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Ali a.k.a Mind: el rap como salvación y el viaje como escuela

Recorrimos Bogotá recordando la historia de uno de los nombres más importantes del rap capitalino, Ali a.k.a Mind.
Por
Fabián Páez López

Pasó del fútbol al skate. Cuando su vida era rodar, se rompió la rodilla. Conoció el rap, se levantó, trabajó como oficinista y armó el grupo Capital Special. Pero al sentir la bruma de la rutina, cogió todo lo que tenía y se fue de viaje. Pasó por Ecuador, se radicó en Argentina y volvió a Bogotá como uno de los emblemas del lirismo y del rap capitalino. Recorrimos la ciudad con Ali a.k.a Mind y nos contó su historia. 

Por Fabián Páez López @Davidchaka // Video: Johan Trujillo

Ali Rey Montoya nació en Bogotá y ha recorrido la ciudad de esquina a esquina. A los dos años se fue a vivir a una plaza cercana, Soacha, donde estudió sus primeros años de colegio y jugó fútbol incansablemente en las canchas de Fedenorte hasta que se mudó al barrio Galán. Colgó los guayos y empezó a rodar en skate. Cuando creía que se iba a ganar la vida haciendo trucos en la tabla y tenía patrocinadores detrás de él, le tocó vérselas con el coco de los deportistas. La clásica: rotura del ligamento cruzado.

“Después de haberme lesionado la rodilla y de haberme alejado físicamente del deporte, porque de corazón uno siempre va a ser skater, lo bueno fue que el rap estaba ahí. El rap me encontró, me rescató de esa depresión, de esa situación de no saber qué hacer cuando uno ya tiene todas las fichas puestas en algún proyecto de vida. Empecé a hacer rap, conocí a Addy‐S, hicimos el grupo Capital Special y empezamos a escribir y a grabar canciones canciones”, cuenta Ali mientras nos alistamos para ir a uno de los restaurantes más populares del barrio que vio nacer al rap en la ciudad: el asadero Don Roque en el barrio Las Cruces.

Pronto, después de estudiar, conseguir un trabajo de oficina y empezar a coronar tarimas con Capital Special, la bruma de la rutina bogotana empezó a pesar en la cabeza de Ali.

“En mi situación, en mi caso personal era el tema de la rutina en la que estaba atrapado, era una rutina que estaba buena para el tema del rap, pero a la vez sentía que no había un crecimiento personal, que necesitaba conocer otros lugares y en especial que necesitaba poder contar nuevas historias. Lo más agobiante de esta rutina era lo que nos agobia a todos los colombianos: darnos cuenta de cómo el tiempo se vuelve poco y cómo el único escape que tenemos realmente es por ahí tomarnos una cerveza el fin de semana. Esa rutina de querer que llegara ya el viernes me parecía demasiado agobiante,  demasiado agobiante odiar el lunes por ejemplo, demasiado esclavizante pensar en tener que buscar un trabajo que no me gustaba para cobrar menos de lo que yo creía que me merecía, entonces eso empezó a impulsarme a impulsarme y a impulsarme a quererme ir y esa rutina de tener jefes malos, de tener trabajos difíciles, incluso tener complicado el tema económico, porque por más que uno trabajaba la plata no alcanzaba me empujó a salir”.

El peregrinaje

“Nadie creía que me iba a ir de la casa, nadie creía que iba a tomar la decisión. Me acuerdo que tenía una plata que había cobrado de un festival que se llamaba Suba al ruedo, eran algo así como 350.000 pesos, y una plata de un marranito, que eran como 50.000. Un amigo que le dicen el Mico me acompañó a cambiarlos y con esos 400.000 arranqué para Ecuador. Estando en Ecuador me pasaron muchas cosas graciosas, porque me fui solo y estaba trabajando en un restaurante, era un trabajo que no me gustaba, pero estando ahí un día me dicen que me quedara por la noche para el bar. Me quedé y conocí un dj que trabajaba ahí. Este dj terminó llevándome a una escuela de música donde yo quería estudiar y en esa escuela de música me ofrecieron trabajo y creo que ahí hizo clic un poco mi vida, porque empecé a trabajar como profesor en esa escuela. En ese sentido, mi vida cambió un montón; sin embargo, yo tenía que seguir estudiando y el país que decidí para empezar otra vez fue Argentina”.

Fue allí donde despegó el proyecto solista de Ali. A su primer nombre de pila, le sumó unas siglas en inglés que muchos pronuncian a la colombiana, pero que describen su alterego en el rap, el sobrenombre que le pusieron sus amigos después de que Ali tenía que trabajarle la cabeza a cualquier policía que los quería requisar en la calle, al bouncer de algún evento o a los que escuchaban sus letras rapeadas. Se ganó el apodo de Mind por trabajador de mentes. O mejor: Ali a.k.a Mind (“a.k.a”, por la abreviatura en inglés de also known as; es decir: “mejor conocido como”).  

“Mi primer disco solista lo hice en Buenos Aires, pero el disco obviamente tiene un tinte de ese sabor agridulce que tenemos porque ya había madurado un poco el tema de la migración en mi vida, porque ya había pasado por Ecuador, había vivido esa sensación que se tiene cuando se migra a un país vecino, que es básicamente lo que sienten los venezolanos hoy en Colombia. En especial tenía ese sabor de que Colombia seguía en mi corazón y que estuviera en Buenos Aires o en el lugar que estuviera, ser colombiano era algo que yo llevaba con identidad y con mucho orgullo

El ídolo del rap bogotano

En el asadero Don Roque, ubicado en la plaza del barrio Las Cruces, por 11.000 pesos, comimos un plato con una presa de pollo que parecía el animal entero, que además venía con ensalada, una porción de papás en cascos del tamaño de una mano y una abultada montaña de arroz blanco. Es un plato diseñado para los trabajadores del barrio. También para llenar un tipo corpulento, de voz fuerte y que se la pasa encerrado componiendo y creando beats en el estudio como Ali.

Al otro de la plaza, como en todos los centros construidos en la colonia, estaba la iglesia del barrio. “Esa iglesia me la conozco hasta el último rincón, mi tío era sacerdote y yo subía a jugar hasta el campanario”, cuenta Ali. Estábamos en la cuna del rap capitalino. A pocas cuadras de la dirección 5-27 inmortalizada por La Etnnia. En las calles que crecieron agrupaciones pioneras como Gotas de Rap o Estilo Bajo y veteranos como Cescru Enlace.

Con cuatro discos solista debajo del brazo, varios sold out en escenarios clásicos de la ciudad y un público que lo sigue a donde vaya por encima de cifras o números en streaming, Ali a.k.a Mind, el trabajador de mentes, el viajero, el orgulloso de sus raíces, el crítico punzante, se inscribió con fuerza en esa historia del rap de la ciudad que lo vio crecer.

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