producto completo de una plataforma/colectivo colaborativo de artistas que ellos formaron llamado PEOPLE, por lo que es natural que detrás del álbum haya otras manos que hacen que en las canciones no se perciba mayor influencia de las bandas principales de sus dos creadores, Bon Iver y The National. De hecho, el disco suena como una compilación de experimentos cargados de distorsiones y ruidos glitch, guiados por la voz de Vernon. Lejos del folk o del rock indie más clásico que profesan sus dos intérpretes, este es un álbum que parece inspirado en la idea de hackear la música: con ecos que se retuercen y circuitos que se conectan y se desconectan sin sentido aparente. Si bien los primeros tres cortes, Deep Green, Gratitude y Lyla proponen un ambiente con estructuras más comunes en las que las percusiones son más notorias y protagonistas, con el paso de las canciones la distorsión y los sintetizadores hacen que se vayan desdibujando. Por ejemplo, a un track como People Lullaby, el octavo corte del disco, que inicia como ambient, se le suma una batería apenas en el minuto tres. Es un disco que de entrada es difícil de escuchar, pero que va revelando capas con cada canción. El respiro de esa experimentación lo proporciona con prolijidad el track I Won´t Run From It, una especie de country emocional como para escuchar en carretera. // Fabián Páez López

 

 

  1. Blood Orange – Negro Swan

Tal vez no dé para estar en el top de los 5 mejores álbumes internacionales del 2018, pero que Negro Swan merece estar en el listado, realmente lo merece. Se trata de la cuarta placa como Blood Orange del artista texano criado en Inglaterra, Devonté Hynes. Este es uno de esos álbumes aptos para ser escuchados un final de domingo en pijama, depresivo, lluvioso, y con las luces atenuadas. En muchas de sus frases e intenciones sonoras, Negro Swan revela una carga emocional bastante fuerte. Narra la marginalidad, y sobretodo la carga negativa que históricamente ha tenido la palabra “negro”. Sin embargo, Hynes consigue cobijarnos con la delicadeza de su voz y con de quienes lo acompañan en este disco. Desde la carátula misma se hacen evidentes la tristeza y la nostalgia. Al parecer, el álbum fue grabado en diferentes estudios en ciudades como Nueva York, Copenhague, Florencia, Osaka, y en él participan desde Puff Daddy junto a Tei Shi (en Hope), laescritora y activista trans nacida en Hawai Janet Mock (en Family), A$AP Rocky & Project Pat (en Chewing Gum) y la cantante de góspel Ian Isiah (en Holy Will), entre otros. En total son 16 canciones que se mueven entre el R&B, el funk, el rock, el pop, el hip hop y la electrónica principalmente. Se trata de un disco muy valioso en estos tiempos porque en él, su autor se pronuncia de manera suave y poética contra el racismo, el clasismo, la homofobia, los prejuicios y la no aceptación social. // Mariangela Rubbini

 

 

  1. Bombino – Deran         

La música de Bombino tiene tanto de fondo como de forma y habla del peregrinaje de un personaje de culto. Omara Moctar, apodado Bombino por uno de sus mentores, es conocido como el guitarrista rebelde del Sahara; también como el mejor guitarrista del mundo. Nacido en un pueblo tradicionalmente nómada del desierto, los tuaregs, se formó musicalmente como exiliado en Argelia. Creció en medio de una serie de conflictos sociopolíticos que lo han hecho ir y volver por Libia, Burkina Faso y Argelia, un tránsito que en medio de la tragedia desató el nacimiento de un estilo musical que es una mezcla entre blues, rock y música tradicional tuareg, llamado tishumaren. La naturalidad con la que toca la guitarra y una innovadora visión de la música tradicional de su pueblo, a la que él denominó tuareggae, lo hicieron reconocido en todo el mundo, hasta el punto que lo buscaron para grabar un documental y para grabar en los grandes centros de la industria de la música. Deran es su quinto álbum y es una obra para coleccionar. // Fabián Páez López

 

 

  1. Capital Cities – Solarize

Esperamos cinco años para que Capital Cities nos volviera a contagiar de sus sonidos bailables. Solarize continua con la formula electro pop e indie con la que los conocimos en 2011 más unas letras despreocupadas y perfectas para escuchar tomando una copa de (inserte aquí lo que quiera). Los sintetizadores, el pop y el dance continúan siendo el común denominador de las 16 canciones que compilaron en este álbum. Tenemos que ser sinceros y es que aunque suenan a fiesta no le apostaron a sonidos o mezclas que sonaran diferente a su álbum anterior (In a Tidal Wave of Mystery). // Johana Arroyave

 

 

  1. Cardi B – Invasion Of Privacy

La historia de Cardi B es el paso de la pobreza al éxito que tanto gusta: de pertenecer a una pandilla pasó a ser cajera de supermercado, stripper, invitada de Bruno Mars en Finesse, y la primera rapera en alcanzar el primer lugar de Bilboard Hot 100 en cerca de 20 años. Invasion of Privacy, su debut, dejó callados a quienes pensaban que era simplemente una figura efímera de reality show. Cardi B puede ser fuerte, contundente y desvergonzada, pero también vulnerable y delicada. I Like It, con colaboración de J Balvin y Bad Bunny y sample del clásico I Like It Like That de Pete Rodríguez, es un homenaje a sus raíces dominicanas y la mejor muestra de que es una poderosa máquina de hacer hits y una de las mujeres más importantes hoy en el hip hop. // Paula Ricciulli

 

 

  1. Chloe x Halle – The Kids Are Alright       

Con apenas un disco publicado y 18 y 20 años cumplidos a la fecha, las hermanas Chloe y Halle Bailey se convirtieron en uno de los grupos revelación del año y nuevo referente de un género que, como el R&B, se ha convertido en un espacio de infinita experimentación. Por si fuera poco, los reyes de la música anglo, Beyoncé y Jay Z, también las apadrinaron, incluyéndolas en el álbum visual Lemonade, incluyéndolas en la gira On The Run II, y lanzando The Kids Are Alright en el sello de “Queen B”, Parkwood Entertainment. Todo gracias a un álbum producido por ellas mismas que suena majestuoso gracias a la experimentación infinita con su instrumento más poderoso: sus voces. // Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

 

 

  1. Chromeo – Head over heels  

Cuatro años después de un notable álbum White Woman, los indiscutibles reyes del electrofunk volvieron a sacar un disco que llama la atención desde la portada, en la que sale el dúo canadiense (que según varias entrevistas se ha declarado feminista) con tacones y minifalda. Son 12 tracks con canciones que se le cuelan a uno en la cabeza como un gusano auditivo, pero que tienen detrás una compleja frescura funk bailable y remixeable. Detrás de esos juegos con vocoders y melodías magnéticas y azucaradas sobre relaciones de pareja, hay un manifiesto que se ha hecho constante en todo lo que ha lanzado Chromeo durante sus más de diez años de carrera: la vigencia del funk como ritmo maestro, compatible y adaptable a todos los tiempos y a cualquier fiesta. Además de las canciones que vienen en el disco, hay que destacar los múltiples remixes de temas como Must´ve Been y Juice. // Fabián Páez López

 

 

  1. Cypress Hill – Elephants on Acid   

Pasaron 8 años para que pudiéramos ver un álbum nuevo de Cypress Hill. Si usted es fiel seguidor de la banda, Elephants on Acid no lo va a decepcionar: tiene los beats, las letras (y claro, las referencias a la marihuana, para la muestra Jesus Was a Stoner) que la consagraron como una de las leyendas del hip hop de la Costa Este. Pero, según dijo Sen Dogg a NME, para este álbum “querían ser raros”, así que experimentaron con nuevos sonidos del rock psicodélico y música hindú (Band of Gypsies es el mejor ejemplo). El resultado es hipnótico, oscuro y algo extraño, pero de alguna manera, funciona. Elephants on Acid es un disco arriesgado que muestra que sí se puede experimentar sin perder las raíces. // Paula Ricciulli

 

 

  1. Daniel Avery – Song for Alpha

El dj y productor inglés Daniel Avery hizo una transición de ser el clásico y esperado pinchadiscos de discoteca, con una finísima selección de house y techno, a un creador de música electrónica un poco más experimental que se para en los límites de lo que es y no es bailable. Song for Alpha, su segundo álbum, oscila entre cortes ambientales, sucios y de alto voltaje, inspirados en la mística de la pista de baile, las noches eternas y la soledad del dj que comanda de su puesto de mando las emociones de los danzantes. Además también fue un álbum visual con piezas creadas por el estudio londinense Flat-e inspiradas en la superposición de mundos digitales y análogos. // Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

  1. Drake – Scorpion

El quinto trabajo discográfico del afamado rapero canadiense viene en formato de “álbum doble”, alcanzando un total de 25 canciones, en donde hay una sección dedicada al hip hop y otra al R&B. Contando con vocales póstumos de Michael Jackson y Static Major; colaboraciones con artistas como Jay Z, Ty Dolla $ign y apariciones vocales de Nicki Minaj, Future y Lil Wayne, entre otros, podemos afirmar sin duda alguna que esto se trata de una “mega producción” (No fue en vano toda la estrategia digital y los millones de visitas que se ganó a pocos días de su lanzamiento). Es un álbum que cuenta con el trabajo de casi cuarenta productores musicales y el trabajo del mismo Drake como productor ejecutivo. Musicalmente la placa le apuesta a las mismas fórmulas que le han funcionado al artista en el pasado, sin dejar de explorar distintas sonoridades en los beats y sintetizadores, pasando por un amplio espectro expresivo de los vocales en general. Track recomendado: Emotionless // Muchacho Berraco

 

 

  1. Everything Is Recorded by Richard Russell – Everything Is Recorded

El de Richard Russell es un nombre definitivo pero silencioso en la historia de la música popular de estos tiempos. El sello que fundó, XL Recordings, ha sido la casa que apostó por nombres como Adele, Radiohead, Basement Jaxx, The White Stripes, Dizzee Rascal, M.I.A., Prodigy, Tyler, The Creator, Sigur Rós o The xx. En 2012, Russel también fue productor, junto a Damon Albarn, del álbum de estudio de la leyenda Bobby Womack, pero un año después fue diagnosticado con el síndrome de Guillain-Barré, una extraña enfermedad neurológica que provoca parálisis de las extremidades. El álbum colaborativo Everything Is Recorded significó su regreso. Una placa en la que, pudiendo echar mano de nombres como Thom Yorke o Damon Albarn, decidió incluir a la línea de nombres más jóvenes de la casa XL. Voces virtuosas como la de Sampha, Syd, Infinite, las hermanas Ibeyi, o el saxofonista nacido en Los Angeles Kamasi Washington lo acompañan en este primer proyecto personal, donde él maneja el concepto e instrumentación. Sampleando clásicos del funk y del soul de los 60 y 70, Russel conecta a la vieja guardia con los abanderados del afrofuturismo en un disco de 12 cortes que hablan, de forma dispersa y a veces con tono medio publicitario, sobre la soledad, el aislamiento y la aceptación. // Fabián Páez López

 

 

  1. Fantastic Negrito – Please don´t be dead 

Ser negro en un barrio pobre de los Estados Unidos no es fácil. Nunca lo ha sido. Y la tradición musical se ha encargado de hacérselo saber al mundo. Fantastic Negrito es un narrador contemporáneo de esa sostenida historia conflictiva entre raza y desigualdad, revelada a través de su virtuosismo musical. A sus 14 años Xavier Amin Dphrepaulezz tuvo que huir de su casa, pasar malos ratos y hacer música para escapar hasta que el manager de Prince lo descubrió y lo convirtió en músico de profesión. Please Don´t Be Dead, el título de su segundo disco como Fantastic Negrito, hace referencia a un accidente que lo tuvo en coma durante varios días. Cada letra es como un exorcismo, un lamento personal y social con forma de blues y de rock & roll que termina echando mano de recursos del góspel en Never Give Up y del funk en Bullshit Anthem, los dos últimos cortes de los 11 tracks que vienen en el disco. // Fabián Páez López

 

 

  1. Father John Misty – God’s Favorite Customer   

El artista estadounidense Joshua Michael Tillman, mejor conocido en el mundo artístico como Father John Misty, lanzó en el mes de junio de este 2018 el álbum God´s Favorite Customer. Se trata de un disco de 10 tracks que habla desde la simplicidad, sin muchas pretensiones, exploraciones sonoras extrañas, o experimentaciones de ningún tipo. Fue prensado por el icónico sello discográfico de Seattle, Sub Pop, que se fundó a finales de la década de los 70s y que pasaría a la historia por ser el primero en fichar a agrupaciones como Soundgarden y Nirvana. Hoy, Sub Pop tiene en su catálogo a grupos como Ugly Casanova. God´s Favorite Customer es un álbum bien baladoso y downtempo, y posiblemente no muchos se sientan preparados para apreciar tanta sencillez en la composición y en las letras de un artista que se caracteriza por ser introspectivo y nostálgico, en ocasiones demasiado ensimismado para ser fácilmente digerido. A través del alter-ego que viene utilizando desde el 2012 cuando lanzó Fear Fun, el Padre John Misty, Tillman reflexiona sobre muchas de las cosas que nos rodean en estos tiempos modernos. Este artista es una máquina genial para crear canciones y definitivamente, es imprescindible aprender a leerlo para realmente poder disfrutar a pleno sus canciones y de paso, entender los verdaderos mensajes que se esconden detrás de sus sermones, y la ironía y el humor a los que acude en cada uno de ellos. // Mariangela Rubbini

 

 

  1. GorillazThe Now Now       

Para entender The Now Now hay que adentrarse en el universo de ficción animado que construyeron Jamie Hewlett y Damon Albarn, pues las novedades en el sonido de esta placa se explican con la historia de sus integrantes dibujados. Según “comentó” en varias entrevistas 2D, este es el primer disco de la banda en el que no participó el lunático y oscuro bajista Murdoc, que fue encarcelado y acusado de un crimen. Esto dejó a 2D como líder del proyecto, un liderazgo que él mismo describió como un cruce entre Ghandi y Marge Simpson. En remplazo de Murdoc llegó un tipo llamado Ace. El resultado, más allá de la metanarrativa de ficción, fue un disco que, en contenido y sonido, parece el más alegre y ligero de toda su discografía. A diferencia del Humanz (2017) este álbum redujo las colaboraciones y los únicos invitados fueron George Benson, Jamie Principle y, el más notable de todos, Snoop Dogg. Como siempre con Gorillaz, en The Now Now no vale la pena hablar de géneros, pero sí de una compilación dispersa que incluye unas cuantas baladas sintéticas (Idaho, Fire Flies y Souk Eye), tracks más playeros y fiesteros como Humility, Lake Zurich y Hollywood o un recomendado de corte pop futurista como Sorcererz. Volviendo a lo virtual, este álbum parece ser la versión cantautor de 2D. // Fabián Páez López

 

 

  1. H.E.R – I Used to Know her: the prelude

Cuando su música empezó a ganar popularidad en redes sociales, muchos no conocían quién estaba detrás de la sigla H.E.R (Having Anything Revealed). A pesar de ello, ya estaban en su lista de fans Wyclef Jean, Alicia Keys y Rihanna (quien publicó un video en Instagram con una de sus canciones de fondo). Hoy sabemos que detrás de este proyecto de R&B está la californiana Gabriella Wilson. Su primer EP es un abrebocas de lo que veremos en un próximo álbum debut con letras cargadas de poder femenino. “Dices que empoderas a las mujeres/pero no las reconoces/feminismo no es lo que representas”, dice en Lost Souls, un homenaje a Lost Ones, de Lauryn Hill. // Paula Ricciulli

 

 

  1. How To Dress Well – The Anteroom

Para su quinto álbum de estudio Tom Krell, más conocido como How to Dress Well, nos sumerge en un trasegar de sonoridades cavernosas que contrastan con su voz seca e íntima. Un trabajo que combina elementos del pop, góspel, música industrial, UK garage y el collage sonoro, dando como resultando un disco que está buenísimo para escuchar con los ojos cerrados y flotar en atmosferas oscuras y texturas digitales. El disco carga mucha personalidad y un diseño sonoro impecable hasta la mitad, en donde parece que el productor estadounidense decidió incluir canciones más rígidas y predecibles, que pudieran funcionar mejor “comercialmente”. Definitivamente el trabajo más interesante de este artista hasta el momento. Suena muy bien para hacer una transición de James Blake a algo como Movement. Vale la pena escuchar el disco seguido, desde su inicio hasta Nonkilling 13 – Ceiling for the sky. // Muchacho Berraco

 

 

  1. Interpol – Marauder     

Después de 4 años de ausencia y la gira por los 15 años de su emblemático disco debut Turn on the Bright Lights, Interpol regresó con Marauder, su sexto álbum. Es más enérgico y crudo que El pintor (2014). Para este trabajo se unieron al productor Dave Fridmann (Mogwai, The Flaming Lips, MGMT, Spoon) quién logró capturar la energía y la contundencia de los shows en vivo de la banda. If You Really Love Nothing nos recuerda el sonido de Antics (su segundo álbum) y The Rover es sin duda el sencillo más potente. NYSMAW y Flight of Fancy también conservan la esencia de sus primeras canciones. Con Marauder, Interpol demuestra que sigue fiel a su sonido y ratifica su lugar en la cima del indie. // Paula Ricciulli

 

 

  1. Janelle Monae – Dirty Computer

Comienza con un arreglo de voces R&B que muy rápidamente se ve invadido por los procesos en mezcla del pop. Luego empieza un viaje de beats sacados de los 80, bajos profundos, baterías electrónicas, sintetizadores y guitarras que redefinen el estilo funk dentro del electropop. El mundo está revisitando los 70 y 80. Se ve en la moda, en la estética de muchas películas y por supuesto en la música. Si bien casi todos los géneros musicales populares le deben mucho a esas décadas, el pop puede ser considerado el género emblema de los 80, siendo un desarrollo del funk y el disco de los 70. Dirty Computer busca engrandecer el género volviendo a los orígenes, pero siempre desde el punto de vista actual, la profundidad y pulcritud de la producción musical es impresionante y el disco suena claramente al 2018, incluso en Django Jane experimenta con el género de moda, el trap. // Alejandro Araujo

 

 

  1. Jorja Smith – Lost & Found

Fue descubierta por Drake, se fue de gira con Bruno Mars y participó en la banda sonora de Pantera Negra con Kendrick Lamar. Hoy demuestra su independencia y fortaleza con su disco debut Lost and Found, lleno de letras sobre el autoconocimiento, la conciencia y la transición a la adultez.  A sus 21 años, Jorja es una de las artistas más prometedoras del momento con una propuesta de R&B, soul y trip hop que evoca a las grandes divas del R&B y del hip hop noventero, como Sade o Lauryn Hill. Vale la pena seguirle la pista. // Paula Ricciulli

 

 

  1. Judas Priest – Firepower

¿Cuántas bandas pueden decir que tienen 18 álbumes en su haber y seguir siendo referentes firmes de un género? El “metal god” Rob Halford y compañía regresaron por la puerta grande. Después de 30 años volvió uno de los productores claves del heavy metal, Tom Allom, en compañía de Andy Sneap, guitarrista en las giras de Judas Priest y de los personajes más tesos de este género, coproduciendo esta pieza nítida, poderosa y fresca de 14 canciones. La mezcla entre la vieja y nueva escuela de productores para este álbum le otorgó una marca que no se veía desde el British Steel. Se metieron en las principales listas del mundo e incluso lograron posicionarse en su país natal en los primeros puestos, cosa que no pasaba desde 1980. Firepower converge entre lo violento y lo melódico, lo feroz y lo caótico, una consistente (tal vez muy consistente) placa que demuestra que, aunque los pulmones, los brazos y la mente se desgastan con el tiempo, Judas Priest sigue siendo el papá de los pollitos llevando a las nuevas a generaciones a inclinarse ante la majestuosidad de sus potentes sonidos y lírica. //Nicolas Martínez

 

 

  1. Kamasi Washington – Heaven and Earth

Por esa historia de enclasamiento que le tocó al jazz (pasó de ser un ritmo vulgar y prohibido de migrantes a un género considerado elitista) hubo muchos años en los que la movida tuvo una extraña re-marginación. Incluso, hay gente que todavía desprecia el uso del saxofón en canciones populares porque lo consideran una pelada de cobre obvia y pretenciosa de la alta cultura. Pero creo que en gran parte gracias al afianzamiento de la relación entre los jazzeros con el mundo del hip hop, el jazz contemporáneo está viendo un renacimiento fuera de su nicho que está impactando fuertemente a las nuevas generaciones. Y el saxofonista de Los Angeles Kamasi Washington puede dar razón absoluta de esto, pues fue él uno de los colaboradores más activos en el grandísimo To Pimp a Butterfly de Kendrick Lamar. Con Heaven and Earth, su segundo disco, Washington (junto con Thundercat) ha demostrado ser la punta de lanza de una revitalizante oleada de jazz progresivo, experimental y a la vez dispuesto para un público masivo. El disco doble de 16 canciones, según cuenta su autor, está dispuesto de tal forma porque agrupa dos formas en las que ve al mundo: lo terrenal (Earth) y lo introspectivo (Heaven). Sin duda alguna, escuchar a Kamasi Washington es lo más cercano a tener una experiencia trascendental. // Fabián Páez López 

 

  1. Khruangbin – Con todo el mundo  

Khruangbin (el nombre de la banda) viene del tailandés y significa ‘motor volador’ y no habría mejor palabra para definir la música de estos chicos. Con instrumentos atmosféricos y bajo unos paisajes sonoros elevados, este disco es capaz de llevarlo a uno por un viaje de sonidos envolventes y de paso transportarlo a un universo místico lleno de tranquilidad, colores musicales y melodías exquisitas. A esto se le une la sutil voz de Laura Lee (cantante del grupo) que penetra en los oídos como un susurro de calma bailando entre el inglés y el español. Cierre los ojos y déjese llevar por la explosión psicodélica y deliciosa de cada una de las canciones de este álbum. // Johana Arroyave

 

 

  1. Kids See Ghosts – Kids See Ghosts

Entre las críticas por su apoyo a Donald Trump y declaraciones en las que dijo que la esclavitud fue “una decisión”, Kanye West tuvo su dosis necesaria de controversia del año. También lanzó Ye, el que muchos han llamado “el peor disco de su carrera”. Pero no todo fue malo: El rapero presentó un álbum junto a Kid Cudi que rescata esa vulnerabilidad que hizo famosos a ambos: Cudi llamó la atención en 2008 con su emotivo mixtape A Kid Name Cudi al igual que Kanye con sus primeros álbumes muy introspectivos, especialmente 808 Heartbreak. Un disco que explora las masculinidades alternativas y las enfermedades mentales de la mano de 2 pioneros en el tema dentro del hip hop. // Paula Ricciulli

 

 

  1. Lil Wayne – The Carter V      

Con The Carter V terminó la novela de Lil Wayne. Uno de los capítulos más recientes entre la extraña relación entre la industria discográfica y el hip hop. ¿De qué se trataba todo? El disco, que se supone estaba listo para salir en 2014, no vio la luz sino hasta este año por una serie de disputas contractuales entre Wayne y uno de sus productores y padrinos en la industria, Birdman. Luego de cuatro años de tire y afloje, que incluyeron un retador y rabioso mixtape lanzado por Wayne en 2015, hubo una conciliación y el álbum que el rapero había represado como un nudo en la garganta por fin pudo salir a la luz. Cuatro años después. El disco cambió en algunas cosas y pareció precisamente eso, un respiro sanador. De hecho, este fue, para muchos, la mejor entrega de Wayne desde The Carter III. Es una placa de 23 cortes que dura casi 90 minutos y que arranca con el conmovedor discurso de la señora mamá de Lil Wayne dedicándole unas palabras a su hijo. De ahí en adelante, todo son colaboraciones bien ejecutadas con tipos como Kendrick Lamar, Travis Scott, Snoop Dogg, el desaparecido XXXTentacion y hasta incluye la voz de Obama refiriéndose a él. En cada letra Wayne trata de demostrarse sincero y agradecido, de hacer de este un disco personal, por eso lo remata confesando que el balazo autoinfligido a los 12 años no fue un accidente en Let it Work Out. // Fabián Páez López

 

 

  1. Mac Miller - Swimming  

The Divine Femenine (2016), el cuarto álbum de Miller, fue considerado una oda a su entonces pareja, Ariana Grande.  Swimming, su quinta producción, es un intento por limpiar sus culpas. “Mis arrepentimientos son como un mensaje que no debería mandar (…) solo necesito una manera de salir de mi cabeza. Me estaba ahogando, pero ahora estoy nadando a través de aguas estresantes hasta el alivio”, dice en Come Back to Earth, primera canción del disco.  Con este álbum, en el que muestra su faceta más vulnerable e introspectiva, logró el mejor trabajo de su carrera y tristemente el último. // Paula Ricciulli

 

 

  1. Nine Inch Nails – Bad Witch

Una de las bandas más insignes de la década de los 90s, una de las más poderosas del rock industrial en escena, liderada por el par de genios Trent Reznor y Atticus Ross, lanzó este 2018 el EP que completa la trilogía que la banda prometiera después de su último álbum de estudio lanzado en 2013: Hesitation Marks. Solamente 6 canciones (S**t Mirror, Ahead of Ourselves, Play the Goddamned Part, God Break Down The Door, I´m Not from This World y Over and Out) fueron necesarias para que Nine Inch Nails volviera a arremeter con toda la fuerza sonora de la que fuimos testigos en sus primeros años de formación. Lo más seguro es que los fans de la agrupación originaria de Cleveland, Ohio, hayan vuelto a creer en Reznor y Atticus y a disfrutar de su sonido demoledor y experimental que demuestra que todavía hay NIN para rato. Bad Witch es la tercera entrega de una terna de discos cortos (Not The Actual Events y Add Violence son los otros dos EPs que se estrenaron en 2016 y 2017, respectivamente). Bad Witch es denso y envolvente, desquiciado y aturdidor. Esto último, especialmente y con razón, para el señor Donald Trump. El disco incluye una serie de canciones que los más fanáticos de NIN han sabido agradecer después de ver a su banda de culto girando por tanto festival lleno de hípsters que, muy seguramente, ignoran por completo lo que NIN significó para la escena rock a finales de los 80 y en los 90. // Mariangela Rubbini

  1. Noname - Room 25         

Suele decirse “íntimo” o “emocional” cualquier disco o canción tristona del tipo balada romántico-vomitiva sobre una relación personal, así casi todos los narradores, músicos y escritores en la historia le hayan dedicado obras a sus relaciones amorosas conflictivas. En el fondo, una dedicación a sí mismos. Pasando por encima de ese cliché de revelar los sentimientos más profundos, figura este álbum de la rapera de Chicago Noname; el segundo en su carrera y el más aclamado, dicho sea de paso. Room 25 es, sin duda, una lectura personal inteligente y crítica que resulta sobrecogedora no solo por el ingenio lírico, sino por el fino envoltorio de rap y jazz cósmico sobre la que está construida. Es un ejercicio que en 11 cortes habla del colonialismo, el capitalismo y la soledad, pero que resulta por escucharse como un cómodo y reconfortante abrazo a sí mismo en posición fetal. // Fabián Páez López

 

 

  1. Paul Kalkbrenner - Parts of Life      

Desde la orilla más amigable del techno, el viejo zorro de la escena electrónica berlinesa Paul Kalkbrenner hizo un disco tan placentero de oír como para bailar. Parts of Life oscila entre desafiantes piezas de avanzada y otras más inspirada por el house ochentero con sutiles vocales incluidas, convirtiendo el disco en un repaso por sensaciones de éxtasis, melancolía, tranquilidad y euforia. // Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

 

 

  1. Popcaan – Forever

No cabe duda de que el dancehall es uno de los géneros más influyentes de este siglo. Sin él no tendríamos el reggaetón y productores como Diplo lo han incorporado en algunos de los más recientes hits. Popcaan, quien ha colaborado con Drake y Gorillaz, es una de las figuras más destacadas en este género hoy. Forever, su segundo álbum, tiene 17 canciones que unen dancehall con pop. ¿El resultado? Beats tranquilos y minimalistas para escuchar cuando trabaja, pero que también pueden servir para una fiesta de casa. // Paula Ricciulli

 

 

  1. Post Malone – beerbongs & bentleys

Es probable que algunas de las 18 canciones de este álbum se conviertan en éxitos globales en las discotecas. Con Beerbongs & Bentleys, el cantante estadounidense de 22 años confirma que la acogida tremenda de White Iverson no fue sólo un golpe de suerte. Malone consolidó su fórmula (hip hop + pop + R&B + trap) e intensificó su mensaje narcisista de nuevo rico: farra, putas, groupies, derroche. Una banda sonora perfecta para su interminable fiesta de hotel. // William Martínez

 

 

  1. Pusha T – Daytona       

Presentando su tercer disco en solitario (después de haber conformado el dúo Clipse) Pusha T se juntó con nadie más que con Kanye West para producir este tremendo tote, que mezcla los golpes del Boom-Bap con samples de Soul y R&B, ofreciéndonos tracks que contrastan con un mercado saturado de Trap genérico. Todo esto sin dejar de generar un ambiente oscuro con letras desafiantes y un flow que sigue sintiéndose autentico, a pesar de estar acompañado de una producción altamente elaborada. Cambios abruptos entre las canciones y sonidos con dosis muy serias de distorsión hacen de esta una propuesta refrescante, que bien puede servir como puente entre las últimas producciones de West y proyectos más experimentales como Clipping. Track recomendado: Santería. // Muchacho Berraco

 

 

  1. Random Recipe – Kill the hook     

Que el nombre de Random Recipe no haya explotado en la industria de la música popular es difícil de explicar. Frannie Holder, Fab, Vincent Legault y Liu-Kong son los tres nombres que integran actualmente esta banda nativa de Montreal, Canadá, y que celebró diez años de carrera con este álbum, Kill the Hook; placa que misteriosamente fue retirada de las plataformas populares de streaming y ahora solo aparece en Bandcamp y en YouTube. Fran y Fab, las dos voces al frente del proyecto, además de ser abanderadas de la independencia y las luchas feministas, hacen un match vocal que, a decir verdad, poco necesita de la instrumentación: las dos abarcan un rango muy amplio de estilos que van desde las melodías más cálidas del R&B hasta un rap vertiginoso o un beatbox orquestal. Este año pasaron por Colombia e hicieron un par de shows en Bogotá y Cali a los que no les hicieron mucho ruido, pero en los que quedó claro también que son un tote en vivo. Ese pop hip hoppero y latinizado lo presentaron en un formato cuatro músicos en escena que incluía bajo, sintetizador, las dos voces y el toque caribeño del steel drum, instrumento de percusión metálico tradicional de Trinidad y Tobago, manejado por Fab. // Fabián Páez López

 

 

  1. Rhye – Blood  

El canadiense Mike Milosh es el músico detrás de Rhye, una propuesta que une pop sofisticado con toques de R&B que recuerdan por momentos a la diva ochentera Sade. Blood es su segunda producción en la que ratifica su sonido minucioso, elegante y muy suave.  Phoenix y Count to Five se destacan por sus toques de funk. El fin de su relación con la actriz Alexa Nikolas quedó plasmado en Waste (Geneviève Medow Jenkins, nueva novia de Milosh es la modelo de la portada). Un álbum concreto con toques melancólicos y muy suntuosos. // Paula Ricciulli

 

 

  1. serpentwithfeet – soil

Después de su EP Blisters, serpentwith feet sacó este álbum de pop experimental explotando todo el potencial de su vocalista Josiah Wise. Lleno de beats dowtempo al mejor estilo de James Blake nos invita a disfrutar de canciones llenas de texturas y de ambientes, mientras la voz nos mantiene en un mundo entre melancólico y amoroso. En este disco se trabaja bastante con samples de música clásica que se complementan con el paraíso de sonoridad presentado a lo largo de Soil. Es un disco que va muy bien en una colección con James Blake y con King Krule. Track recomendado: seedless //Muchacho Berraco

 

 

  1. Seun Kuti – Black Times       

En un año en el que todos hablaron del significado de una película como Black Panther; en un año en el que Francia, un equipo conformado en su mayoría por hijos de migrantes africanos, ganó el Mundial despertando (otra vez) polémicas raciales, había que mirar más de cerca lo que pasa en África. La de verdad, la que siente la presión económica del resto del mundo, no la glorificada por sus productos culturales. Desde luego, eso no pasó. Y la protesta que cruza fronteras sigue siendo patente de la música o del arte. El saxofonista y cantante nigeriano, hijo menor de la leyenda del Afrobeat, Fela Kuti, estrenó un cuarto disco altamente politizado de la mano de Egypt 80, el ensamble que acompañó a su padre, hablando precisamente de eso: no solo de la corrupción en su país, Nigeria (Corporte Public Control Department), sino del colonialismo cultural al que están sometidos los trabajadores, cuyos sueños son hoy los del capitalista (African Dreams). Son ocho canciones que hacen honor a lo que hizo su padre, pero que también suenan optimistas. // Fabián Páez López.

 

 

  1. Smino – Noir      

Smino es un rapero de Chicago que hace parte de una nueva ola de músicos negros virtuosos que están revitalizando el R&B, el soul y el neofunk. Muy del estilo selecto del festival Afropunk, en el que, por cierto, participó este año. Su voz es como una caja llena de trucos y en los 18 cortes de Noir, su segundo álbum, los saca todos a flote. Lo que él hace no es el rap convencional que surfea sobre una pista, sino que en muchas de las canciones es la voz la que pone la melodía, mientras que al fondo solo hay ecos o reverberaciones, algo que queda claro en MERLOT. También hace funk y se acerca al blues con efectos variados. En LOW DOWN DERRTY BLUES, lo que parece una colaboración, es en realidad Smino jugando con una capacidad enorme de cantar. // Fabián Páez López

 

 

  1. The Fever 333 – Made An America  

Con una voz que recuerda a la de Chester Bennington, el ímpetu crítico de Rage Against the Machine y una envoltura de furiosos instrumentales de hardcore punk de la más alta factura debutó con su primer EP el supergrupo californiano The Fever 333. La banda la integran el vocalista de letlive, Jason Aalon Butler, el guitarrista de The Chariot, Stevis Harrison y el baterista de Night Verses, Aric Improta. El sencillo que le da nombre al EP, Made An America, es un manifiesto claro de su propuesta. “All for one and none for all” (todo para uno y nada para todos) dice una de las líneas de un coro que parece ser una de las tantas reacciones musicales de los músicos estadounidenses al efecto Trump. Pero esta combinación de rabia crítica y hardcore se hace más vertiginosa gracias a ese aire rapero del New York hardcore que, en otra versión de la misma canción, aporta el rapero Vic Mensa. No hay mucho más que decir de este grupo que recién nace pero se perfila como uno de los actos en vivo más potentes del rock en la actualidad y que muy seguramente va a incrustarse bien pronto en las playlist de cualquier fiel a las bandas de culto como Bad Religion, Rage Against the Machine o Stick To Your Guns. // Fabián Páez López

 

 

  1. The Field – Infinite Moment

Las preguntas que el dj y productor sueco Axel Willner (más conocido por su proyecto The Field) se hace sobre la existencia se repiten tanto en sus seis discos como en sus beats infinitos y piezas de techno minimalista. Su discografía –abanderada por el reputadísimo sello alemán Kompakt– podría verse como una ligera, paradójica y casi imperceptible progresión en la que la electrónica se vuelve menos artificial, menos robótica e intenta ser más humana (o al menos espiritual). A lo largo de los años Willner ha decidido presentarse en vivo con banda, prescindiendo de su computador y tratando de improvisar con el uso de sintetizadores, teclados y máquinas, a la par que introduce sutiles voces fantasmales. Sin embargo, una cosa sigue siendo constante y en este disco se explicita mucho más desde el título: la búsqueda por el infinito, por esa trágica lucha contra la muerte, por encontrar el equilibrio entre la esperanza y la melancolía. Casi como un mantra, como la repetición del om, la música de The Field es un acercamiento metafísico a la música electrónica, que en este caso toma forma de techno mezclado con shoegaze y ambient. En Infinite Moment The Field ha logrado perfeccionar el punto de unión entre la música de fiesta de altas horas y unos himnos espirituales meditativos. // Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

 

 

  1. The Internet – Hive Mind

Hive Mind es el cuarto álbum de este colectivo de R&B The Internet, el sucesor de la más exitosa de sus placas, Ego Death (2015), título con el que fueron nominados a un Grammy. Como siempre, la voz tenue y profunda de Syd tha Kid es protagonista, esta vez en un disco construido sobre instrumentales más simples, pero puestos bajo un filtro futurista. Hive Mind reúne 13 canciones homogéneas que parecen una moderna sublimación del funk, del jazz y del soul en un empaque de R&B introspectivo y hasta inspirador, en canciones como It Gets Better. Por constancia, solidez y reconocimiento, The Internet es una de las agrupaciones que mejor frentean una movida muy fuerte en Norteamérica dedicada al R&B, el afrofuturismo y a la reinvención de lo clásico. // Fabián Páez López

 

 

  1. The ProdigyNo Tourists     

Los protagonistas del que será uno de los conciertos más importantes del 2019 en Colombia, The Prodigy, volvieron con un disco que honra su esencia furiosa y poderosa que fundió el industrial, el rock, el punk, el hip hop y la electrónica de club en un solo y vertiginoso producto. Lo que puede ser la gran virtud del disco es a la vez su gran fortaleza, y es que en No Tourists The Prodigy sigue sonando como siempre ha sonado esta banda inglesa que se ha convertido en referente de la electrónica alternativa. A pesar de lo predecible, no deja de ser un placer volver a estos himnos que, con una suma simpleza lírica pero mucha dinamita sonora, empujan a trasgredir límites y a dejar de ver la vida con ojos de turistas. // Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

 

 

  1. Travis Scott – Astroworld

Travis puso la vara muy alta con este disco y aunque se ha movido en medio de escándalos y dramas, Astroworld –nombre que le puso por un parque de atracciones que visitaba cuando era pequeño– es sin duda una de las mejores cosas que ha hecho en su carrera. Este álbum es una montaña rusa de sensaciones, no existe un ritmo frecuente dentro de él, los temas pueden llevarlo por un viaje calmado y detonar en un beat completamente agresivo, sus sonidos bailan en medio de psicodelia, trap, soul, rock y R&B. Una mezcla arriesgada pero que logra darles una identidad única y exquisita a todas las canciones. El respeto por las raíces musicales, familiares y volver a lo esencial es uno de los temas principales del disco, aunque no se puede omitir que el sexo, las drogas y la calle marcan un común denominador en la temática. De él hicieron parte figuras como Drake, Beastie Boys y la más acertada y deliciosa: Frank Ocean en la canción Sicko Mode. // Johana Arroyave

 

 

  1. Vinyl Williams – Opal  

Pop celestial. Rock caleidoscópico. ambient para alienígenas. Psicodelia fractal. Lo que hace Lionel Williams, nieto del afamado compositor de música para cine John Williams, podría ser una pata más en el árbol genealógico del indie-rock, pero es más bien una colección experimental de texturas y paisajes reverberantes que lo asemejan a nombres como el de Tame Impala. Opal, su cuarto álbum, es una pieza notable con diez cortes lyncheanos que bien pueden musicalizar un spa alucinógeno. // Fabián Páez López

 

 

  1. The Whole Thing is Just There – Young Jesus

Este Cuarteto ubicado en Los Angeles, nos deja la cabeza dando vueltas con su cuarto álbum:The Whole Thing Is Just There.Una licuadora de indie rock con preguntas y respuestas melódicas entre guitarras y cambios de velocidades que nos sumergen en la búsqueda de capturar lo espontáneo. La improvisación fue un claro camino para dejar plasmado el momento “ahí mismo” (como su título dice). Una voz temblorosa y a veces forzada del cantante/compositor, John Rossiter, puede ser el único tropiezo que marea en un espiral de noise, texturas de acordes y oscilaciones de synth. Su producción se podría describir como una banda Psicodélica de los 70’s y post rock de los 90’s. Escúchelo después de Oh’laville y antes de Pink Floyd. Track Recomendado: (si tiene 20 minutos) Gulf, sino Deterritory. // Muchacho Berraco

 

 

  1. Yves Tumor – Save in the Hands of Love          

Si hay un artista, y de paso un disco, que pueda resumir estos tiempos tan híbridos, desconcertantes y fluidos, es Yves Tumor y su Save in the Hands of Love. Se ha vuelto un lugar común entre músicos y periodismo hablar de la imposibilidad de encasillar un sonido dentro de una etiqueta, pero en el caso de este estadounidense autodidacta en la música, este cliché de redacción aplica plenamente. Desde su apariencia andrógina, desde su nombre carente de referentes, Yves Tumor crea una obra experimental pero accesible. Es pop pero es intimidante; es electrónico pero a la vez es crudo y acústico; es incómodo pero también placentero. Una sola escucha de Save in the Hands of Love no es suficiente para desentrañar esta maraña de sampleo, cantos hiphoperos e instrumentación industrial. Himnos de un mundo en caos. // Juan Pablo Castiblanco Ricaurte

 

50. Kendrick Lamar – Black Panther

Kendrick está haciendo historia en la industria y en la cultura pop. Desde el To Pimp a Butterfly él es una nueva era en la historia del hip hop. Y con este disco por encargo para la película Black Panther lo ratificó. La suma de una audiencia dispuesta y un producto cultural sólido hizo ebullición y explotó, por un lado, por el empoderamiento afro manifestado en millones de jóvenes negros fortaleciendo una movida cultural enorme que apoyada por movimientos como el Black Lives Matter y centenares de proyectos musicales de calidad en R&B, blues y, por supuesto, hip hop, el pop de hoy. Kendrick Lamar es una de las banderas de ese fenómeno. Por otro lado, hay que sumarle, por supuesto, el empujón comercial de la película de Marvel, Pantera Negra: un superhéroe negro, pulcro y justiciero. La narrativa favorita de los gringos abierta para que cualquiera se sienta identificado. Puesto en ese contexto efervescente, el disco logra reunir una variante de influencias que cruza lo afro y urbano con lo digital, con la electrónica.  De hecho, la lista de invitados al álbum reúne a varios de los artífices de ese despliegue de talento negro y cargado de estilo. Basta con ver el video del track All the Stars con SZA o con escuchar como el blues y el canto de los lamentos se fusiona con el hip hop en Seasons, un track hecho con Mozzy, Sjava y Reasons. Si Kendrick Lamar, Drake o The Weeknd son el presente, nombres como SZA, Anderson Paak, Khalid, Vince Staples o Jorja Smith son el futuro. // Fabián Páez López

 

 

 

 

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