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Andy Gill: cuatro décadas cantándole a un mundo que fue y será una porquería

A propósito de la muerte de Andy Gill, recordamos cómo Gang of Four señaló proféticamente las paradojas del consumo, la desigualdad y la soledad.
Andy Gill de Gang of Four - Foto: Gie Knaeps/Getty Images
Andy Gill de Gang of Four - Foto: Gie Knaeps/Getty Images
Por
José "Pepe" Plata

Andy Gill, guitarrista y cerebro de Gang of Four, murió a los 64 años. Pero su legado musical y lírico de cuatro décadas está más que vigente. Sin su banda, no existirían otras como R.E.M, Nirvana, Rage against the Machine o Red Hot Chili Peppers.

Por José ‘Pepe’ Plata //@owai

A pocas horas de haber comenzado el segundo mes del año, el mundo musical recibió la noticia del fallecimiento de Andy Gill, miembro fundador, guitarrista y voz de la banda Gang of Four. Una banda que nació en 1976 y que tuvo un trabajo musical intenso en los setenta y tempranos ochenta, paró, regresó a principios en los dos mil y dejó una marca musical y lírica tan vigente como actual.

En los convulsionados años setenta, justo en la época de la guerra fría, la crisis del petróleo, el auge del reggae, la explosión del disco y la hecatombe punk, apareció en la ciudad de Leeds esta banda de cuatro estudiantes que juntaron el punk y el funk en un proyecto consolidado como vehículo de resistencia.

Tomaron como nombre el apodo otorgado a los cuatro asesores del líder chino Mao Zedong que fueron enjuiciados luego de la muerte de este en 1976. Estos cuatro personajes (en los que además estaba incluida la viuda de Mao) fueron expulsados del partido comunista chino por delitos cometidos durante la revolución cultural entre 1966 y 1976. Inspirados en esa “banda de los cuatro” se juntaron los primeros miembros de Gang of Four, Andy Gill, Jon King, Dave Allen y Hugo Burnham.

Se juntaron justo cuando bandas como Sex Pistols, The Cure, Siouxsie and the Banshees, Joy Division, Wire o The Clash tomaran la música como arma de combate y existencia: el punk. Cada una de estas bandas tuvo ese germen de las tres cuerdas, pero con el paso del evolucionaron, o se acabaron. En el caso de Gang of Four la evolución fue hacer que su sonido fuera rápido, corrosivo, funkero y tan pogueable como bailable. Pero el carácter lo imprimieron con su desarrollo lírico.

Si los Pistols tuvieron letras de desprecio y anarquía, The Clash las tuvo de denuncia y reconocimiento de la diversidad, Joy Division de las experiencias personales de su vocalista Ian Curtis, The Cure de lo lúgubre y denso, Siouxsie and the Banshees de las hadas y lo siniestro o Wire del conflicto humano, Gang of Four tuvo letras que fueron tan reales como premonitorias de la condición social de nuestro tiempo.

Tras un primer EP publicado en 1978, su disco Entertainment! de 1979 planteó, desde su portada, una declaración política en donde la colonización, la opresión y la crítica a la acumulación capitalista estaban presentes. En canciones como At Home He´s a Tourist (En su casa es un turista) se habla de la paradójica cadena de situaciones que hacen que todos los momentos vitales estén al servicio del consumo. Primero, el trabajo, como vía necesaria para tener capacidad de consumir, de vivir un buen ocio. Luego, el ocio, como ir a una discoteca, encarnando al buen consumidor. Corría el año 1979 y el mundo, en ese entonces, sucumbía ante ante la fiebre del disco. ¿Y será que hoy vamos a los clubes y discotecas para que el trap, el reggaetón y el EDM a consumir nuestra “válvula de escape” al consumo?

En este mismo disco, que ha sido incluido en varias listas como un disco clave no solo para el punk, el rock sino también para los guitarristas, hay también canciones que suenan tan actuales como proféticas. Not Great Men (No grandes hombres), por ejemplo, habla de cómo, si bien la historia está en los libros y hay grandes hombres, los pobres siguen siendo pobres y los ricos siguen dominando el mundo. Cuatro décadas después, no hay índice alguno que puede ocultar la gran desigualdad que persiste en nuestra sociedad donde se habla de cómo hay un 1% de la población que es dueña del 70% de los recursos del planeta.

En 1981, la banda publicó Solid Gold, un disco que continuó la exploración del postpunk y su unión con el funk, pero que no perdió la vena lírica que algunos consideraron como si fuera “punk intelectual”. El mundo había comenzado ya la época del hiperconsumo, la expansión de un estilo de vida donde las hamburguesas se convertían en íconos de la alimentación y una primera muestra de la tan mentada globalización, de la cual se comenzó a hablar en aquella época. Fue justo el momento en el que MTV comenzó a ser la ventana de la industria musical y en donde Gang of Four no se halló mucho.

Cheeseburger, canción incluida en ese disco, le canta a esa necesidad de trabajar y sacrificarse para establecer alguna relación con el mundo y la cotidianidad, en donde tomar cerveza y hacer amigos rápido es la forma de dejar una marca. ¿Será que nos estaba Gill hablando de ese momento humano del siglo 21 en donde los excesos hacen que muchos sientan que es su manera de existir?

Los mismo años ochenta en los que el mundo conoció el compact disc, las primeras consolas de videojuegos y la expansión de las bebidas cola como medidas de felicidad, fueron la década en la que la banda presentó una canción en su disco Songs of the Free (Canciones de los libres), llamada We Live as We Dream, Alone (Vivimos como soñamos, solos). Hoy, la soledad en la sociedad está en la palestra pública. Inglaterra tiene una oficina dedicada a diseñar, investigar y promover soluciones para la soledad de sus habitantes.

Y hoy, por lo menos una de cada cuatro relaciones humanas se generan o basan en lo que portales y aplicaciones para conseguir pareja promueven: conseguir un alma gemela. Sea a través de Tinder, Grindr, Happn, Badoo, etc. la soledad contemporánea tiene tintes endémicos como lo pueden ser también los brotes depresivos que se descubren día a día a través de Instagram, Twitter y Facebook.

Esos mismos ochenta fueron también el tiempo en el que Gill combinó su vida con la banda y el trabajo como productor. No en vano ese sonido básico, crudo y que casi no usa efectos lo transmitió a bandas como Red Hot Chili Peppers, Killing Joke, Foo Fighters y más.

Los noventa trajeron a una banda un tanto discreta. Sus discos no fueron reimpresos porque la industria estaba interesada en otros sonidos. Pero en el año 2005, en plena época de MySpace, Gill revivió a Gang of Four con giras y discos como Return the gift (2005), Content (2010), What Happens Next (2015) y Happy Now (2019).

Sus inquietudes fueron las mismas. Usar a la banda para mostrar una versión cruda y directa de la música y en donde las inquietudes sobre la injusticia, desigualdad, consumismo, ansiedad, depresión, falta de afecto no se olvidaron. Pero adaptados a los tiempos de la hiperconectividad.

Gill había recogido en este milenio la admiración de bandas como Yeah Yeah Yeahs! Ladytron, Dandy Warhols y más. Había girado por Estados Unidos, Asia, Europa, Australia y Nueva Zelanda. Hasta en México estuvieron en una de las ediciones del Festival Marvin. Y hasta se había dado el lujo de hacer que la edición limitada del disco Content tuviera rastros de sangre de los integrantes de la banda como una manera de estar más cerca de los seguidores.

En sus últimas entrevistas, Gill decía estar muy contento, pero a la vez pasivo. Había vivido cuatro décadas cantándole al mundo que, como dice el tango, “fue y será una porquería” a través de canciones que describen a la compleja y paradójica sociedad en la que nos encontramos, donde hace cuatro décadas la gente se sentía sola al tener televisor, radio y tocadiscos. Y hoy se siente sola ante la pantalla de un celular.

 

 

 

 

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