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Razones por las que el amor en los tiempos de Instagram es un asco

Si han terminado una relación de pareja se vuelven adictos a revisar las historias de Instagram y torturarse con la sensación de “ya no estoy en su vida".
Foto Getty Images
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La última vez que terminé una relación no había historias de Instagram, o no las usábamos, ni mi novia ni yo, a lo mejor porque era el 2012, a lo mejor porque éramos pobres y teníamos un Nokia 1100, no sé. El punto es que esa vaina alimenta nuestras pulsiones más voyeristas/exhibicionistas. Disculpen si me pongo medio distópico y medio David Foster Wallace (guardando el respeto y las proporciones) pero creo que pronto vamos a andar con un dron sobrevolando por encima de nuestras cabezas y transmitiendo en vivo todo lo que hacemos. Y si han terminado una relación de pareja, qué vaina tan jodida, se vuelven adictos a revisar las historias de Instagram y torturarse con la sensación de “ya no soy parte de su vida”.

Por: Carlos “Turner” Suárez // @Turner_Cat

Adicciones, ese es siempre el problema. Y no me refiero a adicciones tipo Tony Montana con su cara metida en una montaña de cocaína, ni tipo los niños de La vendedora de rosas inhalando bóxer. Adicciones como apego. Nos apegamos a muchas vainas, a rituales, a sustancias, a personas. Eso no está mal, el apego entre humanos es una estrategia evolutiva para que generemos vínculos, para que nos apoyemos como especie, para que las mamás no boten a sus crías a la basura. El problema del apego al terminar una relación es cuando nos quedamos con una imagen idealizada del pasado que ya ni siquiera existe. Cuando nos cuesta trabajo dar el siguiente paso y seguir viviendo.

Como psicólogo, como millennial que usa el filtro del perrito o como lo que sea, creo que la forma de superar un apego es viviendo. Saliendo del círculo de las conductas repetitivas y dañinas. Generando más vínculos, apreciando a los demás y sintiéndonos apreciados.

Hay un problema con nuestra generación. Por una parte, tener un montón de amigos en Facebook e interactuar activamente con todos desde el aparatico, PERO: sentirnos más solos que el putas. Por la otra, esa pose pretenciosa de “no me importa nada” para parecer interesantes. Eso crea brechas enormes en nuestras relaciones y arruina la empatía. Somos frágiles y vulnerables por naturaleza, y creo que no hay nada más constructivo que asumir nuestra propia fragilidad, reconocerla en el otro y genuinamente demostrar eso de “me importas”. Ese es el primer paso hacia una vida con un mínimo de salud mental. Sólo así podemos superar las adicciones y apegos malsanos.

Por estos días escuché una especie de mito urbano que decía que Jorge Villamizar, vocalista de Bacilos, le dedicó la canción Caraluna a su novia, quien había muerto en el mar en el parque Tayrona, lo cual él mismo terminó desmintiendo en una entrevista. Sin embargo, el punto es que no hay mejor fuente creativa y de crecimiento que el dolor y el duelo. Agradezcámosle al dolor, abracemos nuestro dolor, pero dejemos de ver las jodidas historias de Instagram.

Me voy citando ese inolvidable éxito del 2002. Porque de toda relación algo queda, y porque al final siempre vale la pena. La última vez que pasé por una ruptura, empecé Viernes Zombie sólo para distraerme ¿Quién sabe que vendrá ahora?

“Y yo sé que tal vez te siga usando así, robándote mi inspiración…”

 

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