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Alexis Play hace un llamado a la protesta con música y baile en 'Rebulú'

El artista chocoano hace soltar las alarmas y forma la revolución en un álbum de alto voltaje con puro flow y sin filtro.
Cortesía del artista
Cortesía del artista
Por
Jenny Cifuentes

El artista chocoano hace soltar las alarmas y forma la revolución en un álbum de alto voltaje con puro flow sin filtro en el que colaboran Tostao, Rap Bang Club, Official el de la O, MC Killer y Andy Caicedo.

Por Jenny Cifuentes // @jenny_cifu

“Que se sienta el grito en todos laos, de nuestro baile liberao, y aunque de todo nos han robao y nos han maltratao, no nos han quitao lo bailao, lo gozao” se oye en Rebulú, la canción que da título al nuevo disco del chocoano Alexis Play.  

“Rebulú significa revolución.  Hay otras personas que la llaman revulú, en el Chocó decimos rebulú, por eso el título del álbum.  Es un llamado a la protesta desde el baile, a la protesta y a la propuesta desde la música, porque también tiene la pretensión de hablar sobre mi planteamiento sonoro desde la revolución”, apunta el artista.  Para él, la premisa siempre ha sido innovar. Es un teso original que se sale de estándares que hacen que “todo suene igual”  y desde hace casi dos décadas se ha dedicado a investigar y experimentar, buscando darle contundencia a su estilo, ese que él llama “Chirimía Beat” y que une la chirimía del Chocó con el hip hop, géneros afro caribeños como el ragga, el dance hall, el reggae y otras vertientes cercanas.  Tiene anclas en la música tradicional y pone a volar todo ese legado en el presente, con ritmos de la urbe y sonidos de hoy.

Así ha puesto a rodar material de alto calibre, que por fiestero o alegre que sea, lleva siempre una carga de denuncia ante problemáticas sociales, un discurso frentero sobre realidades de su región y del país o rasgos de la cultura, estética y costumbres del pueblo afro, mostrándonos constantemente ,como decía el Joe Arroyo, “un pedacito de la historia negra, de la historia nuestra caballero”.

Siendo muy pequeño arrancó en la música. Su atracción por el hip hop con los casetes que llegaban de Estados Unidos a Quibdó fue detonante. Durante un tiempo hizo parte de Chocquibtown y con gran talento como productor, arreglista, compositor e intérprete, siguió publicando pura candela, convirtiéndose en parlante clave de la sonoridad actual de su ciudad.

Su expediente luce decenas de sencillos, mixtapes y los álbumes Lírica Satírica (2016) y Llegó la lírica (2019) que entre otros, dejó muy fuerte el eco del corte Prietitud.

Hace unos meses Colombia lo escuchó alzando su voz junto a Nidia Góngora, Junior Jein y Hendrix  Hinestroza, también artistas del Pacífico, con el tema ¿Quién los mató? Una composición que exige respuestas al Estado y rechaza la impunidad ante las masacres y homicidios que se han perpetrado este año, y que exhibe un video motivado por el sufrimiento de las familias de los jóvenes de 14 y 15 años masacrados el pasado agosto en una plantación de caña en el barrio Llano Verde de Cali.

Ha sido un año rudo y a todos nos ha tocado buscar la forma de palearlo.  Mientras sorteaba la cuarentena, entre dar talleres  y grabar su nuevo álbum, Alexis también participó del proyecto We are all one (Somos 1), en cabeza del músico caleño Froyber Maya, en el que colaboraron alrededor de 60 artistas de Guinea Ecuatorial, Argentina, India, Australia, España, Francia, Reino Unido, Venezuela etc.  Una apuesta con el propósito de exaltar la diversidad y la unión en estos tiempos en los que el COVID 19 afecta a todo el planeta.  Con nombres invitados como el gigante guitarrista del jazz John McLaughlin.

Rebulú encuarentenado

Alexis cuenta: “Cuando inició la cuarentena y luego, cuando caímos en cuenta de que no era cosa de un día, ni de un mes, mi reacción fue tener pánico por todos los planes que no se podían realizar. Y me salió la canción Polka. Luego pensé en empezar a armar un disco. El álbum que tenía proyectado hacer este año no tenía nada qué ver con Rebulú, quería realizar un disco de latin, más big band, con músicos versados. Pero este disco era lo que podía hacer en casa sin moverme y fue lo que me tuvo con vida hasta junio.  En condiciones normales no hago música con tanta carga energética como la tuvo esta producción, porque la hice en un momento crítico. Esa energía quedó condensada en las 9 canciones de Rebulú.

En el  disco pasado me puse a explorar todo lo que tenía en la cabeza para que me diera luz por dónde caminar. Cuando llego a este trabajo y tengo más folclor, siento que conseguí la madurez de ese sonido que hace mucho vengo explorando y que quería darle un toque más fuerte, que tuviera más carácter. Buscaba que no sonara tan tropical pero tampoco tan trap, ni tan rap ni tan ragga, sino que tuviera un color unificado, porque en los años que estuve experimentando ese estilo me sonaba a: esto con esto con esto.  Ahora suena a una cosa, a un todo, a mí y a lo que siento. Creo que vivir metido en el estudio me ha llevado a una madurez musical y a un entendimiento más detallado de lo que quiero. Hago menos cosas por casualidad y en este punto puedo repetir fórmulas mías. Tengo un argumento más claro de lo que hago. De mi estilo chirimía beat que puedo sustentar.

Una de las cosas que hago, es que utilizo  elementos y samples de canciones de la chirimía para construir nuevas bases para algunos temas y los voy madurando con el tiempo. Es algo que va más allá del simple concepto de fusión, que alguna  gente convirtió en: pongo una pista con marimba y eso ya es música del Pacífico, pero sin tocar ningún patrón de un aire tradicional”.

Con ese sonido, Alexis Play produjo piezas con mixturas entre bunde, bambazú, polka, contradanza, hip hop, trap, dance hall, ragga o funky brasilero. Invitó a Tostao de Chocquibtown, Rap Bang Club, Official el de la O, de Buenaventura, al barranquillero MC Killer y al cantante salsero Andy Caicedo, logrando un trabajo que es puro flow sin filtro, con arreglos brillantes y vientos sabrosos, para que exploten los parlantes. Es un álbum fiestero que hace hervir la sangre con total gozadera, que truena canciones para ir bailando hasta el final de la función, para dejar en paz a la gente en las redes, para enamorar o vacilar a punta de viche y arrechón. Cortes que evocan a maestros de la música chocoana y temas con letras contestatarias.  

Acompañado de una portada ilustrada por Hanna Ramírez Guzmán, que entre sus imágenes incluye la de varios líderes sociales asesinados, Alexis Play, convencido de que el arte puede contribuir a consolidar conquistas, invita a su pueblo afro a “formá un rebulú”, porque en sus palabras, “hay que buscar equidad para jugar el partido de 11 a 11. Exponer lo que ocurre en el Pacífico y que los noticieros centralizados y los medios invisibilizan, porque hay por ejemplo, un silencio nacional ante la violencia que han sufrido todo este año los jóvenes en el Chocó. Y para aportar con lo que uno hace, con la música, hay que estar cerca de esos hechos. Debemos reaccionar con la misma fuerza de los sucesos. Ante estos temas no hay espacio para tibiezas, ni para hacer canciones solo para buscar likes. Nuestra gente debe buscar la manera de llegar a las soluciones, porque nadie lo va a hacer por nosotros. Por eso entre mi propuesta está sumar desde el arte, desde la educación con el objetivo de formar jóvenes con un nuevo pensamiento, una generación nueva que abandone los prejuicios. Luchar contra ese racismo que se palpa en muchos ámbitos, en la música, en la presencia de afro colombianos en cargos públicos, etc. Hay que apuntar a un cambio de mentalidad y la cultura es clave”, afirma Alexis.

Rebulú fue lanzado el día de inauguración de las Fiestas de San Pacho en el Chocó. Carga en él las fuerzas musicales ancestrales, el voltaje citadino de barrio, y sonidos y producción actuales. Es una relevante pieza que plasma cómo vibra hoy el Chocó, con esa riqueza artística, con esa potencia de la raza que ha resistido los embates de la indiferencia en un suelo fecundo pero aún  ignorado.

Junto a maestros de la gozadera, con todos los hierros y a punta de música, Alexis Play arma la revolución, porque como cantó el poeta y activista afro americano Gil Scott-Heron hace décadas, “la revolución no será televisada. No dará sex appeal a tu boca, ni te quitará los granos, ni te hará perder peso, porque la revolución no será televisada y no habrá reposiciones. La revolución será en directo”.  

La huella de los gurús en la música de Alexis Play

Alexis está orgulloso de la riqueza musical del Chocó, y su aprendizaje siguiendo el trazo de los grandes es evidente en sus canciones. Sobre lo que los maestros aportaron a la creación de su sonido, narró:

“Contar las historias sin parar, como un cuento narrado continuo, lo aprendí del maestro Alfonso Córdoba “El Brujo” y de Zuly Murillo.  Siento que viene de ese género del folclor que se llama los romances, que eran como lo que se narraba con cantos en el río, cuando alguien se iba a trabajar en la mina o a pescar y se cantaba con esa ilusión de volver a casa y ver a su amada. Y ellos tienen esa forma muy literaria de relatar, es evidente cuando uno escucha álbumes de la maestra Zuly como Cuentos cantados contados, o Música del viejo Chocó, del “El Brujo”, que son puras historias.

He sido afortunado. Tuve muchas veces la oportunidad de que “El Brujo” revisara mis letras y me corrigiera. Fue todo un honor y tengo pendiente hacer un disco en su homenaje. El maestro quería darle continuidad a sus composiciones, entonces me dio su autorización, me dijo que cuando él no estuviera, sus creaciones quedaban ahí en casa para que las pudieran usar. Con los músicos jóvenes era muy de corregirnos y enseñarnos. Decía: mucho cuidado con la cadencia, ponle atención a las palabras, etc.

Me marcó también el fallecido Cecilio Lozano, “El Negro Cecilio” (hermano de Alexis Lozano director de Guayacán), de los duros de la chirimía chocoana, entre muchas otras, director de la agrupación El Negro y su Élite. Me insistió bastante en la manera de cantar, en la parte técnica.

Del maestro Alexis Lozano aprendí mucho sobre la forma como se comportan los bajos y las tamboras juntos dentro de los arreglos más orquestados. Él es como el pionero en la música tradicional del Chocó en el uso de los formatos modernos electrónicos, con bajo, con más orquesta y las veces que hemos podido sentarnos a trabajar en estudio, que han sido reiteradas, me ha dado tips valiosos.

Mi mentor es Constantino Herrera Lewis “Tinito”, hijo de otro grande, Constantino Herrera Flórez, ambos mis maestros. Este último fue quien me acercó a la música de cuerda, a la música popular chocoana. Él me recalcó que me adentrara en la escuela del bolero y el son para mejorar la afinación y el canto. Por eso en la tarde cuando voy llegando a Quibdó voy a su barrio y hay siempre dominó y guitarriada. Tengo ese gran parche. Eso hizo que yo adquiriera el gusto por el bolero que es de la música que más escucho en mis tiempos normales. La gente se imaginará que solo escucho rap, pero oigo músicas del mundo, bolero, folclor, algo de lo otro. Me gustan más las músicas tradicionales.

Recibí enseñanzas también de Neivo J. Moreno, de los máximos exponentes de la chirimía. Clarinetista, compositor de muchos temas reconocidos, entre ellos El Birimbí, y director de varias agrupaciones.

Yassir Parra, de los mejores compositores y arreglistas de chirimía, saxofonista fundador y director de la agrupación Bambazulú, fue quien me dio la primera oportunidad de rapear y de cantar encima de arreglos de folclor. A él le debo gran parte de la forma como aprendí a arreglar folclor, porque tuvimos un momento de intercambio: yo hacía las programaciones de los beats encima de los arreglos de música tradicional y empezamos a producir cosas juntos.

Mi gran fortuna ha sido tener esos personajes cerca. También Octavio Panesso, del Grupo Saboreo, autor de La Vamo a Tumbá, en mis inicios me dio muchas luces en materia de composición y hasta hoy, cuando hemos compartido en estudio para los trabajos de Saboreo, el maestro siempre me insiste en cosas claves, como conservar la forma de doble sentido y jocosa de las composiciones. Él dice que eso mete al oyente en un viaje súper amplio sobre la canción, y no se queda solamente en las frases que están encima, sino que la gente se ve obligada a adentrarse en la canción y descubrir cosas. Eso se siente por ejemplo en el tema Dame de este disco.  Así, podría citar a varios maestros más. Son muchos genios de los que he aprendido".

En estos últimos años, en los que cada vez hay más músicos de otras regiones seducidos por los aires del Pacífico, el artista habla sobre el respeto al aprender la tradición.

“Cuando una comunidad afro es reacia con músicos blancos que llegan a tocar sus aires o a acompañar a sus grandes cantoras, no es racismo inverso. Creo que eso no existe. La reacción del negro ante estas cosas es porque el racismo viene hacia nosotros, lo hemos padecido y vivido. Nos blindamos hacia él y evitamos de alguna manera que siga habiendo esa apropiación de nuestra cultura de forma desmedida. Es que el músico tradicional de los pueblos sabe las falencias de quienes están aprendiendo la tradición. Porque aprender la tradición no es coger unos discos, escucharlos y tocarlos. No es venirse dos o tres días, medio año, a ver tocar marimba o venir a un par de Petronios y tocar.

He notado que algunos músicos del interior se han tomado a la ligera la música de nosotros. Se aprenden dos o tres bordones y al otro día están dando talleres y se pasa la barrera del respeto. Me ha tocado verlo en el Petronio, por ejemplo, en los remates, antes cuando se hacían en los hoteles, que uno tenía más contacto con los músicos locales cuando tocaban. Veía músicos del interior en dos escenas: una, en la que se sentaban a observar, escuchar, y a veces a anotar en partituras y preguntar datos. Y la otra, la del que tiene toda la academia encima y por eso cree que puede llegar y acompañar de cualquier manera, entrando a un acompañamiento y los grupos parando y diciéndole que no toque. Y el tipo sin entender por qué.

Es que hay unos códigos de la tradición que hay que comprender más allá de ejecutar música, no es solo tocar por tocar, porque quienes han estudiado tocan bien, pero las cosas inmersas de la tradición, los dejos, los tiempos, los ritos, no son de tomarse a la ligera y es un asunto difícil. Por ejemplo, en la grabación de un toque de chirimía tradicional interpretada por los viejos el lenguaje corporal y visual que tienen para manejar los cambios de tiempo, en los pasajes de las canciones, es una cosa mágica, y eso no se aprende en la universidad. Se tiene que estar con ellos mucho tiempo.

Recuerdo que hace cinco años estaba grabando  a varios maestros como el fallecido Migdonio Rivas Ríos, Pino Pino, Julio Córdoba y otros duros. Estos señores que son de la tradición de la chirimía, que llevan 60 o 70 años tocando, me causaban algo muy loco porque en un momento yo sentía que el ritmo de las canciones se caía, pero nadie decía nada, y veía por el vidrio de la cabina cómo uno de ellos tiraba la espalda para atrás, y cuando lo hacía, todo el grupo bajaba la intensidad y cambiaba el tiempo y la cadencia. O tambié, la forma como el maestro Pino Pino tocaba el platillo: marcaba un zapateo en el piso y eso era un mensaje para el danzarín. Que lo vine a entender más tarde. Hay una comunicación constante y eso no se aprende de un día para otro.

Por eso, la gente en el territorio no va aceptar de una manera sencilla que alguien foráneo novato venga a acompañar, por ejemplo, a una de sus cantoras insignes. Con todo el ritual que hay alrededor de la marimba, de la curación del instrumento, el ritual que hay alrededor de las tamboras, sobre la piel del animal con la que se hace, con pieles de animales sanos y que lleva todo un proceso.

Hay cantidad de factores, que inciden en la aceptación de los músicos.  No significa que no nos guste tocar con los blancos, es que a los blancos de la ciudad les falta empaparse de la tradición para poder llegar a eso. Es como llegar a un arrullo en Timbiquí y porque uno tiene un guasá se va metiendo a la misa a tocar sin entender el ritual de ese momento. Y los maestros dicen: no está mal que lo intenten, pero aprendan, vengan y compartan en la comunidad.

En el Chocó en los pueblos hacen algo que se llama baile de pellejo, sobre todo en las fiestas patronales y cuando van agrupaciones de chirimía de un pueblo a otro, la gente que sabe de eso va a la orilla del río a recibir y a ver quiénes son los músicos. Casi siempre al del clarinete le dicen en el argot popular: “Arregístre”, o sea, toque, y con el sonido del clarinete saben si ese man es o no. Hay cosas que la tradición trae que hay que respetar, y por eso yo, que soy de Quibdó y me hice alrededor de la chirimía, voy a un baile de pellejo y escasamente cojo los platillos y casi siempre me los quitan. Es porque algo debo estar haciendo mal, y yo qué voy a decirles. Soy consciente de que no tengo eso. No es un tema racial sino de ancestralidad, cultural y de conocimiento".

 

Rebulú, canción por canción en palabras de Alexis Play

Polka

La canción no es una polka, sino que su introducción y los finales son tomados de un clásico de la chirimía del Chocó que se llama Polka para Danielito, una polka autoría del ya fallecido maestro Cecilio Lozano “El Negro Cecilio”.  En el cuerpo se hizo una conversión de la velocidad de la contradanza para unirla con el tiempo del ragga y lograr una base más movida, que diera un groove más sabroso, con baile.

Es un tema de protesta a la vez, habla sobre mi cansancio de los primeros días de la cuarentena y lo que ya venía sucediendo en el mundo. Este planeta estaba al borde de una guerra, enloquecido, el dólar subiendo más por el petróleo, el universo inundando las redes con malas noticias, el panorama negro, y esa canción es un desahogo en el que digo que estoy cansado de tantas malas noticias, de la mala energía que hay hacia mi región y quiero irme a un sitio donde no entre ni señal de celular, y descansar tomando mucho viche curao.

¡Salte! Part II

Es el famoso levanta polvo que se utiliza en los bundes.  Es una mezcla de las nuevas células del levanta polvo: hace unos años se inventaron un nuevo patrón rítmico que se toca con el redoblante sin el entorchado de abajo, entonces suena como si fuera un timbal.  Salte, resulta de una combinación del levanta polvo, funky brasilero y trap, para la que invité a MC Killer de Barranquilla y a Official El De la O de Buenaventura.

Esta es una continuación un tema que apareció en el disco pasado. Hay una ambigüedad entre el salte de saltar y salte de salirse. El mensaje es: si usted no sabe bailar, salte. Esa frase salió porque hace como cinco años, cuando yo todavía hacía parte de Chocquibtown, estábamos en vivo en el bar Quiebracanto y había unos extranjeros que no sabían cómo bailar la vaina, entonces Tostao dijo : “El que no sepa bailar salte”, y los manes saltaron hasta las canciones lentas.  

Recordé la frase y también la usé para decir, que si le molesta que lo empujen en el recorrido del bunde, pues sálgase. Porque en las fiestas de San Pacho, por el tumulto de gente que va a los recorridos hay quienes se ponen a pelear porque los empujan, pero es imposible no hacerlo.

Dame

Es la última que hice para el disco. Llamé a Luis Meza quien tocó los saxofones, y le pedí unos fraseos que son tradicionales de la chirimía y tienen una cercanía con el calypso, Dame es como un bambazú/ragga. Un corte romántico de pretensión, de cortejo, que son muy populares en la chirimía, y además cargan doble sentido. Me alegró mucho porque en él pude volver a cantar como lo hacía en otros años, tras una lesión que tuve en 2017 que no me permitía hacer voces más altas, como las que suenan ahí. Es mi favorita del álbum.

Rebulú

Es un llamado a la protesta desde el baile, a la protesta y a la propuesta desde la música. En el Paro Cívico de 2017 a los del Pacífico nos criticaban mucho porque salíamos a la protesta bailando y cantando, pero eso hace parte de la negritud: protestar por medio de la música, por medio de la expresión corporal y el baile. Tiene un swing muy bailable pero invita a una revolución desde lo cultural, incita a mi pueblo afro a levantarse contra la opresión.

Cuarentena

Fue una alucinación que tuve como en el tercer mes de la cuarentena, aquí en casa. Pensaba en cómo hubiera sido haber pasado ese tiempo con una pareja y me daba cuenta de las peleas de los vecinos, de que se había disparado la cifras de feminicidios, y me imaginaba lo contrario, el cuento de los que quisieran estar juntos pero por las restricciones no podían.

Esa historia hace parte del estilo de composición que he aprendido de la maestra Zuly Murillo y  del maestro Alfonso Córdoba “El Brujo”. Es una historia narrada contínua. Es la primera canción romántica del álbum, de ese amor cautivo.

Mamita

Es un cover de un tema de la banda Tumbacatre de Mateo Molano. Yo nunca grabo versiones, pero siempre quise tocar este corte y le pedí a Mateo que me permitiera hacerla. Ya la había producido en 2016, pero quise meterle más groove. Invité al cantante  Andy Caicedo para agregarle un toque pop, como R&B. Hicimos coproducción con un referente de la producción y arreglos de la región, Juan Carlos Asprilla, (La Vamo a Tumbá, popularizada por el Grupo Saboreo, entre muchos hits). Esta canción viene siendo una especie de  tamborito ragga con coquetería fina.

Un Trago

Salió de un sampler que cogimos de una canción insigne del folclor, muy conocida también en el interior que es Hombre na má, la que dice: “Ay mija coja su marido, pa´que se le quite la arrechera, ay hombre, ay hombre, la fórmula mija es hombre”. Tomé la parte del coro: “Deme, deme un consejo mamá” y dejé solo el loop diciendo: “deme, deme un” y lo que sigue, es la palabra trago. Es mucho más dancehall, y el que la escucha con audífonos, puede oír que en el fondo tengo una combinación entre Hombre na má y La vamo´a tumbá. Si oye el final, tiene el coro filtrado detrás. Tiene parte de esa base de aire bambazú de La vamo a tumbá y  partes de bongó. Es muy ragga. Es el tema discotequero del álbum, en el que tuve el placer de invitar a Rap Bang Club, sacarlos un poco de su sonido usual del rap. Karin B. es medio sanandresano, chocoano, bogotano, entonces lleva eso en la sangre y a Pezcatore, busqué ponerlo a vacilar un poco más. Quise ponerle dancehall, no como el de ahora, con tanto efecto en la voz, sino más oscuro, más de barrio y de calle.

Déjelos Vivir

Es la canción de la libertad. Nace de ver que la gente critica todo en las redes, que sale a la calle a criticar todo. Que si alguien sube fotos con el reloj que se compró, que con el carro, con la novia, la ropa o en el paseo. Y yo digo: déjelos. Déjelos vivir porque la gente es feliz y si quiere que el mundo sepa, pues dejarlos. Si a usted no le gusta, pues no los siga. Cada quien tiene la libertad de vivir su proceso como quiera. Es funky brasilero con un poco del golpe que tiene ahora la  chirimía  que suena más o menos a batucada.

Ella baila

Es muy especial porque regresamos a la vida al maestro Feliciano Ramírez “Chano”, tremendo cantante y compositor chocoano, visionario, que fue un gran personaje en los 90. Escribía canciones mono tonales y sonaban como rondas, muy de nuestra tierra, que hablaban de la cotidianidad, de los cuentos. Eso era lo que escuchábamos en los cumpleaños cuando estábamos pequeños. Hicimos un sampler tomado de su canción Mi Lengua, donde él canta: “eelolé, lolé lolaila, ei, ella baila”, lo repetimos y le sumamos ese groove de dancehall.

Invité por primera vez en muchos años a Tostao a que hiciéramos un corte los dos, porque hemos grabado juntos antes, pero para Chocquibtown, no para un trabajo mío. Narramos una historia de baile de barrio, de donde venimos, inspirada en una mujer portentosa, que tiene todas las cualidades para robarse las miradas.

 

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