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Así es como el K-pop manufactura grandes estrellas

No todo es sonrisas y coreografías en las bandas coreanas.
Shinee // Getty Images
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El K-pop, o pop coreano, ha sido un éxito en expansión a nivel mundial. Este fenómeno no es de extrañar, solo hay que escuchar una de sus canciones o ver alguno de sus videos para quedar fascinado por la gran espectacularidad y pomposidad de todas sus producciones. Este es un estilo musical proveniente de Corea del Sur y caracterizado por estar constituido por varios géneros como rock, tecno, jazz, hip-hop, R&B, reggae, EDM, folk, country y con una raíz musical coreana tradicional.

Por Juan Camilo Ospina Deaza 

Este género es la síntesis de dos mundos radicalmente diferentes: un país con una historia principalmente rural y la llegada rampante de EE.UU con sus formas masivas de consumo. El K-pop es fascinante y misterioso para Occidente, alrededor de él se han  realizado documentales por la BBC o por Youtubers alrededor del globo, Alvinsch, Koreaboo o CuckPhilosophy con millones de visualizaciones.

Lee Soo Man, uno de los fundadores del K pop, desarrolló lo que se conoce como “in-house system” y que todas las grandes productoras de Corea utilizan. Ellas no solo producen a sus artistas sino que tienen completo control de la carrera de los artistas.  Esto incluye, planear, realizar y circular discos, controlar la publicación de la música, las licencias, proveer agentes y managers, organizar eventos y operar una “star making academy”. Esto significa que todo el proceso de producción musical se hace desde un mismo sello, los compositores, los escritores de canciones, los arreglistas, los ingenieros, los managers, los agentes, los coreógrafos, los coordinadores de diseños, los consultares de imágenes, los instructores vocales, de baile y actuación, los ejecutivos de marketing, todo el proceso creativo está detalladamente manufacturado.

 

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La producción de un “idol” comienza con jóvenes estudiantes participando en audiciones realizadas por las compañías.  Si los jurados establecen que un participante es lo suficientemente talentoso, el joven se convierte en un “trainee”. En este punto, el estudiante comienza un intenso entrenamiento en coreografías y música todos los días. El estudiante debe sacrificar cualquier vestigio de libertad personal, sueño y confort.  Los "trainees" viven en pequeños apartamentos y son monitoreados constantemente en factores como altura, peso y figura. Algunos contratos incluyen someterse a cirugías plásticas. Las agencias de entretenimiento se encargan de todos los aspectos de los artistas, ellos están en un entretenimiento casi militar en que los preparan en los distintos aspectos para ser grandes estrellas: conocer otros idiomas, etiqueta, postura, canto, etc. 

Usualmente no tienen permitido utilizar redes sociales y asistir a citas románticas. El periodo como "trainee" puede durar 5 años o más. Después de ser "trainee", las compañías agrupan a ciertos artistas seleccionados para conformar una banda. Se establecen grandes sistemas de competencia en los que muchos no lograr sobresalir.  Durante este periodo los participantes no solo son calificados por su desempeño en coreografía y canto, sino que también son puestos bajo presiones psicológicas, lastimados y desanimados  para conocer su fortaleza emocional. Por ejemplo, el artista Jay Park  comentaba en los medios de comunicación que durante las cesiones de entremiento se castigaba a los miembros con golpes físicos si hacían un movimiento inadecuado o si cantaban las letras mal.

 

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Una vez este periodo acaba, las dificultades no acaban. Cuando son seleccionados para participar en grupos de idols, se han reportado casos de desmayos en escenarios por cansancio debido a las extensas jornadas de trabajo. También, los artistas deben estructurar un personaje con unos rasgos de personalidad que la compañía considere pertinentes especialmente para los medios de comunicación. Además deben padecer fuertes competencias entre sus compañeros, lo que imposibilita crear lazos de amistad entre los grupos. Después de todo,  aquel miembro que los managers consideren que no encaja con el estilo del grupo o que tenga mal rendimiento es reemplazado por uno de los cientos de "trainee" que están esperando en la línea.

Los contratos que firman los "trainee" a los 12 o 13 años tienen consecuencias a largo plazo. Algunos contratos estipulan devolver el dinero que la firma invirtió en clases de baile y canto, vestimenta y el costo de vida, entre otras cosas.  A este tipo de contratos se les llama en Corea “slave contract” o “노예 계약” y consisten en acuerdos injustos a largo plazo entre los aspirantes a "idols" y las compañías.  Estas condiciones laborales tienen como consecuencia que los idols no hagan grandes ganancias.

Todo en el K-Pop es más brillante, más calculado y más dinámico, al precio de la creatividad individual de los artistas. Las compañías descubrieron cómo manufacturar el éxito, cómo lograr la producción en serie de "idols". Tal vez la palabra “industrias culturales” es literal cuando se habla de los K-POP Coreanos. La lógica del talento se opone al de la división social de trabajo. En la música creemos que solo se necesita un carisma especial, una capacidad de cantar y bailar angelical para triunfar en el entretenimiento. Pero ¿cuál es el valor del talento si no se tiene un equipo de personas especializadas en comercializar la música, en producir audiovisuales? ¿Cómo lograr una gran difusión de la música sin la gran maquinaria que tienen las grandes industrias?

 

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Por muy talentoso que un músico sea, él no dispone del suficiente tiempo para ser experto en coreografía, moda, telecomunicaciones, mercado, arte, política, etc. Cuando la industria musical tiene como fin la economía, se puede dar la posibilidad de invertir grandes cantidades de dinero para hacer sus producciones. Estas grandes empresas cuentan con equipo de expertos que conocen las técnicas para dirigir ciertos contenidos culturales a un público en particular.

Existen grupos que disfrutan de ciertos mensajes, de ciertos ritmos y de ciertos artistas, su trabajo no solo consiste hacer producciones masivas sino también difusiones restringidas. No importa que tan revolucionarios sean los mensajes, ya que la revolución también vende, pensemos en esas camisas hechas en masa del Che, el éxito que tuvo la película El club de la pelea o la difusión que tuvo la canción Painted Black de los Rolling Stones.  Es importante no olvidar que la cultura vende, y que alrededor de las grandes luces del espectáculo hay mundos oscuros que maneja el mercado.

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