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El saludo vallenato no es lo que parece. Un encuentro entre música y crimen

“Para fulano de tal, allá en el patio 2 de La Picota, ¡ay hombe’!”
Diomedes Díaz (1987) - Foto del archivo de El Espectador
Diomedes Díaz (1987) - Foto del archivo de El Espectador
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Redacción Shock

Lo que comenzó como una tradición de la música en parrandas pasó a ser una forma de financiar la música. Pero también los saludos se han convertido en la peligrosa frontera que ha vinculado la música vallenato con políticos y criminales en la cárcel.

Por: Jenny Cifuentes // @Jenny_Cifu - Foto: archivo El Espectador

Los  saludos en el vallenato son una tradición.  Son menciones que hacen los cantantes en medio de una interpretación en las parrandas o en los discos, del estilo: “para el doctor sultano, allá en Valledupar”.  Los amantes del género terminan  aprendiéndoselos y repitiéndolos mientras cantan a grito herido un vallenato.  Hay saludos que le dan un toque especial a las canciones,  que hasta a veces sin ellos, resultan impensables reconocidos temas.  Saludos bonitos, bacanos, sobre todo en los vallenatos viejos. 

Los estudiosos dicen que los saludos son antiguos como el vallenato mismo, que nacieron entre parrandas y versos,  y que eran espontáneos  del intérprete. Se hacían con cariño para el amigo, otros de manera jocosa para mamarle gallo a alguien o para darle la bienvenida al que llegaba al encuentro musical parrandero.  Con el tiempo  algunos se mantuvieron enfocados en los compadres,  la familia  y allegados, y otros pasaron a hacerse por conveniencias.  Cuentan entendidos que por ejemplo, en los 70, durante la bonanza marimbera (marcada por alta producción y tráfico de marihuana en La Guajira), los personajes relacionados con el negocio, ofrecían a los cantantes camionetas, suntuosos regalos y cantidades de dinero para que los nombraran en las grabaciones.

Y es que a pesar de que el origen y el contexto natural del saludo hayan sido la amistad y la celebración, desde décadas atrás existen muchos que se pagan. Algunas versiones como la del locutor Álvaro Álvarez  –que desató una tremenda alharaca en el círculo vallenato hace un par de años–  apuntan a que  las sumas por los saludos son millonarias y que hay “encargados” o “comisionistas” que hacen el puente entre el personaje a saludar y el artista. Muchas figuras vallenatas actuales  hablan de los saludos pagos sin tapujos  y afirman que esta práctica se da para financiar discos, pagar a los músicos, gastos de promoción etc. y que es un uso normal porque los saludos son parte del vallenato. No todos son producto de transacciones.

El acordeonero Juancho De La Espriella contó: “el principio de los saludos es la amistad.  En un  inicio se dan para  los amigos o  la familia. Y sí, hay personas que se vinculan con nosotros y nos dicen: ‘yo quiero que me saludes de esta forma y  te puedo dar alguna colaboración’.  Eso existe. Negarlo no tiene sentido. Y a uno le sirve. O por ejemplo, otro caso que se puede dar es: ‘te saludamos y nos compras mil discos’.  Se hacen algunos convenios hasta con la prensa  y a nosotros nos sirve para la promoción”. De la misma manera Martín Elías y Rolando Ochoa dijeron que reciben dinero por algunos saludos, lo que ayuda a saldar gastos de viajes, pagarle al staff, etc.

También hay artistas que no saludan en sus discos como  Jorge Celedón.  Según afirma el cantante, lo hizo en el primer álbum y de ahí en adelante no más. “No estoy en contra de los saludos, estoy en contra de la cantidad en la actualidad y de que dañen los arreglos de las canciones por meterle tanta saludadera. Si los van a hacer, los deben hacer bien, porque a la mayoría de artistas se les nota que van leyendo, como saliendo de un compromiso.  Lo hago en vivo porque el vallenato en parranda era así.  Se decían cosas como: ‘compadre écheme el trago’, ‘compadre fulano de tal, bienvenido’, y lo llevaron al disco. De ahí nace el saludo. Pero ahora, ¡hasta nombran discotecas! ¡Ya se pasan!  Claro que hay canciones clásicas del vallenato que si les quitan el saludo me ofendo, porque suenan muy bien y ya hacen parte de ellas.  En los clásicos eran poquitos, dos o tres nombres.  Ahora hay canciones que tienen 40 o 50 saludos, una barbaridad”, dijo.  

Pero no solo el dinero y la cantidad de saludos en los álbumes han despertado reacciones.  Saludar políticos, ha puesto a varios artistas en problemas. Sonado fue que en enero del año pasado el Consejo Nacional Electoral abrió investigaciones contra Peter Manjarrés, Silvestre Dangond, Farid Ortiz y Luifer Cuello por saludar en sus canciones  a políticos aspirantes a alcaldías y gobernaciones. No porque sea ilícito nombrar políticos, sino  porque sus temas salieron al aire largo tiempo antes de elecciones y las normas prescritas de propaganda electoral no permiten publicidad política sino hasta cuatro meses antes de los comicios. Los músicos y sus abogados tuvieron que justificar sus saludos y probar que sus menciones a estos personajes no eran difusión de propaganda electoral para así evitar pagar sanciones millonarias. 

La “calidad” del saludado también ha dejado expuestas a algunas figuras del vallenato, que terminaron nombrando delincuentes  en sus canciones.  Aunque en realidad, cada quien es libre de saludar a la gente que quiera.  Otra cosa es que un artista salude a un individuo al margen de la ley  y lo puedan investigar por hacerlo. No hay una ley que textualmente prohíba saludar. Quizá se dio un caso particular y lejano que involucró los saludos vallenatos, al que se refirió en un  espacio radial  el locutor Jaime Pérez Parodi, conocido como “La Biblia del Vallenato”, quien recuerda que durante el gobierno de Julio César Turbay (presidente de Colombia del 78 al 82)  se puso en vigencia el Estatuto de Seguridad que regulaba  canciones y prohibía en ellas los elogios a “personas de dudosa procedencia”.

Alrededor de los saludos vallenatos a delincuentes circulan muchos mitos expandidos por el voz a voz, pero también historias fieles que los relacionan con el acontecer nacional.  Algunos cantantes saludaron a personas en una época en la que estaban “dentro de la legalidad” y que luego se  volvieron sujetos al margen de la ley.

Recordado es el caso de Diomedes Díaz, quien en la canción El Mundo, del disco del mismo nombre de 1984, saludó a Ricardo Palmera cuando era gerente de Banco del Comercio en Valledupar. Palmera luego se convirtió en  “Simón Trinidad”, cabecilla de las FARC.

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