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A los 95 años Magín Díaz lanza nuevo disco. ¡Que viva El Orisha de la Rosa!

En su nuevo disco Magín se encuentra con África, se torna electrónico y se vuelve universal. Discazo recomendado.
Por
Jenny Cifuentes

Este maestro de la música tradicional colombiana, presenta un álbum en el que brilla junto a invitados de lujo: Carlos Vives, Systema Solar, Totó La Momposina, Celso Piña, Petrona Martínez, Monsieur Periné  y Dizzy Mandjeku,  entre otros.

Por: Jenny Cifuentes // @Jenny_Cifu

Foto: Diego Carranza

“Cantar para mí es como si me inyectaran.  Es un corrientazo de vida.  Si yo no canto, me muero”, dice Magín Díaz, un hombre de 95 años, alegre, flaquito y de caminar lento, oriundo de Gamero (Bolívar),  cantador, percusionista, amante del baile y maestro de la composición, dotado de inspiración que emana de la tierra. Un tesoro musical colombiano que ha permanecido desconocido por años; un gigante anónimo, cerebro de obras que hacen parte de la tradición sonora del país cuyo crédito ha sido ignorado, al que en su región le han atribuido la famosa canción Rosa, la de: “Rosa qué linda eres…”. Ha resonado en las voces de Joe Arroyo y Carlos Vives, y a quien sin conocer su nombre, muchos le han versionado creaciones como Dolores tiene un piano (incluido en el repertorio de Totó La Momposina) o Por el norte, por el sur (nominada a Mejor Canción Folclórica en el Festival Viña del Mar 2016, con interpretación de Alé Kumá). Solo por citar algunos, son clásicos nacidos en la mente de Magín que no se decoloran y siguen emitiendo destellos actuales en las manos de nuevas generaciones.

Por ser un personaje de indiscutible valía, que encarna lo autóctono, lo que permaneció y  la memoria ancestral, un equipo de jóvenes investigadores y productores, artistas visuales y 25 músicos invitados locales e internacionales, se unieron en torno a él en el disco Magín Díaz, El Orisha de la Rosa, para reafirmar lo grande de su obra, avivar su llama y decirle como lo hacen sus amigos: ¡Canta Magín, carajo!

Magín

La vida del artista está rodeada por una aureola de misterio. Cuando se indaga sobre él siempre se encuentran diferentes versiones. Incluso pareciera que su edad es incierta: su cédula dice que nació en 1922, su acta de bautizo que en 1921, y hasta hay gente que afirma que alguien en Gamero tenía cien años y que Magín era mayor que él; quizá, exageraciones propias de su pueblo. En su cédula también se lee: “manifiesta no saber firmar”, porque Magín no sabe leer ni escribir. Tal vez eso fue impedimento para registrar algunas de sus canciones. No se sabe.  Lo que sí se puede asegurar, como recalca uno de los productores de su disco, Manuel García-Orozco ‘Chaco’, es que “nadie canta como él, con ese sentimiento tan genuino”.

Magín, campesino, tras haber trabajado de niño en un ingenio azucarero, y de adolescente,  en la industria bananera en el Urabá, viajó a Venezuela a emplearse como obrero.  Allí, además, tocó con La Billo´s Caracas Boys, pero por enfermedad de su madre, tuvo que volver a su casa. En los 80 hizo parte de la agrupación Los Soneros de Gamero junto a su prima, la cantadora Irene Martínez, bajo la producción de Wady Bedrán, con quienes grabó dos discos. Se cuenta que Irene se atribuyó la mayoría de sus composiciones y por ende el músico perdió los derechos de sus obras. Luego de haber tocado con Martínez, Magín perteneció a otros grupos de Bedrán: Los  Wadyngos y Los Viejos del Folclor. Dicen los estudiosos que hay grabaciones suyas de décadas pasadas que no se publicaron y otras que están perdidas, pero en los últimos años vieron la luz el trabajo Magín y Santiago (2012) impreso por la Revista Páginas de Cultura en Cali,  y su disco de 2016, grabado en formato tradicional y que incluye remezclas, Magín Díaz y el Sexteto Gamerano.

El Orisha de la Rosa

Grabar un disco casi a los 100 años es toda una hazaña y Magín lo logró.  El álbum, iniciativa de Daniel Bustos y Sebastián Monroy del colectivo Noname, con la producción musical de Manuel García Orozco ‘Chaco’ y Christian Castagno, es producto de tres años de trabajo. Investigaciones, grabaciones de campo, tocar las puertas de los invitados, seleccionar el repertorio, etc. Fueron pasos de un largo recorrido hasta que Magín entró al estudio.  “Todos llegamos a Magín por el mito de Rosa, pero descubrimos un gigante”, dice ‘Chaco’. “Por su edad y condiciones, en el estudio fue muy impredecible. De un momento a otro podía cantar un tema que nunca nadie le había oído. Eso fue también parte de la magia, pero nos puso muchos obstáculos porque a veces íbamos a grabar una canción y él de pronto no quería cantarla y terminaba interpretando otra. Lo que hicimos finalmente fue adecuar todo el proceso a él, para que en las cuatro o cinco horas que nos daba cantando con toda esa potencia y lucidez que tiene, nos pudiera brindar lo mejor.  Fue  fundamental que su familia estuviera allí. Su nieto y su primo fueron como nuestros traductores para lograr esto.  Su nieto Leonardo Torres toca la tambora  y fue súper clave  porque es un músico muy versátil, con él y con Dagoberto Arrieta -el tamborero- pasamos muchas horas craneando las cosas para que cuando Magín las cantara, estuvieran muy bien y todo pudiera fluir. Magín se divierte mucho cantando, sobre todo a las mujeres jóvenes cuando las veía ahí en el estudio. Era como el detonante en su memoria: ver una mujer. La pasaba bien en grabación. El hecho de ver toda esta gente junto a él lo alegraba”.

El resultado de tanto empeño y esfuerzo: un discazo de lujosa factura, con arreglos poderosos,  en el que la versátil voz de Magín es protagonista. Un álbum de 16 canciones y dos bonus tracks, que luce al maestro con sus chalupas, bullerengues y fandangos, vestido de colores diferentes, convocando nombres como Carlos Vives, Totó La Momposina, Gualajo, Mayte Montero, el congolés Dizzy Mandjeku, Monsieur Periné, el Grupo Cimarrón, Petrona Martínez, Mágica, Ale Kuma, Celso Piña, Li Saumet, Kombilesa Mi, o los argentinos Chango Spasiuk y La Yegros.  Un trip en el que Magín se vuelve universal, se encuentra con África, se permea de chamamé, se torna electrónico, vacila champetúo, le entra al swing, invoca el Pacífico, baila cumbiero, y hasta se deja seducir por el joropo.  Incluye las reconocidas Rosa, Dolores tiene un piano, Carmelina, A Pila´el arroz, un corte en el que habla de que fue agricultor en Venezuela, temas con saludos y diálogos muy emotivos con amigos muy queridos como Petrona y Gualajo, una composición que le dedicaron y una canción en la que entre percusiones dice que el diablo no puede con él.

Sumado a este material, 18 artistas gráficos ilustraron cada canción y fueron colgadas grabaciones de campo y entrevistas en www.magindiaz.com  

“Con este trabajo quisimos hacer el mejor disco posible de música tradicional con un señor que es prácticamente un ancestro y un ser humano maravilloso. Pienso que creamos una joya de la magnitud del gigante que es Magín Díaz”, dijo ‘Chaco’.

MASTICAMOS 5 CANCIONES DE MAGÍN DÍAZ, EL ORISHA DE LA ROSA

Rosa (feat. Carlos Vives y Totó La Momposina)

“Magín con su humilde prosa, de la mujer se inspiró, su Rosa se hizo famosa y la plata nunca vio. Ya no volveré a quejarme ni a sentarme nunca más, tú tienes casi cien años y sales a trabajar”, dicen los versos que escribió Vives para la canción. Por iniciativa propia llegó con esta letra para Magín, quien le agradeció, cantó con pasmosa naturalidad y además dijo: “Totó, mi amor, ¡escúchalo!”. El famoso tema, según investigadores del disco, fue compuesto por un cubano y “reimaginado” por Magín en Gamero.

Por el norte, por el sur (feat. Dizzy Mandjeku & Alé Kumá)

Es originalmente una chalupa de Magín. Como gran parte de sus canciones no tiene mucha letra.  Sólo dice “por el norte por el sur por el este y por el oeste también”, la gracia está en cómo él intercala las variaciones melódicas. Es un genio para hacer eso. Leonardo Gómez, de la agrupación Alé Kumá, quiso intervenir la canción haciéndole unos versos.  En el corte la guitarra es de Dizzy Mandjeku, figura de la rumba congolesa, según cuenta ‘Chaco’.

Olabac  (feat. Systema Solar)

Esta chalupa creada por Magín, en la que improvisa y con humor juega con el doble sentido, toma un viaje electrónico que pone a flotar al oyente con ecos y el voltaje característico del Systema.

Dolores tiene un piano (feat. Gualajo y Mayte Montero)

La conjunción de dos maestros en este tema. Gualajo, influencia seminal de marimberos del pacífico colombiano, y Magín, autor de batatazos del Caribe. Se conocieron en Cali en 2012.  A Gualajo le impresionaba el canto de Díaz y a Magín le gustaba “como hacía sonar esos palitos” Gualajo. En esta grabación los acompaña la dura de la gaita Mayte Montero.

La Totuma

Es un bullerengue, el primer crédito en la vida musical de Magín, que apareció en el LP Bailando (1985)  de Los Soneros de Gamero.  En un verso dice: “que yo me voy a morir” y  Magín empieza a llorar, incluso lo hacía en el estudio si la escuchaba. Ante la melancolía del cantador, se escucha en la canción a Petrona Martínez alentándolo.

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Así fue el lanzamiento del disco este jueves 25 de mayo en Gaira, con la presencia de Carlos Vives, Dani Boom, "Chaco", Monsieur Periné, entre otros.